lunes, 14 de agosto de 2017

VIAJES / Noroeste de Francia (y 4): Normandía

El primer punto de interés que nos encontramos al entrar en Normandía es un verdadero plato fuerte: el Mont Saint-Michel. Se trata de una isla junto a la costa que destaca sobremanera en las llanuras de la zona. Ya desde kilómetros antes (sobre todo viniendo por la carretera D-275) se contempla con majestuosidad en la lejanía. En lo alto del peñón destaca la enorme abadía benedictina que data del siglo VIII, aunque fue abandonada por los monjes a finales del siglo XVIII, a raíz de la Revolución Francesa. La isla misma es una fortaleza que se defendío durante siglos de los ataques ingleses y que suma al atractivo intrínseco de su perfecta conservación amurallada (y con casas y callejuelas empedradas) el hecho de que, por efecto de las fuertes mareas de la zona, unas veces le rodea totalmente el mar y otras, debido a la marea baja, el mar retrocede kilómetros y queda libre el acceso directo a la costa. Hoy en día, una larga pasarela facilita el acceso en todo tipo de condiciones (y permite unas vistas espectaculares) pero, incluso así, algunos días al año una marea muy alta cubre la parte final de la pasarela. Por tanto, informaos bien de las fechas en las que no es posible el acceso. Al ser un gran atractivo turístico, con más de 3 millones de visitantes al año, sobre todo en agosto, tened en cuenta el siguiente consejo. Para huir de las aglomeraciones y evitar el pago del parking (entre 2 y 24 horas son 11,70 euros), podéis dejar el coche a partir de las 7 de la tarde, cuando es gratis (siempre que abandonéis el parking antes de las 2 de la madrugada). Como en verano hay buena luz podréis disfrutar igualmente de la visita a Mont Saint-Michel (los restaurantes y tiendas del interior siguen abiertos), pero con menos agobios, con un ahorro de dinero y con un anochecer viendo sus luces que también es memorable. Eso sí, no podréis visitar la abadía, ya que precisamente cierra sus puertas a las 7 de la tarde. Para hacerlo (merece la pena ver su interior) tendréis que acercaros de día y es conveniente que saquéis la entrada (11 euros) antes por internet para ahorraros las colas. En cualquier caso, coordinad la visita a la isla con el fin de estar el tiempo suficiente para ver la isla con sus mareas alta y baja. Un espectáculo de ensueño.

Avanzamos ahora por Normandía hasta un escenario histórico: las playas del desembarco, las que protagonizaron las famosas batallas de la 2ª Guerra Mundial. De oeste a este, comenzamos por la playa de Utah Beach, donde los aliados tuvieron menos problemas para avanzar frente a las tropas nazis. Donde sí hubo más problemas fue en Pointe du Hoc, unos acantilados cuya superación fue heroica, por no hablar del choque posterior con las baterías alemanas estratégicamente situadas. Impresiona mucho ver todos los profundos agujeros que dejaron las bombas en el terreno. Y llegamos a Omaha Beach, el auténtico infierno para los aliados (podéis vivirlo viendo la primera parte de la película "Salvar al soldado Ryan"). Resulta duro imaginar el sufrimiento masivo que se dio aquí, mientras que ahora algunos bañistas disfrutan de la playa. Pero múltiples monumentos recuerdan la terrible batalla, en la que solo el primer día causaron baja (heridos o muertos) 9.000 soldados aliados. Fue el 6 de junio de 1944. En la parte alta de la costa, justo enfrente de la playa de Omaha, se encuentra el cementerio americano, donde reposan cerca de 11.000 muertos, unos 9.400 reseñados con sus cruces (o estrellas de David) y otros 1.600 sin identificar. Abruma y acongoja pasear por esas interminables hileras de tumbas. Más adelante nos encontramos con la playa de Longues-sur-Mer, donde aún se conservan varias baterias alemanas en buen estado y dentro de sus búnker, aquellas que trataron de repeler el desembarco, afortunadamente sin éxito. En resumen, una visita impactante y muy sentida por su relevancia histórica y el recuerdo del sacrificio de tantas personas por doblegar la locura nazi.

Descansamos en Bayeux, una población con un pequeño pero interesante centro histórico, con su catedral románico-gótica del año 1077. Pero lo más conocido de la localidad es el museo que contiene el Tapiz de Bayeux (de casi 70 metros de largo), uno de los tesoros de Francia que data del siglo XI y conmemora la batalla de Hastings, por la que el duque de Normadía, Guillermo el Conquistador, se coronó rey de Inglaterra. De aquí seguimos a Caen, donde destaca la denominada Abadía de los Hombres, en la que descansan precisamente los restos del propio Guillermo. O el resto, porque, tras sucesivos saqueos a lo largo de la historia, hoy solo se conserva un fémur. Seguimos subiendo por la costa y llegamos a Deauville, hoy conocida por su Festival de Cine Americano, que se nos muestra con un aire señorial por la sucesión de mansiones en su playa. Un poco más adelante está Honfleur, preciosa población portuaria con unas callejuelas animadas que invitan al paseo.

Otra joya natural de Normandía son los acantilados de Étretat, donde destaca el denominado Ojo de la Aguja, con sus 70 metros de altura, al que puede subirse por un paseo relativamente asumible (con algún repecho más durillo hacia el final). Las vistas desde la playa son impactantes, pero desde arriba son inmejorables. Normal que este entorno atrajera a pintores como Eugène Boudin, Gustave Courbet y Claude Monet. Precisamente son conocidos los múltiples cuadros que Monet pintó de la catedral de Ruan, nuestra última parada. Y es que, para los que nos flipa el arte gótico, la Catedral de Nuestra Señora de Ruan es una joya sublime y excelsa. En el monumento pueden distinguirse tres etapas: la basílica primitiva (de finales del siglo I), la catedral románica (del año 1020) y la preponderante catedral gótica, a partir del año 1145. Solo contemplar la fachada occidental y la Tour de Beurre (o Torre de Mantequilla) te deja absolutamente extasiado.

jueves, 10 de agosto de 2017

VIAJES / Noroeste de Francia (3): Bretaña

Antes de dirigirnos hacia la región de Bretaña decidimos visitar La Rochelle. La ciudad es la capital del departamento del Charente Marítimo, a mitad de camino entre el País Vasco francés y la punta oeste de Bretaña. La Rochelle es un antiguo y próspero puerto comercial y desde el siglo pasado, un importante núcleo turístico. Ya merece la pena sólo por su puerto viejo, en el que tienen un claro protagonismo las imponentes torres de la Chaine y San Nicolás. Es un placer pasear tanto por estas torres y sus muros como por las callejuelas del puerto, todas repletas de actividad, de tiendas, restaurantes... Y, por supuesto, se puede degustar el plato estrella, los mejillones a la marinera, a partir de unos 9 euros, un precio bastante asequible para ser Francia, donde la restauración (y la hotelería) tiene unas tarifas claramente más altas que las españolas sin necesariamente ofrecer un mejor servicio. Después subimos a Nantes, antiguamente integrada en Bretaña pero actualmente capital del departamento de Loira Atlántico y de la región de Países del Loira. Es una ciudad enorme pero se detecta que se ha hecho amigable: tranvía, zonas verdes, áreas de prioridad peatonal. Y tiene cierto interés turístico: la Catedral de San Pedro y San Pablo, iniciada en 1434 y concluida en ¡1891!, además del Castillo de los Duques de Bretaña, que data del siglo XIII. Ambos de acceso gratuito, ojo. Luego nos dirigimos a la costera Saint Nazaire, con una bonita y amplia playa que acoge un monumento a los caídos en la 2ª Guerra Mundial. La huella del conflicto se dejará sentir durante nuestro viaje más adelante en Bretaña y, sobre todo, en Normandía, claro.

Precisamente, ponemos pie en la región de Bretaña al alojarnos en Vannes, dentro del golfo de Morbihan. Vannes es una ciudad de mediano tamaño caracterizada por su tranquilidad, una característica propia de muchas localidades de Bretaña: vamos, no hay prisas para nada ni tampoco mucha vida nocturna, precisamente. Y es que esta zona es ideal para desconectar, tomarse todo con calma y limitarse a disfrutar de la herencia medieval de las poblaciones y de sus paisajes salvajes (frondosos bosques y acantilados de vértigo). Y gastronomía propia, por supuesto: desde las galletes saladas a las crepes dulces, o mi postre favorito, el kouign amann. Por cierto, a nuestro paso por Bretaña enseguida percibimos un acento extraño y un idioma aún más raro, el bretón, una lengua céltica directamente emparentada con las habladas en Escocia, Gales e Irlanda. Volviendo a nuestra visita a Vannes, chulísimo el casco antiguo empedrado y amurallado, y lleno de casas con vigas de madera a la vista. Desde los Jardines de Remparts hay estupendas vistas de la muralla y en la parte sur del centro se llega a la bonita zona del puerto (aunque no da directamente al mar).

Antes de seguir avanzando por la costa sur de Bretaña decidimos hacer una incursión por el interior, hacia Josselin. Atravesando espesos bosques llegamos a este pueblo medieval donde sobresale el imponente castillo. Luego volvemos a la costa hacia Carnac, conocida por albergar cerca de 3.000 menhires alineados, fechados entre los años 5.000 y 3.500 antes de Cristo. Se pueden ver gratis a través de una sendas que rodean varias áreas, aunque en otras poblaciones cercanas, como Erdeven, se pueden observar algunas poquitas piedras, e incluso tocarlas. Más allá de teorías esotéricas, estos menhires tenían función de enterramiento para sus creadores. Siguiendo hacia el oeste, también merecen la pena Port-Louis, localidad costera con playa y fortificación defensiva, y la amurallada Concarneau. En cambio, Quimper, quizá por no dar al mar, nos pareció fría y aburrida (que no fea) en estas fechas.

El siguiente día lo íbamos a dedicar a los acantilados del oeste y norte de Bretaña. Primero, hacia las Pointe du Van y Pointe du Raz, con impresionantes vistas al Atlántico. Después, hacia la más visitada e incluso más imponente Pointe de Pen-Hir. Tras tomar algo en el coqueto pueblo de Camaret-sur-Mer, nos encaminamos hacia la costa norte bretona, a la preciosa Roscoff, de estratégica situación (parten ferris al Reino Unido) y con el mar entrando en algunas de sus calles (literalmente). Claro que, a cambio, algún puente se adentra temerariamente en el mar. Un juego tierra-agua muy propio de unos pueblos tan volcados con el Atlántico. Acabamos el día en la no menos bonita Paimpol, donde degusto un estupendo bacalao a la paimpolaise. Cerca de Paimpol, precisamente, se puede hacer el interesante recorrido litoral de la Costa del Granito Rosa. Se puede partir de Lannion en una ruta circular hacia Trébeurden, Trégastel, la imprescindible visita al faro de Ploumanac´h, y Perros-Guirec. Toda esta parte de la costa, efectivamente, está compuesta de piedra de granito de un color rosado, además de salpicada de playas muy dependientes de las mareas: sin apenas agua en bajamar y repletas en pleamar. Una constante a partir de ahora en toda la costa norte de Bretaña y en la de Normandía.

Precisamente, vemos este fenómeno en las playas de las localidades vecinas de Saint-Malo (en la imagen) y Dinard. Ambas comparten bahía. Por un lado, Saint-Malo atrae mucho turismo dado que conserva el casco antiguo, que se adentra al mar, totalmente rodeado de una muralla que data del siglo XIII. En cambio, el interior fue en buena medida destruido en la 2ª Guerra Mundial y reconstruido conservando el estilo. Perderse por sus empedradas calles es una maravilla. Por tres puertas en su muralla se llega a las playas, que son casi totalmente inundadas en la marea alta. Sin embargo, en la baja se pueden alcanzar andando las cercanas islas de Petit Bé y Grand Bé. Por su parte, Dinard dispone de una enorme y profundísima playa que "sobrevive" a las más altas mareas. El paseo marítimo tiene un claro aire señorial con esas mansiones en las laderas y esa piscina al aire libre creada en 1928 para solaz de la alta burguesía. Desde sus caminos por los acantilados se divisa Saint-Malo. Imposible no recordar las imágenes de la película "Cuento de verano" (1996), de Éric Rohmer, rodada aquí. Otro elemento cinéfilo es la estatua de Alfred Hitchcock (y sus pájaros), legado del Festival de Cine Británico que se celebra en la villa. Un poco más al interior de estas ciudades se sitúa Dinan, un perfecto ejemplo de localidad con halo medieval en sus calles empedradas y casas con entramados de madera vista. Con el listón en todo lo alto dejamos Bretaña. Es hora de seguir por el noroeste francés...

domingo, 6 de agosto de 2017

VIAJES / Noroeste de Francia (2): Castillos del Loira

Al sur de París, en la zona centro francesa, concretamente a lo largo del curso medio y bajo del río Loira, se reúne una extraordinaria concentración de castillos. Se trata de varias docenas de majestuosas edificaciones, aunque 23 son las que se encuadran dentro de la denominación de Patrimonio de la Humanidad, declarada por la Unesco en el año 2000. La organización internacional selecciona los castillos situados entre las poblaciones de Sully-sur-Loire (Loiret), al este, y Chalonnes-sur-Loire (Maine-et-Loire), al oeste. Nuestra visita fue algo más amplia, aunque reduciendo el número de castillos visitados, porque son muchos (aunque bastantes de ellos muy interesantes). En la mayor parte de los casos basta con disfrutarlos por fuera (si lo permite el acceso al recinto, que no siempre es así), porque las entradas al interior, a razón de unos 10 euros por edificio, no son algo que pueda asumir cualquiera. Eso sí, si sois periodistas entráis gratis a todos (je,je). Viene bien en algún caso para conocer la historia y los detalles detrás de cada construcción. De forma resumida, esta concentración de castillos en la zona tiene su origen en los siglos XV y XVI, cuando se dio el Renacimiento en Francia y el poder residió en este área central. En algunos casos, se construyeron castillos nuevos, en otros se reformaron edificios medievales previos.

Comenzamos en la localidad de Gien, donde, desde el puente que cruza el Loira, tenemos una  panorámica espléndida de su castillo, justo encima del pueblo. Se trata de un ejemplo de construcción previa, de finales del siglo XIV, y, por tanto, anterior al Renacimiento francés y carente de influencia estilística italiana. Milagrosamente sobrevivió a los fuertes bombardeos que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. Seguimos con el castillo de Sully-sur-Loire, de imagen clásica, con sus torres negras puntiagudas y su foso de agua. La primera construcción data del siglo XIII y, durante su historia, sufrió cuantiosas modificaciones, tanto exteriores como interiores. Y llegamos a uno de los platos fuertes del viaje, el castillo de Chambord, uno de los más reconocibles e impactantes de la ruta. Enorme en todas sus magnitudes: 440 habitaciones, 365 chimeneas y 84 escaleras. Y eso que sólo le servía de "casa" de caza al rey Francisco I (sus sedes reales estaban entre Blois y Ambloise). El castillo, por cierto, está rodeado de una enorme finca delimitada por un muro de 2,5 metros de alto y 32 kilómetros de longitud. Es un ejemplo típico de arquitectura renacentista francesa, que mezcla el estilo medieval y las influencias italianas. Su construcción data de 1519-1539.

Otro de los mejores castillos (y posiblemente mi favorito) sea el de Chenonceau (en la imagen), que se asienta, literalmente, sobre el río Cher, afluente del Loira. Conocido como el Castillo de las Damas, su historia relata la influencia sucesiva sobre todo de tres mujeres importantes. Por un lado, Katherine Briçonnet, esposa de Thomas Bohier, secretario de la hacienda de Francisco I, asumió su primera dirección de diseño. Posteriormente, Enrique II, hijo de Francisco I, se lo regaló a su favorita, Diana de Poitiers, quien lo amplió con su emblemático puente. Durante un tiempo, en el castillo convivieron las influencias de Diana y de Catalina de Médicis, esposa de Enrique II. Pero, a la muerte del rey, su mujer legítima, Catalina, obligó a Diana a dejarle Chenonceau a cambio del castillo de Chaumont-sur-Loire. Ya en el siglo XX, el castillo volvió a tener protagonismo porque, en el Primera Guerra Mundial, sirvió de centro médico para atender a los heridos. Por su parte, en la Segunda Guerra Mundial, su situación única en el límite entre la Francia ocupada por los alemanes y la "libre" de Vichy, le permitió servir de vía de escape a mucha gente que huía de los nazis.

Asimismo, merece la pena un paseo por los recintos medievales de localidades como Loches, Langais o Chinon, en todos los casos muy bien conservados, además de visitar sitios históricos como Orleans, Blois y Amboise (donde murió y está enterrado Leonardo Da Vinci), siempre situados a la orilla del río Loira, el mayor de Francia y de imponente presencia a lo largo de los siglos.

miércoles, 2 de agosto de 2017

VIAJES / Noroeste de Francia (1): París

Comenzamos la visita al noroeste de Francia por la capital. ¿Qué decir de París que no se haya contado ya mil veces? París, la ciudad del amor, de la luz, de los artistas... De los edificios enormes  y majestuosos, de las avenidas delineadas, pero también de las callejuelas sorprendentes, del ambiente general de buen rollo y también de la masificación turística... Todo ello y mucho más es París, una ciudad que te deja una grata impresión duradera. Por un lado tenemos un monumento único como es la Torre Eiffel, inaugurada en 1889 para la Exposición Universal, con sus 324 metros de altura. Ineludible su visita. La subida a la cumbre en ascensor son 17 euros, 11 euros si te quedas en la segunda planta. Además, en la primera planta tienes una zona de suelo de cristal para vivir un poco el vértigo de las alturas. Las reservas por internet se agotan rápidamente, pero siempre hay un cupo más o menos suficiente para comprar in situ, aunque mejor madrugar.

Otras vistas interesantes son las de lo alto de Notre Dame, la espléndida catedral gótica de los siglos XII-XIV, por 10 euros (visita interior incluida, claro), o el mirador de la moderna Torre de Montparnasse, de 1973, por 15 euros. Sobre templos hay muchos preciosos, como la Basílica del Sacre Coeur (y su barrio artístico de Montmartre, por supuesto), la Sainte-Chapelle, la Torre de Saint Jacques, Saint Louis des Invalides (sí, donde está enterrado Napoleón), el Panteón (donde reposan Rousseau y Voltaire, entre otros), etc. etc. La lista sería interminable. Un placer total, sobre todo si eres un fan del gótico. No nos olvidamos de los museos, con el Louvre a la cabeza, claro, por calidad y cantidad... Un legado magnífico creado por la Revolución Francesa. Y si te flipa el impresionismo, el Museo d'Orly es tu lugar. Son 11 euros, pero si vas a las 16:30 h (cierran a las 18 h) son 9 euros. Una absoluta maravilla. Y no nos dejamos otras visitas clave, como el Arco del Triunfo (construido por Napoleón), la Ópera, el Moulin Rouge... Solemnidad y canalleo, aunque con el tiempo la ciudad se ha ido convirtiendo más en un parque temático. Cosas de los excesos del turismo para una ciudad que recibe más de 40 millones de visitantes al año.

Pero lo mejor es dejarse llevar y pasear tranquilamente por las calles de París (con ayuda puntual del metro y su extensa red, a "sólo" 14,50 euros los 10 billetes). Conocer la majestuosidad de la avenida de los Campos Elíseos, los inaccesibles precios en la plaza Vandome... Pero también las ofertas de calles de ambiente popular como los bulevares Magenta y Barbés Rochechouart, o la calle Temple. Disfrutar de sus planificados parques, como los Jardines de las Tullerías, los Jardines de Luxemburgo o el Parque de Buttes-Chaumont, mi favorito. Y, cómo no, acabar el día cenando en alguno de los concurridos restaurantes de marcado carácter étnico y precio asequible del Barrio Latino.

martes, 11 de julio de 2017

MÚSICA / Tom Petty And The Heartbreakers, un mito del rock and roll

A estas alturas ya parece claro que, desgraciadamente, ese mito viviente del rock and roll llamado Tom Petty nunca se va a pasar por España. De hecho, con su actual gira de celebración del 40 aniversario con los Heartbreakers, la única fecha de actuación en TODA Europa era el 9 de julio en Londres. Así que parecía un ahora o nunca... ¡Y allí que me fui! El concierto del estadounidense se enmarcaba dentro del festival British Summer Time 2017, que se celebraba en el famoso Hyde Park de la capital británica y que reunía a un buen puñado de artistas, algunos de los cuales supusieron un interesante descubrimiento. Así, por ejemplo, los angelinos The Shelters mostraron un potente rock que bebe tanto de referentes clásicos como de actitud moderna. Por su parte, los texanos Tyler Bryant And The Shakedown protagonizaron una tremenda descarga de blues-rock y hard-rock que hizo estremecerse a todo el personal. Más sutiles fueron The Head And The Heart. Los de Seattle practican un folk-rock indie que enganchó realmente a la audiencia. En cambio, The Lumineers, jugando unas cartas parecidas, no conectaron tan bien con la gente. Después fue el turno de la estadounidense Stevie Nicks, colíder del grupo británico  Fleetwood Mac, del que todavía se guarda buen recuerdo por las Islas. Nicks fue recibida con cariño y su concierto la verdad es que tuvo un perfil bastante sólido para un setlist que, lógicamente, incluyó esperados clásicos de su carrera con Fleetwood Mac, como "Gypsy", "Dreams", "Crying In The Night", "Gold Dust Woman", "Rhiannon" o "Landslide".

Y llegó por fin el momento ansiadamente esperado: aparecieron Tom Petty y sus Heartbreakers, a los que, según dijo, considera incluso más que una familia. Empezaron por el principio, es decir, por una de las canciones ("Rockin' Around (With You)") de su primer disco de 1976 ("Tom Petty And The Heartbreakers"). Hay que decir que el sonido no estuvo del todo fino en este y en el siguiente tema, "Mary Jane's Last Dance" (uno de sus clásicos) -poco volumen, bajo haciendo bola...- pero enseguida se corrigió para poder disfrutar de un setlist formidable, que, por supuesto, incluyó gran parte de sus temas míticos con la banda ("Don't Come Around Here No More", "Learning To Fly", "Refugee" y acabando con el "American Girl"), algunos recientes ("I Should Have Known It", "Forgotten Man") y otros clásicos en solitario de Petty ("You Don't Know How It Feels", "I Won't Back Down", "Free Fallin'", "It's Good To Be King", "Crawling Back To You", "Wildflowers", "Runnin' Down A Dream", "You Wreck Me"), además de una colaboración con la propia Stevie Nicks, "Stop Draggin' My Heart Around".

El feeling del concierto fue muy bueno, con una sensación permanente de que todos actuaban en perfecta compenetración y en comunión con el público; con un Tom Petty que puede que empiece a acusar físicamente los efectos de la edad (va a cumplir ya 67 años), pero musicalmente se le ve totalmente en forma tanto en el escenario como compositivamente, pues sigue haciendo entregas de altísimo nivel, tanto en solitario ("Highway Companion", 2006) como en grupo ("Hypnotic Eye", 2014) y con proyectos paralelos como Mudcrutch, su retomada primera banda. Y qué decir de Mike Campbell, el guitarrista de The Heartbreakers, uno de lo mejores instrumentistas de acompañamiento y un excelente intérprete. Todos y cada uno se conjuraron para hacer posible una noche absolutamente memorable. Y más que espero que queden. Pero, Tom, ¡¡¡ven a España algún día!!!

domingo, 9 de julio de 2017

MÚSICA / Mad Cool 2017: 3º día - Manic Street Preachers, Wilco, Dinosaur Jr...

Y llegamos a la última jornada de esta edición del Mad Cool, que desgraciadamente será recordada por la muerte de Pedro Aunión, aunque ha deparado grandísimos momentos musicales, y eso tampoco hay que olvidarlo. Porque la música es lo que nos reunía a todos estos días. A todos. Y la música es celebración de la vida, es el remedio a los malos momentos y sobrevive a la propia vida de todos y cada uno de nosotros. Las canciones serán recordadas más allá de la muerte de sus compositores, más allá de la gente que la vivió y compartió. La música es más grande que todo. Por tanto, el festival debía seguir. Pero hoy tocaba disfrutar los conciertos con la mente aún puesta en la tragedia. Lo bueno y lo malo, todo forma parte de la vida. Otra cosa son las responsabilidades, y de eso se encargarán la policía y los jueces, y ya veremos si hay responsabilidad o irresponsabilidad por parte de la organización.

En un día de perfil bajo, comenzamos con Wilco a unas horas tempraneras desmerecedoras de su posición privilegiada en la historia de la música. Más allá de eso, los de Chicago volvieron a cautivar a la audiencia con un concierto magistral, rebosante de buenas sensaciones, momentos emotivos y electrizantes. Una lección más. Siguieron los galeses Manic Street Preachers, que demostraron que su propuesta mantiene su total solidez. A pesar de la ausencia del bajista Nicky Wire por problemas familiares cuajaron una actuación prácticamente perfecta, trufada de canciones de todas sus épocas y con una energía digna de sus mejores momentos. Decididamente, la banda podría haber sido cabeza de cartel hoy perfectamente. Concluimos con Dinosaur Jr. Los de Massachusetts dejaron claro por qué son una institución en esto del noise-rock. En activo desde 1984 y recuperada la formación original con J. Mascis, Lou Barlow y Murph, Dinosaur Jr hicieron un certero repaso por sus "grandes éxitos", si es que se puede emplear este calificativo con una banda indie. Su actuación, por cierto, fue cortada unos minutos a las 22:50 para hacer un homenaje a Pedro. Era la hora a la que empezó su actuación del viernes y sonó de fondo la misma canción que le acompañó, "Purple Rain", de Prince. Era lo mínimo que se podía hacer. Pero, como dicen Manic Street Preachers en referencia a la pérdida de su guitarrista Richey Edwards, "Everything Must Go"...

sábado, 8 de julio de 2017

MÚSICA / Mad Cool 2017: 2º día - Green Day, Ryan Adams, Spoon...

Desgraciadamanete, el viernes estuvo marcado por la trágica muerte del bailarín acróbata Pedro Aunión, que formaba parte del espectáculo antes del conicerto de Green Day. Los accidentes pueden ocurrir y quizá el festival deba seguir, pero la falta de información por parte de la organización es reprochable (por la madrugada lanzó un comunicado escueto, y al día siguiente por la tarde otro más amplio) y, en todo caso, las actuaciones que se sucedan deberían reflejar un sentido homenaje al artista.

Musicalmente, el segundo día mantuvo un buen nivel, con predominio de la presencia estadounidense, empezando por las californianas Deap Vally, que se mantienen aferradas a su blues-rock garajero, en la línea de The White Stripes, solo con batería y guitarra-voz.. Las limitaciones de su estilo se compensan con su fuerza en directo. Luego, en un sentido bastante diferente, los texanos Spoon nos hicieron disfrutar con su indie-pop elaborado de múltiples cambios, juegos de guitarras y presencia activa de teclados. Por su parte, Ryan Adams desplegó todo su buen hacer de rock-americana (con algún medio tiempo de más). El de Carolina del Norte sigue fiel a un estilo de raíces inconfundiblemente estadounidense y con sus fans totalmente entregados/as.

Pero el plato fuerte el viernes era Green Day. Los californianos, ajenos a la muerte del acróbata, salieron con mucha feurza y entrega total a concluir su gira internacional por su último disco, "Revolution Radio" (2016). Fueron un vendaval de power-punk-pop que, al menos, hizo a la gente recuperarse anímicamente (a los que conocían la noticia, que no eran muchos), sobre todo por parte del líder, Billy Joe Armstrong, que no paró de arengar a las masas, unas veces con consignas políticas (prolibertades, anti-Trump, etc.) y otras sencillamente resaltando el poder de la música de estar juntos, compartir emociones positivas y vivir el momento. Su filosofía vital concuerda con su espectáculo musical, que se convirtió en una comunión plena con la audiencia (sacando a fans al escenario para que tocaran, cantaran o simplemente participaran) y en un show total con bromas, payasadas, versiones de canciones míticas de la música moderna, etc. Tanto se entregaron que parecía que Green Day no querían abandonar las tablas y nos regalaron un concierto de dos horas y media largas con varios (intentos de) finales y regresos, incluyendo un cierre con Armstrong solo con su acústica. Por el camnio, un glorioso repertorio que abarcó todas las épocas, incluyendo su mítico álbum, "Dookie" (1994).

Después volvieron los recuerdos y no había muchas ganas para más. De hecho, los ingleses Slowdive cancelaron por su cuenta debido a las circunstancias. Eso sí, nadie de la organización informó. Tuvimos que enterarnos por la cuenta de Twitter de la banda.

viernes, 7 de julio de 2017

MÚSICA / Mad Cool 2017: 1º día - Foo Fighters, Quique González, Neuman...


Finalmente, el agua no fue la protagonista de la primera jornada del Mad Cool 2017. Aunque la lluvia descargó cion fuerza hasta las 7 de la tarde, dio la tregua definitiva para disfrutar de la mayor parte del programa del día, que encabezaba el esperadísimo regreso de Foo Fighters. Primero nos encontramos con los murcianos Neuman, comandados por Paco Román, que dejaron un gran sabor de boca con un concierto sencillo y directo de power pop de letras e inspiración musical anglosajonas. Qué mejor que unas guitarras restallantes para empezar el festival. Después nos esperaba Quique González y Los Detectives, que prepararon un concierto especial grabado en directo para editar en CD y DVD. Eso sí, con pequeños cortes de sonido (al menos para los oyentes) que molestaron en algún momento, pero que no empañaron una actuación de gran nivel. Su sonido de rock-americana es probablemente uno de los mejores que se hacen actualmente en este país, combinado con algunas letras (en español) memorables.

Y llegó el momento de los Foo Fighters. La banda de David Grohl venía con ganas, primero, porque hacía seis años que no pisaba un escenario madrileño (el líder prometió no tardar tanto la próxima vez), y segundo, porque la ausencia de lluvia dejó una noche despejada y un tanto mágica, con luna casi llena y nubes con rayos de fondo. Se avecinaba una tormenta, pero sónica. Y así fue durante cerca de dos horas y media, que los estadounidenses empezaron a lo grande con la sucesión de "Everlong", "Monkey Wrench" y "Learn To Fly". Lástima que una cierta falta de volumen permitiera disfrutar mejor este inicio demoledor. Progresivamente, el sonido fue recuperando decibelios hasta el punto deseado. En cualquier caso, el set list fue absolutamente imbatible, mostrando un recorrido por los más de 20 años de carrera de la banda y sus (próximamente) nueve discos, con "Concrete And Gold", de lanzamiento previsto en septiembre y del que adelantaron el single, "Run". El concierto fue contundente, dejando ciertos momentos para alguna interpretación algo más ralentizada, lo que aumentó una emotividad que siempre se mantuvo por las nubes. Grohl presumió reiteradas veces de su entrega total y de su voz inquebrantable, mientras que el resto de la banda actuó en perfecta compenetración y los detalles que dibujaron se percibieron a la perfección gracias al buen sonido técnico. No hubo lluvia, pero hubo un auténtico baño de watios.

Después de este subidón hubiera sido un placer deleitarse con el pop brillante de Belle & Sebastian, pero alguien en la organización pensó que un asistente a Foo Fighters no puede apreciar a los escoceses y, por tanto, solapó las actuaciones. Una verdadera pena, muchos tenemos gustos variados y Belle & Sebastian son una institución de la música en general, al igual que los de David Grohl. El caso es que, visto lo complicado que era comer algo con la avalancha de gente petando lo spuestos de comida, decidimos seguir adelante con Kurt Vile & The Violators. El líder de The War On Drugs estuvo más interesante cuando afiló su propuesta con guitarras eléctricas de intención indie y voz folk que cuando se entregó a algunos momentos más acústicos. En cualquier caso, buena actuación del estadounidense, que demostró que su repertorio tiene bastante más jugo que su conocida "Pretty Pimpin". Y finalizamos la jornada con Catfish & The Bottlemen. Los galeses estuvieron bien porque acumulan dos estupendos álbumes, pero para mi gusto fueron un punto demasiado acelerados y distorsionados. La verdad es que disfruto mejor sus canciones en disco, pero fue un estupendo broche, al menos para lo que vi.

sábado, 1 de julio de 2017

VIAJES / Arribes del Duero (Portugal, Zamora y Salamanca)

El Parque Natural de Arribes del Duero (o Parque Natural do Douro Internacional, en la parte lusa) es una preciosa zona que se extiende a lo largo del río Duero en su paso fronterizo entre España y Portugal, formando una cuenca escarpada llena de magníficos miradores desde los que contemplar un paisaje de belleza singular. Empezamos el recorrido (siempre en coche) en Miranda do Douro, en el lado portugués justo pasada la frontera. Se trata de un pueblo que en sí mismo ya es un mirador, debido a su situación en un alto, justo encima del Duero. La ventaja de alojarse aquí son los precios más económicos, tanto en el hotel (estuvimos en el Hotel Turismo, muy recomendable, con una habitación que parecía una suite y desayuno buffet incluido, todo por 35 euros/día) como en las tiendas y restaurantes. Además, Miranda de Douro es uno de los dos lugares (junto con Aldeadávila de la Ribera -Salamanca-) desde donde tomar un crucero para disfrutar de otra visión de estos parajes y conocer mejor su riqueza medioambiental. El recorrido cuesta 18 euros (aunque en nuestro hotel nos dieron un descuendo del 10%) y dura cerca de una hora ida y vuelta, después de lo cual hay una exhibición de aves autóctonas y degustación de delicioso vino de Oporto.

Iniciamos la ruta de los miradores hacia el sur de Miranda do Douro, tomando la carretera N-221. El destino es el Mirador de Picote, que se localiza en la pequeña villa de Picote y siguiendo un camino de tierra hacia la Casa de l Puio. Un poco más allá se llega hasta una vista espléndida del espectacular meandro que ha horadado con el tiempo el río. De vuelta a la N-221 continuamos hacia Sendim, desde donde seguimos las indicaciones de Cais Fluvial de Pisões por otra pista de tierra. Comienza un descenso desde donde se puede ir parando donde se quiera para disfrutar de la vista. Ahora damos un importante avance por la IC-5 y, nuevamente, por la N-221 hasta Lagoaça, donde está bien señalizado el mirador. Se trata de un punto que queda justo enfrente de la localidad salmantina de Aldeávila de la Ribera, con un paisaje abrupto. Y concluimos esta primera jornada en el famoso Mirador Penedo Durão (ver foto), sin duda, uno de los más impactantes. Se trata de ascender en coche hacia un alto que es el techo de toda la comarca. Imaginaos las vistas. Sencillamente espectacular el atardecer que se puede ver desde allí. Atravesamos la presa de Salto de Saucelle y pasamos la noche ya en territorio español, en el bonito pueblo de Saucelle (Salamanca).

Precisamente desde esta localidad salmantina se hace un corto recorrido conduciendo hacia el Mirador de las Janas. Merece la pena por su estupenda panorámica. A un lado se puede ver el río Huebra, afluente que se ve desmbocando en el mismo Duero, y al otro, al fondo el Penedo Durão. También es fácil avistar rapaces como el águila real, el buitre leonado o el alimoche. Continuamos hacia el norte por la carreteras SA-330 y SA-314 hasta Aldeadávila de la Ribera, desde donde nos dirigimos hacia el Mirador Picón de Felipe. Se deja el coche en el parking (atmbién hay una estupenda área de descanso) y se caminan apenas un par de kilómetros. Las vistas son buenísimas. Y siguiendo por la carretera enseguida se alcanza el Mirador del Fraile, desde el que se contempla con vértigo una de las caídas más abruptas. Sin duda, uno de los puntos más importantes del recorrido. Rumbo noreste llegamos hasta la impresionante Presa de Almendra, formada, en este caso, en el río Tormes, antes de su desembocadura en el Duero. Toda una proeza de la ingeniería. Ahora hacia el oeste, en Fermoselle, ya en la provincia de Zamora, subimos en coche hasta el castillo, otra de las buenas vistas de la zona. Algo más al norte está el pueblo de Fariza, desde donde sale una pequeña carretera hasta la Ermita de Nuestra Señora del Castillo, también con una panorama fantástico. Después de todas las emociones de este día regresamos a Miranda do Douro.

La tercera y última jornada parte de Miranda (no sin antes pasear por su bonito caso antiguo y tomar un rico bacalao) hacia el norte, por pequeños pueblecitos portugueses, hasta Aldeia Nova, donde se acaba llegando al Mirador São João das Arribas, una zona muy abrupta que depara fantásticas vistas. Y volvemos a tierras españolas, en este caso zamoranas, hasta Pino del Oro (que recibió su nombre por la minería aurífera en tiempos del Imperio Romano). A poco más de 3 kilómetros, la carretera se retuerce hasta dar a parar al Puente de Requejo (ver foto), una construcción de 1914 que salva 90 metros de altura durante unos 120 metros de absoluto vértigo. Tanto de un lado como del otro se puede dejar el coche un contemplar extasiado la obra humana y su integración con el impactante paisaje natural. No podía haber un mejor final.

jueves, 22 de junio de 2017

LIBROS / "Crónicas de la América profunda" (2008), de Joe Bageant

El periodista estadounidense Joe Bageant hace un retrato cercano y certero de los blancos pobres de su país y explica por qué estos acaban votando masivamente al Partido Republicano, en contra de sus propios intereses, debido principalmente a la ineptitud del Partido Demócrata para atraerles. Desde diversos puntos de vista (social, económico, político, etc.), Bageant desmenuza con perfecta claridad la vida cotidiana en un pueblo perdido de Virginia. De hecho, el pueblo del propio autor, que también se considera un poco paleto y un blanco empobrecido, aunque, eso sí, socialista. Y se le nota el cabreo de ver cómo sus amigos caen en el discurso populista del Partido Republicano mientras les va jodiendo esa política ultraliberal que ellos mismos apoyan: aceptando salarios de mierda, perdiendo derechos laborales, mendigando una ayuda sanitaria (privada) para sus letales enfermedades contraídas por un estilo de vida insano, eso sí, mientras se les llena la boca con la defensa del poder omnímodo del Imperio Estadounidense.

En este sentido, Bageant tiene otro importante mérito: analizar las causas de la entonces inminente crisis económica: el endeudamiento hasta las cejas, los productos bancarios tóxicos... Pero, ¿y por qué no votan al Partido Demócrata? La actitud distante, tecnócrata y burocrática de sus políticos, la falta de esfuerzos por recuperar a la clase trabajadora blanca, que ve en la defensa de las minorías una competencia por los escasos recursos... Es decir, que Bageant contempla con la impotencia del cronista cómo la falta de una alternativa progresista empuja aún más a este electorado maltratado, a sus propios amigos y conocidos, a perpetuar a los republicanos en el poder en esa América profunda tan apasionante como llena de contradicciones.