
En su última factura, mi proveedor de gas natural me adjunta un folleto de concienciación ecológica titulado:
"¿Pueden los bosques reducir los efectos del cambio climático?". Me alegro de que la compañía
Gas Natural fomente la educación y sensibilización en lo relativo al respeto y conservación de nuestro entorno. Más que nunca lo necesitamos, así que le doy sinceramente la enhorabuena. Y lo necesitamos no sólo por el hecho de mantener nuestro hogar (la Tierra) lo más limpio y natural posible, sino por lo que nos beneficia en la lucha contra el cambio climático. Y es que los árboles absorben dióxido de carbono (CO2): concretamente,
los 16 macizos forestales principales de España se "comen" 657 millones de toneladas, según el Tercer Inventario Forestal 1997-2007.
Cada especie arbórea tiene una capacidad de absorción de CO2 diferente, que siempre es mayor cuando son jóvenes. Un caso concreto:
para "compensar" la emisión de CO2 de un automóvil tipo turismo serían necesarias 0,14 hectáreas (1.400 m2) de Chopos ó 0,19 hectáreas (1.900 m2) de Pino Silvestre ó 0,39 hectáreas (3.900 m2) de Hayas. Por tanto, chopos y pinos parecen ser más "eficientes" en esta función.

Hace un año y medio (diciembre de 2006),
mi padre y yo plantamos en una parcela de 3.536 m2 que tenemos a las afueras de mi pueblo, Quintanar de la Orden (Toledo), cerca de 400 pinos de la especie Pinus Halepensis, también conocida como Pino Carrasco (ver fotos), así como varios almendros. Elegimos esa especie porque aguanta bien en climas secos y es habitual en la Europa mediterránea. Pusimos plantas de dos años (dos savias) porque me comentaron que así agarrarían mejor y las compramos a 75 céntimos cada una en
Viveros Ferca, en Herencia (Ciudad Real). Aparte del trabajo de plantación, regamos los pinos en los meses más calurosos apenas una vez al mes y parece suficiente. Algunos no han agarrado y los hemos tenido que sustituir, pero lo atribuyo más a la debilidad de ciertas plantas o a partes del terreno más duras para echar raíces (y a la depredación de los conejos). En cualquier caso,
es una satisfacción ver crecer este pequeño bosque en una zona tan necesitada de masa arbórea como es La Mancha y si, además, se ayuda al medio ambiente, mejor que mejor. Espero impaciente a que dentro de unos años crezcan lo suficiente como para dar sombra y poder disfrutar de ellos más aún si cabe.
Animo, por tanto, a todos a que vivan esta experiencia. Si quizá no tenéis una parcela de ese tamaño, cualquier árbol más que crezca será siempre bienvenido. Ah, y no nos olvidemos de que
no basta con absorber CO2: también hay que generar menos contaminación.