Pero nos esperaba Toronto, la ciudad más poblada de Canadá, con 2,8 millones de habitantes, a la orilla del lago Ontario. Una urbe moderna, llena de rascacielos, pero hechos con muy buen gusto, tanto los de materiales nuevos como los de piedra. Además, ya comprobaríamos que, aparte de tener todo lo que te esperas de una gran ciudad, la vida se lleva en sus calles con mucha tranquilidad, ya que es muy paseable. Tuvmos la suerte de alojarnos en pleno centro, en la Chesnut Residence, una residencia de estudiantes que en el verano alquila sus habitaciones a turistas, por un precio relativamente módico. Y, además, incluye parking, muy importante para quienes, como nosotros, nos estábamos moviendo en coche. Eso sí, a 30 dólares canadienses (unos 19 €) la noche. Justo estábamos a tiro de piedra de la coqueta Nathan Philips Square, donde se encuentra el bonito Viejo Ayuntamiento. Asimismo, estábamos alojados cerca de otro de los puntos neurálgicos, la plaza Yonge-Dundas Square, una especie de Times Square con edificios altos y pantallas gigantes. Una chulada de panorama. Paseando hacia el este, nos encontramos con el St. James Park, un parque público urbano junto a la iglesia catedral de St. James. Al poco llegamos al mercado St. Lawrence Market, donde podemos comer en alguno de sus múltiples puestos. Y, un poco más allá, el Distillery District, un barrio peatonal con atractivos edificios del siglo XIX, que en su día albergaban una enorme destilería de whisky y hoy se ha convertido en una zona de moda, restaurantes, bares y galerías de arte, además de espectáculos de danza, música y teatro en sus calles en verano. Otro punto muy interesante de la ciudad es la torre CN Tower, a la que se puede subir por 53 dólares (33 €). Arriba hay magníficas vistas de 360º y un restaurante no especialmente caro. Además, la zona del puerto se está recuperando para su disfrute por los paseantes. También destaca Toronto por su animada vida nocturna, en zonas como las de King West St. u Ossington Strip, así como por sus múltiples tiendas de cannabis, totalmente legalizado (hasta unos límites). Pero esa es otra historia.
Una de las cosas más interesantes de la estancia en Toronto es poder acercarse a las cataratas del Niágara, a solo 130 kilómetros al sur, en la frontera con Estados Unidos (si bien las mejores vistas están del lado canadiense). Decidimos hacerlo por nuestra cuenta reservando con tiempo un bus y las entradas para diversas atracciones. El autobús (Flixbus) te lleva y trae en algo más de dos horas por trayecto (dependiendo del exigente tráfico de la ciudad). Y, una vez allí, conviene sacarse una especie de bonobús para poder coger el autobús que recorre la zona, ya que varios puntos está a varios kilómetros de distancia. Por ejemplo, nuestro bus nos dejó en la estación de Rapidsview, que está a 3 kilómetros del centro de visitantes de Table Rock. Cerca de aquí se hace la excursión que contratamos de Journey Behind The Falls (33 $ o 20 €) , que te permite ver las enormes cataratas por detrás, dentro de la roca. oportunidad para un primer baño. Y caminando un poco llegamos a la salida del famoso barco que te acerca a los mismos pies de las cataratas (54 $ o 33 €). Impresionante. Eso de ver esa mole de agua de 941 metros de largo y 51 metros de caída impone. Y moja. Mucho. A pesar de que te dan un plastiquillo. Mejor ir con chanclas y ropa que seque rápido. Después volvemos a tomar el bus interno para llegar a las otras dos visitas. El Whirlpool Aero Car (25 $ o 15 €) es el teleférico que atraviesa el río Niágara y que fue construido en 1916 por el ingeniero, matemático e inventor español Leonardo Torres Quevedo. Nunca se ha estropeado una sola vez desde entonces. Y nuestra última visita fue la de White Water Walk (21 $ o 13 €), que es un paseo a la altura del río, por la parte de sus más grandes rápidos, descritos como "los más peligrosos de América"). Impresiona, en cualquier caso. Ojo, si compras los tickets por tu cuenta, asegúrate de hacerlo en las webs oficiales (más baratas y sin recargos como las de agencias de viajes): https://www.niagaraparks.com/ y https://www.cityexperiences.com/ Y, con todas estas emociones, qué mejor que terminar la jornada con unas buenas cervezas en alguno de los locales de Clifton Hill, la calle del entretenimiento en Niagara Falls, al más puro estilo americano (aunque sea Canadá se nota la influencia). Y con esto llegábamos al fin de este gran viaje. Al día siguiente tocaba volver a coger el coche para conducir hasta el aeropuerto de Montreal y volver a casa con un recuerdo imborrable de este hermoso país.El mundo de Pacman
jueves, 3 de septiembre de 2026
VIAJES / Este de Canadá (y 3): Toronto y cataratas del Niágara
martes, 1 de septiembre de 2026
VIAJES / Este de Canadá (2): Parques nacionales de Québec
domingo, 30 de agosto de 2026
VIAJES / Este de Canadá (1): Montreal y Québec
Comenzamos con un vuelo directo (a buen precio, mediante Air Transat) hasta Montreal. Iniciábamos así nuestro particular viaje por la provincia del Québec, de muy fuerte raigambre francesa, pues, de hecho, el francés es el idioma oficial, e históricamente poco abierta a la influencia anglófila, además de su relativamente reciente pasado independentista. Montreal es el ciudad más poblada (1,7 millones de habitantes) y ofrece un buen balance de los equipamientos y atractivos de una urbe moderna con cierto patrimonio y ambiente cultural. Estábamos alojados en el Chrome Hotel (de tarifa razonable), en el centro nuevo, dentro del barrio de los Espectáculos, donde se ubican algunos teatros, salas de conciertos y bares (Les Foufounes Électriques), aunque con cierto aire decadente. La ciudad es muy paseable, así que se puede acceder pronto al centro viejo, con su imponente ayuntamiento y su no menos sorprendente y bien replicada catedral. Por supuesto, se deben recorrer la comercial (y con rascacielos) calle Santa Catherine y la Place des Arts en el lado moderno, así como la animada calle Saint Paul y el puerto viejo en la parte antigua. La guinda bien puede ser el ascenso caminando al Mont Royal. Requiere de un poco de paciencia y cierta mínima forma física, pero tanto el trayecto como las vistas desde arriba bien merecen la pena. Asimismo, probamos el supuesto plato quebequés, la poutine (patatas fritas, queso en grano fresco y salsa de carne), y digamos que no nos entusiasmó especialmente.
Después de un par de noches tomamos el tren hacia la ciudad de Québec, capital y podría decirse que corazón cultural de la provincia. En este caso, nos encontramos con un lugar distinto. Con una población de apenas 600.000 habitantes, se trata de un destino de gran belleza y claramente turístico. Por esta razón, precisamente, no pudimos encontrar un alojamiento mínimamente accesible económicamente y tuvimos que ir a parar a las afueras, al motel Giffard. También molan estos momentos de aventurilla. Estuvimos muy bien y nos movíamos sin problemas con Uber. La ciudad es preciosa en su parte antigua, que, a su vez, está dividida en la zona alta (Haute Ville), encaramada en lo alto de una colina, y la zona baja (Basse Ville), que se extiende al lado del puerto viejo (donde se celebraba el muy francófono festival Festibière). En ambos casos te encuentras callejuelas con mucho encanto (Rue Saint-Jean y Rue Saint Louis arriba; Rue du Petit Champlain y Rue du Trésor abajo), además de edificios realmente bonitos, como el Château Frontenac, la Basílica Catedral de Notre-Dame, la Iglesia de Notre-Dame-des-Victoires, en la Place Royale, y la Citadelle du Quebec (fortificación militar). Y, por supuesto, también quisimos vivir el Québec más local, recorriendo la Rue Saint-Jean y la Rue Saint-Joseph (con bares como Le Vox y Deux22). A las afueras tenéis las bellas cataratas de Montmorency, más altas que las del Niágara (aunque menos imponente), bien visibles desde la carretera.domingo, 9 de agosto de 2026
VIAJES / Suiza italiana y más (y 2)
VIAJES / Suiza italiana y más (1)
Pero antes aterrizamos en Zúrich (al norte, zona de influencia alemana), en cuyo aeropuerto recogemos un coche alquilado por 390 CHF la semana, un Volkswagen Polo de cambio automático, asistente de conducción y navegador que nos facilitará mucho el recorrido. Subimos primero al norte para acercarnos al lago Constanza, pero al ver que no podemos cruzar la frontera alemana por estar atestada de gente (el 1 de agosto es día nacional en Suiza) nos quedamos en la localidad suiza de Kreuzlingen, donde descubrimos el estupendo Seeburgpark, un amplio parque al lado del mismo lago.
Ya en Zúrich, pillamos un alojamiento de precio razonable (no hay nada barato en este país) en el barrio de Langstrasse, en la zona latina, el hotel Bermuda (dependiente del cercano hotel Trip Inn Zúrich). Será el único hotel que tengamos, pues el resto serán apartamentos, donde podremos cocinar y consumir lo que compremos más económico en los supermercados (básicamente en los Coop). A Zúrich (y lo comprobaremos en el resto del viaje) también ha llegado la ola de calor (32-33 grados que caen a plomo sobre unos desconcertados suizos), por lo que nos centramos en buscar refugios térmicos: las zonas ajardinadas junto del canal Schanzengraben (perteneciente al río Sihl) y el Rentenwiese, un conjunto de praderas y zona arbolada junto al lago donde los acalorados pueden disfrutar de un baño.
Encaminándonos al sur, llegamos al bonito pueblo de Zug, que, sorpresa, también está junto a un lago, el Zugersee. Pero nuestro próximo alojamiento está en Lucerna, al lado del río Reuss, que desemboca en un amplio lago. En la ciudad recorremos el centro y los famosos puentes peatonales de madera: el Puente de la Capilla (Kapellbrücke), que es el más antiguo de Europa y está unido a la emblemática Torre del Agua, y el Puente del Molino (Spreuerbrücke), conocido por albergar la serie pictórica de la Danza de la Muerte. Continuamos hacia el sur y en nuestra siguiente etapa ya sí dejaremos el área germana para adentrarnos en la italiana, atravesando, eso sí, el túnel de San Gotardo (cuidado porque suele haber bastantes retenciones en verano). Nuestro destino es Lugano.sábado, 11 de julio de 2026
MÚSICA / Mad Cool 2016 (3º día): Pixies, Linka Moja, Interpol, Sigrid y Halsey
jueves, 9 de julio de 2026
MÚSICA / Mad Cool 2026 (1º día): Foo Fighters, The Last Dinner Party, Wolf Alice y HotWax
martes, 7 de julio de 2026
MÚSICA / Garbage, incombustibles
La banda recorrió su trayectoria con paradas en discos esenciales como "Versión 2.0" (1998), con 4 temas; "Bleed Like Me" (2005) o "Garbage" (1995), con 3 canciones cada uno. Sin embargo, hizo valer su reciente cancionero, representado por su último álbum, "Let All That We Imagine Be the Light" (2025), con 5 cortes, de tono más oscuro, que pasan perfectamente la prueba del algodón. Bueno, y ¡qué momento cuando versionearon "Lovesong", de The Cure! En resumen, una nueva gozada volver a sumergirnos en el rock alternativo con dejes de dance industrial que propone Garbage.
Setlist de Garbage en las Noches del Botánico, de Madrid (5-7-2026).
lunes, 15 de junio de 2026
LIBROS / "Brevísima relación de la destruición de las Indias" (1552), de Fray Bartolomé de las Casas
Y es que el escrito de Fray Bartolomé de las Casas es muy explícito en cuanto a las barbaridades que muchos españoles cometieron en América. Desde malos tratos a pura y dura esclavitud, asesinatos selectivos y matanzas masivas indiscriminadas. La supuesta superioridad del Cristianismo llevó a tratar a los indígenas como meros salvajes sin alma que merecían cualquier tipo de trato o su mera eliminación sin piedad. Lo cierto es que el libro pudo circular libremente por un tiempo, lo que daba esperanzas de que la situación se revirtiera, pero el tiempo jugó en su contra. La monarquía española se fue haciendo más intransigente y, al tiempo, la Inquisición se hizo más poderosa. Hasta que en 1660 (108 años después de su publicación), el Santo Oficio decretó la prohibición del libro.
domingo, 31 de mayo de 2026
LIBROS / "Historia Oxford de Grecia y el mundo helenístico" (1988), editado por John Boardman, Jasper Griffin y Oswyn Murray
Pero lo consigue, ¡y cómo! Sumerge al lector en esa época clásica desde distintos aspectos de su sociedad según cada capítulo. Grecia: historia del Periodo Arcaico; Homero; Los mitos griegos y Hesíodo; Poesía lírica y elegíaca; Filosofía griega arcaica; Grecia: la historia del Periodo Clásico; El teatro griego; Historiadores griegos; Vida y sociedad en la Grecia clásica; La filosofía en la Grecia clásica; La religión griega; Arte y arquitectura en Grecia; Historia del Periodo Helenístico; Cultura y literatura helenísticas; Filosofía y ciencia en el helenismo; y Arte helenístico y grecorromano.
Otro detalle fundamental de la obra se presenta al final de cada uno de sus capítulos: una detallada colección de lecturas complementarias, por partida doble en algunas ocasiones: las que recomendaban los propios autores en esos años y las que se han añadido en ediciones posteriores. Muchos de esos títulos siguen siendo vigentes y no superados en el presente, así que son una buena base de la que partir para profundizar conocimientos. Por si todo esto no fuera suficiente, la versión en español de 2022 incluye excelentes materiales complementarios: mapas históricos diversos, una quincena de imágenes a todo color y otras muchas en blanco y negro, una extensa cronología de la Antigüedad y sendos índices onomástico y analítico.
















