sábado, 16 de mayo de 2020
LIBROS / "Billy Wilder: nadie es perfecto" (1992), de Hellmuth Karasek
Es una gozada leer este repaso a la carrera cinematográfica del maestro Billy Wilder que el periodista alemán Hellmuth Karasek publicó en 1992 tras años de conversaciones con el genio austríaco. Escrita en orden cronológico, la obra abarca desde sus inicios como periodista en Viena, su huída por el nazismo, su primera experiencia como (co)director en Francia y después en Estados Unidos, donde se consagró como guionista para otro maestro, Ernst Lubitsch, hasta desarrollarse como director en Hollywood. En el libro se van conociendo detalles de todas sus películas, de sus valoraciones sobre la creación, el rodaje, los problemas de producción, las relaciones con los actores, la satisfacción (o no) final con cada obra... Destacan pasajes como el balance con sus colaboradores en la escritura (básicamente, Charles Brackett e I.A.L. Diamond), su amistad con Marlene Dietrich o con Jack Lemmon y Walter Matthau, sus tensas relaciones profesionales con Marilyn Monroe, su decidida defensa de la libertad de expresión en la Caza de Brujas, sus opiniones sobre otros directores... Y, desde luego, es maravilloso conocer los entresijos que dieron lugar a incontestables obras maestras del Séptimo Arte como "Perdición" (1944), "Días sin huella" (1945), "El crepúsculo de los dioses" (1950), "El gran carnaval" (1951), "Sabrina" (1954), "La tentación vive arriba" (1955), "Testigo de cargo" (1958), "Con faldas y a lo loco" (1959), "El apartamento" (1960), "Uno, dos, tres" (1961), "Irma la dulce" (1963), "Bésame, tonto" (1964), "En bandeja de plata" (1966), "La vida privada de Sherlock Holmes" (1970), "¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?" (1972) y "Primera plana" (1974).
viernes, 17 de abril de 2020
LIBROS / "Sapiens: de animales a dioses" (2014), de Yuval Noah Harari
El historiador israelí Yuval Noah Harari realiza en "Sapiens" un recorrido total, tan intenso y magnético como provocador, por la trayectoria del homo sapiens, del ser humano, desde su surgimiento hasta la actualidad, así como su proyección futura. Se trata de un libro imprescindible que intenta responder a cuestiones cruciales (con respuestas políticamente incorrectas): cómo nuestra especie logró imponerse en la lucha por la existencia (aniquilando a los neanmdertales), por qué nuestros ancetros recolectores se unieron para crear ciudades y reinos (provocando menor bienestar) o cómo llegamos a creer en dioses, en naciones y en derechos humanos y a confiar en el dinero, los libros o las leyes (todas ellas convenciones inventadas por nosotros mismos).
El libro disecciona los momentos más trascendentales de la humanidad, sobre los que arroja nueva luz para apuntar también sus devastadoras consecuencias. Así, nos revela las verdaderas implicaciones de la revolución cognitiva (la que nos llevó al habla y la comunicación), la revolución agrícola (que nos hizo asentarnos en comunidades sociales) y la revolución científica (que va de la mano del capitalismo y del imperialismo). Todo ello está analizado desde una visión historiográfica, sí, pero también en combinación con enfoques biológicos, antropológicos, paleontológicos y económicos.En última instancia, Yuval Noah Harari intenta contestar a preguntas tan relevantes como si hemos ganado felicidad a medida que ha avanzado la historia, si seremos capaces de liberar alguna vez nuestra conducta de la herencia del pasado o si podemos hacer algo para influir en siglos futuros.
El libro disecciona los momentos más trascendentales de la humanidad, sobre los que arroja nueva luz para apuntar también sus devastadoras consecuencias. Así, nos revela las verdaderas implicaciones de la revolución cognitiva (la que nos llevó al habla y la comunicación), la revolución agrícola (que nos hizo asentarnos en comunidades sociales) y la revolución científica (que va de la mano del capitalismo y del imperialismo). Todo ello está analizado desde una visión historiográfica, sí, pero también en combinación con enfoques biológicos, antropológicos, paleontológicos y económicos.En última instancia, Yuval Noah Harari intenta contestar a preguntas tan relevantes como si hemos ganado felicidad a medida que ha avanzado la historia, si seremos capaces de liberar alguna vez nuestra conducta de la herencia del pasado o si podemos hacer algo para influir en siglos futuros.
sábado, 4 de abril de 2020
CRISIS MUNDIAL / Un antes y un después del coronavirus
Tras la decisión tomada el 14 de marzo, España alcanza la tercera semana de confinamiento y Pedro Sánchez ha anunciado una nueva prórroga que nos llevará hasta las seis semanas el próximo 26 de abril. Por lo menos. Es la única forma que hemos encontrado de parar el contragio del coronavirus SARS-CoV-2. Parece mentira pero un bichito minúsculo (que se transmite por las gotas respiratorias -al toser, al hablar...-) ha puesto a sus pies a todo el mundo, que progresivamente va paralizando en buena medida sus economías, con la cadena de consecuencias sociales que ello implica.
Pasados los momentos de las bromas y del pánico, toca reflexionar muy seriamente. Al principio se pensó que esto era un problema chino, de pueblos asiáticos lejanos que comen murciélagos o pangolines. Se minusvaloró tantísimo el grave problema... La lentitudad y opacidad de las autoridades chinas tampoco ayudó. Pero se percibió una autosuficiencia en Europa que nos llevó a restar la importancia debida. No es simplemente una cuestión de si algunos salieron de manifestación el día 8 de marzo o si muchos iban a misa o asistían al fútbol, incluso viajando a otros países europeos, aunque todo eso también contó, claro. Pero sería una mezquindad y quedarse en la mera paja de un asunto que tiene dimensiones de pandemia. Hubo un exceso colectivo de confianza, desgraciadamente muy frecuente en el ser humano. Peor aún fue el desprecio fruto de la soberbia de los países que no reaccionaron a tiempo cuando ya sí se sabía el serio alcance de la crisis: Boris Johnson en el Reino Unido, Jair Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos.
En cualquier caso, las consecuencias las pagaremos todos, y unos más que otros. Desgraciadamente, España es uno de los países más afectados. Más adelante ya se harán las pertinentes investigaciones de por qué razón esto es así: si realmente (tal como se está observando de las mutaciones del bicho) el virus nos llegó de viajeros alemanes y británicos venidos de China. Ahora es el momento de luchar y vencer a este coronavirus: salvar a la mayor gente posible (y esa es la tarea de los héroes sanitarios, lo que nos recuerda lo importante que es tener un excelente sistema sanitario), un material y equipamiento médico adecuado (esa producción que, en los últimos años, hemos ido trasladando precisamente a Asia) y conseguir la vacuna (la importancia de financiar la ciencia en este país).
Y habrá que ir planificando cómo saldremos de la crisis. Se podrá vencer al virus pero, ¿cambiará nuestro comportamiento social? ¿Podremos seguir yendo a los bares o ir de turismo? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que se normalice, si es que se normaliza? ¿O habrá cambios permanentes? ¿El virus será recurrente a partir de ahora? En cuanto a consecuencias sociales, ¿quién pagará el pato? ¿Las clases medias y bajas, como en la crisis económica de 2008? ¿Darán el callo las clases altas con sus redes de evasión fiscal (las legales y las ilegales)? ¿Se mantendrá (y potenciará) el sistema social protector o se individualizará la sociedad y se acrecentarán las desigualdades? En nuestras manos está. De momento, este Gobierno parece el adecuado para ello pero, de nuevo, estos problemas tan enormes son cuestiones mundiales o, al menos, de tamaño europero: la UE no puede permitirse volver a decepcionar. Y, finalmente, de cara al futuro, con el fin de no volver a repetir esta tragedia (humana, primero de todo, y también económica, que asimismo es humana), para no tener que parar las economías de esta manera, habrá que revisar muy seriamente los protocolos contra las epidemias. A nivel mundial. El intercambio de información veraz es vital. Vital. Literalmente.
Pasados los momentos de las bromas y del pánico, toca reflexionar muy seriamente. Al principio se pensó que esto era un problema chino, de pueblos asiáticos lejanos que comen murciélagos o pangolines. Se minusvaloró tantísimo el grave problema... La lentitudad y opacidad de las autoridades chinas tampoco ayudó. Pero se percibió una autosuficiencia en Europa que nos llevó a restar la importancia debida. No es simplemente una cuestión de si algunos salieron de manifestación el día 8 de marzo o si muchos iban a misa o asistían al fútbol, incluso viajando a otros países europeos, aunque todo eso también contó, claro. Pero sería una mezquindad y quedarse en la mera paja de un asunto que tiene dimensiones de pandemia. Hubo un exceso colectivo de confianza, desgraciadamente muy frecuente en el ser humano. Peor aún fue el desprecio fruto de la soberbia de los países que no reaccionaron a tiempo cuando ya sí se sabía el serio alcance de la crisis: Boris Johnson en el Reino Unido, Jair Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos.
En cualquier caso, las consecuencias las pagaremos todos, y unos más que otros. Desgraciadamente, España es uno de los países más afectados. Más adelante ya se harán las pertinentes investigaciones de por qué razón esto es así: si realmente (tal como se está observando de las mutaciones del bicho) el virus nos llegó de viajeros alemanes y británicos venidos de China. Ahora es el momento de luchar y vencer a este coronavirus: salvar a la mayor gente posible (y esa es la tarea de los héroes sanitarios, lo que nos recuerda lo importante que es tener un excelente sistema sanitario), un material y equipamiento médico adecuado (esa producción que, en los últimos años, hemos ido trasladando precisamente a Asia) y conseguir la vacuna (la importancia de financiar la ciencia en este país).
Y habrá que ir planificando cómo saldremos de la crisis. Se podrá vencer al virus pero, ¿cambiará nuestro comportamiento social? ¿Podremos seguir yendo a los bares o ir de turismo? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que se normalice, si es que se normaliza? ¿O habrá cambios permanentes? ¿El virus será recurrente a partir de ahora? En cuanto a consecuencias sociales, ¿quién pagará el pato? ¿Las clases medias y bajas, como en la crisis económica de 2008? ¿Darán el callo las clases altas con sus redes de evasión fiscal (las legales y las ilegales)? ¿Se mantendrá (y potenciará) el sistema social protector o se individualizará la sociedad y se acrecentarán las desigualdades? En nuestras manos está. De momento, este Gobierno parece el adecuado para ello pero, de nuevo, estos problemas tan enormes son cuestiones mundiales o, al menos, de tamaño europero: la UE no puede permitirse volver a decepcionar. Y, finalmente, de cara al futuro, con el fin de no volver a repetir esta tragedia (humana, primero de todo, y también económica, que asimismo es humana), para no tener que parar las economías de esta manera, habrá que revisar muy seriamente los protocolos contra las epidemias. A nivel mundial. El intercambio de información veraz es vital. Vital. Literalmente.
viernes, 6 de marzo de 2020
OCIO / Comienza el XII Concurso de Tapas de Quintanar
Empieza una nueva edición, la decimosegunda ya, del veterano Concurso de Tapas de Quintanar de la Orden (Toledo), que se desarrollará entre los días 6 y 22 de marzo. Y comienza con la tibieza inicial que da saber que solo 16 bares y restaurantes de la localidad se han animado a participar, la cifra más baja de la historia del certamen. Más sentidas son las ausencias de algunos de los más importantes restaurantes (Granero, Santa Marta, San Francisco, El Almirez...), que siempre aportan calidad. Si queremos un concurso de nivel deben estar los mejores. Quizá no sea una actividad que genere especial rentabilidad a los establecimientos, y sí mucho trabajo, quizá puedan existir recelos por algunos motivos que deben quedar como menores... Porque lo importante es que se trata de un acto ya consolidado en el municipio y que, de alguna manera, sí, pone a Quintanar en el mapa una vez al año, y además crea un buen ambiente y animación en el pueblo, algo que evidentemente se necesita con urgencia.
Desde aquí animo a los restaurantes y bares a que reconsideren sus negativas y vuelvan a unirse al club de la tapa. Todos juntos es mejor.
Desde aquí animo a los restaurantes y bares a que reconsideren sus negativas y vuelvan a unirse al club de la tapa. Todos juntos es mejor.
sábado, 15 de febrero de 2020
MÚSICA / El último vuelo de Barón Rojo
Cuarenta años después de su creación, Barón Rojo, una de las bandas más importantes (si no la más) del heavy-rock español, pone fin a su carrera con una gira nacional e internacional de despedida, tal llegó a ser su alcance mundial. Es agridulce comprobar cómo a pesar de su calidad compositiva, navegando siempre entre el blues-rock duro más clásico y el metal, su alto nivel técnico (Armando de Castro es sin duda uno de los grandes guitarristas del género) y su cantidad de temas míticos, el grupo no acaba de lograr el merecido reconocimiento masivo de su estatus de superestrellas. Quizá haya influido en su falta de consolidación definitiva el hecho de que la banda se partiera con la temprana marcha del carismático bajista y co-compositor Sherpa y del batería Hermes Calabria, dejando un rastro de desencuentros personales con los hermanos De Castro. En cualquier caso, los 80 fueron de Barón Rojo y su influencia desde entonces ha sido incontestable, si bien su ascendiente en el heavy no ha sido igualado.
El viernes 14 de febrero en el Lava de Valladolid, Barón Rojo dieron todo lo que pueden dar a estas alturas, y eso que Carlos de Castro, guitarrista y cantante, va con zapato ortopédico a la espera de una operación que se deberá posponer hasta que concluya la gira en diciembre (¡eso es amor al arte!). Fueron nada menos que dos horas y cuarto de concierto recorriendo su amplia discografía, aunque, lógicamente, haciendo paradas más detalladas en álbumes como "Larga vida al rock and roll" (1981), "Volumen brutal" (1982) o "Metalmorfosis" (1983), auténticas obras maestras del género. Lo dan todo en el escenario y les sobran tablas, y la calidad y animosidad del batería y del bajista (ambos estupendos virtuosos) conforman un combo compacto, unido y que se deja la piel. Su amor por la música se transmite con facilidad al público y su despedida del cocnierto solo hace el momento más agridulce aún...
Antes actuaron otros clásicos del heavy ochentero: Obús. Comandados por el cantante Fortu, que mantiene en buena forma su voz dramática a lo Rob Halford (Judas Priest), así como su actitud chulesca en escena y de conexión con la audiencia a lo Mick Jagger (The Rolling Stones), la banda repartió con eficacia y entrega sus mejores temas, esos que pertenecen a la edad dorada del heavy español. Eso fue más que suficiente, fue estupendo.
El viernes 14 de febrero en el Lava de Valladolid, Barón Rojo dieron todo lo que pueden dar a estas alturas, y eso que Carlos de Castro, guitarrista y cantante, va con zapato ortopédico a la espera de una operación que se deberá posponer hasta que concluya la gira en diciembre (¡eso es amor al arte!). Fueron nada menos que dos horas y cuarto de concierto recorriendo su amplia discografía, aunque, lógicamente, haciendo paradas más detalladas en álbumes como "Larga vida al rock and roll" (1981), "Volumen brutal" (1982) o "Metalmorfosis" (1983), auténticas obras maestras del género. Lo dan todo en el escenario y les sobran tablas, y la calidad y animosidad del batería y del bajista (ambos estupendos virtuosos) conforman un combo compacto, unido y que se deja la piel. Su amor por la música se transmite con facilidad al público y su despedida del cocnierto solo hace el momento más agridulce aún...
Antes actuaron otros clásicos del heavy ochentero: Obús. Comandados por el cantante Fortu, que mantiene en buena forma su voz dramática a lo Rob Halford (Judas Priest), así como su actitud chulesca en escena y de conexión con la audiencia a lo Mick Jagger (The Rolling Stones), la banda repartió con eficacia y entrega sus mejores temas, esos que pertenecen a la edad dorada del heavy español. Eso fue más que suficiente, fue estupendo.
jueves, 16 de enero de 2020
DEPORTES / La "transición" del Atlético de Madrid
La temporada 2019/20 comenzaba con luces y sombras: por un lado, la rotunda victoria ante el Real Madrid por 7-3 en el torneo mundial amistoso de verano International Champions Cup, dando un espectacular baño al eterno rival, y, por otro, la incertidumbre de partida de ver qué ocurría con el equipo tras la marcha de importantes referentes en los últimos años, como Griezmann en el ataque y, sobre todo, Godín o Filipe Luis en la defensa. El bloque de Simeone llegaba a su "transición". Había que ver cómo respondían los recambios buscados. Y en la delantera nos hemos encontrado con la falta de consolidación y de gol. Diego Costa no ha logrado ni la continuidad deseada, asediado por las lesiones, ni el acierto requerido ante la portería, Morata, siendo el pichichi, no acaba de alcanzar los números suficientes para evitar que el Atleti tenga el peor registro histórico goleador. El portugués Joao Felix, fichaje importantísimo por su precio, da muestras de calidad con cuentagotas, demasiado poco para lo que se necesita. Sobre el centro del campo, ni Koke, ni Saúl ni Thomas están precisamente en su mejor momento, mientras que Lemar se muestra como un bluf. Menos mal que Correa y Vitolo aparecen con su perfil más ofensivo, pero con cierta irregularidad. En cambio, la defensa sí parece haberse renovado con algo de acierto: Felipe o Hermoso dan buenas sensaciones, Trippier parcialmente, pero Lodi menos... Menos mal que Oblak sigue siendo un seguro detrás y sigue revalidando al equipo como el menos goleado.
Los números de la Liga dejan sensaciones agridulces. Es cierto que estamos los terceros, empatados con el Sevilla y a solo cinco puntos de Barça y Madrid, pero el inicio de la temporada, con los dos grandes clubes irregulares, no fue aprovechado poe los rojiblancos para consolidarse como líder. Ahora, a la altura del fin de la primera vuelta, blancos y culés se muestran más sólidos, si bien la mejor noticia es qiue los colchoneros no se han descolgado. Y la final de la Supercopa de España demuestra que les tenemos a nuestro alcance: batimos al Barcelona y el Madrid no nos ganó en la final salvo por los penaltis, nuestra bestia negra (a mejorar pero ya). El caso es que el balance en la Liga es pobre: 35 puntos fruto de 9 victorias, 8 empates (excesivos a todas luces) y dos derrotas (ante la Real Sociedad -a domicilio- y el Barça -en casa-, relativamente asumibles), con solo 22 goles a favor (los novenos de la tabla) y, eso sí, 12 en contra (los primeros). En Champions conseguimos la clasificación en nuestro grupo, aunque en segundo lugar (dos derrotas a domicilio ante la Juve y el Leverkusen), lo que nos ha llevado a cruzarnos con el Liverpool, el actual campeón y máximo favorito. Entre febrero y marzo veremos de lo que somos capaces... En esas mismas fechas también quedará decidida la final de la Copa del Rey. Aguardemos hasta la conclusión de la temporada para emitir un veredicto pero esperemos a que la famosa "transición" alegada por Simeone no evite que el equipo crezca y se consolide con algún título. Si no, el entrenador también será responsable.
viernes, 3 de enero de 2020
TEATRO / "Parque Lezama", de Herb Gardner (adapt. de Juan José Campanella)
El autor de cine Juan José Campanella se estrena en el teatro con la adaptación y dirección de "Parque Lezama", una obra del estadounidense Herb Gardner que estrenó en 1984 como "I'm Not Rappaport". El cineasta argentino se lleva la acción del Central Park neoyorquino al Parque Lezama bonaerense, donde dos viejos de caracteres muy diferentes comparten una especial amistad. Con un enfoque amable, la obra pone frente a frente (con algunas agradecidas apariciones de secundarios) a un cuentista de vocación pero con los ideales firmes por bandera interpretado por Luis Brandoni y a un más apegado a la tierra evitando siempre el conflicto en la piel de Eduardo Blanco. Del choque surgen principalmente sonrisas de complicidad, alguna que otra carcajada y siempre la emoción de ver a dos grandes actores en las tablas.
En el Teatro Fígaro, de Madrid, hasta el 12 de enero.
En el Teatro Fígaro, de Madrid, hasta el 12 de enero.
viernes, 20 de diciembre de 2019
LIBROS / "Manual de historia política y social de España 1808 - 2011" (2012, ed. 2018), de Miguel Martorell y Santos Juliá
"Conocer el pasado para comprender el presente". Tal es el lema que condensa esta obra, dedicada a sintetizar y dar sentido a la historia reciente de España desde el comienzo del siglo XIX hasta estos inicios del siglo XXI. Dos siglos de apasionante y constante lucha entre la evolución y la involución, entre el afán de reforma progresista y la cerrazón de la contrarreforma conservadora. Una inestabilidad constante que ha dado lugar finalmente a un sistema democrático sólido pero, obviamente, no exento de esos resquicios de tensión entre fuerzas sociopolíticas diferentes que, no obstante, han encontrado un cierto marco de consenso en los últimos tiempos. Lo que ahora nos puede parecer desequilibrio hay que ponerlo en el contexto de cómo Fernando VII se llevó por delante sin contemplaciones la Constitución de 1812 o cómo Franco liquidó por las armas la Constitución de 1931. También podremos observar los paralelismos entre las guerras carlistas y la guerra civil, las distintas fases de los nacionalismos periféricos en el siglo XIX, XX y XXI, lo que pudo haber sido y no fue la II República o comparar los niveles de corrupción del turno de partidos de finales del siglo XIX y principios del XX con el sistema bipartidista que ha gobernado bajo la Constitución de 1978 entre 1982 y 2015. La perspectiva histórica ayuda a poner las cosas en su sitio y a entender, efectivamente, el porqué de cada movimiento político y social. Los profesores del UNED Miguel Martorell y Santos Juliá (recientemente fallecido) dan una magistral lección de condesación y explicación. Una lección de historia de España.
lunes, 11 de noviembre de 2019
CINE / 16º Festival de Cine Europeo de Sevilla (y 2)
"El joven Ahmed" [****], de Jean-Pierre y Luc Dardenne (Selección EFA)
Implacable retrato de un adolescente radicalizado, tan seguro de sus "principios" que trata de llevar a cabo con sistemática y medida naturalidad todos sus objetivos. Y estos no son otros que imponer por cualquier medio su visión de la vida (en este caso, el islamismo extremo) a los demás, incluyendo su familia, su propia profesora o su primer amor, a quienes no duda en supeditar a sus propios intereses religiosos, perdiendo así todo atisbo de humanidad. Y decimos implacable retrato porque el seguimiento de la cámara sobre el muchacho es constante hasta desembocar en un final, con tono de thriller y absolutamente demoledor, que simboliza los graves peligros de la alienación humana. Mensaje alto y claro de los hermanos Dardenne.
"Gloria Mundi" [***], de Robert Guédiguian (Sección Oficial)
El cine social de Guédiguian se viste en esta ocasión de duro pesimismo para retratar la completa insolidaridad entre las propias clases bajas, condenadas no solo a la precariedad laboral general sino a la cruel competencia entre sí. Ni los lazos familiares se salvan del triste panorama. Solo un sacrificio final argumentalmente excesivo y una pincelada de esperanza en las generaciones futuras salvan la obra del más negro de los fatalismos. Cierto que un filme no tiene por qué ofrecer salidas a los problemas que plantea, desarrollados en cualquier caso con solvencia e interés, pero se agradecería alguna alternativa...
"It Must Be Heaven" [**], de Elia Suleiman (Sección Oficial)
Demasiado irregular en su surrealismo como para enganchar, con esa sucesión de escenas chocantes que tienen por objeto mostrar lo absurdo del comportamiento humano en todo el mundo, sea Palestina, París o Nueva York, la película acaba por ser un conjunto deslavazado con solo algunos momentos acertados. Eso y el papel bastante "tatiesco" (de Jacques Tati) del director y protagonista es lo más salvable de una obra que podría haber resultado mejor si se hubiera hilado fino.
Implacable retrato de un adolescente radicalizado, tan seguro de sus "principios" que trata de llevar a cabo con sistemática y medida naturalidad todos sus objetivos. Y estos no son otros que imponer por cualquier medio su visión de la vida (en este caso, el islamismo extremo) a los demás, incluyendo su familia, su propia profesora o su primer amor, a quienes no duda en supeditar a sus propios intereses religiosos, perdiendo así todo atisbo de humanidad. Y decimos implacable retrato porque el seguimiento de la cámara sobre el muchacho es constante hasta desembocar en un final, con tono de thriller y absolutamente demoledor, que simboliza los graves peligros de la alienación humana. Mensaje alto y claro de los hermanos Dardenne.
"Gloria Mundi" [***], de Robert Guédiguian (Sección Oficial)
El cine social de Guédiguian se viste en esta ocasión de duro pesimismo para retratar la completa insolidaridad entre las propias clases bajas, condenadas no solo a la precariedad laboral general sino a la cruel competencia entre sí. Ni los lazos familiares se salvan del triste panorama. Solo un sacrificio final argumentalmente excesivo y una pincelada de esperanza en las generaciones futuras salvan la obra del más negro de los fatalismos. Cierto que un filme no tiene por qué ofrecer salidas a los problemas que plantea, desarrollados en cualquier caso con solvencia e interés, pero se agradecería alguna alternativa...
"It Must Be Heaven" [**], de Elia Suleiman (Sección Oficial)
Demasiado irregular en su surrealismo como para enganchar, con esa sucesión de escenas chocantes que tienen por objeto mostrar lo absurdo del comportamiento humano en todo el mundo, sea Palestina, París o Nueva York, la película acaba por ser un conjunto deslavazado con solo algunos momentos acertados. Eso y el papel bastante "tatiesco" (de Jacques Tati) del director y protagonista es lo más salvable de una obra que podría haber resultado mejor si se hubiera hilado fino.
domingo, 10 de noviembre de 2019
CINE / 16º Festival de Cine Europeo de Sevilla (1)
"Madre" [***½], de Rodrigo Sorogoyen (Sección Oficial)
Ya nos dejó muy intrigados Rodrigo Sorogoyen hace dos años con su corto homónimo, que le valió el Goya al mejor cortometraje de ficción y el mérito de estar nominado para el Oscar. Su planteamiento era impactante: una madre descubre que su hijo de corta edad se ha quedado solo, a cientos de kilómetros de distancia y en peligro inminente, a través de una llamada de teléfono de tensión fílmica brutal. A modo de prólogo, el largometraje ahora presentado recupera el corto en su inicio y prolonga la acción en un tono radicalmente distinto. Ya no es un thriller, sino un más pausado acercamiento, diez años después, a la vida traumatizada de esa mujer y cómo aquella pérdida le impide rehacer su existencia en muchos aspectos. La historia se complica cuando conoce a un chaval que podría ser su hijo. O no. Desde luego, no es una película fácil y bordea la corrección política en varios momentos. Pero su valentía, su elegante dirección y, especialmente, la emotiva actuación de Marta Nieto otorgan mucho cuerpo a un filme que da para una buena reflexión.
"La mafia ya no es lo que era" [***], de Franco Maresco (Las Nuevas Olas)Un documental por momentos tan increíble que parece una ficción: esos personajes esperpénticos, esas situaciones surrealistas... Y el caso es que todo ello se acaba pegando a la retina y permanece en la memoria este retrato costumbrista-expresionista de esa gente de Palermo que lleva la mafia en la sangre como algo cultural y tradicional más, y se niega una y otra vez a condenar sus asesinatos (la famosa ley del silencio). Mientras, asistimos asombrados a la vida de ese organizador de eventos de lo más ridículos en un entorno de pobreza, marginalidad y (falso) orgullo.
"Sons Of Denmark" [***], de Ulaa Salim (Selección EFA)
El auge de la ultraderecha xenófoba es el hilo argumental de este filme político-social realizado a modo de distopía: se sitúa solo unos pocos años en el futuro y pinta un panorama gravísimo, en el que un partido extremista está a punto de llegar al poder en las elecciones de Dinamarca mientras un grupo de inmigrantes tratan de defenderse alimentados por el victimismo y radicalizados religiosamente. El argumento (no exento de algún exceso inverosímil) evidencia un hecho claro: ambas tendencias se retroalimentan y ninguna nos lleva a una situación mejor, sino claramente peor, y aun así la gente vota lo que vota. El debate está servido...
Ya nos dejó muy intrigados Rodrigo Sorogoyen hace dos años con su corto homónimo, que le valió el Goya al mejor cortometraje de ficción y el mérito de estar nominado para el Oscar. Su planteamiento era impactante: una madre descubre que su hijo de corta edad se ha quedado solo, a cientos de kilómetros de distancia y en peligro inminente, a través de una llamada de teléfono de tensión fílmica brutal. A modo de prólogo, el largometraje ahora presentado recupera el corto en su inicio y prolonga la acción en un tono radicalmente distinto. Ya no es un thriller, sino un más pausado acercamiento, diez años después, a la vida traumatizada de esa mujer y cómo aquella pérdida le impide rehacer su existencia en muchos aspectos. La historia se complica cuando conoce a un chaval que podría ser su hijo. O no. Desde luego, no es una película fácil y bordea la corrección política en varios momentos. Pero su valentía, su elegante dirección y, especialmente, la emotiva actuación de Marta Nieto otorgan mucho cuerpo a un filme que da para una buena reflexión.
"La mafia ya no es lo que era" [***], de Franco Maresco (Las Nuevas Olas)Un documental por momentos tan increíble que parece una ficción: esos personajes esperpénticos, esas situaciones surrealistas... Y el caso es que todo ello se acaba pegando a la retina y permanece en la memoria este retrato costumbrista-expresionista de esa gente de Palermo que lleva la mafia en la sangre como algo cultural y tradicional más, y se niega una y otra vez a condenar sus asesinatos (la famosa ley del silencio). Mientras, asistimos asombrados a la vida de ese organizador de eventos de lo más ridículos en un entorno de pobreza, marginalidad y (falso) orgullo.
"Sons Of Denmark" [***], de Ulaa Salim (Selección EFA)
El auge de la ultraderecha xenófoba es el hilo argumental de este filme político-social realizado a modo de distopía: se sitúa solo unos pocos años en el futuro y pinta un panorama gravísimo, en el que un partido extremista está a punto de llegar al poder en las elecciones de Dinamarca mientras un grupo de inmigrantes tratan de defenderse alimentados por el victimismo y radicalizados religiosamente. El argumento (no exento de algún exceso inverosímil) evidencia un hecho claro: ambas tendencias se retroalimentan y ninguna nos lleva a una situación mejor, sino claramente peor, y aun así la gente vota lo que vota. El debate está servido...
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