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martes, 16 de julio de 2013

EDUCACIÓN / Soy lo que soy gracias al sistema de becas

Ahora que la polémica ley de la educación (Lomce) del muy polémico ministro Wert está pasando su trámite parlamentario, voy a contaros una historia relacionada con uno de los criticados aspectos de esta norma que desgraciadamente tiene toda la pinta de salir aprobada: el cambio en la concesión de becas. Y es que yo soy lo que soy gracias al sistema de becas. Provengo de una familia de clasa baja (a mucha honra, evidentemente), tanto que durante un tiempo (a finales de los años 80) no llegamos a tener derecho a la seguridad social por falta de empleo en mi casa. Hasta entonces, nadie en mi familia logró nunca tener unos mínimos estudios pero, afortunadamente, mi padre siempre tuvo empeño y confianza en las puertas que abre el conocimiento. Él ha sido siempre mi principal ejemplo en este aspecto, el que relaciona el nivel de estudios con las probabilidades de éxito. Y así, primero yo y luego mi hermana conseguimos ser los primeros de la familia (en el amplio sentido) en lograr el bachillerato y, posteriormente, una carrera universitaria. El esfuerzo y las dificultades fueron enormes en comparación con esas otras personas de posición acomodada que tienen todos los recursos a su alcance (didácticos y monetarios) para alcanzar cuantos títulos deseen. No fue fácil, unas veces se lograron notas mejores y otras peores, pero se consiguió.

Lo conseguí con mi propio esfuerzo. Pero también gracias a un sistema de becas que permitió que mis padres pudieran darnos estudios tanto a mi hermana como a mí. Todo el esfuerzo del mundo por mi parte no hubiera servido de nada si no se hubiese ayudado económicamente a mi familia. Y a saber dónde estaría ahora. Quizá habría acabado currando en cualquier obra, forrándome ilusoriamente en la construcción durante  los años previos a la crisis pero destinado después al paro perpetuo y, lo que es peor aún, sin haber tenido la oportunidad de enriquecer mi mente y mi espíritu. En cambio, gracias a mis estudios, becados siempre desde octavo de EGB hasta el último año de universidad, ahora tengo una profesión (periodista) que me apasiona y me motiva, en la que me siento realizado diariamente y por la que obtengo un más que digno salario. Sé que esta historia se podría haber torcido en cualquier momento: los estudios no garantizan siempre un trabajo, y menos ahora, en tiempos de crisis. Pero me niego a que el Gobierno de todos desprecie a los becarios reduciendo las cuantías o poniendo límites y dificultades a su concesión. Que no elimine con triquiñuelas el derecho de la gente de menos recursos de intentar prosperar. Por el bien de las personas y por el bien del país que queremos para el futuro. Las condiciones deben ser las mismas para todos: si el aprobado es cinco, es cinco para todo el mundo, becados o no. Que no se confunda Wert con la excelencia educativa. Eso se consigue con más y mejores medios, recursos y métodos de motivación, y no elevando elitistamente la nota únicamente para los becarios.

jueves, 18 de septiembre de 2008

SOCIEDAD / La necesaria Educación para la Ciudadanía


Da rabia y también mucha pena ver los esfuerzos de ciertas comunidades autónomas por boicotear la aplicación de Educación para la Ciudadanía, materia OBLIGATORIA para el último ciclo de Primaria y toda la Secundaria. Luego algunos hablan de la supuesta deslealtad de Ibarretxe (País Vasco) o Montilla (Cataluña). Pero, ¿qué es entonces lo que practican siempre que pueden Aguirre (Madrid) o Camps (Valencia)? En la Comunidad Valenciana, la Generalitat, que tiene competencias para la gestión de la educación, ha decidido despreciar la asignatura obligando a impartirla en inglés.

Resultado: dos profesores por aula, uno para impartir la materia propiamente dicha y, al no hablar inglés, un traductor para trasmitir a unos alumnos perplejos "Citizenship" en la lengua de Shakespeare. Ridículo.

Cierto que determinada gente protesta ante la incorporación de una asignatura que, dicen, adoctrina a los niños. Prefieren ser adoctrinados por la Iglesia, lo cual no se impide porque Religión sigue siendo optativa pero de obligada instrucción si cualquier padre así lo solicita. Y lo peor de todo es que la mayor parte de esa gente no se ha leído un solo manual de Educación para la Ciudadanía. Yo sí. Y dos: uno de una editorial digamos que progresista (Santillana) y otro de una católica (Bruño). Estos son los "polémicos" y "peligrosos" temas con que se "adoctrina" a nuestros hijos. Y, por el amor de dios, si alguien encuentra en alguna de sus páginas algo reprobable es que seguramente esa persona está fuera de este universo. Todo en ambos libros es razonable, correcto y necesario. De hecho, tengo mucha envidia: ojalá yo hubiera tenido de chaval este tipo de educación. Ojalá todos la hubiéramos tenido. Seguramente ahora seríamos mejores ciudadanos. Seguro.

Educación para la Ciudadanía (ESO)
Pellicer Iborra, Carmen
Ortega Delgado, María
Editorial Santillana

1. Aprendemos a ser ciudadanos.
2. La convivencia en el centro escolar.
3. Las relaciones humanas.
4. Una sociedad plural.
5. La igualdad entre hombres y mujeres.
6. La política y el bien común.
7. Consumo y desarrollo sostenible.
8. La convivencia ciudadana.
9. Ayuda al desarrollo.
10. Construyendo la paz.

Educación para la Ciudadanía (ESO)
Villegas Guillén, Salvador
Barranco Camacho, Loren
Fernández Bedmar, Jesús
Editorial Bruño

1. Relaciones interpersonales y convivencia.
2. Derechos humanos.
3. La sociedad española, una sociedad democrática.
4. Derechos y deberes de los ciudadanos.
5. Ciudadanía en un mundo global.