Llegar a Atacama es aterrizar en un sitio bien distinto de cualquier zona campestre al uso. Para empezar, el desierto de Atacama, que abarca una inmensa superficie de 100.000 m2, es el más árido del mundo. Una región poco poblada y cuyo único atractivo histórico ha sido la extracción de minerales. Hasta hace unos años, que ha empezado a convertirse en una meca del turismo de aventura. Y San Pedro de Atacama es, con poco más de 5.000 habitantes, el punto neurálgico de esta nueva actividad. Pero antes expliquemos cómo llegar aquí. Lo más lógico es tomar un avión desde Santiago de Chile. Aerolíneas hay varias pero Sky y JetSmart tienen precios muy competitivos por entre 80-100 € ida y vuelta a Calama, que, con 165.000 habitantes, es la ciudad con aeropuerto en la zona. Desde Calama lo habitual es contratar un transfer hasta San Pedro, que se encuentra a más de 100 kilómetros de distancia. Translicancabur ofrece este servicio por 20.000 pesos (menos de 25 €) ida y vuelta a la hora y en el sitio que queráis. Ya en el camino se va viendo a lo que os enfrentáis: un lugar absolutamente inhóspito, sin un solo árbol, apenas una mínima (pero mínima) vegetación y sobre todo tierra, tierra y tierra, piedras, piedras y piedras, montañas, volcanes inactivos o durmientes... Nada parece indicar que allí pueda haber algo de interés.
Entrar a San Pedro de primeras (y de noche, como fue nuestro caso) impacta porque parece que retrocedes un siglo en el tiempo: calles (?) de tierra, casas (?) bajas con paredes de barro y paja, escaso alumbrado público, apenas tres callejuelas que merezcan llamarse así y descampados que enlazan con otras callejuelas... En fin, todo un poco surrealista. Y con la llegada del día empiezas a verle el encanto a todo: sí, San Pedro mantiene las características de una población en medio del desierto más árido del mundo. Tiene un aire intemporal que cautiva y su gente es de una cercanía y honestidad que pronto te acaban por conquistar. Eso sí, por otro lado, el sitio se ha convertido en el centro del negocio del turismo. Y sabe explotarlo. Dentro de esa aparente contradicción entre el mantenimiento de las tradiciones y su vocación de parque temático surge algo verdaderamente fascinante. Pasear por la calle Caracoles (una de las "principales") es asistir a una continua sucesión de agencias turísticas, todas enclavadas en casas tradicionales, con una oferta inmensa para conocer las maravillas del desierto de Atacama. Y vaya si las tiene: desde ascensiones a volcanes de más de 5.000 y 6.000 metros a visitas a géiseres, pasando por valles que parecen la misma Luna, lagunas escondidas en el desierto, inmensos salares, cielos perfectos para la observación astronómica y otras demostraciones naturales que nadie esperaría. Esa misma calle Caracoles está todo el día repleta de turistas procedentes de casi cualquier parte del mundo, gente que viene con el afán de la aventura en un paraje extremo y con un perfil de bohemia y buen rollo que encaja a la perfección con el lugar.
Para tenerlo todo atado con antelación, decidimos contratar las excursiones en Denomades.com, una web de intermediación muy profesional, cumplidora y eficaz, con un amplio catálogo de experiencias a elegir. De todas las posibles, nos decantamos por tres: tour astronómico, Valle de la Luna y Géiseres del Tatio. El primero está realizado por Una noche de estrellas, encabezada por Daniel, un auténtico astrónomo que te hará disfrutar de las delicias del cielo nocturno por 22.000 pesos (27 €). Comenzamos a las 20:30 yendo a las afueras del pueblo, a la casa de campo del propio Daniel, donde primero nos imparte en el interior un breve pero fundamental curso de astronomía básica. Luego nos ofrece un necesario tapeo con bebidas calientes para afrontar, ya en el exterior y con una temperatura bajando de 0 grados, una precisa descripción de las principales constelaciones del hemisferio sur, lección necesaria para orientarnos en un cielo tan desconocido para los procedentes del hemisferio norte. Por último, observación con cinco telescopios, a través de los cuales observamos Saturno y sus anillos, Júpiter y su superficie rayada, la Luna y sus cráteres, nebulosas, cúmulos, estrellas binarias... Una maravilla.
Las otras dos excursiones fueron realizadas con perfección por Layana y su guía Gustavo, que nos mostró y explicó dos de las grandes bellezas de Atacama: el Valle de la Luna (13.000 pesos más 3.000 pesos de entrada al área) y los Géiseres del Tatio (22.000 pesos más 10.000 pesos de entrada). El Valle de la Luna (a 13 kilómetros de San Pedro) es una formación geológica de hace 33 millones de años en la que los elementos naturales han moldeado un paisaje auténticamente lunar, con grandes valles y montañas, salares y dunas... Todo un espectáculo para los sentidos. Los Géiseres del Tatio (a 66 kilómetros al norte de San Pedro, cerca de la frontera con Bolivia, a una respetable altitud de 4.200 metros) son una enorme manifestación de la fuerza geotérmica de esta zona volcánica. Decenas de fumarolas se extienden por el terreno originadas por un agua subterránea en ebullición a 85 grados (a esta altitud no es preciso alcanzar los 100 grados para empezar a hervir). Se intentó sacar partido comercial a esta fuerza de la naturaleza pero su aislamiento hizo la empresa poco rentable. Afortunadamente, ahora es un espacio natural protegido. Para disfrute de los turistas, también incluye una piscina exterior donde uno puede bañarse. Eso sí, a solo 30 grados. Teniendo en cuenta que en el exterior (al amanecer, cuando se realiza la visita) pueden hacer 10 o 15 grados bajo cero, se trata de toda una experiencia. Como lo es en general Atacama, de donde nos vamos con el espíritu renovado.
sábado, 10 de agosto de 2019
miércoles, 7 de agosto de 2019
VIAJES / Chile (1): Santiago de Chile
La capital de Chile alberga más de seis millones de personas, lo que la convierte en una de las más populosas de Latinoamérica, así como una de las más dinámicas económicamente, y eso se nota en sus calles comerciales atestadas y en sus medios de transporte abarrotados. Y eso que ahora es invierno en el hemisferio sur y podríamos esperar menos movimiento. Pero entre la continua actividad per se de esta macrourbe y la llegada de turistas especialmente brasileños (y algún que otro español, je, je) podemos decir que Santiago de Chile tiene un ritmo de vida intenso.
Alojados cerca de la Plaza de los Héroes (muy bien conectada con el aeropuerto gracias a los baratos y numerosos autobuses de Centropuerto -1.900 pesos chilenos el trayecto, unos 2,35 €-), tenemos a tiro de piedra la emblemática Plaza de Armas, corazón de la ciudad. En ella se sitúan la enorme Catedral del siglo XVI y edificios vistosos como Correos o la Casa Colorada (museo de la ciudad). Alrededor de la plaza se distribuyen múltiples calles comerciales (muchas peatonales) donde se puede encontrar absolutamente de todo y donde el pequeño comercio domina claramente a las marcas internacionales estandarizadas esperables en países económicamente avanzados. También hacemos parada de homenaje ante el Palacio de la Moneda (casa presidencial) bombardeada por Pinochet en 1973 y saludamos a la estatua del fallecido presidente Salvador Allende. De hecho, en Santiago podemos encontrar el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (metro Quinta Normal), dedicado a ensalzar los valores democráticos y defenderlos frente a su conculcación en el terrible periodo dictatorial.
Un poco más al noreste encontramos los barrios de Patronato (comercial y multicultural) y Bellavista (de aire decididamente alternativo, juvenil, artístico y divertido). Es aquí donde encontramos la casa de Pablo Neruda en la capital: La Chascona. Se trata de una de las tres que tuvo el poeta (las otras se encuentran en Valparaíso e Isla Negra). La entrada son 7.000 pesos (unos 8,70 €) e incluye una audioguía muy necesaria para conocer la historia de esta vivienda que se construyó en 1953 (aunque tuvo posteriores ampliaciones), sus planificadas características y su maltrato en tiempo de la dictadura. Afortunadamente, Matilde, la pareja de Neruda, mantuvo con arrojo el legado de la casa y el patrimonio cultural que supone durante los duros años de plomo y tras la muerte del escritor a las pocas semanas del golpe de Estado. Al terminar la visita, tomamos el funicular para subir al Cerro San Cristóbal (a los pies del cual se encuentra la casa) y luego nos montamos en el teleférico para sobrevolar con vértigo esta área montañosa de más de 700 hectáreas y verdadero pulmón de la capital. Funicular + Teleférico cuestan 4.700 pesos, apenas 5,80 € por persona, ida y vuelta.
Al final del Cerro San Cristóbal (la ciudad tiene más al sur el mucho más pequeño pero también interesante Cerro Santa Lucía) se puede volver a las calles, en concreto a una zona más moderna y donde se enclava Costanera, el rascacielos más alto de Latinoamérica. Con 300 metros de altura, se accede al mirador superior desde la planta baja. El pase son 15.000 pesos (18,60 €). El día que subimos tuvimos una visibilidad razonable con un día despejado, lo cual es una suerte porque el aire de Santiago está bastante contaminado dado el alto volumen de tráfico y la poca ventilación que supone estar cerca de una cordillera tan alta como los Andes. Estos montañones (con una media de 5.000 metros) imponen su presencia desde lo alto de Costanera y son claramente visibles desde varias partes de la ciudad. Parece irreal su tamaño y cercanía. También tuvimos en la visita acompañamiento de música en directo de bossa nova para animar el atardecer, así como degustación gratuita de vinos locales. ¿Qué más se puede pedir? Al terminar descendimos a las primeras plantas, donde funciona un centro comercial y pudimos tomar algún plato, concretamente sánguches (una especie de sándwiches de la gastronomía peruana) de lechón. Muy ricos.
De la comida chilena he probado hasta ahora ajiaco (guiso con patatas y carne), cazuela de ave, empanadas, asado alemán (esa influencia germánica)… Todo muy rico y con dominio de la carne (muy bien para mí). Y, claro, el pisco sour (bebida también compartida con Perú). Los precios, bastante razonables. Así que perfecto. Por lo demás, veo que el nivel general de vida chileno, al menos en la capital, está un poco por debajo del de Madrid. Un alivio para el bolsillo, la verdad. Y esto es todo en Santiago de Chile. Mañana volamos a Calama para empezar nuestra aventura norteña, en el Desierto de Atacama.
Alojados cerca de la Plaza de los Héroes (muy bien conectada con el aeropuerto gracias a los baratos y numerosos autobuses de Centropuerto -1.900 pesos chilenos el trayecto, unos 2,35 €-), tenemos a tiro de piedra la emblemática Plaza de Armas, corazón de la ciudad. En ella se sitúan la enorme Catedral del siglo XVI y edificios vistosos como Correos o la Casa Colorada (museo de la ciudad). Alrededor de la plaza se distribuyen múltiples calles comerciales (muchas peatonales) donde se puede encontrar absolutamente de todo y donde el pequeño comercio domina claramente a las marcas internacionales estandarizadas esperables en países económicamente avanzados. También hacemos parada de homenaje ante el Palacio de la Moneda (casa presidencial) bombardeada por Pinochet en 1973 y saludamos a la estatua del fallecido presidente Salvador Allende. De hecho, en Santiago podemos encontrar el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (metro Quinta Normal), dedicado a ensalzar los valores democráticos y defenderlos frente a su conculcación en el terrible periodo dictatorial.
Un poco más al noreste encontramos los barrios de Patronato (comercial y multicultural) y Bellavista (de aire decididamente alternativo, juvenil, artístico y divertido). Es aquí donde encontramos la casa de Pablo Neruda en la capital: La Chascona. Se trata de una de las tres que tuvo el poeta (las otras se encuentran en Valparaíso e Isla Negra). La entrada son 7.000 pesos (unos 8,70 €) e incluye una audioguía muy necesaria para conocer la historia de esta vivienda que se construyó en 1953 (aunque tuvo posteriores ampliaciones), sus planificadas características y su maltrato en tiempo de la dictadura. Afortunadamente, Matilde, la pareja de Neruda, mantuvo con arrojo el legado de la casa y el patrimonio cultural que supone durante los duros años de plomo y tras la muerte del escritor a las pocas semanas del golpe de Estado. Al terminar la visita, tomamos el funicular para subir al Cerro San Cristóbal (a los pies del cual se encuentra la casa) y luego nos montamos en el teleférico para sobrevolar con vértigo esta área montañosa de más de 700 hectáreas y verdadero pulmón de la capital. Funicular + Teleférico cuestan 4.700 pesos, apenas 5,80 € por persona, ida y vuelta.
Al final del Cerro San Cristóbal (la ciudad tiene más al sur el mucho más pequeño pero también interesante Cerro Santa Lucía) se puede volver a las calles, en concreto a una zona más moderna y donde se enclava Costanera, el rascacielos más alto de Latinoamérica. Con 300 metros de altura, se accede al mirador superior desde la planta baja. El pase son 15.000 pesos (18,60 €). El día que subimos tuvimos una visibilidad razonable con un día despejado, lo cual es una suerte porque el aire de Santiago está bastante contaminado dado el alto volumen de tráfico y la poca ventilación que supone estar cerca de una cordillera tan alta como los Andes. Estos montañones (con una media de 5.000 metros) imponen su presencia desde lo alto de Costanera y son claramente visibles desde varias partes de la ciudad. Parece irreal su tamaño y cercanía. También tuvimos en la visita acompañamiento de música en directo de bossa nova para animar el atardecer, así como degustación gratuita de vinos locales. ¿Qué más se puede pedir? Al terminar descendimos a las primeras plantas, donde funciona un centro comercial y pudimos tomar algún plato, concretamente sánguches (una especie de sándwiches de la gastronomía peruana) de lechón. Muy ricos.
De la comida chilena he probado hasta ahora ajiaco (guiso con patatas y carne), cazuela de ave, empanadas, asado alemán (esa influencia germánica)… Todo muy rico y con dominio de la carne (muy bien para mí). Y, claro, el pisco sour (bebida también compartida con Perú). Los precios, bastante razonables. Así que perfecto. Por lo demás, veo que el nivel general de vida chileno, al menos en la capital, está un poco por debajo del de Madrid. Un alivio para el bolsillo, la verdad. Y esto es todo en Santiago de Chile. Mañana volamos a Calama para empezar nuestra aventura norteña, en el Desierto de Atacama.
lunes, 22 de julio de 2019
TEATRO / 42º Festival de Teatro Clásico de Almagro
Siempre es agradable volver a Almagro, no solo por la bella población de rico patrimonio que es, sino por su internacionalmente conocido Festival de Teatro Clásico, especializado en los siglos XVI y XVII, principalmente español pero también de otros países. Este año hicimos doblete de Calderón de la Barca, así aprovechamos para conocer mejor su obra. Por un lado, la comedia "Con quien vengo, vengo", y, por otro, la tragedia "La hija del aire".
"Con quien vengo, vengo" (en la imagen), de Amara Producciones y dirigida por Gabriel Garbisu, propone un juego de malentendidos, confusiones e intercambios con amores secretos como protagonistas. Estupendo retrato irónico de costumbres, a ratos descabelladado, con soterrada crítica a ciertos usos estrictos y honores exagerados. Una puesta en escena ágil y con logrados momentos de humor e interpretaciones al punto hacen de esta obra un muy buen disfrute.
Por su parte, "La hija del aire", de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con la dirección de Mario Gas y sobre una versión de Benjamín Prado, muestra sus tintes de tragedia irremediable ya desde el principio, con la aparición de una protagonista maldita y encerrada. Una primera parte intensa, muy atractiva en su puesta en escena general, parece apuntar a un desenlace violento y, si bien, en parte es así, cumpliéndose de esta manera el destino, se modera en su segunda parte de forma tan interesante como anticatártica.
"Con quien vengo, vengo" (en la imagen), de Amara Producciones y dirigida por Gabriel Garbisu, propone un juego de malentendidos, confusiones e intercambios con amores secretos como protagonistas. Estupendo retrato irónico de costumbres, a ratos descabelladado, con soterrada crítica a ciertos usos estrictos y honores exagerados. Una puesta en escena ágil y con logrados momentos de humor e interpretaciones al punto hacen de esta obra un muy buen disfrute.
Por su parte, "La hija del aire", de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con la dirección de Mario Gas y sobre una versión de Benjamín Prado, muestra sus tintes de tragedia irremediable ya desde el principio, con la aparición de una protagonista maldita y encerrada. Una primera parte intensa, muy atractiva en su puesta en escena general, parece apuntar a un desenlace violento y, si bien, en parte es así, cumpliéndose de esta manera el destino, se modera en su segunda parte de forma tan interesante como anticatártica.
lunes, 8 de julio de 2019
MÚSICA / 6º Huercasa Country Festival: The Long Ryders, Hayes Carll, Chuck Mead y HCF All Stars Band
Cuesta creer que en un pueblo de Segovia se celebre cada año (y van ya seis ediciones) un festival consagrado a la música country de lo más profundo de los Estados Unidos, el Huercasa Country Festival, de Riaza. Pero es así. Y, además, es que los asistentes lo viven con una intensidad tan grande como el esfuerzo que dedican los organizadores a traer a verdaderos artistazos o la pasión que pone todo el pueblo en acompañar el evento engalando sus calles con banderas americanas (también alguna sudista), vistiéndose tantas personas con atuendos y sombreros típicos vaqueros... Es tan surrealista como una auténtica gozada entrar en esta especie de universo paralelo de enamorados del country. Del country y de sus músicas aledañas: el rock, el folk...
Buena prueba era el cartel del segundo día, el sábado 7 de julio. Empezó la Huercasa Country Festival All Stars Band, un grupo dedicado al blues y al rock y que orientó su repertorio especialmente a la música de raíces vaqueras , con todos los toques diversos imaginables y, sobre todo con una galería interminables de artistas invitados, de entre los que destacó la gran guitarrista pacense de blues Susan Santos. Después llegó el turno de Chuck Mead & The Grassy Knoll Boys dando una estupenda lección de saber hacer en el escenario combinando en cuidadas dosis country, rock and roll primigenio y otras texturas. Y entonces llegaron The Long Ryders. Los angelinos se marcaron en los 80 tres discos de impresión que dejaron profunda huella en el country-rock alternativo y marcaron la línea a seguir para muchos grupos posteriores. Diversas reuniones posteriores les han llevado de tanto en tanto a escena, pero ahora llegaban con un disco nuevo: el cuarto en su haber, después de 32 años del último. Por tanto, su setlist no fue una mera rememoración de viejos éxitos, sino que dieron la relevancia suficiente a las nuevas canciones, de merecida y renovada inspiración. Por supuesto, hubo momentos para los grandes clásicos: por ejemplo, empezaron con "Final Wild Son" y acabaron con "Looking For Lewis And Clark. Y, entre medias, un poco de todo, aunque a veces se notaba cierta falta de rodaje en la banda y la apenas hora y cuarto de actuación supo a poco. Afortunadamente, Sid Griffin anunció que The Long Ryders volverán a Espña los próximos meses de octubre y noviembre. ¡Esperamos impacientes desde ya! El fin de la noche lo puso Hayes Carll, un texano que encara la nueva ola de la música americana coqueteando indistintamente con el country, el rock y el folk. Muy buen sonido, estupenda puesta en escena y banda de acompañamiento. Realmente interesante.
Pero el festival en sí mismo, celebrado en el campo de fútbol de césped y con maravillosas vistas de La Pinilla, no es todo. Luego está lo que se vive en las calles del pueblo durante todo el fin de semana. Al día siguiente, el domingo, daba gusto pasear por la bella plaza principal de Riaza mientras una banda despedía esta edición con más música country o tex-mex o de rock sureño... Tanto da. Eso sí, ahí están siempre los grupos de público (se deben estar entrenando todo el año) haciendo las típicas coreografías de baile country. Por el día y por la noche, en el pueblo y en el festival. ¡Son incansables!
Buena prueba era el cartel del segundo día, el sábado 7 de julio. Empezó la Huercasa Country Festival All Stars Band, un grupo dedicado al blues y al rock y que orientó su repertorio especialmente a la música de raíces vaqueras , con todos los toques diversos imaginables y, sobre todo con una galería interminables de artistas invitados, de entre los que destacó la gran guitarrista pacense de blues Susan Santos. Después llegó el turno de Chuck Mead & The Grassy Knoll Boys dando una estupenda lección de saber hacer en el escenario combinando en cuidadas dosis country, rock and roll primigenio y otras texturas. Y entonces llegaron The Long Ryders. Los angelinos se marcaron en los 80 tres discos de impresión que dejaron profunda huella en el country-rock alternativo y marcaron la línea a seguir para muchos grupos posteriores. Diversas reuniones posteriores les han llevado de tanto en tanto a escena, pero ahora llegaban con un disco nuevo: el cuarto en su haber, después de 32 años del último. Por tanto, su setlist no fue una mera rememoración de viejos éxitos, sino que dieron la relevancia suficiente a las nuevas canciones, de merecida y renovada inspiración. Por supuesto, hubo momentos para los grandes clásicos: por ejemplo, empezaron con "Final Wild Son" y acabaron con "Looking For Lewis And Clark. Y, entre medias, un poco de todo, aunque a veces se notaba cierta falta de rodaje en la banda y la apenas hora y cuarto de actuación supo a poco. Afortunadamente, Sid Griffin anunció que The Long Ryders volverán a Espña los próximos meses de octubre y noviembre. ¡Esperamos impacientes desde ya! El fin de la noche lo puso Hayes Carll, un texano que encara la nueva ola de la música americana coqueteando indistintamente con el country, el rock y el folk. Muy buen sonido, estupenda puesta en escena y banda de acompañamiento. Realmente interesante.
Pero el festival en sí mismo, celebrado en el campo de fútbol de césped y con maravillosas vistas de La Pinilla, no es todo. Luego está lo que se vive en las calles del pueblo durante todo el fin de semana. Al día siguiente, el domingo, daba gusto pasear por la bella plaza principal de Riaza mientras una banda despedía esta edición con más música country o tex-mex o de rock sureño... Tanto da. Eso sí, ahí están siempre los grupos de público (se deben estar entrenando todo el año) haciendo las típicas coreografías de baile country. Por el día y por la noche, en el pueblo y en el festival. ¡Son incansables!
domingo, 23 de junio de 2019
LIBROS / "El capital del siglo XXI" (2013), de Thomas Piketty
El economista francés Thomas Piketty realiza un análisis exhaustivo pero muy claro en su explicación acerca de la desigualdad en el reparto del capital que se aprecia desde finales del siglo XIX y se está agravando clarísimamente en lo que llevamos de siglo XXI. En concreto, descubre la siguiente tendencia macroeconómica: la tasa de incremento de los beneficios del capital ha vuelto a ser, en estas décadas del nuevo milenio, superior a la del crecimiento de la economía general. El estudioso detalla que ya ocurría esto en el siglo XIX, cuando las grandes corporaciones empresariales dominaban el mercado, mientras que los Estados carecían de políticas fiscales de redistribución de la riqueza para beneficio social. En cambio, en el siglo XX todo cambió. Los altos costes de las dos guerras mundiales y el levantamiento de un bloque comunista que ofrecía beneficios y derechos laborales llevaron a los gobiernos occidentales a imponer impuestos al capital para repartir la riqueza, consiguiendo, por un lado, recursos económicos viables para los Estados y, por otro, calmar y contentar a los trabajadores aliviando sus deseos de derechos, libertades y prosperidad.
Sin embargo, el triunfo de las políticas neoliberales y la creación de nuevos conglomerados multinacionales (sobre todo tecnológicos), junto con el auge de los paríasos fiscales, han revertido totalmente el camino de redistribución andado el siglo pasado, lo cual lleva a que, en el siglo XXI, el crecimiento del capital vuelva a ser superior al de la economía general. Por primera vez desde el siglo XIX. Este preocupante retroceso económico y social es la base de la argumentación de este espléndido libro, que ofrece una alternativa para su resolución: la recuperación de políticas fiscales en tres vías. Por un lado, un impuesto global progresivo sobre el capital de hasta el 2% para los niveles superiores, un impuesto sobre la renta que recupere mayores tasas para los ingresos más altos y un impuesto sobre los mayores patrimonios. Como se observa, la clave es la progresividad. Es decir, gravar solo a los tramos superiores, que son los que se están beneficiando de la nueva tendencia económica, sobre la que los gobiernos no hacen nada, sino más bien alimentarla con bajadas de impuestos (haciendo creer que benefician a la gente trabajdora y clases medias, cuando en realidad es altamente rentable para las grandes fortunas). Hablamos de impuestos al capital, a las rentas y al patrimonio de millones de euros. Y recordemos que, en el siglo XX, en países como Reino Unido, Alemania y Francia, había tasas impositivas del 70-80% para los tramos más elevados de renta. Todo ello desapareció a partir del neoliberalismo de los 80 y 90, y posterior. Pero la consolidación del Estado de Bienestar (sanidad, educación, pensiones...) hace de obligado cumplimiento que recuperemos esas herramientas. La riqueza debe repartirse o este sistema caerá.
Sin embargo, el triunfo de las políticas neoliberales y la creación de nuevos conglomerados multinacionales (sobre todo tecnológicos), junto con el auge de los paríasos fiscales, han revertido totalmente el camino de redistribución andado el siglo pasado, lo cual lleva a que, en el siglo XXI, el crecimiento del capital vuelva a ser superior al de la economía general. Por primera vez desde el siglo XIX. Este preocupante retroceso económico y social es la base de la argumentación de este espléndido libro, que ofrece una alternativa para su resolución: la recuperación de políticas fiscales en tres vías. Por un lado, un impuesto global progresivo sobre el capital de hasta el 2% para los niveles superiores, un impuesto sobre la renta que recupere mayores tasas para los ingresos más altos y un impuesto sobre los mayores patrimonios. Como se observa, la clave es la progresividad. Es decir, gravar solo a los tramos superiores, que son los que se están beneficiando de la nueva tendencia económica, sobre la que los gobiernos no hacen nada, sino más bien alimentarla con bajadas de impuestos (haciendo creer que benefician a la gente trabajdora y clases medias, cuando en realidad es altamente rentable para las grandes fortunas). Hablamos de impuestos al capital, a las rentas y al patrimonio de millones de euros. Y recordemos que, en el siglo XX, en países como Reino Unido, Alemania y Francia, había tasas impositivas del 70-80% para los tramos más elevados de renta. Todo ello desapareció a partir del neoliberalismo de los 80 y 90, y posterior. Pero la consolidación del Estado de Bienestar (sanidad, educación, pensiones...) hace de obligado cumplimiento que recuperemos esas herramientas. La riqueza debe repartirse o este sistema caerá.
sábado, 1 de junio de 2019
DEPORTES / Atlético de Madrid 2018/19: a dos peldaños de la cima
Hora de hacer balance de la temporada recién concluida. Sí, es cierto que el Atlético de Madrid ha recuperado galones y que llevamos ya bastante tiempo instalados en los alrededores de la cima. Son siete años consecutivos terminando entre los tres primeros de la Liga (la mejor racha de nuestra historia) y el cuarto Zamora para Oblak, nuestro auténtico crack. Un equipo que, en principio, sale siempre con posibilidades de aspirar a todo. Y no es fácil con un conjunto donde han llegado menos jugadores de calidad de lo deseado y en el que, en cambio, otros acaban ya su glorioso ciclo. Griezmann, que debería haber sido decisivo, no ha aportado lo suficiente, quizá porque su cabeza estaba en otro club, como luego se ha confirmado con su salida. Y el Cholo quizá no ha estado lo suficientemente acertado y valiente, como antaño lo fue. Toca examen de conciencia y fichar con criterio para renovar el proyecto.
Nadie nos quita los méritos de la temporada: campeones de la Supercopa de Europa ante el Madrid y segundos, sólo tras el Barça, en la Liga, competición en la que hemos acabado con 76 puntos, 55 goles a favor (quintos) y 29 en contra (primeros). Por tanto, buenos números. Pero pedimos más. Queremos más. No es aceptable esa eliminación de Champions ante la Juve en la vuelta de octavos, con la ida ganada 2-0. No es permisible caer también en octavos de la Copa con el Girona. Cierto que ha habido bastantes lesiones y jugadores que no han estado ahí (¿qué ha hecho Costa en su nuevo regreso?). Pero, más allá de excusas, es necesario apostar por hacer un equipo de nivel. ¡Basta de fichar medianías! Criterio deportivo total para conformar una plantilla que nos lleve por fin a las deseadas cumbres. ¡Las queremos todas!
Nadie nos quita los méritos de la temporada: campeones de la Supercopa de Europa ante el Madrid y segundos, sólo tras el Barça, en la Liga, competición en la que hemos acabado con 76 puntos, 55 goles a favor (quintos) y 29 en contra (primeros). Por tanto, buenos números. Pero pedimos más. Queremos más. No es aceptable esa eliminación de Champions ante la Juve en la vuelta de octavos, con la ida ganada 2-0. No es permisible caer también en octavos de la Copa con el Girona. Cierto que ha habido bastantes lesiones y jugadores que no han estado ahí (¿qué ha hecho Costa en su nuevo regreso?). Pero, más allá de excusas, es necesario apostar por hacer un equipo de nivel. ¡Basta de fichar medianías! Criterio deportivo total para conformar una plantilla que nos lleve por fin a las deseadas cumbres. ¡Las queremos todas!
martes, 28 de mayo de 2019
MÚSICA / Juliana Hatfield o la perseverancia indie-rock
Hace años que la estadounidense Juliana Hatfield es una referencia en el mundo del indie-rock. Su nivel de fama nunca fue precisamente enorme (aunque tuvo su cierto momento en los años 90) pero su perseverancia le ha llevado a construir una carrera amplia, sólida y, sobre todo, de gran calidad. Sin ir más lejos, su último disco, "Weird" (2019), es excelente y altamente recomendable. Pues bien, a pesar de su ya larga carrera musical y dado lo poco proclive que es a visitar nuestra tierras, el caso es que hasta ahora no había tenido la oportunidad de verla en directo. Por eso, cuando vi que hacía gira por el Reino Unido no me lo pensé dos veces y me organicé un viaje relámpago a Birmingham. Allí, en el O2 Institute, una recogida sala para poco más de 100 personas (con lo bien que se puede disfrutar de los artistas), Juliana y su banda (The Juliana Hatfield Three) hicieron un intenso repaso (20 temas) por su repertorio el 26 de mayo, desde los primeros temas en solitario ("Everybody Loves Me But You", "My Sister", "Feelin' Massachussets") hasta los más recientes ("Lost Ship", "All Right, Yeah"). Sonido contundente, con muchos watios, mezclando momentos de mucha distorsión con otros más melódicos, y una ejecución notable. Se notan las tablas y que esta gente llevan mucho tiempo juntos. Una inmersión total el haberles podido ver en primerísima fila. Y la guinda final llegó tras la hora y media de concierto (dos bises incluidos), cuando, como hacen otras muchas bandas norteamericanas indies, la propia Juliana se puso a vender merchandising y a hablar con los asistentes. Claro, fue mi oportunidad para charlar un rato con ella. Fue muy especial. Le comenté que viniera pronto a España. No os prometo nada, pero ahí quedó la cosa.
domingo, 26 de mayo de 2019
MÚSICA / Tomavistas 2019 (y 2): The Beths, Cass McCombs, Morgan, Stonefield, Carolina Durante, Mucho
Una banda marcó la segunda y última jornada del Tomavistas y fueron los neozelandeses The Beths (en la imagen). Los de Auckland descargaron con maestría y simpatía su powerpop desde el otro lado del mundo pero que suena tan universal como las mejores melodías guitarreras. Era conocido que su estupendo disco de debut "Future Me Hates Me" (2018) fue uno de los mejores del año pasado, pero en directo suena incluso mejor. Es notable la pericia de estos chavales para interpretar con todo lujo de detalles (arpegios, coros, balances de sonidos) unas canciones redondas, sublimes en algún caso, altamente adictivas y plenas de estribillos brillantes. Con las amables palabras en español de su líder, Elisabeth Stokes, se terminaron de ganar el afecto del público para siempre. Ya les echamos de menos.
Antes habían actuado las australianas Stonefield que, con su rock psicodélico setentero, nos hicieron volver a los tiempos en los que el rock era lo más importante. El grupo de las hermanas Findlay vive del revival pero aporta su particular toque personal. Por su parte, los madrileños Morgan desplegaron su gama de sonidos de clara influencia americana: desde el rock hasta el soul-funk. La portentosa voz de Nina de Juan emociona, mientras guitarras y teclados se suman para alcanzar texturas muy atractivas. El californiano Cass McCombs bordó su indie-folk-rock de alto octanaje, acompañado de una banda técnicamente notable. No deja indiferente a nadie y eleva el espíritu. Llegaron Carolina Durante para hacernos volver a los años de la Movida. Y es que su propuesta es una especie de adapatación actual de Los Nikis. Las letras burlonas e irónicas y los rimos guitarreros bailables marcan la fiesta. Concedo que Spiritualized tienen momentos emotivos pero debo confesar que la banda de Jason Pierce me aburre. No veía el momento de ver a Mucho y su nueva propuesta bailable. El grupo es ahora básicamente Martí Perarnau y no queda rastro del rock afilado y alternativo de sus inicios. Pero su indie-dance tan personal me gusta.
Antes habían actuado las australianas Stonefield que, con su rock psicodélico setentero, nos hicieron volver a los tiempos en los que el rock era lo más importante. El grupo de las hermanas Findlay vive del revival pero aporta su particular toque personal. Por su parte, los madrileños Morgan desplegaron su gama de sonidos de clara influencia americana: desde el rock hasta el soul-funk. La portentosa voz de Nina de Juan emociona, mientras guitarras y teclados se suman para alcanzar texturas muy atractivas. El californiano Cass McCombs bordó su indie-folk-rock de alto octanaje, acompañado de una banda técnicamente notable. No deja indiferente a nadie y eleva el espíritu. Llegaron Carolina Durante para hacernos volver a los años de la Movida. Y es que su propuesta es una especie de adapatación actual de Los Nikis. Las letras burlonas e irónicas y los rimos guitarreros bailables marcan la fiesta. Concedo que Spiritualized tienen momentos emotivos pero debo confesar que la banda de Jason Pierce me aburre. No veía el momento de ver a Mucho y su nueva propuesta bailable. El grupo es ahora básicamente Martí Perarnau y no queda rastro del rock afilado y alternativo de sus inicios. Pero su indie-dance tan personal me gusta.
sábado, 25 de mayo de 2019
MÚSICA / Tomavistas 2019 (1): Beach House, Cala Vento, Triángulo de Amor Bizarro, Las Odio, Ángel Stanich...
La edición 2019 del Festival Tomavistas parece caracterizarse por un contraste entre cabezas de cartel internacionales de tendencia musical entre etérea y bajonera, y un nutrido grupo de bandas mayormente energéticas y españolas. Comenzamos el día con el santanderino Ángel Stanich, su peculiar voz, sus características letras irónicas y su estilo de cantautor electro-acústico al estilo norteamericano. Muy interesante. Después, Las Odio mostraron su animoso pop-punk de raíces ochenteras y mensajes reivindicativos. Muy divertidas. Vuelta al escenario principal con Triángulo de Amor Bizarro. A los gallegos se les notan ya muchas tablas y se les ve muy sólidos en el escenario transmitiendo su noise-rock de calidad. Muy buenos. Y la sorpresa para mií de la jornada, porque no les conocía y me impactaron, fueron Cala Vento. Los gerundenses son estupendos músicos que hacen que ser dúo (batería y guitarra, con ambos cantando) sea más ventaja que inconveniente. Su directo pega fuerte y las concesiones que hacen al rock y al pop les otorga amplitud de miras. Muy soprendentes. Finalmente, los estadounidenses Beach House (en la foto) magnetizaron a la audiencia (que en ese momento estaba pasando realmente frío por el viento que se levantó) con su dream-pop que unas veces resulta un tanto tibio y otras te eleva a altas cimas. Muy magnéticos.
martes, 14 de mayo de 2019
LIBROS / "Ricos por la patria" (2001), de Mariano Sánchez Soler
El escritor y periodista Mariano Sánchez Soler hace un interesante análisis de los orígenes de los que se hicieron ricos en torno a la dictadura franquista y, lo que es incluso más interesante, han seguido (ellos o sus hijos) prosperando acogiéndose a los resortes de la democracia, especialmente cobijados por el PP. De ahí el subtítulo de la obra: "Grandes magnates de la dictadura, altos financieros de la democracia". Desde el entorno familiar del general franco y la llamada "Corte de El Pardo", desfilan los March (originalmente contrabandistas de tabaco), Cortina, Fierro, Koplowitz, Aguirre, Fenosa, Meliá, Banús... Apellidos que siguen contando entre los más influyentes del capitalismo español. Desde el aparato político del régimen emergen otros millonarios salidos de la falange, el tradicionalismo y la tecnocracia: los Oriol, Serrano Suñer, Alcocer, López de Letona, Gamero, Carceller, Barrera, Martín Villa, Girón... La mayor parte se las ha arreglado para no solo salir indemnes de su sucio origen sino campar a sus anchas hasta nuestros días.
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