El viaje ha sido organizado, pues creo que, para un primer acercamiento profundo, es la mejor manera de moverse por la mayor cantidad de sitios posible con comodidad, combinando despreocupadamente bus, tren y ferris. Hay que tener en cuenta que hay bastantes peajes en las carreteras y algunas de ellas son de conducción bien atenta, dada la abrupta orografía del país. Se trata del viaje Noruega: Ruta Atlántica, Trolls y Fiordos, con ocho días y siete noches de duración, hoteles incluidos, así como desayunos y tres cenas. El primer día fue la llegada a Oslo, la capital, una ciudad bien ordenada y agradable de pasear, hecha más para las bicis y los pies que para el coche, y con un plan avanzado (aunque aún en desarrollo) para mejorar la zona portuaria, convirtiéndola en un espacio para el ocio, la cultura y el disfrute. Efectivamente, aquí podemos encontrar miniplayas y áreas de solárium (que la gente abarrota en cuanto sale un rayo de sol), múltiples cabinas de sauna (que en verano se utilizan para combinar el calor del vapor con un chapuzón en las frías aguas del Mar del Norte), amén de tiendas y restaurantes que convierten la zona en muy frecuentada con el buen tiempo. También se han construido la Ópera de Oslo y, más recientemente, el Museo Munch, dedicado al autor de "El grito", y una biblioteca pública hecha de forma tan agradable que los oslenses la han convertido en un sitio más para pasar el día rodeado de libros, consultando información, tomando una bebida en la terraza o comiendo en su restaurante, mientras las familias pueden dejar a los más pequeños en las áreas infantiles habilitadas. También cerca se encuentra el Ayuntamiento, cuyo principal atractivo es visitar la gran sala donde todos los años se entrega el Premio Nobel de la Paz.
Por lo demás, si bien es cierto que la ciudad carece de monumentos y edificios especialmente impactantes, sí contiene algunos rincones realmente bonitos. Sobre todo, el paseo desde la estación de tren hasta el Palacio Real, que incluye la luterana Catedral del Salvador y calles peatonales llenas de vida y comercios, pasando por los parques Studenterlunden (Parque de los Estudiantes) y Slottsparken (Parque del Castillo). Más a las afueras encontramos el Ekebergparken (Parque Ekenberg), un parque de esculturas y con vista panorámica de la ciudad, así como el famoso Parque de Vigeland, situado dentro del más amplio Frognerparken y creado por el escultor noruego Gustav Vigeland entre 1907 y 1942, como exposición al aire libre de sus esculturas, de una muy interesante temática familiar y existencial. También es destacable la fortaleza de Akershus, fundada en la Edad Media como un castillo real que emerge junto al fiordo.En el camino Oslo-Geilo comenzamos el descubrimiento de la bella naturaleza noruega por el valle de Hallingdal y el lago Tyrifjorden (donde está la isla de Utoya, de triste recuerdo). El pueblo de Geilo es conocido como estación de esquí, aunque también ofrece actividades veraniegas. Su bonita ubicación ya nos anuncia lo que está por venir. Siguiendo nuestra travesía del país, de este a oeste, el tramo Geilo-Bergen nos lleva por el fiordo de Hardanger. Muchas son las cascadas que se empiezan a ver (y que veremos, un sinnúmero, muchas preciosas); en este caso, nos detenemos en la cascada de Voringfoss, que se puede admirar también desde detrás y debajo del chorro enorme de agua. Dada la cantidad de fiordos que atraviesan las tierras noruegas, no siempre es factible únicamente la carretera y a veces hay que combinarla con el cruce del autobús en ferri, cosa que hicimos por primera vez este día, en un agradable paseo de apenas 20 minutos. La llegada a Bergen nos descubre una ciudad portuaria que ha sabido mantener todo su encanto, sobre todo en la zona alrededor del puerto. Sus conocidas casas de colores hechas de maderas del barrio de Bryggen son una muestra del pasado de la población en la Liga Hanseática de comerciantes alemanes. También es famoso su mercado del pescado, hoy orientado muy claramente al turisteo y lleno de trabajadores inmigrantes (fácil será que os encontréis en este viaje con españoles ejerciendo en comercios y restaurantes). En Bergen, aparte de la visita guiada, que nos puso al tanto de la historia local, realizamos la muy recomendable subida al funicular que te sube al monte Floyen, a 320 metros sobre la ciudad, con magníficas vistas de las siete colinas que la rodean. Luego, si se quiere, se puede bajar paseando en una bonita caminata de tres cuartos de hora. Además de ser una de las más bellas ciudades de Noruega, Bergen se ha posicionado en los últimos años como destino de los turistas que acceden a los fiordos más famosos del país. Estos son los protagonistas desde ahora.En el trayecto Bergen-Voss-Fiordo de los Sueños-Forde llegamos hasta el hermoso valle de Voss y tomamos el archifamoso tren de Flam, que, desde Myrdal a Flam, avanza entre paisajes espectaculares en su lenta ascensión, también dentro de algunos túneles, y con parada intermedia incluida en una gran cascada para hacer un pequeño paripé turístico (baile de una valkiria). Una pasada el trayecto, en cualquier caso. Aunque llegamos a Flam, pueblo maravillosamente situado a los pies del Fiordo de los Sueños y rodeado de grandes montañas, el crucero que haremos empezará en Gudvangen (pueblo de similar ubicación bella). El paseo en barco dura dos horas para volver a Flam y tuvimos suerte porque hizo buen tiempo (un riesgo siempre en Noruega, aunque sea verano), así no pasamos mucho frío yendo en la proa casi todo el rato para no dejar de admirar los paisajes que nos rodean: montañas, cascadas... Y, antes de Forde, tuvimos ocasión de estar al pie del glaciar Boyabreen.Al día siguiente nos espera un crucero aún mejor, el del Fiordo de Geiranger. Es la ruta Forde-Geirangerfjord-Carretera del Águila-Ruta de los Trolls-Molde. Llegamos a Geiranger para embarcarnos en un viaje en barco más corto, de una hora, pero más intenso, más bonito aún. En el Geirangerfjord la naturaleza se revela en todo su poder: paredes montañosas que caen abruptamente en el brazo del fiordo, numerosas cascadas (las más famosas son el Velo de la Novia y las Siete Hermanas), picos nevados, granjas aferradas a las laderas de las montañas... Impresionante. Desde Geiranger retomamos el viaje en bus subiendo por la serpenteante Carretera del Águila hasta el mirador de Ornesvingen. Y luego la aún mas espectacular Ruta de los Trolls de curvas bien cerradas hasta alcanzar un mirador de auténtico vértigo. En Molde nos "arriesgamos" a una cena por nuestra cuenta en un restaurante de la cadena Egon, caracterizada por sus precios un poco más "ajustados". Bueno, 225 coronas (menos de 23 €) por un plato de arroz con pollo estilo asiático y 135 coronas (menos de 14 €) por una pinta de cerveza no estuvo nada mal visto lo visto...El tramo Molde-Ruta del Atlántico-Otta/Oppdal se fastidió un poco por la lluvia y las nubes. A ver, es algo que suele ocurrir, sobre todo en la costa oeste noruega, bastante suerte tuvimos el resto de días... Y eso que en estas fechas hay aviso de ola de calor en el sureste de Noruega, con temperaturas de cerca de 30 grados, cuando en el oeste alcanzamos entre 13-15 de máxima. El caso es que poco pudimos ver de típicos pueblos costeros y demasiado tiempo en Kristiansund, que tampoco tiene mucho. Aunque conseguimos ir por la conocida Carretera del Atlántico, que se eleva de islote en islote frente al oceáno. En el último día del circuito, Oppdal-Lillehammer-Oslo, fuimos regresando por el interior de noroeste a sureste. Vimos la iglesia medieval de madera de Ringebu, una de las 28 que quedan de este tipo. Y pasamos por Lillehammer, localidad famosa porque acogió las Olimpiadas de Invierno de 1994. El centro (pequeño) es muy bonito y paseable. E impresionan sus dos rampas de saltos de esquí, que para el verano disponen de hierba artificial. Había gente entrenando y pudimos contemplar unos cuantos saltos de aúpa. A nuestro regreso a Oslo nos encontramos un tiempazo de 28 grados y pudimos terminar de recorrer la ciudad visitando el barrio hipster de Grünerlokka, lleno de terracitas, restaurantes y tiendas guays, y con unos estupendos parques llenos de gente tomando el sol, además del río Akerselva, que a su paso forma, cómo no, una preciosa cascada.martes, 16 de agosto de 2022
VIAJES / Noruega, el paraíso
miércoles, 20 de julio de 2022
TEATRO / 45º Festival de Teatro Clásico de Almagro
Por su parte, "#Eufrasia, una actriz de comedias", creada por Borja Centeno y con dirección de Rosa Fernández Cruz, es una apuesta ágil, divertida y clarividente por remarcar el (escondido y olvidado) papel de la mujer en la historia de nuestro teatro. Rescata, así, la vida de Catalina Hernández, una actriz sevillana que vivió por y para el teatro en el Siglo de Oro. Logró triunfar sobre las tablas de los más grandes corrales de comedias y alcanzó la fama con su propia compañía. Fue alabada, envidiada, deseada, odiada, acusada de asesinato y juzgada por la Inquisición. Una estupenda oportunidad, muy bien aprovechada, para recuperar su memoria.
lunes, 4 de julio de 2022
MÚSICA / Crowded House, la mejor banda de pop
viernes, 10 de junio de 2022
MÚSICA / Beck, la magia continúa
domingo, 22 de mayo de 2022
MÚSICA / Tomavistas 2022: Suede, Rolling Blackouts Coastal Fever, Confeti de Odio, Rigoberta Bandini...
El primer día tenía un carácter más joven, abiertamente renovador para dar paso a las nuevas generaciones de público melómano, apostando por figuras que despuntan aunando sonidos clásicos de pop y rock con nuevas tendencias como el trap. Destacaron Confeti de Odio y su pop directo y dramático en formato power trío, que para mí fueron la gran (y agradable) sorpresa de la jornada. Liderados por Lucas Vidaur, este veinteañero ha revolucionado el indie madrileño con su reciente álbum "Tragedia Española", que ha sido definido como "un disco tan cruel como divertido". La banda femenina Cariño también conectó con la audiencia con una adictiva mezcla de pop guitarrero de estribillos tarareables con toques trap. Aunque la cabeza de cartel era por méritos propios Rigoberta Bandini, la compositora indie barcelonesa que está on fire, y no solamente por su archiconocida (y fallida apuesta para Eurovisión) "Ay, mamá", sino por múltiples canciones francamente interesantes e interpretadas en directo con una estupenda puesta en escena.
El segundo día fue el más atractivo, por su variedad y calidad. Desde el punk de concienciación política de los malagueños Biznaga, pasando por el gran indie-rock de los australianos Rolling Blackouts Coastal Fever (estos chicos deberían arrasar a nivel mundial, si el rock fuera relevante, que quizá ya no lo es). Los madrileños Carolina Durante y su punk-pop divertido cumplieron como siempre, mientras que el estadounidense Kevin Morby dejó algunas buenas muestras de su cálido folk-rock. Pero el foco de atención estaba puesto en el regreso de Suede. Y los de Brett Anderson volvieron a demostrar por qué han sido referencia del rock durante más de tres décadas. Un Anderson entregado, como siempre, con algunas pequeñas limitaciones de voz suplidas sin problemas con su derroche de energía sobre el escenario. Su cancionero, además, se ha ido enriqueciendo con el tiempo y no se ha quedado en absoluto anclado en los años 90, sino que ha ganado en vocación de intemporalidad. Cerraron la jornada Slowdive y su siempre efectivo shoegaze tan intenso como evocador.
El último día se vio algo enturbiado por el fuerte chaparrón que cayó durante media hora y que interrumpió la actuación de los rockeros Camellos. Lo peor de todo es que el parón llevó a suspender la actuación de los noruegos Kings Of Convenience y su indie-pop-folk, una pena. Los ingleses Shame descargaron su punk gamberro, aunque algo pasado de vueltas. Jarv Is..., la banda del gran Jarvis Cocker (Pulp), sorprendió por su sensibilidad, vocación pop y magnetismo de líder que sigue ejerciendo con autoridad el británico. Cerraron el festival el show de electropop de los australianos Confidence Man y el neo soul-funk de los ingleses Jungle. Diversión para terminar por todo lo alto.
domingo, 15 de mayo de 2022
MÚSICA / Larkin Poe, raíces blues-rock
domingo, 8 de mayo de 2022
MÚSICA / La despedida de Siniestro Total
viernes, 22 de abril de 2022
CINE / Stanley Kubrick: The Exhibition, en el Círculo de Bellas Artes
jueves, 24 de marzo de 2022
CINE / 25º Festival de Málaga (y 2)
"Alcarràs" [***½], de Carla Simón (Sección Oficial fuera de concurso)
"Llegaron de noche" [***½], de Imanol Uribe (Sección Oficial)
Película que consigue transmitir la fascinación que la alta montaña siempre ha ejercido sobre muchas personas, así como la dureza y el riesgo que entraña el alpinismo, al tiempo que pone sobre la mesa el desgaste físico y emocional que produce en los escaladores en esta historia alrededor del imponente Annapurna. Aunque lo cierto es que el drama existencial que mueve a los protagonistas suena a algo exagerado, sí que es convincente su quiebre interior vinculado con un deporte que es una pasión pero puede convertirse en obsesión malsana.
miércoles, 23 de marzo de 2022
CINE / 25º Festival de Málaga (1)
"Canallas" [***½], de Daniel Guzmán (Sección Oficial)
"The Gigantes" [***], de Beatriz Sanchís (Sección Oficial)
Interesante road movie de dos mujeres bien distintas (una en su plenitud pero bastante desnortada, la otra una jovencita en fase de descubrimientos vitales) a las que une su búsqueda de referentes masculinos fallidos, en un viaje desde el sur californiano de los white trash hasta el árido paisaje del México de Baja California. Más acertada por ver el crecimiento personal de las protagonistas en el marco de los duros escenarios naturales que por un balance sólido de la historia.
Bastante infame comedia (?) sobre un supuesto dilema moral (¿prefieres 100.000 euros ahora o un millón dentro de diez años?) que da lugar a poco más que sonrojantes diálogos y escenas. Solo podemos salvar de la quema alguna actuación puntual, como las de los siempre fiables Alberto San Juan y Carlos Santos, que no saben muy bien qué hacen ahí.
























