martes, 8 de octubre de 2019

CINE / 52º Festival de Cine Fantástico de Sitges (y 2)

"Fractured" [****], de Brad Anderson (Sección Oficial - fuera de concurso)
Brad Anderson ("El maquinista" -2004-, "Transsiberian" -2008-) apuesta por el thriller psicológico partiendo de premisas clásicas, incluso bordeando los tópicos (la mujer y la hija del protagonista desaparecen misteriosamente en el hospital donde acaban de ingresar, nadie le cree y todos le toman por loco), para acabar dando toda una lección de sabia dirección en una historia de factura impecable y que se guarda muy equilibradamente los giros de guión para acabar reforzando la idea que da título a la película. Evidentemente, no conviene contar nada más del argumento y sí dejarse llevar por una cinta realmente sólida y que entusiasmará a los seguidores del género.

"The Room" [***½], de Christian Volckman (Sección Oficial)
En "The Room" no solo estamos ante un planteamiento de fantasía (bordeando con el terror) muy original y dado a la reflexión (el hecho de poder tener todo lo que se desea -objetos valiosos, dinero...- pero solo dentro de tu propio hogar, hasta que lo que se quiere es un hijo), sino que la película se las apaña para ir avanzando con creciente interés, sin decaer especialmente, hasta dar con una resolución coherente dentro de las limitaciones de la propia historia. Desde luego, no sería de extrañar que Hollywood ya estuviera negociando los derechos para hacer su propia versión.

"El hoyo[***], de Galder Gaztelu-Urrutia (Sección Oficial)
Interesante planteamiento y desarrollo, de claro carácter metafórico: una especie de centro de internamiento (al que se puede ingresar voluntariamente) se estructura en 250 pisos de altura con dos personas por planta (cada mes distribuidas al azar) que deben repartirse la comida que viaja de arriba abajo, de modo que la gente de las primeras se atiborran y las últimas se mueren de hambre. ¿Lograrán ponerse en el lugar de los demás y que haya alimento para todos? Desde luego, se trata de una eficaz combinación de entretenimiento y lectura social (aunque el paralelismo le queda un tanto grande).

"Corporate Animals" [***], de Patrick Brice (Sección Oficial)
Humor negro a raudales, no siempre bien conseguido, para la historia de unos empleados llevados por su insoportable jefa (una Demi Moore que se deja odiar muy bien) a hacer barranquismo en una zona peligrosa para fomentar el sentido de grupo. Lógicamente, se quedan atrapados. Y a partir de ahí se desatarán las animadversiones y se plantearán medidas radicales, como el canibalismo. De ritmo algo irregular pero resultados en general satisfactorios y con algunos momentos realmente gloriosos.

"Daniel Isn't Real[**], de Adam Egypt Mortimer (Sección Oficial)
No carece de interés la idea del amigo imaginario como metáfora de la enfermedad mental que corroe al protagonista, que acaba cayendo en una espiral de locura arrastrado por su lado oscuro, mientras trata de sostener una lucha titánica con él (consigo mismo, en el fondo). Ya digo, el planteamiento tiene cierto atractivo, aunque en el desarrollo sobra efectismo y falta sutileza.

"Judy & Punch" [*½], de Mirrah Foulkes (Panorama)
Le puede más las ganas de apuntarse al carro de película de reivindicación feminista (magnífica la intención pero pobre resultado en forma de moraleja manida) que de desarrollar un argumento suficientemente sólido. Algunos pasajes son realmente deficientes (en cuanto a fuerza o diálogos) y, aunque la puesta en escena resulta notable, parece el típico ejemplo de apariencia formal atractiva y contenido más bien vacuo.

domingo, 6 de octubre de 2019

CINE / 52º Festival de Cine Fantástico de Sitges (1)

"Little Monsters" [****], de Abe Forsythe (Sección Oficial)
Va a ser que las mejores pelis de zombies son las comedias, las que se ríen de los tópicos de un subgénero sobreexplotado en los últimos años. Buena prueba de ello es esta "Little Monsters", en la que el australiano Abe Forsythe despliega un muy agradecible humor políticamente incorrectísimo juntando en la misma historia a un grupo de niños con su pizpireta profesora, un músico tremendamente inmaduro y una descolocante estrella de la animación infantil, en el contexto de un súbito ataque zombie que desborda a las (torpes) fuerzas estadounidenses que los retenían secretamente. Brillante y desternillante de principio a fin.

"Memory: The Origins Of Alien" [****], de Alexandre O. Philippe (Sección Oficial - fuera de concurso)
Documental que escarba en la concepción de una de las incontestables obras maestras del terror y la ciencia ficción: "Alien, el octavo pasajero" (Ridley Scott, 1979). El principal logro de la cinta es que se aleja completamente del mero making off o del peloteo gratuito rendido incondicionalmente a las bondades del clásico film. De hecho, el director había enfocado inicialmente el proyecto como el análisis de una escena concreta: la del famoso chestburster (cuando el alien sale del pecho del personaje interpretado por John Hurt), a semejanza de su documental previo, "78/52: la escena que cambió el cine" (2017), con la toma de la ducha de "Psicosis" (Alfred Hitchcock, 1960). En "Memory: The Origins Of Alien" bucea en cómo surgió la idea misma de la película: desde el guión a manos de Dan O'Bannon al diseño a cargo de H.R. Giger, pasando por la integridad artística del director Ridley Scott, dando a todo un mayor sentido y relevancia, si cabe.

"Vivarium[***½], de Lorcan Finnegan (Sección Oficial)
A modo de relato kafkiano, "Vivarium" teje una historia inquietante y perversa, no exenta de interpretaciones metafóricas. Y es que eso de quedar atrapado en una nueva urbanización, de esas que se construyen a las afueras de la ciudad y llena de casas idénticas e impersonales, tiene ya de por sí algo terrorífico. La rutina familiar, el estándar social de clase media y la obligada paternidad forman parte de la crítica que late en el corazón de una cinta que, por lo demás, nos zambulle en el bucle de lo absurdo derivado en pesadilla final.

"Ready Or Not" [***½], de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett (Sección Oficial)
Diversión garantizada en esta película de supervivencia que combina humor desenfadado y toques gore en una historia donde una recién casada (que entronca con una parentela ricachona, de rancio abolengo y con un secreto bastante macabro y oscuro) se enfrenta a su familia política en un juego de vida o muerte. Desde luego, la joven esposa no es nada inocentona y resultará ser una mujer de armas tomar (literalmente), en un papel absolutamente clavado (perdón) por la brillante actuación de Samara Weaving. De las que levantan pasiones en festivales como Sitges.

"The Lodge[***], de Severin Fiala y Veronika Franz (Sección Oficial)
Unos niños se quedan a solas con su madrastra en una cabaña en medio de la nada y en pleno invierno. Parece un cuento infantil pero, en manos de los austríacos Severin Fiala y Veronika Franz, "The Lodge" resulta ser una especie de enfermiza versión de "El resplandor" (Stanley Kubrick, 1980) como si esta fuera dirigida por Yorgos Lanthimos (de hecho, la fotografía corre a cargo del habitual del director griego). Una película tan extraña y magnética como oscura e imperfecta.

"The Odd Family: Zombie On Sale" [***], de Lee Min-jae (Panorama)
Comedia zombie al estilo coreano, lo que implica ya de por sí altas dosis de surrealismo: una excéntrica familia trata de sacar beneficio económico de la plaga zombie cuando atrapan a un ejemplar y descubren los inesperados efectos de su mordedura. La idea es ingeniosa y hay algunos momentos realmente logrados y graciosos, aunque también queda un permanente tono de cierta irregularidad.

"Paradise Hills[**], de Alice Waddington (Sección Oficial)
Distopía más acertada por su ambientación esteticista que por su contenido, difuso y de menor fuerza que lo esperado para una historia de empoderamiento femenino: unas jóvenes mujeres son ingresadas contra su voluntad en una especie de institución de buenas maneras para que acepten su rol de sumisión en la sociedad. Lo dicho, mucha belleza (reivindica legítimamente el género fantástico desde un punto de vista femenino) y poca sustancia.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

CINE / 67º Festival de San Sebastián (y 3)

"La odisea de los giles" [****], de Sebastián Borensztein (Oficial - Proyecciones especiales)
¡Cuánto se disfruta cuando se hace una gran película! Basta una buena idea, unos personajes interesantes, diálogos chispeantes y un desarrollo atractivo. Parece fácil pero no lo es. Y Sebastián Borensztein lo consigue con esta historia ficcionada que transcurre en tiempos del corralito argentino y que, lejos de argumentaciones macroeconómicas, se acerca a los problemas cotidianos de la gente normal, esos giles que, de tan inocentes y buenos, suelen ser objeto de engaño. Es lo que ocurre cuando un grupo de vecinos de un pueblecito humilde trata de montar una cooperativa con sus ahorros y se topa con un especulador sin escrúpulos que se queda con todo el dinero. Pero la venganza se sirve fría: un plan ingenioso y la voluntad de esos giles les llevará a intentar torcer la norma habitual por la que suele ganar el poderoso. Un excelente cuadro actoral es uno de los puntales, que, por otro lado, tiene en el estupendo guión trufado de gran sentido del humor y en ese espíritu de personajes un poco fordiano sus otros puntos fuertes. En cambio, flojea más la parte de la trama protagonizada por el Chino Darín.

"La hija de un ladrón" [**½], de Belén Funes (Oficial)
Una cámara sigue constantemente a la protagonista, una chica al borde de la marginalidad pero que lucha por salir adelante ella y su hijo pequeño. Sola, siempre sola. En su relación con su exnovio, con sus compañeros de trabajo y, especialmente, con su propio padre, un pillo acostumbrado a vivir al filo de la ley y al margen de una vida familiar convencional. Interesa la trama, aunque está contada con excesiva calma y cierta redundancia, hasta la conclusión lógica, donde se confirma la buena actuación de Greta Fernández, verdadera alma de este filme.

"Weathering With You" [**½], de Makoto Shinkai (Perlas)
Una bella fábula sobre una chica que atrae el buen tiempo y su amistad con un chaval que se ha fugado de casa para encontrar una nueva vida, en el contexto de un Tokio acosado por la lluvia constante en pleno mes de agosto (¿cambio climático?). Sin embargo, la edulcorada y melodramática parte final hacen que la película pierda fuelle y acabe de una forma más bien previsible.

"The Other Lamb" [], de Malgorzata Szumowskah (Oficial)
Más de una hora viendo el aburrido vagar de una secta de acá para allá junto con sus ovejas (por si no había quedado clara la metáfora), formada por mujeres sometidas (literalmente) a un líder parecido a Jesucristo (o a como lo representamos habitualmente), para acabar presenciando la esperada rebelión final... En fin, para eso no hacía falta perder tanto tiempo.

martes, 24 de septiembre de 2019

CINE / 67º Festival de San Sebastián (2)

"Parásitos" [****½], de Bong Joon-ho (Perlas)
Propuesta sólida, brillante y muy original la de Bong Joon-ho con esta especie de revisión de la lucha de clases pasada por el filtro de la comedia hasta el esperpento y el drama hasta la violencia. Una familia pobre y prácticamente desterrada del sistema social logra prosperar a costa de la indulgencia, la ignorancia y el despilfarro de una familia rica a la que solo le satisface gastar para ver cumplidos todos sus caprichos. Un guión inteligente  y una dirección ágil permiten convertir a "Parásitos" en una obra completa y plena de múltiples lecturas y hacer de su visionado un inmenso placer. Sin duda, una de las mejores películas de su director, responsable de excelentes hitos como "Memories Of Murder" (2003) o "The Host" (2006), lo cual no es poco.

"The Laundromat" [***½], de Steven Soderbergh (Perlas)
Llevamos acumulado ya un buen número de filmes basados en contextualizar la crisis económica o en tratar de explicar las raíces sistémicas que la provocaron, así como explorar en las grietas de una red financiera tramposa y orientada al enriquecimiento de unos pocos. Esta vez es el caso de los Papeles de Panamá lo que motiva a Steven Soderbergh a llevar a la pantalla la sangría de los paraísos fiscales. Y la verdad es que acierta de lleno con el formato adaptado para contarlo: por un lado, un hilo conductor muy burlesco (protagonizado por los dos responsables del bufete de abogados que trató de ocultar la trama, y encarnados con mucha sorna por Gary Oldman y Antonio Banderas); y, por otro, una sucesión de ejemplos prácticos de cómo afecta ese robo a gran escala a nuestras vidas cotidianas. De esta manera, "The Laundromat" funciona, a pesar de algún bajón de ritmo, como un ejercicio de denuncia entre cómico y didáctico.

"La verdad" [***½], de Hirokazu Koreeda (Perlas)
Siempre puede ser un problema para un director de larga carrera salir de su país por primera vez para abordar un proyecto en una cinematografía ajena. En este caso, el japonés Koreeda no solo mantiene intactos los fundamentos de su cine (la familia y sus relaciones, muchas veces problemáticas), sino que logra adaptar su discurso a la tradición francesa hasta tal punto que "La verdad" parece hecha por un verdadero realizador galo. Acierta también con un argumento muy cinéfilo en el que recurre a un mito viviente como es Catherine Deneuve para asumir el protagonismo absoluto en su papel de diva que, todavía en activo y en pleno rodaje, escribe sus memorias y desata los conflictos larvados con su hija recién llegada de Estados Unidos. Una (como siempre) magnífica Juliette Binoche luchará contra los fantasmas del pasado (precisamente, no es actriz pero está casada con un actor de segunda) y descubrirá que la memoria a veces nos miente para poder seguir adelante.

"Los miserables" [***½], de Ladj Ly (Perlas)
París es muy bonita para el turismo (o para la celebración de acontecimientos deportivos) pero si te desplazas a los suburbios eso es otro tema. Allí es donde se desarrolla "Los miserables", que narra con buen tono el trabajo de policías desencantados con el fruto de su trabajo, habitantes descontentos por no ser considerados ciudadanos de pleno derecho, la propaganda integrista creciendo en ese caldo de cultivo y, finalmente, niños nacidos de la inmigración que no ven su futuro claro y que, a raíz de un leve altercado, iniciarán el callejón sin salida de un levantamiento a modo de grito de rabia y frustración. Parafraseando a Víctor Hugo en su novela homónima, solo cultivar las mentes puede ser la diferencia entre fomentar el bien o el mal.

"Zeroville" [***½], de James Franco (Sección Oficial - Fuera de concurso)
Tras cinco años de espera, por fin se estrena "Zeroville", la película que James Franco rodó en 2014 y que ha estado desde entonces en un cajón al quebrar la distribuidora inicial. Afortunadamente, este difícil parto ha dado lugar a una criatura tan extraña como magnética. Una carta de amor en toda regla al cine a través de personajes cinéfilos como un ladrón que perdona el robo por ver películas clásicas o el mismo protagonista, un James Franco obsesionado con "Un lugar en el sol" (George Stevens, 1951) y sus míticos actores Montgomery Clift y Elisabeth Taylor. Al tiempo, la cinta hace un recorrido por el Hollywood desde finales de los 60 a principios de los 80, y se amontonan referencias más o menos evidentes a estrellas de la época. Y, en última instancia, el amor por el cine se funde con el amor personal en un final conmovedor y que hace olvidar los excesos lisérgicos y la dispersión de ciertos momentos.

"The Audition" [***], de Ina Weisse (Sección Oficial)
Frente a un planteamiento inicial un tanto frío, "The Audition" va creciendo de la mano de una Nina Hoss cautivadora como profesora de violín un tanto traumatizada y de vida más convulsa de lo que su apariencia señala. Su difícil relación artística y emocional tanto con su propio hijo como con un alumno aventajado, más la relación sexual paralela que mantiene con un compañero, llevará al filme a un clímax decisivo de crueldad propia de Michael Haneke y que aporta a la historia un lectura de mayor interés.

domingo, 22 de septiembre de 2019

CINE / 67º Festival de San Sebastián (1)

"Mientras dure la guerra" [***½], de Alejandro Amenábar (Sección Oficial - Inauguración)
La nueva obra de Amenábar parte de un suceso acontecido al escritor Miguel de Unamuno (su enfrentamiento en 1936 con el militar Millán Astray a cuenta de la violencia del bando franquista en el marco de la Universidad de Salamanca, aun repudiando también los excesos de una parte del bando republicano) con el fin de usar al intelectual como metáfora para posicionarse contra la guerra (cruel y sin sentido) entre las "dos Españas". Un mensaje noble que es el corazón de una película muy ponderada tanto en su contenido como en su emotividad, que tiene en la soberbia interpretación de Karra Elejalde su máximo exponente (a partir de ahora se le recordará por este papel). Un filme sólido que supone un paso firme más en la carrera del director, al tiempo que acierta de pleno en la elección del argumento para dar una lección de historia digna de enseñarse en las escuelas y de la que muchos tienen aún que aprender.

"Blackbird" [***½], de Roger Michell (Sección Oficial)
Este remake de la reciente "Silent Heart" (2014) mantiene el núcleo central de la historia (la madre que reúne a la familia un fin de semana para disfrutar de su compañía -aun con los lógicos problemas entre ellos- antes de acabar con su vida para no sufrir los efectos finales de su cercana muerte). La esencia del mensaje es la misma, si bien añade algunas sutilezas (la homosexualidad de una de las hijas) y, sobre todo, contiene las estupendas actuaciones de actrices soberbias como son Susan Sarandon, Kate Winslet y Mia Wasikowska.

"Proxima" [***], de Alice Winocour (Sección Oficial)
Interesante reflexión sobre la conciliación familiar de una astronauta que en breve abandonará la Tierra para viajar durante muchos meses a Marte. Resulta curioso (a la par que desconcertante) cómo antes no se ha abordado esta problemática tan evidente. La protagonista, una estupenda Eva Green, tiene que lidiar con las durísimas pruebas físicas y psicológicas de su trabajo, así como con algún comportamiento impropiamente machista de uno de sus compañeros, mientras trata de suavizar el golpe que su ausencia producirá en su niña pequeña, sobre todo siendo una madre divorciada, y de cortar el "cordón" con su hija, de la que se perderá un periodo de crecimiento decisivo.

"The Lighthouse" [**], de Robert Eggers (Perlas)
Una atmósfera asfixiante y enfermiza (subrayada por una expresionista fotografía en blanco y negro) y una relación paulatinamente deteriorada hasta la locura son los mayores aciertos de un filme que se basa en transmitir esos agobiantes sentimientos en la historia de dos fareros que deben convivir en el aislamiento. Sin embargo, su desarrollo es más agotador que interesante para el espectador, que puede acabar no percibiendo el mensaje de fondo. Y este puede no ser otro que una metáfora de alguien condenado (Robert Pattinson) a ese peculiar limbo (el faro) que acaba convirtiéndose en pesadilla orquestada por el mismo Neptuno, rey del mar (Willem Dafoe). Incluso también se puede ver aquí el mito de Prometeo...

"Ema" [*], de Pablo Larraín (Perlas)
Desconcertante este filme del chileno Larraín sobre una bailarina que devuelve a su hijo adoptado por no ser capaz de cuidarlo ni, en general, de encauzar su vida, incluyendo la ruptura de su relación de pareja para, de hecho, lanzarse a un camino de desenfreno sexual a ritmo de reggaeton, mientras elabora un plan descabellado. Un sinsentido y, si se piensa, una tontería de película sustentada en dos grandes incoherencias: en un contexto de cine realista introduce sin criterio algunas escenas de humor surrealista y cierta vaga metáfora, y, por encima de todo, domina la inexplicable reacción de los personajes.

jueves, 19 de septiembre de 2019

LIBROS / "Largo pétalo de mar" (2019), de Isabel Allende

La escritora chilena Isabel Allende centra su última novela, "Largo pétalo de mar" (2019), en un hecho histórico verídico que afecta de lleno a nuestro país: en 1939, una vez ganada la guerra civil por parte del dictador Franco, el poeta chileno Pablo Neruda decidió fletar el barco Winnipeg para rescatar a unos 2.000 refugiados españoles y llevarlos al país sudamericano, donde desembarcaron el 3 de septiembre en el puerto de Valparaíso. En esta terrible situación, la novelista inserta unos personajes con distintos perfiles pero todos ellos afectados por el desastre de la guerra y la represión del régimen franquista. En este sentido, "Largo pétalo de mar" (metáfora nerudiana del propio perfil geográfico chileno) se desarrolla a modo de novela decimonónica de personajes que vagan a lo largo del tiempo en un marco histórico que les influye: les aprieta o les afloja. En su exilio chileno podrán rehacer sus vidas pero, y aquí vuelve el papel fatídico del destino, la dictadura de Pinochet en 1973 volverá a por ellos como recurrente venganza. Eso sí, para Isabel Allende (precisamente, familia del presidente Salvador Allende, víctima del golpe pinochetista), siempre hay motivo de esperanza: "si uno vive lo suficiente, todos los círculos se cierran".

domingo, 8 de septiembre de 2019

MÚSICA / Festival Dcode 2019

Un interesante cartel el de este año en el Dcode de la Universidad Complutense de Madrid. Comenzamos por la tarde con los ingleses Anteros, encabezados por la cantante hispano-británica Laura Hayden, y su convincente indie-pop. Una banda prometedora que acaba de iniciar su carrera con un buen disco de debut y un directo animoso. Después, los estadounidenses Eels, liderados por un Mark Oliver Everett tocado a partes iguales por la brillantez y la dispersión, desarrollaron su repertorio de raíces indie-blues-rock. Y hasta sus primigenias canciones de indie-pop de los 90 pasan ahora por su nuevo tamiz musical. Por su parte, los suecos The Cardigans han renunciado a seguir sacando discos pero aquí les tenemos con la celebración del 20 aniversario de "Gran Turismo", un excelente álbum (aunque no el mejor, para mi gusto), que clavaron de principio a fin. Sonaron compactos, muy solventes y con ese toque frío tan característico de la banda nórdica (la cantante Nina Persson creo que sonrió un segundo en algún momento, quizá cuando el público le cantó el cumpleaños feliz). Tras "Gran Turismo", el grupo desgranó unos cuantos temas más, sobre todo de sus dos últimos discos, mis preferidos. Despúes era el turno de Amaral, que presentaban disco nuevo, del que tocaron un bueñado de temas. Algunos funcionan mejor que otros. Pero lo infalible es cuando recurren a su repertorio clásico, es ahí donde el público se entrega y los músicos disfrutan sin los nervios de las nuevas composiciones. Brillantes, por momentos. Una nueva visita a la carpa pequeña nos llevó al concierto de los californianos Fidlar, banda de punk tan potente (vatios a raudales para perder audición) como divertida en escena. Y de regreso a uno de los dos grandes escenarios, la esperada presencia de Kaiser Chiefs (eso sí, a las 2:20 de la madrugada, un horario tardío totalmente inmerecido) con el estupendo nuevo álbum que les hace reverdecer viejos laureles, "Duck". El cantante Ricky Wilson de nuevo fue un derroche de energía y actitud. En este caso, las canciones de estreno compactaron perfectamente con su repertorio habitual, demostrando que los de Leeds siguen en magnífica forma. Formidables.

martes, 20 de agosto de 2019

VIAJES / Chile (y 5): Isla de Pascua

Rematamos este intenso viaje por Chile con una visita a la Isla de Pascua, un lugar mítico para mí desde que de chaval escuchaba las historias de los moáis y de la cultura que los construyó, floreció y desapareció con inusitada rapidez. Se trata de un viaje largo porque esta isla (conquistada por los polinesios en el siglo XIII y luego por los europeos en el XVII) se encuentra nada menos que a 3.800 kilómetros de Santiago de Chile, en pleno Océano Pacífico, a casi 2.000 kilómetros de otras islas habitadas, las Pitcairn. Hoy en día pertenece a Chile, si bien hay un creciente movimiento de los rapanui (indígenas originarios) por independizarse dado su descontento a raíz de la falta de atención del Estado (me suena...). El caso es que su ubicación tan aislada (de hech0, hay habituales problemas con la conexión a internet), su cultura ancestral y esas enormes estatuas monolíticas que se reparten por la isla te dan la sensación de encontrarte en el fin del mundo. Aunque todo está bien preparado para el turismo, su principal (con diferencia) fuente de ingresos, aunque tiene unas calles y unos caminitos que necesitan claramente ser arreglados. En este sentido, si os movéis por esta isla de menos de 165 km2 con coche, es mejor que alquiléis un 4x4 que soporte bien los baches.

Para empezar, el viaje: el vuelo desde Santiago nos duró 5 horas y 45 minutos a la ida y 4 horas y 30 minutos a la vuelta. ¿Cogimos un atajo al final? No, en esta zona del Pacífico existen fuertes vientos que soplan de oeste a este, lo que hace que se frene el avión al ir (apenas íbamos a 700 km/h) y empujen al volver (llegamos a alcanzar los 1.150 hm/h). A la llegada se forman buenas colas para pagar el ticket necesario para ver las principales atracciones de Pascua, como la cantera de los moáis, a los pies del volcán Rano Raraku, o el poblado Orongo, junto al volcán Rano Kau, etc., todos ellos muy recomendables, aunque se puede llegar por los alrededores gratis, pero ya que estás ahí... Total, que el tícket cuesta 54.000 pesos (67,50 euros) y es válido por 10 días (nosotros estuvimos tres días, un tiempo suficiente), pero no tenéis por qué comprarlo en el aeropuerto, podéis hacerlo más tarde, por ejemplo, en la oficina del centro del pueblo. Y digo pueblo porque solo hay una única localidad habitada, Hanga Roa, con poco más de 7.000 habitantes. Eso sí, el tícket se paga (como otras cosas de la isla) al contado, ya que internet funciona de aquella manera (en nuestro alojamiento sí pudimos pagar con tarjeta), así que tenedlo en cuenta para llevar efectivo encima (hay algunos cajeros, eso sí). Por otro lado, aunque a veces notéis ciertos cambios de tiempo incluso dentro de un mismo día, el clima es bastante benigno y la temperatura permanece muy estable entre el día y la noche (en invierno, sobre los 21-22 grados diurnos y los 16-17 grados nocturnos).

Sobre las cosas que ver, obviamente los moáis y la cultura rapanui son el objetivo básico. Impresiona el cráter del volcán Rano Kau y, como he comentado antes, luego podéis acceder con el tícket al poblado Orongo, que era usado con fines ceremoniales en la época de la primavera. Consta de una serie de edificaciones de piedra semihundidas en el terreno y contiene la principal concentración de petroglifos (rocas grabadas). Yendo al lado contrario de la isla, al norte, se alcanza Anakena, la única playa como tal de la isla, repleta de finísima arena y aguas cristalinas listas para darse un bañlo. En los alrededores se pueden encontrar algunas calas también interesantes. Pero es en Anakena donde contemplamos nuestros primeros moáis, el ahu (o plataforma) Nau Nau, que tiene siete esculturas (dos de ellas seriamente dañadass). Impresiona más de lo que pensaba. Esas dimensiones y la distancia de 11 kilómetros a la cantera de donde provienen da buena cuenta del misterio que siempre ha rodeado a su construcción y traslado (la teoría más aceptada es que se movieron con troncos de árbol, pero el trabajo debió ser tremendo). Bajando por el este llegamos al ahu Tongariki, el que tiene más moáis (15) e incluye el más alto de todos los colocados. Porque en la ya cercana cantera del volcán Rano Raraku está el moái de mayor tamaño, pero aún tumbado, sin colocar. La cantera es una maravilla, toda ella llena de estatuas, unas casi acabadas otras a medio hacer, algunas directamente pegadas aún a la roca... desperdigadas todas por la falda del monte. Es aquí donde la visita a la Isla de Pascua cobra toda su dimensión. Luego, volviendo por el sur se observan otros ahu menores, como los de Hanga Tetenga, Aka Hanga o Hanga Poukura. Más interesante es el ahu Akivi, situado en el interior, frente a los demás de la costa, que servía también como observatorio astronómico. Y, finalmente, acabamos el día en el ahu Tahai, a las afueras de Hanga Roa, donde la gente se reúne a ver ponerse el sol detrás de las famosas esculturas.

domingo, 18 de agosto de 2019

VIAJES / Chile (4): Puerto Varas y Región de los Lagos

A la llegada al aeropuerto de Puerto Montt nos recibe la lluvia. ¿Qué esperar de una de las zonas más húmedas del país, conocida como Región de los Lagos precisamente por estar plagada de lagos, ríos, bosques y montañas, especialmente volcanes (y activos)? Hemos alquilado un coche por 16.000 pesos (20 euros) el día para recorrer mejor la comarca e ir hasta nuestro alojamiento en Puerto Varas, que, con sus 45.000 habitantes, su emplazamiento a orillas del lago Llanquihue y su bonita arquitectura de herencia alemana, es la máxima atracción del área. También Puerto Varas es cononocida en la zona como Puerto Caras por sus altos precios, lo que incluye también el aparcamiento, que hay que pagar las 24 horas del día, a razón de 600 pesos (75 céntimos) la hora. Eso sí, sí vais a dejar el auto toda la noche (lo habitual cuando se está alojado) se puede negociar un descuentillo con el cobrador (todo un poco informal, en fin). Fundada en 1854, Puerto Varas se creó en el contexto de la colonización de Llanquihue (el área alrededor y al sur del lago Llanquihue, el segundo mayor lago de Chile, con una superficie de 860 km2), proceso que fue asumido principalmente por alemanes, a los que se convenció para ir tan lejos con la promesa de tener una tierra similar a la suya. Y es cierto que el clima y el paisaje se asimilan con el centro y norte de Europa, si bien en esa época, a mediados del siglo XIX, la zona era más inhóspita de lo que hoy vemos. La tarea de los alemanes debió ser enorme, pero su huella ha calado: no solo en la arquitectura, sino en la cultura (muchas palabras han pervivido castellanizadas) o en la economía (gran desarrollo de agricultura y ganadería), y aparte de las fricciones por ser protestantes, si bien estos colonos no llegaron a sobrepasar el 5% dela población total.

Ya desde el mismo Puerto Varas, a la orilla del Llanquihue, se aprecian dos de las principales alturas de la región: los volcanes Osorno (2.652 metros), que no ha entrado en erupción desde el siglo XIX, y Calbuco (2.003 metros), cuya última erupción (y muy importante) data de 2015. Un poco más allá, fuera de la vista, se encuentra el volcán Cerro Tronador (3.554 metros), geológicamente inactivo. Nos lanzamois así a descubrir la zona rodeando el lago Llanquihue por el sur y hacia el este. Ya con buen tiempo, contemplamos la belleza de estas tierras verdes y onduladas, llenas de granjas con vacas y caballos. Así llegamos una de las principales atracciones, los saltos de Petrohué, que es el río que vamos siguiendo, ya dentro del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el primero creado en Chile, en 1926. Se trata de unas cascadas que forma el río serpenteando entre las rocas. Hay un pago de 6.000 pesos (7,50 euros) para los extranjeros y que permite el acceso a tres sendas, de las que hicimos dos: la propia de los saltos, que nos lleva a ellos en unos 20 minutos dentro de un frondoso bosque de árboles nativos como coigues, ulmos, olivillos y arrayanes. Para ver mejor los saltos, se han habilitado unas pasarelas por encima del río que dan una mejor perspectiva. El otro sendero, llamado de los enamorados, es más bucólico y se tardan 45 minutos en recorrerlo, adentrándose por el interior hacia un pequeño lago y una cascada. Después queremos ir más al este, hacia la localidad de Petrohué, a los pies del Lago de Todos los Santos, enb el que se hacen travesías a todo lo largo, e incluso hay excurdiones que también incluyen el paso a Argentina, conectando con el Lago Nahuel Huapi y San Carlos de Bariloche. Pero unas obras en la carrereta o camino (por llamarlo de alguna manera) nos impidieron el acceso, así que volvimos para atrás dispuestos a subir la falda del volcán Osorno. Tras unos kilómetros de ascenso llegamos a una cafetería con unas vistas impresionantes de la comarca e incluso se nos acercan dos zorrillos buscando algo de alimento. El encargado de la cafetería, que resulta ser también guía de la naturaleza (al día siguiente recibirá a un grupo de escolares), nos advierte sobre la prohibición de alimentar a la fauna silvestre y nos da un curso rápido y gratuito sobre eñ entorno, incluida su importante actividad volcánica. Muy aleccionador. Continuamos con el recorrido alrededor del Llanquihue llegando al norte a Puerto Octay, otro enclave bonito a las orillas del lago, para bajar por el oeste hasta Frutillar, donde comemos y paseamos por su famoso embarcadero con vistas al Osorno y al Calbuco. Frutillar alberga la mayor concentración de casas de estilo alemán y lo celebramos comiendo buenas carnes, costillas y salchichas con puré de patatas.

miércoles, 14 de agosto de 2019

VIAJES / Chile (3): Valparaíso

A orillas del Océano Pacífico, Valparaíso (ciudad Patrimonio de la Humanidad) es una populosa urbe de 300.000 habitantes absolutamente volcada al mar, no solo por su importante y conocido puerto comercial sino también por sus cerros nutridos de numerosas casas de colores con vistas al agua, además de por ser sede de la Armada. Pero también es conocida por la vitalidad juvenil y cultural que le otorga ser sede de numerosas instituciones universitarias. Y esto se nota en el aire bohemio y artístico de sus calles, especialmente las de sus cerros, como el turístico Cerro Alegre, plagado de casas no solo pintadas sino dibujadas con coloridos murales. A estos montes se puede subir bien paseando por las aceras en cuesta, bien ganando tiempo por escaleras, bien más cómodamente por varios ascensores (realmente, funiculares) dispuestos en estratégicas situaciones por módicas tarifas (unos 300 pesos -40 céntimos de euro- el trayecto).

También destaca de Valparaíso su dinamismo comercial, que se nota en las múltiples tiendas (y puestos callejeros) de las sucesivas calles Montt, Condell y Pratt. Por su parte, la Plaza Sotomayor se constituye como centro neurálgico de la ciudad y desde la que se accede a la zona del puerto más paseable y desde la que se pueden contratar pequeños paseos marítimos. Un poco más a las afueras está el Paseo 21 de Mayo, un pequeño monte al que, sí, se asciende a través de un ascensor y desde el que se tienen unas (otras) magníficas vistas de un Valparaíso que parece extenderse sin fin entre los cerros que caen hacia al mar. Pero, ojo, que su maravillosa ubicación también conlleva un riesgo: en varios sitios alrededor del puerto se avisa del potencial peligro de tsunami y las correspondientes vías de escape; será cuestión de subir a los cercanos cerros. Un atractivo más de la ciudad es visitar la casa (una de las tres en Chile) del poeta Pablo Neruda, llamada La Sebastiana y encaramada a lo más alto de todos los cerros y con las más privilegiadas vistas al mar. Para su fácil acceso se puede tomar el ómnibus O en la avenida de Francia.