Tras la decisión tomada el 14 de marzo, España alcanza la tercera semana de confinamiento y Pedro Sánchez ha anunciado una nueva prórroga que nos llevará hasta las seis semanas el próximo 26 de abril. Por lo menos. Es la única forma que hemos encontrado de parar el contragio del coronavirus SARS-CoV-2. Parece mentira pero un bichito minúsculo (que se transmite por las gotas respiratorias -al toser, al hablar...-) ha puesto a sus pies a todo el mundo, que progresivamente va paralizando en buena medida sus economías, con la cadena de consecuencias sociales que ello implica.
Pasados los momentos de las bromas y del pánico, toca reflexionar muy seriamente. Al principio se pensó que esto era un problema chino, de pueblos asiáticos lejanos que comen murciélagos o pangolines. Se minusvaloró tantísimo el grave problema... La lentitudad y opacidad de las autoridades chinas tampoco ayudó. Pero se percibió una autosuficiencia en Europa que nos llevó a restar la importancia debida. No es simplemente una cuestión de si algunos salieron de manifestación el día 8 de marzo o si muchos iban a misa o asistían al fútbol, incluso viajando a otros países europeos, aunque todo eso también contó, claro. Pero sería una mezquindad y quedarse en la mera paja de un asunto que tiene dimensiones de pandemia. Hubo un exceso colectivo de confianza, desgraciadamente muy frecuente en el ser humano. Peor aún fue el desprecio fruto de la soberbia de los países que no reaccionaron a tiempo cuando ya sí se sabía el serio alcance de la crisis: Boris Johnson en el Reino Unido, Jair Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos.
En cualquier caso, las consecuencias las pagaremos todos, y unos más que otros. Desgraciadamente, España es uno de los países más afectados. Más adelante ya se harán las pertinentes investigaciones de por qué razón esto es así: si realmente (tal como se está observando de las mutaciones del bicho) el virus nos llegó de viajeros alemanes y británicos venidos de China. Ahora es el momento de luchar y vencer a este coronavirus: salvar a la mayor gente posible (y esa es la tarea de los héroes sanitarios, lo que nos recuerda lo importante que es tener un excelente sistema sanitario), un material y equipamiento médico adecuado (esa producción que, en los últimos años, hemos ido trasladando precisamente a Asia) y conseguir la vacuna (la importancia de financiar la ciencia en este país).
Y habrá que ir planificando cómo saldremos de la crisis. Se podrá vencer al virus pero, ¿cambiará nuestro comportamiento social? ¿Podremos seguir yendo a los bares o ir de turismo? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que se normalice, si es que se normaliza? ¿O habrá cambios permanentes? ¿El virus será recurrente a partir de ahora? En cuanto a consecuencias sociales, ¿quién pagará el pato? ¿Las clases medias y bajas, como en la crisis económica de 2008? ¿Darán el callo las clases altas con sus redes de evasión fiscal (las legales y las ilegales)? ¿Se mantendrá (y potenciará) el sistema social protector o se individualizará la sociedad y se acrecentarán las desigualdades? En nuestras manos está. De momento, este Gobierno parece el adecuado para ello pero, de nuevo, estos problemas tan enormes son cuestiones mundiales o, al menos, de tamaño europero: la UE no puede permitirse volver a decepcionar. Y, finalmente, de cara al futuro, con el fin de no volver a repetir esta tragedia (humana, primero de todo, y también económica, que asimismo es humana), para no tener que parar las economías de esta manera, habrá que revisar muy seriamente los protocolos contra las epidemias. A nivel mundial. El intercambio de información veraz es vital. Vital. Literalmente.
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sábado, 4 de abril de 2020
lunes, 6 de julio de 2015
ECONOMÍA / ¿Qué significa el NO de Grecia?
El contundente NO de los griegos (más del 61%) en el referéndum celebrado ayer tiene varios significados. Directamente supone un rechazo frontal a las condiciones leoninas impuestas por la troika (compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) para "ayudar" a sacar de la crisis a Grecia. Implícitamente, la votación suponía la confrontación entre un órgano no electo, como es la troika -salvo la Comisión Europea, y de modo indirecto- y una decisión plenamente democrática como es una consulta popular. Subsiguientemente, esto tiene otra lectura: una grave deficiencia más de la construcción europea, que remite a órganos no democráticos para solucionar los problemas de sus Estados miembros. Porque nadie ha elegido a esa troika ni nadie ha opinado sobre cuál debe ser el sistema para ayudar a los países en caso de crisis. Ni, por supuesto, nadie ha dado a Alemania (ni a la canciller germana ni a su Parlamento Federal o Bundestag) el poder para liderar estas cuestiones, aunque Angela Merkel trate de simular pluralidad reuniéndose de vez en cuando con el inane de Hollande. El resultado se debe traducir, pues, como una negativa a una forma de hacer Europa. Pero hay otras. Solamente pregunten a la gente y se darán cuenta que los países en crisis no aceptan esa solución neoliberal que pasa por recortes generalizados, reducciones salariales, de derechos y, en conjunto, del Estado del Bienestar, privatización de servicios públicos, etc., con consecuencias de falta de crecimiento y aumento de las desigualdades. Sólo hay que fijarse en el caso de Estados Unidos (un país nada bolivariano, por cierto) para ver cómo ha logrado volver a crecer de forma rápida y consistente, así como reducir el paro a la mitad, causando menos daño a sus ciudadanos. Porque salvó a los bancos, sí, pero también inyectó dinero público a la economía. Incluso cuando el Estado de California entró en quiebra, no se dudó un segundo en rescatarlo, y no precisamente con las condiciones infames que la troika aplica a Grecia, Irlanda, Portugal, España... Otra forma de rescate es posible y ha funcionado en Estados Unidos desde el New Deal. En cuanto a Europa, su construcción a medias ha llevado a la creación de una moneda única y a una centralización de los tipos de interés (ya no potestad de los países miembros), pero, en cambio, las deudas pertenecen a los Estados. Justo lo contrario que con California. Por eso vamos al revés que Estados Unidos.
¿Y qué ha pasado exactamente en Grecia? Pues lo mismo que en otros países europeos: una crisis de deuda privada que se ha transformado en publica cuando el neoliberalismo reinante (ese tan favorable a lo privado) decidió socializar las pérdidas del sector financiero. Es un asunto bien conocido en España. El caso de Grecia se agravó porque Nueva Democracia (el PP heleno) mintió en las cuentas que presentaba a la Unión Europea en los primeros años del siglo XXI. Es decir, que su situación era aún peor, con una deuda que roza ya el 180%. Deuda, por cierto, contraída principalmente con bancos privados, sobre todo alemanes. Luego, el Estado germano (y el resto de Europa, al compás) se encargó de nacionalizar estas deudas y ahora dicen que son a los alemanes a quienes deben los griegos el dinero. ¡Vaya cara más dura! Grecia necesita una reforma estructural para funcionar mejor, eso no lo duda nadie. Pero cómo va a salir del agujero si se le dan 240.000 millones de euros en dos rescates con unos intereses que suponen pagos de 1.300 millones este mes, 3.000 el que viene... Y, encima, se permitió que los inversores especularan con su deuda pública en los años de la crisis de la prima de riesgo. ¿Qué es esto? Me recuerda aquellas operaciones de "salvamento" financiero que hacía el FMI en los años 90 en África. ¿Alguno de aquellos países solucionó sus problemas? No, aumentaron sus deudas hasta que en algunos casos tuvieron que ser parcialmente perdonadas. Es decir, que este sistema neoliberal vigente desde los años 80 NO FUNCIONA, salvo para los prestamistas, claro.
¿Y qué Europa queremos? Pues la deseada será la que tenga un sistema financiero común como un solo Estado y que opte más bien por políticas keynesianas de contrastada eficacia. O combinando ajustes racionales con incentivos económicos. Y, en todo caso, la que decidan TODOS los ciudadanos europeos. Y si no se estructura de esta manera, si se mantiene un tipo fijo de interés para toda Europa, con consecuncias distintas para la economía de cada país, sin asegurar la solidaridad de las deudas, nos volverá a pasar siempre lo mismo.
Y, ahora, ¿qué hacemos con Grecia? Pues lo que cualquiera sabe, lo que se está haciendo con muchas empresas importantes en crisis en España para que salgan adelante: perdonar parte de las deudas, aplazar y asegurar unos pagos razonables y dejar respirar a los griegos para que su nuevo Gobierno asuma, a diferencia de los pasados, las reformas estructurales adecuadas, junto con la inyección inversora necesaria para que su economía crezca y, por lo tanto, facilite que puedan devolver mejor el dinero debido. Tarea titánica, pero nada que no pueda hacer una cultura que es cuna de mayores heroicidades. El pueblo ha hablado en Grecia y esto es lo que desea, y no salir de Europa y sí seguir pagando impuestos justos (Grecia tiene un nivel de recaudación del 45,5% del PIB; más que España, con un 37,8%) para salir de la crisis y hacer un Estado mejor, una Europa mejor. Distinta y mejor.
¿Y qué ha pasado exactamente en Grecia? Pues lo mismo que en otros países europeos: una crisis de deuda privada que se ha transformado en publica cuando el neoliberalismo reinante (ese tan favorable a lo privado) decidió socializar las pérdidas del sector financiero. Es un asunto bien conocido en España. El caso de Grecia se agravó porque Nueva Democracia (el PP heleno) mintió en las cuentas que presentaba a la Unión Europea en los primeros años del siglo XXI. Es decir, que su situación era aún peor, con una deuda que roza ya el 180%. Deuda, por cierto, contraída principalmente con bancos privados, sobre todo alemanes. Luego, el Estado germano (y el resto de Europa, al compás) se encargó de nacionalizar estas deudas y ahora dicen que son a los alemanes a quienes deben los griegos el dinero. ¡Vaya cara más dura! Grecia necesita una reforma estructural para funcionar mejor, eso no lo duda nadie. Pero cómo va a salir del agujero si se le dan 240.000 millones de euros en dos rescates con unos intereses que suponen pagos de 1.300 millones este mes, 3.000 el que viene... Y, encima, se permitió que los inversores especularan con su deuda pública en los años de la crisis de la prima de riesgo. ¿Qué es esto? Me recuerda aquellas operaciones de "salvamento" financiero que hacía el FMI en los años 90 en África. ¿Alguno de aquellos países solucionó sus problemas? No, aumentaron sus deudas hasta que en algunos casos tuvieron que ser parcialmente perdonadas. Es decir, que este sistema neoliberal vigente desde los años 80 NO FUNCIONA, salvo para los prestamistas, claro.
¿Y qué Europa queremos? Pues la deseada será la que tenga un sistema financiero común como un solo Estado y que opte más bien por políticas keynesianas de contrastada eficacia. O combinando ajustes racionales con incentivos económicos. Y, en todo caso, la que decidan TODOS los ciudadanos europeos. Y si no se estructura de esta manera, si se mantiene un tipo fijo de interés para toda Europa, con consecuncias distintas para la economía de cada país, sin asegurar la solidaridad de las deudas, nos volverá a pasar siempre lo mismo.
Y, ahora, ¿qué hacemos con Grecia? Pues lo que cualquiera sabe, lo que se está haciendo con muchas empresas importantes en crisis en España para que salgan adelante: perdonar parte de las deudas, aplazar y asegurar unos pagos razonables y dejar respirar a los griegos para que su nuevo Gobierno asuma, a diferencia de los pasados, las reformas estructurales adecuadas, junto con la inyección inversora necesaria para que su economía crezca y, por lo tanto, facilite que puedan devolver mejor el dinero debido. Tarea titánica, pero nada que no pueda hacer una cultura que es cuna de mayores heroicidades. El pueblo ha hablado en Grecia y esto es lo que desea, y no salir de Europa y sí seguir pagando impuestos justos (Grecia tiene un nivel de recaudación del 45,5% del PIB; más que España, con un 37,8%) para salir de la crisis y hacer un Estado mejor, una Europa mejor. Distinta y mejor.
martes, 5 de agosto de 2014
LIBROS / "Hay vida después de la crisis" (2013), de José Carlos Díez
Ahora que algunos hablan tanto de que ya estamos saliendo de la crisis, que, por supuesto, fue causada por el malvado Zapatero y su Plan E, resulta diría yo que imprescindible consultar este perspicaz y certero análisis del economista José Carlos Díez, profesor del ICADE (es decir, nada sospechoso de ser un peligroso izquierdista anticapitalista). En "Hay vida después de la crisis" encontramos, con palabras comprensibles para cualquiera, una disección de los orígenes de la actual crisis que se abate sobre buena parte de las economías occidentales, primero en Estados Unidos y luego en Europa y, más específicamente, en España. Pero José Carlos también realiza comparativas históricas con épocas y situaciones similares para, a partir de ahí, ofrecer propuestas con el objetivo de paliar las consecuencias del desastre (ya que no se hizo caso de las señales de advertencia) y evitarlo en el futuro, al tiempo que critica la nefasta y evitable política "austericida" que se ha apoderado de Europa (que no de Estados Unidos) desde mayo de 2010 -y causado la (sub)crisis iniciada en agosto de 2011-. Por supuesto, el estado de nuestro país es motivo de un análisis más profundo (desde el crack bancario al inmobiliario, pasando por el fracaso de nuestro sistema fiscal) y, también, de la explicación de propuestas correctivas concretas. Porque, efectivamente, hay vida después de la crisis, pero se está saliendo de ella (y eso no está del todo claro) bastante peor de lo que se podría hacer.
martes, 26 de marzo de 2013
LIBROS / "El Atlas Financiero: la estafa del siglo" (2012)
La edición española del prestigioso Le Monde Diplomatique ha publicado en diciembre de 2012 (con mucha información actualizada y visualmente muy bien presentada) un imprescindible análisis acerca de la denominada crisis económica que está sufriendo el capitalismo avanzado y que sus autores concluyen no es más que una verdadera estafa perpetrada por los distintos resortes de poder del sistema. El estudio es muy amplio y ambicioso, y comprende cinco grandes bloques (a su vez subdivididos en didácticos y aleccionadores artículos temáticos): "Características de la crisis" (10 entradas), "Anatomía del crac" (7), "El papel de la banca" (19), "La era del parasitismo" (11) y "Soluciones para salir de la crisis" (9). Se trata de un documento absolutamente clave para comprender lo que está ocurriendo y poder así formarse una opinión más exacta de nuestra situación, sus consecuencias y las posibles alternativas para encauzar los problemas. Que no son pocos y que se enmarcan en un momento histórico totalmente crucial para definir por dónde va a evolucionar nuestra sociedad en el futuro.
domingo, 24 de marzo de 2013
ECONOMÍA / Crisis económica: análisis y solución

¿Qué ha pasado?
A estas alturas de la crisis económica (2008-?) parece claro que la culpa no fue de Zapatero. Pocas personas pueden vanagloriarse de haber predicho con suficiente antelación la enorme catástrofe que se avecinaba en los países de economía capitalista desarrollada. Menos aún los políticos, en su mayor parte meros gestores aficionados a estadistas (en algunos casos, aceleradores del proceso; en otros, directamente aprovechados). La crisis actual es de una complejidad enorme y atañe, por un lado, a la desregulación del sistema económico, que permitió el auge de productos derivados y otros productos tóxicos que embaucaron a mucha gente y a su dinero (fue causa de la primera parte de la crisis en Estados Unidos y en España se está viviendo con las preferentes, por ejemplo). Por otro lado, la burbuja inmobiliaria (existente tanto en Estados Unidos como en muchos países europeos, como -por este orden- Irlanda, Países Bajos, Reino Unido, Francia y España) ha dejado atrapada a mucha gente con créditos imprudentes sobre precios irrealmente elevadísimos, al tiempo que ha lastrado a muchas entidades financieras con relativamente altas tasas de morosidad. A su vez, una de las principales causas de la burbuja (y del recalentamiento de la economía) fueron los tipos de interés bajos fomentados por el Banco Central Europeo (y sobre los que, recordémoslo, los países de la Unión Europea no tienen control), principalmente por conveniencia de una Alemania que necesitaba dinero barato para su reunificación. Pero vino bien a todos: a las personas para comprar viviendas (esa tradicional costumbre española) y a las empresas para generar operaciones apalancadas.Y a los Gobiernos (central, autonómico y municipal) para recaudar a espuertas con tanto movimiento económico. Pero nos pasamos de frenada, la gente (la clase alta y no tan alta) pasó de comprar viviendas para uso habitual a especular con ellas a corto plazo, las compañías empezaron a sobreendeudarse y las Administraciones miraron para otro lado. Todos (los listillos) sacaron tajada. Así, cuando todo colapsó nos encontramos con la desaparición del sector inmobiliario (sólo la inversión residencial llegó a suponer el 9,2% del PIB en 2007), con lo que supuso de paralización de la actividad económica, desempleo masivo y cese de pagos a las Administraciones (ni por actividad, ni por licencias, ni por impuestos de sociedades ni por IRPF), disparando al tiempo los gastos sociales por todo el paro que empezaba a crecer. Por tanto, la caída de la construcción provocó un efecto de arrastre en la producción nacional, en las cuentas del Estado y en el tejido social del país. Desde ese momento, se empezó a desbocar la deuda pública. Lo que faltaba, porque la deuda pricada ya se había puesto por las nubes de tantas empresas que se habían apalancado y de tantas personas que se habían hipotecado. La deuda pública en España siempre fue moderada, pero ciertamente en los años de bonanza fue baja, muy baja en comparación con nuestro entorno. Digamos que lo contrario de Alemania, que incumplió 14 veces los criterios de Maastricht (claro que a ellos nunca se les penalizó por aquello ni fueron públicamente humillados). En concreto, la deuda pública española era del 36,2% en 2007 y se empezó a disparar sencillamente porque cayeron los ingresos y aumentaron los gastos de forma drástica y rápida.
A ello se sumó pronto la crisis financiera, cuando se desveló la infame gestión de cajas y bancos, que concedieron un exceso de créditos de difícil cobro (o a instancias de presiones políticas, en el caso de muchas cajas), incumpliendo cualquier principio racional de prudencia. Varias entidades se nacionalizaron (con el consiguiente sobrecoste de dinero público), algunas simplemente colapsaron (y fueron regaladas tras ser "salvadas"), pero la mayor parte inició una equivocada senda de concentraciones que no hizo sino extender la toxicidad por todo el sistema. Total, el entramado financiero quedó embotado, sin posibilidad de seguir ofreciendo siquiera los necesarios créditos para la marcha de las empresas generadores de actividad de este país. Por ello, a las muchas compañías que ya estaban cayendo por su pertenencia o relación el sector inmobiliario, ahora se unían todas las demás que no podían obtener financiación para su mantenimiento. Resultado: más batacazo del PIB, más desempleo y más descuadre de las cuentas públicas (del superávit del 2,4% en 2006 y del 1,9% en 2007 a los déficits del 4,5% en 2008, 11,2% en 2009, 9,7% en 2010, 9,4% en 2011 y 10,6% en 2012; y la deuda pasa del citado 36,2% de 2007 al 69,3% de 2011, al 88,4% de 2012 y al 90,5% previsto para 2013). El desfase se acrecentó porque se tomó la decisión (tanto por parte de PSOE como de PP) de utilizar dinero público para restacar al sistema bancario, incluyendo aquellos de nefasta gestión: más de 60.000 M€ entre 2010 y 2012 para todo el sistema financiero, a los que hay que sumar los 40.000 M€ pedidos prestados a Europa (a cambio de recortes generales del gasto, es decir, la austeridad, que es la -errónea- política que tomado la Unión Europea para afrontar esta crisis).
Ante el desbarajuste de las cuentas, con déficit y deuda crecientes, deuda privada por las nubes y nulas perspectivas de crecimiento, se originó la siguiente fase: la crisis de la deuda soberana. Es decir, los prestamistas internacionales nos empezaron a considerar un país de riesgo y exigieron mayores tipos de interés para seguir dejándonos dinero. Y la Unión Europea, en un nuevo alarde hacer bien las cosas, nos dejó solos ante la prima de riesgo (comparación con el -bajo- riesgo de Alemania) en lugar de asumir la deuda como el conjunto de países con moneda única que somos. Por tanto, durante los últimos años, España se ha estado financiando con tasas sobreelevadas con respecto al riesgo real que indicaban sus (todavía salvables) cuentas, de modo que ya en los Presupuestos de 2013 se contempla el pago de 38.589,55 M€ en intereses (frente a los 28.841 M€ de 2012) y subiendo... A este panorama desolador se ha sumado un nuevo error: la austeridad como forma de atacar la situación de crisis. Y es que si no se comprenden el origen y las causas de nuestra situación, y no se aprende de las lecciones de historia económica, las cosas van a ir a peor. Eso es lo que ha estado ocurriendo en nuestro país en los últimos tiempos, a raíz de las decisiones del último periodo del Gobierno de Zapatero y del actual Gobierno de Mariano Rajoy. Los recortes de gasto lo único que han provocado ha sido un mayor hundimiento de nuestra economía, abocada a prolongar la recesión y a padecer cifras astronómicas de paro durante demasiado tiempo. Si a un sector privado maniatado (sin créditos para crecer y sin demanda que consuma) se le suma un sector público que no gasta, ¿quién tirará del carro? Y eso nos lleva a la cuestión de qué hacer. Pero antes...
¿Qué se debería haber hecho?
A toro pasado, hay una serie de medidas que habrían causado menor sufrimiento al conjunto de la población y que hubieran proporcionado las condiciones para una recuperación más rápida. Frente a los productos tóxicos y, en general, la mala gestión de las entidades financieras, se debería haber dejado caer a los peores cajas y bancos, asumiendo el Estado únicamente la devolución de los ahorros por debajo de 100.000 €, así como poniendo mucho antes en los balances los precios reales de los devaluados inmuebles. El coste de esta decisión hubiera sido monetariamente inferior al "rescate" bancario (no hubiera ni requerido de préstamos a la Unión Europea), por no hablar de que moralmente habría sido una solución más justa para el conjunto de la población (incluyendo castigos ejemplares para los malos gestores), y se habrían puesto más rápidamente las bases para que la banca siguiera inyectando dinero al mercado. ¿Los contras? Básicamente, hubiera creado desconfianza en los prestamistas internacionales. Justamente lo que pasó de todas formas con el camino más doloroso que se tomó. Y posiblemente hubiera fluido antes el crédito mundial y con menores tipos de interés. Asimismo, si el mercado inmobiliario hubiera asumido antes el recorte de su valor, el parque de viviendas vacías podría estar ahora mismo ocupado, a precios justos y apropiados, pero por lo menos ocupado y pagando sus impuestos. Y si en vez de pura y dura austeridad se hubieran desarrollado medidas incentivadoras del crecimiento económico (al tiempo que se racionalizaban los gastos, lógicamente) y si se hubiera puesto el acento en la persecución del fraude fiscal y de las cargas impositivas más proporcionales... Todo ello, en fin, forma parte del "¿qué hacer?", porque aún estamos a tiempo...
¿Qué hacer ahora?
Conocido es que los jerifaltes europeos denostan las políticas de crecimiento porque suponen más déficit y endeudamiento. Cierto, pero la economía necesita inyección inversora y alguien tiene que hacerlo, ya que no bancos, ni empresas, ni particulares. Y sería un endeudamiento temporal, dado que la adecuada motivación de la economía lograría retomar el crecimiento de empresas, la generación de empleo y el consumo de particulares, que volverían a pagar impuestos, lo que acabaría reduciendo las tasas de déficit y deuda a medio plazo. Es el camino que ha tomado Estados Unidos con resultados satisfactorios, por mucho que el Partido Republicano trate de instaurar la polítca de austeridad europea. Desde luego, la solución no son los recortes, que nos alejan de toda posibilidad de crecimiento y, como se ve, acaba elevando tanto déficit como deuda debido a que la economía no funciona y va hacia el colapso. La prueba la tenemos delante de nuestras narices: las autonomías que más han recortado son las que menos están creciendo: véase Castilla-La Mancha, auténtico laboratorio de pruebas de la teoría de la austeridad, que redujo su déficit del 7,9% en 2011 al 1,5% en 2012 a costa de desplomar su PIB un 3% el pasado año (frente a la media nacional del -1,4%) y sobrepasar la indignante barrera del 30% de paro. Un ejemplo más de los efectos de la austeridad. Pero no el único caso, desde luego. A nivel europeo se puede observar una clara relación directa entre esfuerzo presupuestario (reducción del déficit) y aumento de la tasa de paro: con Grecia, España, Portugal e Irlanda como principales damnificadas. Los países intervenidos son los que no se están recuperando.
Porque, vamos a ver, la economía, ¿para qué sirve? ¿Para cuadrar unos imputs y outputs sobre el papel o para intentar proporcionar bienestar a la ciudadanía? Si la respuesta es lo segundo, queda claro entonces lo que no hay que hacer. Y lo que se deben poner en marcha son ya medidas de estímulo del crecimiento (planes públicos de actividad económica y creación de empleo en conjunción con las empresas privadas de los principales sectores y de esos otros que deben ser estratégicos en el futuro), incluyendo la recuperación de la capacidad industrial que se ha ido perdiendo estos últimos años con las deslocalizaciones (apostando por mano de obra cualificada), fomento de la inyección crediticia a las empresas y emprendedores, persecución implacable del fraude fiscal para conformar un esquema económico más justo, recuperación y creación de impuestos para clases altas, fortunas patrimoniales, transacciones financieras de alto nivel, etc. que detraigan del exceso de capital lo que la clase media dinamizadora requiere para volver a crear tejido empresarial sano y lo que la sociedad entera necesita para volver a fomentar la educación pública (pilar fundamenteal de cara al futuro) y la sanidad pública (básica para el Estado del Bienestar). Ah, y de paso cargarse la reforma laboral que, como se ha visto, no sólo no crea empleo sino que precariza aún más la situación de los más débiles. Pero hay un gran impedimento para llevar a cabo esta política que, insisto, es una alternativa viable... Y ese impedimento se llama Unión Europea. Esto lo veremos en un próximo capítulo...
domingo, 10 de febrero de 2013
POLÍTICA / Crisis política en España: análisis y solución
La gota que ha colmado el vaso ha sido el caso de Luis Bárcenas, extesorero del Partido Popular que amasó una fortuna de 22 millones de euros en su cargo (llevándola a Suiza, fuera del control de la Hacienda española, y utilizando además la amnistía fiscal aprobada por su propio partido en el Gobierno para blanquear buena parte), al tiempo que, según apuntan las evidencias hasta ahora publicadas (en un ejercicio periodístico de servicio a la sociedad enorme, principalmente a cargo de El País, aunque también de El Mundo), ayudaba a financiar ilegalmente al PP, un partido con sus cuentas en entredicho al menos entre los años 1990 y 2008. Nada menos. Y es la última gota porque es la culminación de tantos y tantos casos de corrupción que relacionan política y enriquecimiento privado a costa del dinero público, el de todos, y que señalan principalmente al PP, pero también al PSOE y a CiU, es decir, usualmente a los partidos con acceso a los resortes de poder, donde la tentación es grande y el control, al parecer, mínimo. Por lo tanto, aunque parece que hay una tendencia ideológica clara en la corrupción (los políticos afines al liberalismo y la privatización generan contactos más cercanos a las tramas empresariales y se ven en mayor medida envueltos en el desvío de dinero público o de corporaciones a sus bolsillos a cambio de favores), cuando se gobierna con mayoría absoluta o suficiente durante largos periodos de tiempo, el caldo de cultivo para la corrupción afecta a cualquier partido, está demostrado: sea el PSOE de Felipe González o de Andalucía, o la CiU de Cataluña.
Por tanto, nos encontramos con un problema sistémico que hay que arreglar. Un problema al que, cuando éramos una supuesta potencia económica mundial y todos (nos decían) éramos ricos, no muchos daban la importancia requerida. Total, unas mordidas a cambio del "España va bien" era un precio mínimo. Pero cuando caemos de lleno en la crisis, en una crisis (recordemos) provocada por el sistema imperfecto, atrofiado y corrupto (tanto en lo económico como en lo político) que tenemos, entonces nada ya se puede permitir y, o una solución drástica llega pronto o no sé qué puede ocurrir en este país. Que la desafección por los políticos, nuestros representantes, esté por los suelos lleva a una clara deslegitimación del sistema que requiere de un cambio de modelo importante, no de unos parches aquí y allá. Ya pasó ese tiempo. Ahora llega el momento de reinventar nuestra democracia, antes de que alguien llegue con otras ideas más terribles (los momentos de crisis llevaron el fascismo al poder, tengámoslo presente, en la última gran crisis mundial, la de 1929).
¿Las soluciones? No serán fáciles de aplicar porque, ante todo, requieren de una voluntad política que no parecen tener los actuales dirigentes de los (todavía) dos principales partidos políticos del país: Rajoy (envuelto él mismo en acusaciones de corrupción y derroche de dinero público) y Rubalcaba (arrastrado por la pésima imagen del último mandato de Zapatero, que ni vio ni supo atajar la enorme crisis económico-político-social que se cernía). Pero ahí van unas cuantas ideas:
Éstas y algunas cuestiones más deberán afrontarse ya, antes mejor que después, para asegurar en este país la continuidad de la democracia, un bien tan valioso y que hemos tenido la oportunidad de disfrutar bien poco a lo largo de nuestra historia. Tomemos las lecciones y lo que de bueno hay en otros sitios con experiencia: Estados Unidos, Reino Unido, Francia... Y afrontémoslo sin miedo y con miras más altas que las partidistas o ideológicas de cada cual. Una Nueva Transición es vital. Pero una verdadera Nueva Transición y no el lampedusiano lema de "si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie". Esta vez los ciudadanos están más que hartos.
Pero el cambio del sistema no deberá afectar sólo a lo político, sino también a lo económico. Esto lo comentaremos en una próxima entrega...
Por tanto, nos encontramos con un problema sistémico que hay que arreglar. Un problema al que, cuando éramos una supuesta potencia económica mundial y todos (nos decían) éramos ricos, no muchos daban la importancia requerida. Total, unas mordidas a cambio del "España va bien" era un precio mínimo. Pero cuando caemos de lleno en la crisis, en una crisis (recordemos) provocada por el sistema imperfecto, atrofiado y corrupto (tanto en lo económico como en lo político) que tenemos, entonces nada ya se puede permitir y, o una solución drástica llega pronto o no sé qué puede ocurrir en este país. Que la desafección por los políticos, nuestros representantes, esté por los suelos lleva a una clara deslegitimación del sistema que requiere de un cambio de modelo importante, no de unos parches aquí y allá. Ya pasó ese tiempo. Ahora llega el momento de reinventar nuestra democracia, antes de que alguien llegue con otras ideas más terribles (los momentos de crisis llevaron el fascismo al poder, tengámoslo presente, en la última gran crisis mundial, la de 1929).
¿Las soluciones? No serán fáciles de aplicar porque, ante todo, requieren de una voluntad política que no parecen tener los actuales dirigentes de los (todavía) dos principales partidos políticos del país: Rajoy (envuelto él mismo en acusaciones de corrupción y derroche de dinero público) y Rubalcaba (arrastrado por la pésima imagen del último mandato de Zapatero, que ni vio ni supo atajar la enorme crisis económico-político-social que se cernía). Pero ahí van unas cuantas ideas:
- Una nueva ley electoral proporcional que dé la sensación al ciudadano de que lo que elige es lo que le representa. Ello podría llevar actualmente, y según recientes estimaciones, a que hubiese en el Parlamento cuatro fuerzas políticas nacionales más o menos parejas y con la oportunidad de consensuar un nuevo marco político: PP y PSOE, con alrededor del 23% cada uno (si no menos, a medida que pase el tiempo), Izquierda Unida, con en torno al 15-16% y UPyD, con el 13-14%, dando cabida así a todas las principales tendencias ideológicas de la ciudadanía, incluso añadiendo a esto los nuevos movimientos sociales (15-M, Stop Desahucios, etc.) o medioambientales (verdes y ecologistas en general). Capítulo aparte merecerán los partidos autonómicos y la vertebración de España.
- Unido a la nueva legislación para las votaciones, será importante abrir las listas y aumentar la democracia interna de los partidos. Conocer mejor a nuestros políticos, hacer un seguimiento cercano y escrupuloso a través de los medios de comunicación y otros que se deban articular, será imprescindible para que no sean las maquinarias de los partidos las que impongan las listas, sino nosotros con suestra selección en el voto. Así, la democracia se hace más directa y, lo que es aún más importante, los ciudadanos asumimos mayores responsabilidades. Por su parte, los partidos deberán funcionar de tal manera que los cambios de sus propios dirigentes sean más fáciles (incluso, obligados) y las renovaciones menos aparentes y más de fondo, al mismo tiempo que sus propios sistemas de control (junto con otros externos, pendientes de mejorar/crear) eviten corruptelas internas.
- Sistemas de control externo. Es evidente que los tesoreros de los partidos no pueden hacer y deshacer a su antojo con el dinero público. Es obvio que un concejal de urbanismo de un pueblo no puede recalificar sin criterio público y enriquecerse en su cargo. Es claro que los presidentes de comunidades autónomas no pueden entrar en una carrera populista del "yo te doy más", endeudándose sin control para luego arruinar a su región, llevándose por delante el sistema de cajas de ahorro y luego poniendo la privatización como solución a sus errores. O aciertos, porque si sirvió para enriquecerse... Pues bien, estudiemos sistemas de control realmente válidos y a todos los niveles. Ello requerirá de normas de transparencia y de una reforma a fondo de nuestras administraciones.
- Esto nos lleva al estado autonómico. Se hace más necesario que nunca un marco claro y definido de competencias, evitando las duplicidades, de las actuales comunidades autónomas. Se llamen como se llamen. Y preservando, lógicamente, la solidaridad interterritorial. Que el Senado sea la cámara para estas cuestiones, mientras que el Congreso queda como representante proporcional del conjunto de la ciudadanía. Por otro lado, un sistema político más directo y transparente lleva a la república como forma de gobierno. Es inevitable. Quizá sería deseable un modelo como el alemán o el italiano, donde el presidente es más una figura moderadora a nivel interno y con funciones de representación de cara al exterior. Pero elegido democráticamente. Con mandatos algo más largos, posiblemente, para resaltar su carácter integrador, por encima de los cambios de gobierno e, incluso, distanciado de los partidos políticos.
- El poder judicial, ninguneado siempre en cuanto a recursos económicos, requiere de estos para cumplir bien su fundamental papel en una mejor democracia. Rápido, eficaz y gratuito. Del mismo modo, el nuevo sistema velará por que la educación y la sanidad sean sus ejes fundamentales y permanezcan dentro del control público, con las pertinentes garantías de calidad y acceso para todos. Pero, por encima de todo, ahora mismo el problema más urgente es el del paro. Y ésta deberá ser la máxima prioridad. Aunque se trata de una cuestión económica, requiere de una indudable voluntad política: que la generación de empleo y no la mera austeridad sea el referente de nuestros políticos.
Éstas y algunas cuestiones más deberán afrontarse ya, antes mejor que después, para asegurar en este país la continuidad de la democracia, un bien tan valioso y que hemos tenido la oportunidad de disfrutar bien poco a lo largo de nuestra historia. Tomemos las lecciones y lo que de bueno hay en otros sitios con experiencia: Estados Unidos, Reino Unido, Francia... Y afrontémoslo sin miedo y con miras más altas que las partidistas o ideológicas de cada cual. Una Nueva Transición es vital. Pero una verdadera Nueva Transición y no el lampedusiano lema de "si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie". Esta vez los ciudadanos están más que hartos.
Pero el cambio del sistema no deberá afectar sólo a lo político, sino también a lo económico. Esto lo comentaremos en una próxima entrega...
miércoles, 26 de diciembre de 2012
ECONOMÍA / "The Great Spanish Crash", el reportaje de la BBC sobre la crisis española
El famoso reportaje de la BBC sobre la crisis española que tanto ha molestado a los Gobiernos de España y de la Comunidad Valenciana. "The Great Spanish Crash" es un análisis bastante interesante y correcto en líneas generales de por qué ha colapsado el sistema económico español.
lunes, 19 de marzo de 2012
ECONOMÍA / ¿Cómo afrontar la crisis de la deuda?
España y Europa están atravesando una dura crisis de deuda que está atenazando nuestro crecimiento y, por lo tanto, generando paro y deteriorando nuestras condiciones de vida. ¿Y cuál es la solución que proponen los neoliberales-conservadores actualmente en el poder en buena parte del Viejo Continente? Reducir gasto público cargándose poco a poco el Estado del Bienestar, ese sistema que mejora el viejo, injusto y esclavista capitalismo del siglo XIX con medidas sociales y redistributivas propias del pensamiento socialista y comunista, creando un pacto de equilibrio entre empresarios y trabajadores. Y ese equilibrio es el que están rompiendo ahora esos gobernantes neoliberales-conservadores (ver nuestra la reforma laboral del PP) con la excusa de la crisis de la deuda, en coordinación con eso que llaman "los mercados": el movimiento elitista especulativo financiero que supone la reedición del viejo capitalismo en formas mucho más poderosas y que pasan por encima de la democracia (véanse los casos de Grecia o Italia -con Gobiernos decididos desde fuera-, pero piénsese el porqué, mande uno u otro partido mayoritario, la política económica viene a ser la misma, aunque en el caso socialdemócrata haya claramente más reticencias).Pero no nos salgamos del tema. Conocemos la estrategia de los neoliberales-conservadores para salir de la crisis rompiendo el Estado del Bienestar para crear unas condiciones más favorables para los poderosos y una aceptación más sumisa por parte del resto de la sociedad. Pero no se han valorado alternativas para salir de esta situación. Y para ello hay que buscar en los orígenes de la actual crisis. ¿Son causantes de la misma el gasto en Sanidad y Educación o los sueldos? Veamos. Según los datos del Ministerio de Sanidad, el gasto sanitario total (público + privado) en España fue, en 2005 y en relación al PIB, del 8,3% (5,9% la parte pública y 2,4% la privada); en 2006, del 8,4% (6% y 2,4%); y en 2007, del 8,5% (6,1% y 2,4%). Es decir, vemos un aumento progresivo, aunque moderado del gasto público sanitario, que iba paralelo con el crecimiento del país y que, aun así, nos coloca en una situación media-baja con respecto al resto de países europeos: Francia (11% en 2007), Alemania (10,4%), Bélgica (10,2%), Austria (10,1%), Dinamarca (9,8%), Países Bajos (9,8%), etc. Lógicamente, al decrecer la economía española con la crisis y caer el PIB, el gasto sanitario habría aumentado más porcentualmente que nominalmente en los últimos años. El dato de 2008 -último confirmado- fue del 8,9% (6,5% y 2,4%). En cuanto al gasto público total en educación, la evolución ha ido del 4,35% en el año 2000 al 5,09% en 2007 (último dato disponible en el INE). Nuevamente, por debajo de buena parte de los países de la UE, como Dinamarca (7,98%), Suecia (6,85%), Finlandia (6,14%), Bélgica (6%), Francia (5,58%) o Reno Unido (5,48%). En salarios, ¿qué decir? Bien es sabido que los precios han subido el triple que los sueldos desde que se implantó el euro, en 2002. En concreto, la cesta de la compra aumentó un 48%, mientras que los salarios lo hicieron un 14%. Al mismo tiempo, los beneficios empresariales han seguido aumentando y, por primera vez en la historia de España, superan a los salarios en su peso en la renta nacional. Así, según los datos del cuarto trimestre de 2011, el beneficio empresarial copa el 46,2% (frente al 41% de principios de los 80), los salarios se quedan en el 46% (frente al 53% de principios de los 80) y los impuestos a la producción se quedan con el restante 7,8% (frente al 6% de principios de los 80 y el 10% de mediados de la pasada década).
Gasto público (% del PIB en 2010)
Fuente: Eurostat
Por tanto, hemos observado que, lejos de ser los causantes de esta crisis, sanidad, educación y sueldos están siendo las principales víctimas de la misma cuando aún no habían llegado siquiera a equipararse con los países europeos de nuestro entorno. Las causas de la crisis en España son bien conocidas: enorme descontrol del gasto privado, tanto de familias endeudadas por las hipotecas sobre inmuebles y créditos al consumo como, especialmente, de empresas apalancadas, mal gestionadas y que han dejado tremendos agujeros contables; y, en mucha menor medida, despilfarros en las distintas administraciones públicas, sobre todo comunidades autónomas y ayuntamientos. Los últimos datos de 2010 indican que la deuda privada ascendía nada menos que a 2,6 billones de euros, de los que 1,7 billones corresponde a las empresas y 0,9 billones a las familias. Y esto teniendo en cuenta que el PIB español, lo que produce la economía española cada año, es aproximadamente de 1,1 billones. Por su parte, la deuda de las instituciones financieras se situaba en los 0,86 billones y la del conjunto de las administraciones públicas no llegaba a 0,59 billones. Entonces, ¿por qué tanto empeño en echar la culpa a lo público, cuando está gestionando un gasto más que razonable y tiene una deuda mucho más ajustada que la de empresas y familias? ¿Quién está interesado en no culpabilizar a las empresas y a las familias? ¿Acaso criticar a las empresas es atacar al establishment financiero y resta votos de empresarios y autónomos? ¿Acaso criticar a las familias es, nuevamente, perder votos? Las respuestas son evidentes.La salida de la crisis, tras los avisos de ciertos economistas (Paul Krugman, principalmente) y políticos (en IU, mayormente) con sentido común, la están empezando a vislumbrar los partidos socialdemócratas en Francia, primero, donde parece que desbancarán del poder a Sarkozy el mes que viene, y, luego, en Alemania, Italia y (esperemos) en España. Y esa salida debe venir no por el recorte del gasto público sino por el del aumento de los ingresos públicos. Y, lo que es más importante, no ha de santificarse la reducción drástica del déficit si no existen condiciones para el crecimiento.
Ingresos fiscales (% del PIB en 2010)
Fuente: Eurostat
El Gobierno pretende recortar 30.000 millones de euros en los presupuestos de este año para ajustarse al mandato neoliberal de la UE de bajar el déficit del 8,5% de 2011 al 5,3% en 2012 (4,4% era el plan inicial para llegar en 2013 al 3% requerido por la UE). Pues bien, ¿debe recortarse el gasto público siguiendo estas pautas cuando no hay crecimiento productivo, el paro crece de forma galopante y están en peligro las bases del Estado de Bienestar que, como hemos visto, no tiene culpa alguna de la crisis? Esta es la pregunta clave. Pero para tomar otro camino habrá que cambiar el signo político de los principales Gobiernos europeos y modificar así la estrategia de recortes públicos por otra que combine la reactivación económica con los necesarios controles en la economía (pública y privada). Analicemos la historia y sigamos el ejemplo de Roosevelt y no de Reagan. Mientras tanto, reparemos las dañadas cuentas públicas con nuevos ingresos que restablezcan la justicia fiscal en la economía española.Por un lado, se calcula que en España existe un 25% de economía sumergida, esa que no paga impuestos ni cotiza por sus trabajadores, a los que ofrece sueldos de subsistencia. Un 25% son nada menos que 275.000 millones de euros. Entremos a saco ahí. ¿Con qué recursos? Hagamos una movilización masiva de funcionarios sobrantes de algunas admninistraciones (diputaciones provinciales, por ejemplo) para aumentar los inspectores que acaben con la economía que no declara ni rinde cuentas. Esta es la tarea descomunal que hay que asumir y ahora es el momento. Nos proporcionará ingresos para todos.
Por otro lado, cambiemos la fiscalidad haciendo que las rentas del capital paguen más que las rentas del trabajo. Ahora mismo, la recaudación del Estado se reparte principalmente de la siguiente manera: de un total de 161.760 millones de euros de 2011, el 43% provino del IRPF (es decir, de los trabajadores -tanto curritos como directivos-), el 30,5% llegó del IVA (impuestos indirectos que penalizan a todos los consumidores por igual, sean pobres o ricos), el 11,7% de los impuestos especiales (alcohol, tabaco, gasolinas..., nuevamente tasan sin tener en cuenta la renta) y solo el 10,3% llegó del impuesto de sociedades. ¿Es esto el mundo al revés? ¿El trabajador paga más que el empresario? Así están las cosas. Cambiemos, pues, la dinámica para tasar las actividades empresariales en mayor medida y, por encima de todo -se sea de una u otra condición-, que el que más tenga más pague. Se trata de un punto innegociable si queremos montar una sociedad justa y próspera. Las tasas sobre la banca y las transacciones financieras, o sobre entidades hasta ahora impunes, como la Iglesia, y la reducción del presupuesto de Defensa, cuya deuda asciende a 25.000 millones de euros, son otras vías. ¿Más ideas?
miércoles, 28 de diciembre de 2011
SOCIEDAD / Huir de España
Últimamente, en mi entorno, he encontrado a varias personas que han tomado la decisión o están pensando en emigrar, salir de España, huir de un país que desgraciadamente ofrece pocas perspectivas. Un país que se sumergió en un boom de riqueza fácil asentada en bases de barro y que ahora la paga con los más débiles. Cinco millones de parados es la consecuencia más palpable. Un millón y medio de hogares sin un solo empleo. Mientras tanto, las grandes corporaciones financieras, que prestaron dinero barato, animaron a la gente a hipotecarse y se han repartido jugosas primas y planes de pensiones, se van de rositas y reciben dinero público. Los promotores inmobiliarios se han forrado con la venta de pisos a precios obscenos, mediante la colaboración de los políticos -especialmente locales y autonómicos, y ante la pasividad de los nacionales-, en un enorme pelotazo.Mientras tanto, desde que se puso en circulación el euro, el coste de la vida se ha disparado un 48%, mientras que los salarios apenas han avanzado un 14%. Y ahora, Rajoy propone como una de sus primeras medidas congelar el salario mínimo (ése que desde su creación en 1980 no había dejado de crecer, sobre todo en los primeros años y entre 2004 y 2009), pero, eso sí, las pensiones que reciban unas migajas (suben un 1% en 2012) sin distinguir entre las jubilaciones mínimas (600 euros/mes) o máximas (2.500 euros/mes). Y ya se está pergeñando entre el Gobierno del PP y la patronal CEOE una reforma laboral que va a lo de siempre: a rebajar las indemnizaciones por despido. Como si este coste hubiera sido un impedimento para que los empresarios hayan despedido a más de tres millones de personas en los últimos cuatro años... Y llega el deterioro de los servicios públicos, como la sanidad en Cataluña, donde se pagará por cada receta lo mismo si eres pobre o rico, enfermo crónico o sano, y en Baleares, con la tasa por tarjeta sanitaria, también la misma independientemente de la situación socioeconómica de cada cual... Repago injusto, que no copago, porque la Sanidad ya se paga de nuestros impuestos.
Visto el panorama de deterioro económico y de injusticia social, es normal que cada vez más gente trate de buscarse las habichuelas en otros países donde se pueda prosperar. No será fácil. Ya hemos conocido lo mal que lo han pasado los inmigrantes en nuestro país y lo mal que nos hemos portado con ellos muchas veces. Ahora, como en los años sesenta, volvemos a hacer las maletas. Porque nuestro propio país nos echa.
lunes, 16 de mayo de 2011
SOCIEDAD / 15-M Democracia Real Ya, ¡por fin!
15-M Democracia Real Ya. Por fin un movimiento social sincero y espontáneo surge de entre los ciudadanos como un clamor. Clamor para que se escuchen nuestras demandas, para que los políticos -nuestros representantes- trabajen para nosotros y no para los mercados y otras fuerzas ignotas y antidemocráticas. El próximo 22-M habrá elecciones municipales y autonómicas (como las habrá generales en 2012) y ya vemos que gane quien gane de entre los partidos mayoritarios, PP o PSOE (y otras extensiones como CiU o PNV), vienen a practicar el mismo discurso. Nada que ver, en cualquier caso, con las necesidades de las personas. Neguemos esa falsa batalla por el poder, ajena a los ciudadanos. Demos una lección a los políticos: votemos a opciones alternativas, con la condición de que nos representen y protejan de una crisis que, precisamente, nosotros no hemos provocado. Estoy pensando básicamente en Izquierda Unida. Es mi posición particular. En cualquier caso, el voto nulo o en blanco no sirve para nada, la abstención denota la ilegitimidad del sistema pero en la práctica tampoco supone cambio alguno. ¡Votemos a opciones minoritarias! Es la única manera de restar fuerza a los dos partidos mayoritarios y dar un serio aviso de que otra política es deseable y posible.La Puerta del Sol, de Madrid, en directo.
Consulta en Menéame las noticias más activas.
Opiniones en Radio Nacional de España (17-05-2011).

Manifiesto de Democracia Real Ya
"Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo"


viernes, 25 de junio de 2010
ECONOMÍA / Gracias, Zapatero, por la reforma laboral
Ya nos vamos enterando de las primeras consecuencias de la reforma laboral del Gobierno de Zapatero, que permite a las empresas alegar unas simples péridas para despedir a los trabajadores dándoles sólo 20 días por año trabajado, en lugar de los 45 vigentes hasta ahora (33 en el caso de contratos para jóvenes y mayores, ahora ampliado a todo el mundo). Así, la fabricante de calderas Saunier Duval, con planta en Vitoria, ha decidido guardarse las condiciones de ERE que había presentado hace unos meses a sus trabajadores para adaptarse a las nuevas reglas: ahora pretende despedir barato, con 20 días. Menos de la mitad. Todo un chollo. Le ha seguido una empresa pública: la agencia EFE, que dejará en la calle a una veintena de personas pagándoles también menos. Gracias, Zapatero. Gracias por esta reforma que, como se ve, está creando mogollón de empleo.
lunes, 31 de mayo de 2010
ECONOMÍA / Nada encaja en esta crisis (y 2)
Pero, cuando se vislumbra la recuperación, irrumpe la segunda crisis, la de la deuda. Por una ley, supuestamente escrita o dictada por los mercados y sustentanda por la Unión Europea (con Alemania a la cabeza), en la que se impide el endeudamiento y el déficit excesivos. Una herramienta que, por cierto, le sirvió a los Estados Unidos de Roosevelt para salir de la crisis generada por el crack (financiero también) de 1929, gracias a las inversiones públicas en infraestructuras, que dieron empleo masivamente y levantaron al moribundo sector privado. Claro que por aquel entonces la economía la guiaba Keynes y no los neoliberales de hoy en día que buscan enfermizamente la reducción del Estado del Bienestar que tanto les molesta para poder hacer pìngües negocios con la sempiterna excusa del "dinero para todos bajando los impuestos". Ya no se lo cree nadie. Total, que, a pesar de la situación excepcional de una crisis provocada en buena medida por ellos mismos, los mercados chantajean para que se cumplan sus normas y así seguir ganando cantidades indecentes de dinero, como unos vulgares (y poderosos) extorsionadores, que es lo que son. Y, claro, las políticas de protección social e inversión estatal para hacer revivir la economía no están bien vistas. España tiene que recortar sus gastos. Amén.
¿Y realmente tenemos tanto endeudamiento? En 2009, la deuda la teníamos en el 53,2% sobre el PIB, cuando la UE establece el límite en el 60%. Bien. Pero el déficit se nos disparó al 11,2% (al conjugarse menores ingresos impositivos por la caída de la actividad y mayores gastos por el insoportable aumento del paro), frente al 3% máximo que se exige. ¿Y Alemania cómo estaba en ese momento? Pues con una deuda del 73,2% y un déficit del 3,3%. De hecho, el país germano es el que, desde 1999, más ha incumplido el denominado Pacto de Estabilidad de la UE: ocho años sobrepasó la barrera de la deuda y cinco años la del déficit. ¡¡Y su PIB bajó un 5% el año pasado!! Pero en su caso no pasa nada. Nadie le exige nada. En cambio, España ha sido de los más rigurosos: un único incumplimiento de la deuda en 1999 y dos del déficit en 2008 y 2009. Ahora, en cambio, paradójicamente, Alemania paga mucho más barata su más abultada deuda, porque los mercados han decidido concederle la confianza, mientras que rebaja a España la calificación de su deuda. Standard & Poor's, primero, de AA+ a AA (de sobresaliente a notable). Y luego Fitch, de AAA a AA+ (de matrícula de honor a sobresaliente). Pero Moody's nos sigue dando AAA. Así que, ¿qué criterio tan fiable tiene esta gente? ¿Y quiénes son para jugar de esta forma con los millones de parados y el futuro de los países? Es decir, ¿quién vigila a los (supuestos) vigilantes?Afortunadamente, la UE está preparando la creación de un supervisor supranacional que verifique tanto a esos calificadores como la verdadera confianza de los países. Lo que nos lleva al principio: la crisis de la deuda nos obliga a hacer recortes presupuestarios cuando parecía que la economía estaba saliendo del bache y, ya que se tiene que hacer un ajuste, ¿sobre quién ha de hacerse? No sobre los trabajadores y pensionistas. No. Sigamos la pista de Alemania, que, sin tener obligación especial de ajustar sus gastos, ya ha aprobado medidas para prohibir la especulación en los mercados. Esa es la idea. Y no la de la reforma laboral, que ya sabemos lo que significa: abaratar el despido. ¿Pero alguien se cree que hacer que se despida más barato es la solución a esta crisis?
domingo, 30 de mayo de 2010
ECONOMÍA / Nada encaja en esta crisis (1)
El PSOE de Zapatero, que hasta ahora estaba haciendo gala de la protección social ante la crisis, ha aprobado un recorte presupuestario que afecta básicamente a los trabajadores de la administración (los funcionarios) y a uno de los eslabones más débiles: los pensionistas. No me encaja. No me encaja que se recorte por aquí, sobre todo cuando todos sabemos quiénes son los culpables de la crisis: el mal funcionamiento, los riesgos mal calculados y la especulación galopante del sistema financiero, así como la sobredimensión del sector de la construcción, con toda la corrupción que ha acarreado. Consíganse, por tanto, nuevos ingresos del sistema bancario, impónganse tasas a los grandes movimientos de capital, súbanse los impuestos a las mayores compañías y las mayores rentas y patrimonios (reinstáurese -mejorado- el impuesto sobre el patrimonio que eliminó precisamente Zapatero a modo de guiño neoliberal, precedente de lo que acaba de hacer, más propio de una política económica de derechas).Pero, más allá de esto, ¿realmente son necesarios los recortes? De cualquier tipo, me refiero. Lo pongo en duda. Algunos de los indicadores macroeconómicos, esos que a los que siempre se les ha dado tanta importancia, parecen recuperarse. Así, el PIB del primer trimestre fue positivo (tras siete trimestres negativos), aunque con un mínimo +0,1%, mientras que el interanual se situaba aún en el -1,3%, si bien las proyecciones anuales hablan de un -0,3% para 2010 y de un positivo 1,3% para 2011, aun a pesar del efecto perverso que tendrá el ajuste del Gobierno para el crecimiento de la economía, ya que inicialmente se rpeveía un 1,8% para 2011. Y todo esto después de un único ejercicio con retroceso notable (2009, con -3,6%). Por su parte, el consumo de los hogares aumentó un 1,9% también en los tres primeros meses de 2010, por segundo trimestre consecutivo y a un ritmo algo mayor. Las exportaciones crecieron en el mismo periodo un 8,1%, por encima del 4,6% de las importaciones. El Valor Agregado Bruto (las ventas de las empresas menos sus compras a otras empresas, sin incluir la depreciación del capital fijo) de la industria ascendió un 10,1%. En fin algunos datos, aunque pocos, para la esperanza. Sólo el chantaje de los mercados e intereses especulativos pueden explicar las medidas que acaba de tomar el Gobierno, que, obviamente, también tiene su cuota de responsabilidad.
Continuará...
lunes, 10 de mayo de 2010
ECONOMÍA / Los que mueven los hilos
Atravesamos una crisis provocada básicamente por la especulación y la avaricia. La de los que han prestado dinero barato a espuertas, endosado hipotecas basura certificadas por Standard & Poors y similares, construido muchas más viviendas de las necesarias... Y también la de los pelotazos empresariales de corto plazo, la corrupción rampante de munícipes y demás, el ansia por hipotecarse hasta las cejas creyéndose un mago de las finanzas en lugar de un padre/madre de familia responsable... Nadie se escapa de su porción de responsabilidad. Pero, dentro de ello, hay grados: las mayores culpas se las reparten un entramado financiero que no ha tenido la prudencia por bandera, como hubiera debido; un Gobierno que no ha controlado el sector de la construcción (quizá carece de las herramientas), que aporta más paro de lo que creó de riqueza, en favor de otros más productivos; un sistema político-económico, en fin, que permite que políticos y empresarios sin escrúpulos se forren mientras dejan el desempleo disparado... Y ahora el trabajador tiene que reducirse el sueldo, trabajar más años y dar las gracias.Pero lo más repulsivo lo hemos visto en los últimos días. Esos movimientos especulativos que apuestan su dinero a que les vaya mal a países como Grecia, Portugal o España, alentados por agencias de calificación de riesgos que en su momento dieron el OK a los bonos basura y ahora exageran las ya de por sí delicadas situaciones de países que lo que necesitan es la ayuda de todos... Y las correcciones necesarias para que esto no se vuelva a repetir. Y no me refiero a la reforma laboral que algunos quieren aprovechar para aprobar, sino al freno de los tráficos especulativos que afectan a la economía real, la del día a día, la de los que trabajamos con ahínco o creamos empresas productivas. Y no la de los viles apostadores, cuyo sitio debe ser el casino... O la cárcel.
lunes, 13 de octubre de 2008
ECONOMÍA / Crisis económica: corregir los errores

Bien, bien. Así que, no contentos con contemplar cómo el Gobierno estadounidense destina 700.000 dólares (más de medio billón de euros) a sus calamitosos bancos, ahora tenemos que aguantar que los dirigentes europeos (hablamos de Francia, Alemania, España, Austria y Reino Unido) decidan dedicar más de un billón (sí, con "b") de eurazos a los nuestros. Desde los bolsillos de todos hacia los que han especulado en exceso y, como ya se sabía (sin que ningún organismo hiciera nada), se han saltado muchos límites que la lógica marca como prudentes cuando juegas con un dinero que no es tuyo. Y, claro, las Bolsas bajan y suben como locas para celebrar que la especulación no tiene castigo, sólo premio. ¿Alguien cree que así se arreglan las cosas? ¿Que así nos aseguramos que el sistema no se volverá a desestabilizar?

Pues no. La conclusión ya es diáfana: hay que corregir el sistema económico. Hay que acabar con la economía especulativa, con los movimientos de capital sin control, con la vorágine de avaricia sin medida que nos llevará a todos a freir espárragos el día menos pensado y que trae consecuencias muy reales: despidos masivos y deterioro de los niveles de vida de la gente. Desde luego, yo no voy a permitir que con mi dinero se tapen agujeros financieros a cambio de nada. Eso sí que no. Tendrá que ser a cambio de tomar las riendas de la economía para que sirva a unos intereses más generales, con un crecimiento más racional y equitativo. Como diría el presidente de la CEOE: muerte al neoliberalismo, a la idea de que la suma de egoísmos genera riqueza, de que el mercado sin control lo regula todo. Y si esto cuesta 1 billón de euros, bien gastados serán.
martes, 1 de abril de 2008
ECONOMÍA / El ocaso de la construcción

Hay muchas voces quejosas estos días que proclaman cual profetas del desastre la crisis del sector de la construcción (inmobiliario y todos sus adyacentes), con los supuestas consecuencias nefastas que ello tendrá sobre la economía española: el parón empresarial, el desempleo galopante, la reducción del superávit estatal, etc. Para evitarlo, muchos magnates del ladrillo (sempiternos defensores del libremercado a ultranza) no dudan en reclamar ahora ayudas al Estado en forma de rehabilitaciones y nuevas promociones de vivienda protegida (sí, las mismas que hasta ahora ellos despreciaban cegados por el afán de lucro).
Seamos claros, vivimos en una economía cíclica, donde todo lo que sube, baja y viceversa. Y la construcción ha subido muchísimo. No se puede esperar razonablemente que el ritmo de vivienda nueva se mantenga siempre en las 760.000 que se iniciaron en 2006. Por mucho que el españolito se muera por el ladrillo en propiedad no es posible tanta ansia (ni somos tantos). Ni es buena cosa. Todos sabemos lo que se ha ganado en la última década: los empresarios con formidables promociones especulativas, los usuarios con reventas del doble, el triple o más en muy poco tiempo, las entidades financieras con créditos escandalosos, las Administraciones Públicas con suculentos ingresos por recalificaciones, IVA, etc.
Pero se ha perdido mucho también: una economía escesivamente vinculada a la construcción es pan para hoy y hambre para mañana, aporta muy poca productividad y es caldo de cultivo excepcional para la corrupción. Todos conocemos muchos casos. Y más que no aflorarán nunca. Los precios hace mucho que se pusieron imposibles, con lo que aumenta la brecha de desigualdad en un derecho fundamental como es el acceso a la vivienda, especialmente para jóvenes y gente con pocos recursos. Mientras, los Gobiernos, especialmente el segundo de Aznar, pero también el primero de Zapatero, han mirado vergonzosamente para otro lado. Claro, como todos los niveles habituales de la economía neoliberal crecían, a ver quién se atrevía a poner el cascabel al gato. Poco importaban las mordidas y el medioambiente, el caos urbanístico y el enfermizo olor a dinero fácil que nos ha recorrido a todos en los últimos años. Este modelo ha de caer, ya lo está haciendo: los precios de los pisos van a la baja y es el primer aviso. Pero hay que sustituirlo por otro más razonable. Esa es la responsabilidad de todos y del Gobierno, el primero.
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