
Segundo debate y más de lo mismo. Sucesivos reproches e intercambio de cifras. Si acaso, la única diferencia es que, en esta ocasión, Zapatero ha ofrecido bastantes más propuestas concretas que Rajoy, que ha mantenido los argumentos básicos del anterior encuentro con innegable habilidad. Total, a estrategias similares, datos de apoyo parecidos: los internautas del diario “El País” daban por ganador a Zapatero con un 59% (frente a un 55% del primer debate), si bien los de “El Mundo” preferían a Rajoy con un 56% (58% previo). Por su parte, la generalidad de las encuestas profesionales parecían reflejar una clara victoria del actual presidente.
Pero el problema de fondo sigue siendo el formato del debate. ¿Dónde están los periodistas que canalicen el debate, que planteen las cuestiones relevantes? ¿Qué figura es esa del cronometrador que se limita a cambiar el turno cuando el tiempo se agota? Vale que Olga Viza por lo menos no ha aburrido con un preámbulo plomizo como el de Manuel Campo Vidal, pero, ¿dónde están los periodistas que pongan en aprietos a uno y a otro ante el público, que eviten los rifirrafes absurdos, las salidas de tono, el inútil intercambio de datos, que impidan los argumentos vacuos y centren los problemas de interés? Incluso, ¿dónde está la famosa idea de dar cancha a las preguntas directas de los ciudadanos? ¡Pero si hasta los mítines de esta campaña son filmados, cortados y enlatados por los propios partidos, lo que ha provocado el plante de los cámaras! ¿Qué es esto, el poder de los partidos o el poder del pueblo? Debates, sí, pero bien hechos por profesionales que no se plieguen a las imposiciones de los partidos y que den cancha a todas las sensibilidades sociales y políticas, que no son sólo dos.
