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jueves, 11 de noviembre de 2010

POLÍTICA / El conflicto del Sáhara Occidental sigue abierto

El desmantelamiento violento por parte de las autoridades marroquíes del campamento de protesta de Agdaym Izik, cercano a El Aaiún, deja claro que el conflicto del Sáhara Occidental sigue abierto. Desde que España, como potencia colonizadora, se retiró de forma unilateral (y, por tanto,ilegal) de la zona en 1976 dejando el territorio en manos de (básicamente) Marruecos y Mauritania (país éste que ahora apenas posee una ciudad), Marruecos ha aprovechado para considerar suyo lo que no es, no por nada, sino porque la ONU no reconoce su supuesta soberanía. Y el problema permanecerá hasta que no se encuentre una solución que, necesariamente, deberá pasar por la independencia o autonomía suficiente y real del territorio. Que deje de ser objeto de explotación de sus recursos por parte de Marruecos, que ejerce una conocida política de colonización y una férrea censura de sus oscuras acciones de represión. Sin ir más lejos, en el caso del campamento de Agdaym Izik se impide la entrada de periodistas españoles, de hecho se ha detenido a los enviados de la Cadena Ser, y las cifras de muertos, heridos y detenidos no son claras. Si no se llega a una solución pacífica, y no lo parece porque Marruecos considera el Sáhara Occidental como suyo, se corre el riesgo de que el Frente Polisario vuelva a tomar las armas que dejó en 1991 y estalle otro bonito conflicto bélico más. ¿Y el Gobierno español, con la implicación que debiera tener, qué dice? Poco o nada. Ha tenido que ser el grupo de IU-ICV el que presente una resolución de condena del ataque y de petición de un referendum para el Sáhara.

sábado, 19 de diciembre de 2009

POLÍTICA / Aminatou Haidar, el poder de una sola persona

Imbuidos en la vida diaria de esta sociedad que tiende a empujar al conformismo y al fatalismo mediante el escape consumista y hedonista (cielos, qué frase acabo de largar), sorprende y toca muy adentro luchas como la de Aminatou Haidar. Esta mujer, que, con su huelga de hambre de 32 días, simplemente reclamaba volver a su tierra con los suyos, ha logrado elevar su protesta -con serenidad, sin estridencias y, sobre todo, con toda la razón del mundo- a la categoría de acción política por un Sáhara independiente y no sometido a voluntad ajena alguna (léase Marruecos). Y eso, siendo una sola persona. Resulta curioso lo mucho que valoramos al individuo en nuestras sociedades como sujeto receptor de derechos y la poca entidad que le solemos dar como promotor de cambios. "Una persona sola nunca puede hacer nada frente a la sociedad", solemos decir. Pues aquí tenemos el ejemplo de Aminatou Haidar para rebatir el argumento. Ella solita ha tenido en jaque durante un mes a los Gobiernos de Marruecos (responsable, primero de su persecución, luego de su deportación y ahora de su asfixiante control ya en su propia casa), España (que, irresponsablemente, la aceptó sabiendo de su situación), Estados Unidos (que empezó a mover los hilos para desatascar el problema) y Francia (que terció para la resolución). Y ha puesto sobre la mesa un problema que parecía olvidado y que permanece pendiente de arreglar: la independencia del Sáhara Occidental.

En 1975, mediante el Acuerdo de Madrid, España (metida en otros problemas más graves, como la forma de recuperar la democracia) renunció a la administración del Sáhara Occidental, aunque nunca a su soberanía, cosa que no puede hacer unilateralmente. De resultas, Marruecos asumió dicha tarea administrativa (Mauritania renunció a su parte en 1979), poniendo en evidencia su afán expansionista. Pero el Sáhara Occidental no es Marruecos y así lo asevera la ONU, que incluye este territorio en el listado de Territorios No Autónomos y pendientes de descolonización (donde, por cierto, aparece Gibraltar y no Ceuta y Melilla, que se sepa). La solución sigue siendo clara: plantear un referéndum auspiciado por la ONU y con reglas claras y limpias para que el pueblo saharaui decida de una vez por todas por sí mismo. Enfrentarnos a este debate es lo que ha logrado Aminatou Haidar. Nada más y nada menos.