martes, 1 de septiembre de 2026
VIAJES / Este de Canadá (2): Parques nacionales de Québec
La enorme provincia canadiense de Québec, con su más de millón y medio de kilómetros cuadrados, contiene unas extraordinarias dosis de naturaleza de dimensiones imponentes y abrumadora belleza. Solo en este territorio existe una treintena de parques nacionales, así que el reto de aventurarse a algunos de ellos era elegir y, finalmente, nos decantamos por aquellos que, pareciéndonos atractivos, no nos alejaban mucho de nuestra ruta en coche. También valoramos hacer noche en alguno de ellos, pero el mínimo eran dos noches y nos descuadraba los planes. Así, comenzamos por el Parque Nacional de Jacques Cartier, que toma el nombre del explorador francés (omnipresente en el Québec) y que se encuentra a solo 50 kilómetros de la capital. En el centro de visitantes nos aconsejaron un par de rutas que pusieron a prueba nuestro (mejorable) estado físico. Les Loups, de nivel difícil, aunque solo hicimos la primera parte, supone adentrarse por el monte y una subida de dos horas hasta el primer mirador. Muy bonitas vistas. Tras la bajada, nos dirigimos a L'Éperon, una ruta de nivel medio que nos llevó otras dos horas, adentrándonos muy gratamente por el bosque. Acabamos cansados pero contentos.Mientras seguíamos alojados en la ciudad de Québec, al día siguiente fue el turno de visitar el Parque Nacional de Hautes-Gorges-de-la-Rivière-Malbaie, a más distancia, unos 160 kilómetros. Se trata de un profundo valle cortado en las altas montañas de Charlevoix, con impresionantes paredes rocosas y el río Malbaie a sus pies. De hecho, la primera caminata, esta vez sencilla, fue un delicioso paseo de unos kilómetros, de ida y vuelta, por la ribera. Antes habíamos dejado obligatoriamente el coche a la entrada y tomado un bus para adentrarnos al interior del parque. En la misma línea de este día, de disfrutar con tranquilidad en plena naturaleza, abordamos después el sendero de L'Érablière (imprescindible, según nos insistieron), sencillo pero impresionante por cómo te adentras en la vegetación y el arbolado, para acabar teniendo unas estupendas vistas de las paredes del valle. Es un recorrido en bucle que lleva poco más de una hora.Al día siguiente dejamos ya la ciudad de Québec y nuestra próxima parada era Trois Rivières, una localidad con un centro urbano bien puesto y abocado al encuentro de los ríos Saint-Maurice y San Lorenzo. Parece un destino turístico preparado para acoger a bastante gente según las celebraciones y eventos de turno, pero ese día el sitio estaba muy tranquilo. A la mañana siguiente partimos para el Parque Nacional de La Mauricie, que, como es de gestión federal, tiene entrada gratuita en verano. Olé. El parque se recorre a través de una carretera semicircular (es decir, se entra por un sitio y se sale por otro) y existen múltiples paradas por las que se acceden a sus ¡150 lagos! Cuidado, que aquí los mosquitos muerden. Algunas de las paradas que nos recomendaron en el centro de visitantes fueron Lac-Bouchard, Lac-Du-Fou, Lac-Édouard, Vide-Bouteille, Ile-Aux-Pins y Shewenegan. Todas ellas con recorridos muy accesibles y muy bonitos cada uno a su manera. Tanto en este como en el resto de los parques vistos observamos a mucha gente disfrutando de la naturaleza con canoas y piraguas, y en La Mauricie también bañándose en algunas fantásticas zonas habilitadas a tal fin. Nosotros apostamos siempre por disfrutar con los pies en el suelo. ¡Y tanto!
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