domingo, 30 de agosto de 2026

VIAJES / Este de Canadá (1): Montreal y Québec

Hacía tiempo que tenía Canadá como objetivo de un buen viaje y, ante una nación tan inmensa (y poco poblada), pronto comprendimos que había que enfocarse. La elección de la zona este es obvia porque concentra una magnífica mezcla de ciudades y naturaleza para una inmersión de satisfacción garantizada. Por un lado tenemos urbes atractivas como Québec, Montreal y Toronto, y, por otro, parques nacionales de la talla de Jacques Cartier, Hautes-Gorges y La Mauricie, además del Niagara Falls State Park, todos ellos más o menos situados a lo largo del curso del gran río San Lorenzo y que facilitan un recorrido circular muy variado en paisajes y cultura.

Comenzamos con un vuelo directo (a buen precio, mediante Air Transat) hasta Montreal. Iniciábamos así nuestro particular viaje por la provincia del Québec, de muy fuerte raigambre francesa, pues, de hecho, el francés es el idioma oficial, e históricamente poco abierta a la influencia anglófila, además de su relativamente reciente pasado independentista. Montreal es el ciudad más poblada (1,7 millones de habitantes) y ofrece un buen balance de los equipamientos y atractivos de una urbe moderna con cierto patrimonio y ambiente cultural. Estábamos alojados en el Chrome Hotel (de tarifa razonable), en el centro nuevo, dentro del barrio de los Espectáculos, donde se ubican algunos teatros, salas de conciertos y bares (Les Foufounes Électriques), aunque con cierto aire decadente. La ciudad es muy paseable, así que se puede acceder pronto al centro viejo, con su imponente ayuntamiento y su no menos sorprendente y bien replicada catedral. Por supuesto, se deben recorrer la comercial (y con rascacielos) calle Santa Catherine y la Place des Arts en el lado moderno, así como la animada calle Saint Paul y el puerto viejo en la parte antigua. La guinda bien puede ser el ascenso caminando al Mont Royal. Requiere de un poco de paciencia y cierta mínima forma física, pero tanto el trayecto como las vistas desde arriba bien merecen la pena. Asimismo, probamos el supuesto plato quebequés, la poutine (patatas fritas, queso en grano fresco y salsa de carne), y digamos que no nos entusiasmó especialmente.

Después de un par de noches tomamos el tren hacia la ciudad de Québec, capital y podría decirse que corazón cultural de la provincia. En este caso, nos encontramos con un lugar distinto. Con una población de apenas 600.000 habitantes, se trata de un destino de gran belleza y claramente turístico. Por esta razón, precisamente, no pudimos encontrar un alojamiento mínimamente accesible económicamente y tuvimos que ir a parar a las afueras, al motel Giffard. También molan estos momentos de aventurilla. Estuvimos muy bien y nos movíamos sin problemas con Uber. La ciudad es preciosa en su parte antigua, que, a su vez, está dividida en la zona alta (Haute Ville), encaramada en lo alto de una colina, y la zona baja (Basse Ville), que se extiende al lado del puerto viejo (donde se celebraba el muy francófono festival Festibière). En ambos casos te encuentras callejuelas con mucho encanto (Rue Saint-Jean y Rue Saint Louis arriba; Rue du Petit Champlain y Rue du Trésor abajo), además de edificios realmente bonitos, como el Château Frontenac, la Basílica Catedral de Notre-Dame, la Iglesia de Notre-Dame-des-Victoires, en la Place Royale, y la Citadelle du Quebec (fortificación militar). Y, por supuesto, también quisimos vivir el Québec más local, recorriendo la Rue Saint-Jean y la  Rue Saint-Joseph (con bares como Le Vox y Deux22). A las afueras tenéis las bellas cataratas de Montmorency, más altas que las del Niágara (aunque menos imponente), bien visibles desde la carretera.

domingo, 9 de agosto de 2026

VIAJES / Suiza italiana y más (y 2)

Llegamos a Lugano justo para ver el atardecer y caminar por el paseo marítimo, sumergiéndonos en el ambiente casi mediterráneo, de Riviera italiana, que tiene. Contemplamos, además, una estampa muy parecida a la bahía de Río de Janeiro y su Pão de Açúcar, en este caso, con el monte San Salvatore justo enfrente. El parque Ciani es una prolongación del paseo rodeado de verdor y de árboles, que refrescan un poco al ambiente. Pero nuestro alojamiento está a 5 kilómetros, pasada la frontera con Italia, en el pequeño pueblo de Albogasio (ya en la Lombardía), a orillas del mismo Lago de Lugano. Al día siguiente aprovechamos el calor para darnos un baño en Porlezza, donde tienen acondicionada una estupenda zona de césped y árboles. Nos bañamos rodeados de montañas, es una sensación estupenda. De vuelta a Lugano, tomamos el funicular (26 CHF ida y vuelta) del monte Bré, a 933 metros, donde estamos más frescos y tenemos una vista aún más espectacular de la ciudad y toda la bahía con su enorme lago que se extiende por dos países.

Ahora avanzamos hacia el noroeste, hasta llegar a Locarno, una ciudad que tiene un casco viejo precioso, de calles empedradas y llego de restaurantes y bares que nos trasladan a Italia. Vamos a asistir a la proyección inaugural del 79º Festival de Cine de Locarno en la Piazza Grande, al aire libre. Allí se habilitan unas 3.000 sillas para disfrutar del cine en una pantalla gigante de tres pisos de altura. La peli, "Les yeux verts", es bastante interesante. No obstante, nuestro alojamiento está a 7 kilómetros al norte, en Avegno, en pleno Valle del río Maggia. Los dos días siguientes descubrimos la naturaleza que guarda el valle: todo encajonado por altas montañas verdes, zonas de baño en las aguas frescas del río en Tegna, el mismo Avegno y cerca del propio pueblo de Maggia. También disfrutamos de la Cascata Grande, en Bignasco, una alta cascada que desemboca en una poza amplia donde también poder darse un chapuzón fresquito. Lástima que la sequía esté afectando a esta zona tan frondosa y haya carteles de reducción del consumo de agua en todos los pueblos.

Con tristeza nos marchamos del Ticino y, con tal de no volver al túnel de San Gotardo, abordamos la carretera Via Centovalli que nos lleva por unos paisajes de fábula hasta volver a adentrarnos por otra parte del norte de Italia (el Piamonte). Después volvemos a entrar a Suiza y subimos por el Simplonpass, un puerto a 2.008 metros de altitud, y, más tarde, descendemos las rampas de vértigo del Grimselpass, a 2.165 metros. Nuestro último destino está en la zona de Interlaken, un vergel absoluto y un valle muy turístico, entre dos lagos (tal como indica su nombre) y rodeado de montañones. Estamos alojados en Ringgenberg pero nos acercamos al encantador pueblo de Iseltwald (cuidado, que se agotan las plazas de parking rápidamente), donde paseamos y comemos a la orilla del lago Brienzersee. Pero es hora de decir adiós y volver a Zúrich para tomar el avión de regreso. Suiza, volveremos.

VIAJES / Suiza italiana y más (1)

Siempre es un placer volver a Suiza, un país maravilloso que rebosa de naturaleza gozosa de disfrutar: montañas, valles, lagos, ríos, cascadas... Esta vez la intención era conocer la parte italiana de una nación que, recordémoslo, está compuesta de diversas zonas geográficas de idiomas y culturas diferentes: está la mayoritaria parte germana, en el centro y norte, junto con la gala, en el oeste, y la italiana, en el sureste. Y aquí es donde nos dirigiremos, concretamente al cantón de Tesino.

Pero antes aterrizamos en Zúrich (al norte, zona de influencia alemana), en cuyo aeropuerto recogemos un coche alquilado por 390 CHF la semana, un Volkswagen Polo de cambio automático, asistente de conducción y navegador que nos facilitará mucho el recorrido. Subimos primero al norte para acercarnos al lago Constanza, pero al ver que no podemos cruzar la frontera alemana por estar atestada de gente (el 1 de agosto es día nacional en Suiza) nos quedamos en la localidad suiza de Kreuzlingen, donde descubrimos el estupendo Seeburgpark, un amplio parque al lado del mismo lago.

Ya en Zúrich, pillamos un alojamiento de precio razonable (no hay nada barato en este país) en el barrio de Langstrasse, en la zona latina, el hotel Bermuda (dependiente del cercano hotel Trip Inn Zúrich). Será el único hotel que tengamos, pues el resto serán apartamentos, donde podremos cocinar y consumir lo que compremos más económico en los supermercados (básicamente en los Coop). A Zúrich (y lo comprobaremos en el resto del viaje) también ha llegado la ola de calor (32-33 grados que caen a plomo sobre unos desconcertados suizos), por lo que nos centramos en buscar refugios térmicos: las zonas ajardinadas junto del canal Schanzengraben (perteneciente al río Sihl) y el Rentenwiese, un conjunto de praderas y zona arbolada junto al lago donde los acalorados pueden disfrutar de un baño.

Encaminándonos al sur, llegamos al bonito pueblo de Zug, que, sorpresa, también está junto a un lago, el Zugersee. Pero nuestro próximo alojamiento está en Lucerna, al lado del río Reuss, que desemboca en un amplio lago. En la ciudad recorremos el centro y los famosos puentes peatonales de madera: el Puente de la Capilla (Kapellbrücke), que es el más antiguo de Europa y está unido a la emblemática Torre del Agua, y el Puente del Molino (Spreuerbrücke), conocido por albergar la serie pictórica de la Danza de la Muerte. Continuamos hacia el sur y en nuestra siguiente etapa ya sí dejaremos el área germana para adentrarnos en la italiana, atravesando, eso sí, el túnel de San Gotardo (cuidado porque suele haber bastantes retenciones en verano). Nuestro destino es Lugano.