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lunes, 29 de abril de 2019
POLÍTICA / 28-A: Un gobierno de izquierdas se abre paso en España
La clara victoria del PSOE en las elecciones generales del 28 de abril de 2019 se sustenta sobre todo en la posición de Unidas Podemos (Podemos/Izquierda Unida), que retrocede pero no se da el batacazo que algunos auguraban. En conjunto, reúnen un 43% de los votos y 165 escaños. Se trata de una suma similar en votos a la registrada por ambas formaciones en junio de 2016 pero logran rentabilizar mejor los escaños con nueve más, frente a una derecha que se ha presentado dividida, lo cual le ha perjudicado claramente. La derecha ha perdido, con una catastrófica caída del PP (lastrado por la corrupción y un líder desastroso) y que ha visto cómo le comen el terreno sobre todo por el centro-derecha (Ciudadanos) y en menor medida por la extrema-derecha (Vox).
Al Partido Socialista le corresponderá liderar el nuevo Gobierno pero Unidas Podemos deberá entrar a formar parte de él, ya que el PSOE no tiene tanta fortaleza como para ir en solitairo. En cuanto a los aliados para pasar la investidura y asegurarse los apoyos en los próximos cuatro años, parece evidente que PNV (6), Compromís (1) y Partido Regionalista de Cantabria (1) estarán a su lado. Eso suma 173 diputados. Con Coalición Canaria (2) habría que negociar. Pero la puerta definitva la tendrá que abrir ERC (15): ya se comprometió a facilitar un gobierno de izquierda; bastaría (al menos) con su abstención. Lo que, desde luego, no le perdonaría su propio electorado a Sánchez, es que se coaligara con Ciudadanos, alqo que el propio Rivera se encargó de dinamitar en campaña.
Y, ojo, un dato importante: el PSOE logra la mayoría absoluta en el Senado (por primera vez desde 1993), lo cual es fundamental para aprobar el techo de gasto y las leyes en general. Por fin se despeja el camino para una legislatura de izquierdas con políticas realmente progresistas. Una oportunidad que no hay que dejar escapar. Y atención a Pedro Sánchez como líder: de ser expulsado de la dirección de su propio partido a llevarle a un triunfo incontestable.
martes, 28 de junio de 2016
POLÍTICA / Elecciones Generales 2016: el cambio fallido
Tras los resultados electorales del 26-J, y con la perspectiva que da lo recorrido desde el 20-D, la única conclusión es que el cambio ha fracasado, defraudando las grandes esperanzas de tener un Gobierno honrado, progresista, mejor. No era fácil, lo sabíamos, pero no hubiera sido tan complicado si los partidos del cambio potencial hubiesen estado a la altura de las circunstancias. El muy deseable Gobierno de izquierdas en torno a PSOE y Podemos se ha demostrado no sólo que era de muy complicada gestión (dependiente de partidos independentistas, añadiendo una inestabilidad más, cuando la prioridad de las urnas era social mucho más que territorial) sino que importantes facciones de ambos partidos no lo deseaban. Los moderados del PSOE preferían echarse en brazos de Ciudadanos, y vencieron; los radicales de Podemos ansiaban básicamente el sorpasso a los socialistas y alejaron el foco de lo importante: las personas desfavorecidas por la crisis y por el (mal)Gobierno del PP. Por eso, los tres partidos del cambio han sido castigados el 26-J y el PP ha salido beneficiado a pesar de estar metido en el lodazal de la corrupción.
La única opción posible de cambio tras el 20-D era el tripartito de PSOE-Podemos-Ciudadanos. No había otra tan sólida. Tenía apoyos fuertes en el Parlamento y abarcaba las distintas sensibilidades de la sociedad. Porque cambio no hay sólo uno, puede haber varios, distintos enfoques... Es lo que expresó la gente votando como lo hizo, no dando mayoría a ninguno y, al mismo tiempo, oportunidades a todos. Pero el PSOE de Pedro Sánchez se entregó muy rápidamente a un pacto ridículo de reformillas con Ciudadanos que sabía que no podría ser asumido por Podemos. Es de primero de negociación que si realmente quieres sumar a alguien a un pacto no le puedes imponer las condiciones. Nunca quisieron tal pacto. Ciudadanos, por su parte, ha mostrado a un Albert Rivera cada vez más extremo en sus ataques contra Podemos, acudiendo al efectismo fácil pepero de recurrir a Venezuela, que estuvo en la mesa más tiempo que sus propuestas de nuevo país. Lejos de su autocacareado centrismo. Por tanto, al comportarse como filial del PP, Ciudadanos ha trasvasado buena parte de su apoyo al original. Y Podemos, con un Pablo Iglesias altanero y bravucón, sólo ha conseguido asustar incluso a sus propios votantes (y a los potenciales). Sobrado de autoconfianza, pensó más en adelantar al PSOE que en ayudar a arreglar el país. Sólo el pacto con IU ha salvado a Podemos de un mayor castigo. Se puede calcular que aproximadamente un 70-80% de los votantes de IU ha podido dar su voto a Podemos (bastante menos en zonas como Madrid o Asturias), pero no ha sido suficiente para detener la sangría que los propios dirigentes de Podemos han creado.
Y con los retrocesos de PSOE (de 5,5 a 5,4 millones), de Podemos+IU (de 6,1 a 5 millones) y de Ciudadanos (de 3,5 a 3,1 millones), ¿qué ha quedado? Pues una alfombra roja para el PP, que ha aumentado de 7,2 a 7,9 millones. Mucha gente ha olvidado los recortes y la corrupción del PP debido a la incompetencia de las alternativas. Y ahora sólo queda que se echen la culpa entre sí... Triste cómo se ha frustrado el cambio por los intereses partidistas de PSOE, Podemos y Ciudadanos. Los tres son igualmente culpables.
Eso sí, veamos qué pasa ahora, porque Rajoy no tiene ni mucho menos asegurada la investidura. Recordemos que vivimos en un sistema parlamentario en el que se requiere la mayoría de la Cámara. Y el PP no tiene muchos amigos... Sus 137 diputados son la segunda menor mayoría de la democracia, tras la del 20-D. Así que las cosas siguen sin estar fáciles. Pero, al menos, esta vez, Rajoy tendrá que dar la cara, ya no tiene excusa. Entonces veremos si no se le borra la sonrisa. El PSOE ya ha dicho que ni le votará ni se abstendrá y Ciudadanos lanza balones fuera (como siempre). Y sin al menos la abstención del PSOE, Rajoy no tiene nada que hacer. Pero, ¿se harán los socialistas el hara-kiri?
domingo, 20 de diciembre de 2015
POLÍTICA / Elecciones Generales 2015: el cambio y su complicada gestión
Los datos son claros: los partidos del cambio político en España, Podemos y Ciudadanos, han revolucionado por fin el el Congreso de los Diputados. Lo que ya se avanzó en las municipales, se ha concretado definitivamente a nivel nacional. Otra cosa es que la gestión de dicho cambio sea fácil, que no lo será. Pero hay que acostumbrarse a que, de momento, hay una mayor pluralidad (y nuevas maneras y necesidades) en el espectro de diputados de ámbito nacional y, por tanto, hay que aprender a hacer política de pacto YA. El bipartidismo ha caído del 73,4% al 50,7% en cuatro años y los dos partidos del cambio han logrado el 34,5%. Desde la nada. Nada menos. El movimiento popular del 15-M (de mayo de 2011), el hastío generalizado la corrupción sistémica y los tremendos daños sociales de esta crisis (que empezó como económica y ha crecido hasta tener consecuencias en todos los planos) han conseguido entrar en el Congreso, en las instituciones, por la puerta grande. Y ahora es el momento de materializarlas. La lucha va a ser dura, porque la victoria no ha sido completa sino parcial, aunque importantísima. Pero de aquí debe salir un país mejor.
Un primer análisis, de tipo ideológico tradicional, nos puede llevar a ver las dificultades de los resultados. El espectro del centro a la izquierda (PSOE, Podemos e IU) ha ganado con el 46,4% de los votos y 161 escaños, pero el centro-derecha, aunque ha obtenido el 42,7%, ha alcanzado 163 escaños. Las alternativas son el (también típico y funesto) recurso de acudir a los partidos nacionalistas (algunos ahora independentistas), pero esa supuesta alianza, que giraría en torno a la izquierda, se antoja demasiado compleja. En cualquier caso, el pacto de investidura se da con más síes que noes y, por tanto, no se necesita firmar ningún compromiso, sólo recabar más votos favorables que contrarios. Este panorama es más asequible para un hipotético Gobierno de PSOE (único de los dos partidos tradicionales dispuesto a los cambios) con apoyo de Podemos e IU y consentimiento de otros minoritarios.
Por otro lado, las cosas se pueden ver bajo un prisma diferente, nuevo, más propio de los tiempos que corren y del cambio que los votantes han expresado. Un Gobierno de PSOE con apoyo de Podemos y Ciudadanos -e IU, claro- (avalado con el 60,3% de los votos y 201 escaños) para acometer las más importantes y necesarias reformas imprescindibles que necesita este país. Por el bien de todos. El PSOE está moralmente autorizado como cabeza de la oposición. Pero su posición es la que es y debe oír más que nunca las demandas de Podemos y Ciudadanos, de mucha gente, en fin. En cualquier caso, no será fácil. Hay que aprender a hablar, a negociar, a pactar... Sin mirar beneficios propios sino el del conjunto de España. Para salir de esta crisis como un país mejor.
Lo que parece claro es que el PP es muy improbable que gobierne. Aunque es la primera fuerza, tras sufrir, eso sí, un tremendo varapalo de 3,7 millones de votos menos, está manchado por la corrupción y se ha enemistado con todos los partidos, con lo que (casi) nadie le ofrecerá pactos. Eso sí, su mayoría absoluta en el Senado le permitirá retrasar la aprobación de leyes y bloquear las necesarias reformas constitucionales.
Por cierto, sobre los resultados de IU, que ha obtenido más de 900.000 votos pero sólo 2 diputados, hay que tener en cuenta que, en Cataluña y Galicia, se presentaba aliada con Podemos, que es el partido que se ha adjudicado esos resultados. Esto debe llevar a una reflexión en torno a la integración total de listas Podemos-confluencias-IU. Si se hubiese presentado conjuntamente, este bloque hubiera obtenido 85 escaños, con lo cual el Gobierno con el PSOE hubiera sido fuerte.
Un primer análisis, de tipo ideológico tradicional, nos puede llevar a ver las dificultades de los resultados. El espectro del centro a la izquierda (PSOE, Podemos e IU) ha ganado con el 46,4% de los votos y 161 escaños, pero el centro-derecha, aunque ha obtenido el 42,7%, ha alcanzado 163 escaños. Las alternativas son el (también típico y funesto) recurso de acudir a los partidos nacionalistas (algunos ahora independentistas), pero esa supuesta alianza, que giraría en torno a la izquierda, se antoja demasiado compleja. En cualquier caso, el pacto de investidura se da con más síes que noes y, por tanto, no se necesita firmar ningún compromiso, sólo recabar más votos favorables que contrarios. Este panorama es más asequible para un hipotético Gobierno de PSOE (único de los dos partidos tradicionales dispuesto a los cambios) con apoyo de Podemos e IU y consentimiento de otros minoritarios.
Por otro lado, las cosas se pueden ver bajo un prisma diferente, nuevo, más propio de los tiempos que corren y del cambio que los votantes han expresado. Un Gobierno de PSOE con apoyo de Podemos y Ciudadanos -e IU, claro- (avalado con el 60,3% de los votos y 201 escaños) para acometer las más importantes y necesarias reformas imprescindibles que necesita este país. Por el bien de todos. El PSOE está moralmente autorizado como cabeza de la oposición. Pero su posición es la que es y debe oír más que nunca las demandas de Podemos y Ciudadanos, de mucha gente, en fin. En cualquier caso, no será fácil. Hay que aprender a hablar, a negociar, a pactar... Sin mirar beneficios propios sino el del conjunto de España. Para salir de esta crisis como un país mejor.
Lo que parece claro es que el PP es muy improbable que gobierne. Aunque es la primera fuerza, tras sufrir, eso sí, un tremendo varapalo de 3,7 millones de votos menos, está manchado por la corrupción y se ha enemistado con todos los partidos, con lo que (casi) nadie le ofrecerá pactos. Eso sí, su mayoría absoluta en el Senado le permitirá retrasar la aprobación de leyes y bloquear las necesarias reformas constitucionales.
Por cierto, sobre los resultados de IU, que ha obtenido más de 900.000 votos pero sólo 2 diputados, hay que tener en cuenta que, en Cataluña y Galicia, se presentaba aliada con Podemos, que es el partido que se ha adjudicado esos resultados. Esto debe llevar a una reflexión en torno a la integración total de listas Podemos-confluencias-IU. Si se hubiese presentado conjuntamente, este bloque hubiera obtenido 85 escaños, con lo cual el Gobierno con el PSOE hubiera sido fuerte.
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lunes, 25 de mayo de 2015
POLÍTICA / Las fuerzas de cambio e izquierda desbancan al PP de su poder
El 15-M tomó forma política y expulsó al PP del inmenso poder municipal y autonómico que había acumulado. Este es el resumen de lo que ocurrió ayer en las elecciones del 24-M. El descontento social y una nueva forma de entender la política se ha trasladado desde la calle hasta el corazón de las instituciones más cercanas al ciudadano. Demasiados años de hartazgo, potenciados por los perversos efectos de la crisis y sus recetas injustas, así como la ineficacia de las alternativas políticas hasta ahora establecidas, han derivado en que nuevas fórmulas de representación recién nacidas, básicamente Podemos, pero también Ciudadanos, hayan capitalizado un inusitado éxito entre los votantes más activos (principalmente de ideología de izquierda), frente a la pasividad de otra parte del electorado que, al menos, ha permitido el cambio absteniéndose frente al obsceno escenario de corrupción protagonizado sobre todo por el PP, pero también por el PSOE, y por CiU en Cataluña. La casta definida por Pablo Iglesias era esto, esa camarilla de políticos que ha hecho de sus cargos públicos un medio de enriquecimiento personal, de expolio del bien de todos y, finalmente, de vergüenza y mofa de la democracia.
Pero todo ese sentimiento de frustración no se ha quedado meramente en el pataleo. Algunas personas valientes han dado un paso adelante y han dicho basta. Y han montado una alternativa de reconstrucción y de recuperación de nuestra dignidad perdida. Una alternativa frágil y todavía por definir. Pero una alternativa viable. Y varios millones de personas más han respondido. Sobre todo los votantes de Podemos (y otras propuestas similares, sean Ganemos, las Mareas, Compromís, etc.), como más puros representantes de aquel 15-M que queda ya en el origen de tantas cosas buenas para este país, espoleados desde el sentimiento de lucha y cambio que siempre ha calado en mayor medida entre la izquierda, ahora más limpia de las imperfecciones y rigideces del clásico ideario, y ampliada sanamente en su espectro ideológico para ser paraguas de las demandas de muchos más. Pero también ha tomado la voz el votante de Ciudadanos, desde una visión más moderada pero enfocada a la regeneración. Y el del PSOE renovado que pretende recuperar la ética perdida. Y el de una IU siempre noble y digna que ha tropezado consigo misma demasiadas veces. Y el de una UPyD cegada por una líder inepta. Y el del PP que protestó contra su propio partido quedándose en casa... Todos ellos han hecho posible el inicio de una nueva España mejor. Es el primer paso, pero un primer paso muy grande y muy importante. La metáfora ha sido ver las ciudades de Madrid y Barcelona, protagonistas últimamente de una inquina malsana y ajena a la voluntad mayoritaria, hermanadas a través de sus (previsiblemente) futuras alcaldesas, representantes del nuevo cambio: Manuela Carmena y Ada Colau. Ha sido emocionante. Ahora, corazón... y cabeza.
Pero todo ese sentimiento de frustración no se ha quedado meramente en el pataleo. Algunas personas valientes han dado un paso adelante y han dicho basta. Y han montado una alternativa de reconstrucción y de recuperación de nuestra dignidad perdida. Una alternativa frágil y todavía por definir. Pero una alternativa viable. Y varios millones de personas más han respondido. Sobre todo los votantes de Podemos (y otras propuestas similares, sean Ganemos, las Mareas, Compromís, etc.), como más puros representantes de aquel 15-M que queda ya en el origen de tantas cosas buenas para este país, espoleados desde el sentimiento de lucha y cambio que siempre ha calado en mayor medida entre la izquierda, ahora más limpia de las imperfecciones y rigideces del clásico ideario, y ampliada sanamente en su espectro ideológico para ser paraguas de las demandas de muchos más. Pero también ha tomado la voz el votante de Ciudadanos, desde una visión más moderada pero enfocada a la regeneración. Y el del PSOE renovado que pretende recuperar la ética perdida. Y el de una IU siempre noble y digna que ha tropezado consigo misma demasiadas veces. Y el de una UPyD cegada por una líder inepta. Y el del PP que protestó contra su propio partido quedándose en casa... Todos ellos han hecho posible el inicio de una nueva España mejor. Es el primer paso, pero un primer paso muy grande y muy importante. La metáfora ha sido ver las ciudades de Madrid y Barcelona, protagonistas últimamente de una inquina malsana y ajena a la voluntad mayoritaria, hermanadas a través de sus (previsiblemente) futuras alcaldesas, representantes del nuevo cambio: Manuela Carmena y Ada Colau. Ha sido emocionante. Ahora, corazón... y cabeza.
domingo, 12 de abril de 2015
LIBROS / "Disputar la Democracia" (2014), de Pablo Iglesias
Ahora que en la política española estamos viviendo un año crucial que marcará el devenir de nuestra sociedad en el futuro próximo, con el fin del bipartidismo (castigado merecidamente por su ineptitud y corrupción) y el auge de los nuevos partidos directamente nacidos de la necesidad de cambio, bien radical y entroncado en los movimientos sociales (Podemos) bien moderado y aparente (Ciudadanos), quizá sea el momento adecuado para conocer algo mejor a las personas que están detrás de esa expresión general de descontento. El principal símbolo de este nuevo cambio es obviamente Pablo Iglesias, el secretario general de Podemos, un hombre procedente de la izquierda pero que tiene como objetivo ayudar a articular el proyecto político más interesante y de mayor espectro social: los votantes de Podemos proceden tanto de la izquierda (a la izquierda del PSOE), incluyendo los desencantados que hace años que no votaban, como del centro, en lo que supone la mayor gama ideológica de cualquier partido actual en España, según el último CIS. Además, arrasa no sólo entre los jóvenes (es claramente el primer partido en intención de voto en el doble eslabon 18-24 y 25-34 años) sino entre los votantes de edad media (35-54 años) y media-avanzada (55-64); sólo se resiste en el segmento de 65 años o más.
El último libro de Pablo Iglesias, "Disputar la Democracia" es, ciertamente, una visión más de las ideas personales del político que del movimiento que representa. Pero, aun así, tiene el interés de mostrar a un solvente intelectual, un brillante orador (y escritor) y un parece que bien capacidado político. Encontramos su idea de la política, desde un punto de vista muy crítico con la izquierda tradicional, que no ha sabido gestionar ni representar bien el sentir popular; con una estupenda descripción de lo que debe ser la disputa del poder en la democracia. Por otro lado, Iglesias realiza un, aunque forzadamente resumido, genial repaso a la historia de España desde finales del siglo XIX hasta la actualidad para acabar plasmando un acertado paralelismo (con todas las lógicas salvedades que él mismo aclara) entre el corrupto turno de partidos de la Restauración y la actual deriva del bipartidismo, para hacer ver que todos los problemas tienen raíces. Finalmente, el político expone su análisis de la actual crisis económica, visión que suscribe hoy en día la inmensa parte de la población, y describe con detalle su definicióin de la casta actual. Ahora queda por ver si este apoyo se refleja adecuadamente en las elecciones que están por venir.
El último libro de Pablo Iglesias, "Disputar la Democracia" es, ciertamente, una visión más de las ideas personales del político que del movimiento que representa. Pero, aun así, tiene el interés de mostrar a un solvente intelectual, un brillante orador (y escritor) y un parece que bien capacidado político. Encontramos su idea de la política, desde un punto de vista muy crítico con la izquierda tradicional, que no ha sabido gestionar ni representar bien el sentir popular; con una estupenda descripción de lo que debe ser la disputa del poder en la democracia. Por otro lado, Iglesias realiza un, aunque forzadamente resumido, genial repaso a la historia de España desde finales del siglo XIX hasta la actualidad para acabar plasmando un acertado paralelismo (con todas las lógicas salvedades que él mismo aclara) entre el corrupto turno de partidos de la Restauración y la actual deriva del bipartidismo, para hacer ver que todos los problemas tienen raíces. Finalmente, el político expone su análisis de la actual crisis económica, visión que suscribe hoy en día la inmensa parte de la población, y describe con detalle su definicióin de la casta actual. Ahora queda por ver si este apoyo se refleja adecuadamente en las elecciones que están por venir.
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