Hace ahora once años y medio desde que, en diciembre de 2006, decidí dedicar un pequeño terreno erial de mi familia, en Quintanar de la Orden (Toledo), a dar un poco de frondosidad a La Mancha llenándolo de árboles. Primero la intención fue dedicarlo completamente a pinos (plantados con dos años), pero cuando vimos que algunos no agarraban (aun intentándolo varias veces) los combinamos con almendros dulces (plantados desde semillas), que crecen de forma natural en el entorno. El resultado ahora es que tengo un terreno que da gusto visitar, y más con esta primavera lluviosa que hemos tenido, con unos 300 pinos bien crecidos (algunos ya enormes) y una cincuentena de almendros aún jóvenes pero con muchas ganas de crecer. Hay que ver lo mucho que hace un poco de naturaleza: recarga el espíritu y da vida en general
Arriba podéis ver cómo está el pinar actualmente, a principios de junio. Y al lado, cómo estaba apenas un año y medio después de la primera plantación. La diferencia es abismal. El camino no hay sido fácil, no sólo por lo trabajoso de la plantación de tantos árboles (y sus correspondientes nuevas intentonas cuando algunos fallaban), sino estar atentos a varios peligros. Por un lado, la plaga de conejos que hay en estos años en La Mancha y que devoran los tiernos tallos a no ser que los protejas con cartuchos de plástico. Por otro, la también plaga de procesionarias, lepidópteros que ponen sus huevos en las ramas para que al final del invierno y principios de la primavera salgan las orugas, que se comen las hojas y descienden por el arbol en fila (de ahí su nombre) hasta enterrarse en el suelo. Antes de que ocurra eso hay que eliminar los nidos y quemarlos. Pero, ojo, porque las orugas son altamente urticantes y hay que protegerse muy bien las manos, brazos, ojos y cara para proceder al arranque y destrucción.
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lunes, 18 de junio de 2018
sábado, 24 de mayo de 2008
ECOLOGÍA / La respuesta está en los árboles

En su última factura, mi proveedor de gas natural me adjunta un folleto de concienciación ecológica titulado: "¿Pueden los bosques reducir los efectos del cambio climático?". Me alegro de que la compañía Gas Natural fomente la educación y sensibilización en lo relativo al respeto y conservación de nuestro entorno. Más que nunca lo necesitamos, así que le doy sinceramente la enhorabuena. Y lo necesitamos no sólo por el hecho de mantener nuestro hogar (la Tierra) lo más limpio y natural posible, sino por lo que nos beneficia en la lucha contra el cambio climático. Y es que los árboles absorben dióxido de carbono (CO2): concretamente, los 16 macizos forestales principales de España se "comen" 657 millones de toneladas, según el Tercer Inventario Forestal 1997-2007.
Cada especie arbórea tiene una capacidad de absorción de CO2 diferente, que siempre es mayor cuando son jóvenes. Un caso concreto: para "compensar" la emisión de CO2 de un automóvil tipo turismo serían necesarias 0,14 hectáreas (1.400 m2) de Chopos ó 0,19 hectáreas (1.900 m2) de Pino Silvestre ó 0,39 hectáreas (3.900 m2) de Hayas. Por tanto, chopos y pinos parecen ser más "eficientes" en esta función.

Hace un año y medio (diciembre de 2006), mi padre y yo plantamos en una parcela de 3.536 m2 que tenemos a las afueras de mi pueblo, Quintanar de la Orden (Toledo), cerca de 400 pinos de la especie Pinus Halepensis, también conocida como Pino Carrasco (ver fotos), así como varios almendros. Elegimos esa especie porque aguanta bien en climas secos y es habitual en la Europa mediterránea. Pusimos plantas de dos años (dos savias) porque me comentaron que así agarrarían mejor y las compramos a 75 céntimos cada una en Viveros Ferca, en Herencia (Ciudad Real). Aparte del trabajo de plantación, regamos los pinos en los meses más calurosos apenas una vez al mes y parece suficiente. Algunos no han agarrado y los hemos tenido que sustituir, pero lo atribuyo más a la debilidad de ciertas plantas o a partes del terreno más duras para echar raíces (y a la depredación de los conejos). En cualquier caso, es una satisfacción ver crecer este pequeño bosque en una zona tan necesitada de masa arbórea como es La Mancha y si, además, se ayuda al medio ambiente, mejor que mejor. Espero impaciente a que dentro de unos años crezcan lo suficiente como para dar sombra y poder disfrutar de ellos más aún si cabe.
Animo, por tanto, a todos a que vivan esta experiencia. Si quizá no tenéis una parcela de ese tamaño, cualquier árbol más que crezca será siempre bienvenido. Ah, y no nos olvidemos de que no basta con absorber CO2: también hay que generar menos contaminación.
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