martes, 26 de septiembre de 2023

CINE / 71º Festival de San Sebastián (1)

"Fallen Leaves" [****½], de Aki Kaurismäki (Perlak)

Fiel a su estilo de personajes solitarios, con personalidad propia bien marcada, problemas de comunicación pero abiertos al afecto, tendencia al disfrute y abuso, respectivamente, de la música y el alcohol, y con unos principios y una honestidad a prueba de explotación laboral, Kaurismäki construye posiblemente su mejor película. Un sencillo planteamiento de chico conoce a chica (o intenta conocer), a pesar de mil impedimentos, que conquista al espectador con su original y desarmante humor. De fondo (o no tanto), los problemas personales y sociales que amenazan siempre con ahogar al individuo.

"Fingernails" [***½], de Christos Nikou (Sección Oficial)
Un atractivo filme de suave ciencia ficción retrofuturista muestra una sociedad en la que la incertidumbre sobre el amor es más fuerte que nunca. Se ha inventado una máquina que te dice con certeza si estás enamorado de tu pareja o no. Claro que para ello ambos tienen que arrancarse una uña y someterla a análisis. Una prueba de valor y dolor (como el amor). Y los primeros datos masivos son alarmantes: el 80% no están enamorados y se disparan las rupturas. En este contexto se desarrolla una historia que navega bastante bien en la dramedia emocional con apuntes de humor negro, y bastante al estilo de la serie "Black Mirror".
 
"Kalak[***½], de Isabella Eklöf (Sección Oficial)
El drama de un niño víctima de abusos sexuales por parte de su propio padre y de cómo ello ha afectado a su vida emocional ya de adulto: búsqueda compulsiva de relaciones sexuales esporádicas sin implicación afectiva, a pesar de estar casado y tener familia, y posterior tendencia al abuso del alcohol y otras drogas. Todo ello narrado con fría honestidad y meticulosidad, en el muy frío y aislado entorno de Groenlandia, y sin ahorrarse algunas escenas impactantes.

"La sociedad de la nieve" [***½], de Juan Antonio Bayona (Perlak)
Con un despliegue técnico y visual impactante, Bayona nos traslada al conocido accidente aéreo en los Andes, donde un grupo de jugadores de rugby uruguayos se enfrentaron al reto de sobrevivir dos meses y medio a temperaturas bajo cero sin otra cosa para comer que sus propios compañeros muertos. Toda una tragedia que el director expone con mucho detalle y desde una óptica de la valentía, el esfuerzo y el sacrificio para salir adelante. Una épica, en cualquier caso, de personajes sencillos y reconocibles.

"Ex-Husbands" [***½], de Christos Nikou (Sección Oficial)
La crisis de la identidad masculina puesta a prueba a través de varias generaciones que ven fracasar sus proyectos familiares y, específicamente, con sus mujeres, en un tono, eso sí, amable e incluso algo ligero que permite abordar la trama con cierto humor e ironía. Más atinado el personaje de Griffin Dunne como desorientado padre maduro que debe compaginar su divorcio inminente con su incierta nueva vida y las crisis de sus hijos.
 
"Monster[***], de Hirokazu Koreeda (Perlak)
Película al estilo "Rashomon" (Akira Kurosawa, 1950), donde intervienen varios puntos de vista y en la que Koreeda defiende que el comportamiento de unos niños depende de quién y cómo lo cuente. Incontestable en cuanto al planteamiento y la riqueza de detalles, así como en su poético desenlace, menos acertada en el tempo narrativo moroso y en el dramatismo algo exagerado.

domingo, 20 de agosto de 2023

VIAJES / Costa Este de EEUU: Boston y Washington

Más allá de nueva York, la Costa Este de Estados Unidos tiene otras ciudades interesantes de visitar. Una de ellas es Boston, capital de Massachusetts y una de las urbes más antiguas del país, fundada en 1630. Precisamente, ese bagaje le hace ser un referente de la historia de los Estados Unidos, en cuya revolución por la independencia protagonizó eventos clave como la Masacre de Boston y el Motín del Té. Para llegar fuimos por nuestra cuenta comprando billetes de autobús por FlixBus a 57,80 $ la ida y vuelta por persona. La estación de la compañía sale desde Nueva York en la calle 31 con la 8ª avenida y llega en Boston a la South Station, desde la que se alcanza el centro urbano en un paseo de 15 minutos cruzando el barrio chino.

La mejor manera de ver Boston es seguir el Freedom Trail (una línea en las calles a veces pintada y a veces con adoquines de colores) que recorre los lugares más emblemáticos. Comienza en el Boston Common, el mayor parque de la ciudad (y el más antiguo de EEUU, tras inaugurarse en 1634), pasamos por el Massachusetts State House (Parlamento) con su cúpula de oro, la iglesia Park Street, el cementerio Granary Burying Ground (donde descansan Samuel Adams, Robert Treat Pain y John Hancock, tres de los 56 firmantes de la Declaración de Independencia). Luego está la Escuela Latina con su estatua de Benjamin Franklin, del cual también visitamos la casa donde nació (hay una efigie y una leyenda pero hoy en día es una tienda). Después nos dirigimos a la Old South Meeting House, donde se celebró la reunión que dio comienzo al famoso Motín del Té (Tea Party) de 1773, que a su vez desencadenó la guerra de independencia, la Old State House, antigua sede del Gobierno colonial británico, y el Faneuil Hall, que se encuentra junto al Quincy Market, mercado gastronómico donde comimos tan ricamente. Además, no podía faltar en nuestro viaje una visita a "Cheers" (en el 84 de Beacon St.), la taberna que sirvió de modelo para la mítica serie de los 80. El interior no es el de la serie, porque se rodaba en estudio, pero tanto la entrada como la barra y la sala son el modelo perfecto de agradable taberna bostoniana, incluyendo el emblemático cartel y una tienda de merchandising muy concurrida.

A Washington D.C., capital federal de los Estados Unidos, llegamos en tren a través de la compañía pública Amtrak, por 51 dólares ida y vuelta por pasajero, una buena oferta que pillamos con varios meses de antelación. Salimos de la estación Moynihan Train Hall (en el 350 de la calle 33 Oeste, en Nueva York) y con destino a la Union Station de Washington. Lo primero que teníamos reservado era la visita al Capitolio (a 15 minutos andando), en cuya web hay que registrarse con unos tres meses de antelación. Por lo demás, la entrada es gratis, como muchas cosas en Washington. El edificio está en obras en su parte de atrás, donde se produjo el asalto de los trumpistas, supongo que por los destrozos que causaron esos descerebrados. El caso es que pasamos por la entrada subterránea, no sin antes atravesar los preceptivos controles de seguridad. Te adjudican uno de los tours guiados donde te resumen un poco la historia del edificio y sus funciones. Además, te enseñan un par de salas con estatuas y cuadros significativos, aparte de estar en el hall bajo la impresionante cúpula. Después de ello nos quedamos con ganas de más y preguntamos si se podía entrar en el Congreso y el Senado. Y, efectivamente, con unas rápidas acreditaciones se podía. Eso sí, había que dejar en taquilla los móviles, pues no se permiten las fotos. Una lástima. En cambio, nos encontramos con un personal agradable que contestaba a las preguntas y dudas de la gente sobre el trabajo en las cámaras.

Después nos dedicamos a recorrer la llamada National Mall, una amplísima avenida que va desde el Capitolio hasta el Memorial a Lincoln, pasando por el Memorial a George Washington (el famoso obelisco) y muchos museos que se despliegan a ambos lados de la gran arteria. Y todos gratuitos. Aunque, eso sí, conviene reservar con antelación en los más conocidos, como el Museo Nacional del Aire y el Espacio o la Galería Nacional de Arte. Al llegar al obelisco, a la derecha se camina hasta la Casa Blanca, residencia del presidente dentro de una finca tan grande que el edificio permanece oculto y solo se puede contemplar desde la entrada del 1600 de la Avenida de Pensilvania. A todo esto hay que aclarar que las distancias son considerables en esta zona monumental de Washington, por lo que hay que estar preparado para buenas caminatas o bien complementar el paseo con la ayuda de un bus especial que hace un recorrido circular por los principales sitios de interés a un precio de 1 dólar. Tras pasar por el Memorial a los Veteranos del Vietnam, dentro del Constitution Garden, se alcanza el espectacular Memorial a Lincoln, uno de mis presidentes estadounidenses favoritos, que comprendió que no podía permitirse la esclavitud. Muy cerca está el río Potomac, tan significativo en la Guerra Civil. Cruzándolo ya estamos en el estado de Virginia y se puede ver el enorme cementerio de Arlington y, un poco más allá, el Pentágono.

viernes, 18 de agosto de 2023

VIAJES / Nueva York, la ciudad que nunca duerme

Volvía a Nueva York 20 años después de mi primera visita, de la que recuerdo una ciudad bulliciosa, cara y llena de lugares míticos. Y sigue siendo ese sitio que parece no dormir nunca, repleto de cosas que hacer y ver, habitado por gente tan marcada por la prisa como extremadamente amable e interactiva con el turista, multicultural al máximo (recordemos que sigue siendo una ciudad santuario en la que puedes trabajar aunque no tengas papeles)... Y sí, muy cara, desde restaurantes y ocio (con propinas añadidas) hasta supermercados. Pero también con el atractivo magnético que le otorgan sus rincones vistos mil veces en películas, su skyline cada vez más repleto y más elevado, sus espacios verdes para el descanso y encabezados, cómo no, por el gran Central Park, pero asimismo por nuevos espacios que han proliferado en los últimos años, como el muy recomendable High Line (recuperación verde de un antiguo tramo de tren elevado en la parte oeste).

Antes de nada comentar que para moverse por Nueva York lo mejor es el metro o el bus y, por supuesto, a pie. Para el transporte público, que funciona de maravilla, es muy recomendable comprar por 1 $ la Metrocard, que te permite cargar por valor (si no la vas a usar mucho, a 2,75 $ el trayecto) o por tiempo (si vas a usarla mucho, a 33 $ los siete días o 127 $ un mes). Para llegar desde el aeropuerto JFK hay que tomar al AirTrain por 8,25 $, antes de enlazar con el metro. También recomiendo adquirir alguna de las opciones de Go City para entrar en diversos sitios (algunos, además, hay que reservarlos con meses de antelación como el Empire State o la Estatua de la Libertad). Por ejemplo, nosotros escogimos el pase Explorer de 5 atracciones por 159 $ para visitar los miradores del Empire State Building, Rockefeller Center, One World y Edge, así como tomar el ferri a la isla de la Libertad.

Empezamos por la isla-distrito de Manhattan, el corazón más reconocible de Nueva York, donde inicialmente nos alojamos en los apartamentos Yorkville, dentro del Upper East Side, una zona prohibitiva por sus altos precios pero cuyo barrio de Yorkville, habitado por muchos inmigrantes, precisamente es más asequible. El Upper East Side es una zona tranquila donde pasear por sus cuidadas calles, lugares elegidos por muchos famosos para vivir, como la discreta casa de Woody Allen (en el 118 de la calle 70 Este) o la enorme mansión de Madonna (en el 152 de la calle 81 Este). Sus principales atractivos son el estar cerca de la Milla de los Museos, encabezada por el Metropolitan y el Guggenheim, y junto al Central Park, el mayor espacio verde de la ciudad, un oasis, una maravilla. Aquí encontramos enclaves como la pradera Great Lawn, el lago Jacqueline Kennedy Onassis, el castillo de Belvedere, el Delacorte Theater (donde se celebra el festival Shakespeare In The Park) y el reloj musical Delacorte (cada hora, una canción y un desfile de animales) -sí, ese que sale al final de la peli de Woody Allen "Día de lluvia en Nueva York" (2019)-. Por supuesto, está el espacio Strawberry Fields, que homenajea a John Lennon justo enfrente del edificio Dakota donde vivía y en cuya puerta fue asesinado en 1980.

El Midtown es el verdadero corazón urbano de Nueva York, donde está el epicentro de Times Square y su mítico paisaje repleto de pantallas gigantes, de colas donde la gente espera para comprar entradas de musicales a un precio no tan caro y donde todos quieren hacer acto de presencia para hacerse fotos. En la zona están edificios emblemáticos como el Empire State Building, el Rockefeller Center (y su pista de patinaje), el Chrysler, el nuevo One Vanderbilt, la catedral de San Patricio, el Madison Square Garden (hogar de los New York Knicks de baloncesto), calles llenas de tiendas y restaurantes de todo tipo (aquí sí podemos encontrar tarifas más variadas). La Sexta Avenida es un ir y venir constante pero a veces se cierra para acoger un mercadillo o el desfile por el día de los dominicanos. También hay sitios para el relax como el Bryan Park, que cuenta con wifi, muchas sillas y mesas para comer o descansar al aire libre, además de actuaciones musicales gratuitas en verano. Siguiendo por la calle 42 también encontramos la sede principal de la Biblioteca Pública de Nueva York, la Grand Central Terminal (con su imponente techo) y, al final en el lado Este, la sede las Naciones Unidas y un parquecito muy cuco, el Mary O'Connor Playground. Y en Sutton Place Park, en la confluencia de la calle 57 con el Río Este, damos con unas espléndidas vistas del puente de Queensboro, mítico por ser escenario reconocible del film de Woody Allen "Manhattan" (1979). Para entonces, ya hemos cambiado nuestra estancia al Riu Plaza New York Times Square, un excelente alojamiento de inauguración reciente a dos manzanas de Times Square y en todo el meollo de la ciudad que nos permite acometer visitas al sur de la isla.

Justo debajo del Midtown se encuentran los barrios de Union Square, Flatiron District y Grammercy. El emblemático edificio Flatiron es la referencia aquí, donde también merecen una visita los parques Madison Square (coqueto y arreglado) y Union Square (lleno de reuniones y actividades como un mercadillo). Pasamos al centro-oeste de Manhattan, hacia los barrios de Greenwich Village, Chelsea y Meatpacking District. Destaca el nuevo rascacielos Edge, que tiene un balcón mirador con una zona de suelo transparente y vistas de vértigo. A sus pies ha abierto el Little Spain a cargo del chef José Andrés, un espacio culinario donde se ofrecen diversas muestras de cocina española a modo de pequeño mercado. Fuera está la instalación artística Vessel y una zona de hamacas con pantalla gigante donde descansar viendo alguna retransmisión. Por aquí empieza también el High Line, una larga zona verde fruto de la recuperación de una antigua vía férrea elevada que ahora se ha convertido en un paseo original y muy agradable. Todas estas nuevas iniciativas, y otras, se enmarcan en un proyecto de urbanismo sostenible dentro del recuperado barrio de Hudson Yards. Pasear por el Village es recorrer la historia cultural de la ciudad, desde los literatos y músicos hasta el movimiento de liberación gay. Llegamos a la Sexta Avenida con la calle 4 para ver partidos callejeros de baloncesto de la Summer Pro-Classic League. Y descansamos en Washington Square Park tras atravesar su Stanford White Arch.

En el Lower East Side, Chinatown, Noho, Soho y Little Italy destacan los garitos de moda, las galerías de arte y la multiculturalidad de los chinos (crecientes) e italianos (menguantes). Aunque para mí la pena es que ya no existe el CBGB, el mítico sitio de conciertos punk de la calle Bowery, 315 con Bleecker St. (menos mal que estuve en 2003). Chinatown es un enorme barrio donde se da la mayor concentración de chinos fuera de su país. Se puede comprar barato en sus tiendas y comer a un precio muy asequible en sus restaurantes. Choca con la cada vez más pequeña comunidad de Little Italy, reducida a apenas una calle principal (Mulberry St.), eso sí, llena de restaurantes altamente decorados a la italiana. También sobreviven por aquí los cines independientes de películas de autor, como el Film Forum y el Angelika Center.

Al sur se sitúa el Lower Manhattan, donde se ubica el nuevo edificio One World, que sustituye a las Torres Gemelas, cuyo espacio es ahora un sentido y muy logrado homenaje a las víctimas del infame atentado. Cerca está Wall Street, el núcleo financiero y especulativo de los Estados Unidos... y del mundo. Y también en las inmediaciones está Battery Park, de donde salen los ferris hacia la Estatua de la Libertad (previamente reservado). Primero llegamos directamente a la isla de la Libertad, donde podemos estar todo el tiempo que queramos y luego teníamos una entrada extra para subir a la corona. Subimos primero en ascensor hasta el pedestal y luego, a través de una escalera metálica de caracol de 162 peldaños, hasta la propia corona, desde donde la vista no es especialmente espectacular (se ve el skyline de Brooklyn) pero sí el hecho de estar ahí arriba y mirar por las ventanitas de la cabeza. Después, el ferri hace parada en la isla de Ellis, el lugar históricamente ligado a la inmigración y donde quienes querían entrar en el país pasaban la cuarentena en barracones. Ahora hay un museo que recuerda esa historia. Finalmente, volvemos al sur de Manhattan y caminamos hacia el conocido puente de Brooklyn, que se puede atravesar andando a través de sus 1,8 km de longitud.

Más allá de Manhattan, Nueva York tiene el barrio norte de Harlem y otros cuatro distritos no tan visitados (Bronx, Queens, Brooklyn y Staten Island) pero algunos de los cuales bien merecen un paseo. En el norte está Harlem, donde un domingo nos dirigimos a la iglesia Bethel Gospel Assembly (en el 26 de la calle 120 Este) para asistir a una misa con música góspel 100% afroamericana. A partir de las 10:15 allí estuvimos (no sin antes hacer cola) y, más allá del componente religioso, disfrutamos de la buena música interpretada con una banda de batería, teclistas y trompeta, junto con potentes y angelicales voces de canto principal y coros. Luego pasan el cepillo y se puede contribuir (o no), aunque, eso sí, comulgamos con un pack de comunión que repartieron a todos los asistentes. Más arriba todavía llegamos a Washington Heights, con un claro ambiente latino, donde se ubica la Hispanic Society y su impagable colección de pinturas del maestro español Joaquín Sorolla. Y digo impagable también porque la entrada es totalmente gratuita, ¡algo inconcebible en Nueva York! Allí albergan unos cuantos cuadros emblemáticos del pintor valenciano y, sobre todo, se encuentra el motivo por el que fue contratado: entre 1913 y 1919 realizó 14 murales de tres metros y medio de alto por setenta metros de largo como homenaje a las diversas regiones de España y titulado, precisamente, "Visión de España". Una maravilla.

Ya fuera de Manhattan, al noreste está el Bronx, nombre que nos retrotrae a violencia, crímenes, narcotráfico y corrupción policial que durante años asolaron el distrito. Baste recordar la muy recomendable película "Distrito Apache" (Daniel Petrie, 1981), protagonizada por Paul Newman. Pues bien, gracias al tour Contrastes de Nueva York visitamos la comisaría y el vecindario donde se rodaron las escenas principales del filme. También contemplamos los graffitis y murales más significativos del barrio que hoy mantiene su orgullo y ha logrado reducir los índices de pobreza y criminalidad. Y pasamos por la casa donde la policía acribilló con 41 disparos al inocente inmigrante Amadou Diallo, de 23 años. Bruce Springsteen compuso en su honor la canción "American Skin (41 Shots)". En la frontera con Manhattan está el famoso estadio de béisbol de los Yankees.

En Queens, el distrito más extenso y multicultural de Nueva York, nos adentramos en la zona residencial de Malba, con impresionantes mansiones que contrastan con la humildad del resto del distrito. Cerca está Flushing Meadows Corona Park y las sedes del torneo de tenis US Open y del estadio de béisbol de los Mets (eternos rivales de los Yankees). En Brooklyn recorremos el barrio judío de Williamsburg, considerado la segunda comunidad judía ortodoxa más grande del mundo. Otro universo. Sin embargo, en el mismo Williamsburg, pero hacia el Río Este, se abre un barrio de moda con sus tiendas, sus garitos y sus bares y restaurantes modernillos. Y, llegados a DUMBO (Down Under the Manhattan Bridge Overpass), disfrutamos del mercadillo que hay los fines de semana y hacemos otra foto cinéfila clásica. Se trata de la recordada escena de "Érase una vez en América" (Sergio Leone, 1976), en la confluencia de las calles Washington y Water, con vistas al puente de Manhattan. De cine.

lunes, 17 de julio de 2023

TEATRO / 46º Festival de Teatro Clásico de Almagro

"La Celestina" es una de las obras cumbres de la literatura universal. Escrita por Fernando de Rojas en el año 1500, aparentemente se presentaba para mostrar y criticar el amor alocado de los jóvenes pero, lejos de eso, en realidad es una perfecta exaltación del goce en esta breve vida y una tremenda burla a la hipocresía. Y llega al Festival de Teatro Clásico de Almagro con una estupenda puesta en escena bajo adaptación de Eduardo Galán, dirección de Antonio Castro Guijosa y protagonizada por una gran Anabel Alonso como la propia Celestina y una resuelta Claudia Taboada como Melibea, principalmente.

También el marco incomparable de Almagro nos ofreció "La discreta enamorada", una comedia del magnífico Lope de Vega escrita en 1604. Se trata de un juguetón entretenimiento con una puesta en escena divertida y un argumento de amoríos, enredos y malentendidos. Llevada a las tablas por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con dirección (y también actuación) de Lluís Homar. Bastante disfrutable.

sábado, 8 de julio de 2023

MÚSICA / Mad Cool 2023: The Black Keys, Spoon, HotWax...

El Mad Cool estrenaba nueva ubicación en Villaverde y el resultado ha sido bastante satisfactorio porque dentro se estaba a gusto, pudiendo ir de un escenario a otro (ocho en total) sin agobios ni mayores problemas. Lo mismo con el acceso a barras, puestos de comida o servicios (bueno, estos deberían estar más repartidos), donde todo fue muy fluido. Además, la situación del recinto accesible por transporte público marca la diferencia: metro, autobuses  y cercanías estaban disponibles a una distancia andando razonable. Y para la vuelta, además de los buses lanzadera, el metro amplió su horario hasta las 4 de la mañana. Todo un acierto.

Musicalmente, The Black Keys cerraron por todo lo alto la jornada del viernes 7. El blues rock garagero de los de Akron (Ohio) sonó con potencia, a pesar de ciertos problemas técnicos iniciales, mostrándoles en magnífica forma y ofreciendo un repertorio muy variado, aunque encabezado por sus mejores álbumes ("Brothers" -2010- y "El Camino" -2011-). Dan Auerbach estuvo imponente a la guitarra y la voz, mientras que Patrick Carney aplicó su habitual contundencia a la batería. Un dúo que ha conseguido volver a poner de moda el blues rock y que tuvo al público entregado cantando la mayor parte del tiempo. Abrieron la jornada (horario injusto para su valía) Spoon y su indie rock elaborado, unas veces sutil y otras más contundente. Los de Austin (Texas) se ganaron al público a pesar del calor importante que hacía a las 6 de la tarde (aunque desde la organización se pasaban de vez en cuando para regarnos con agua). Repasaron buena parte de su carrera e hicieron hincapié en su último y estupendo trabajo, "Lucifer On The Sofa" (2022).

Los escenarios pequeños depararon grandes sorpresas. Así pudimos caer rendidos ante el punk rock de HotWax. El trío de británicas todavía no tiene un disco de larga duración pero ya cuenta con canciones que apuntan muy buenas maneras. Energética y explosiva su puede calificar su actuación, donde sobresalió la voz rasgada de la cantante y la habilidosa técnica de la bajista. Los también británicos Stone mostraron un indie rock que combina asimismo elementos de punk y hip hop. La actitud descarada del cantante prevaleció, así como la fuerza de sus canciones, a pesar de algunos problemas iniciales de sonido. Y otros de las islas que engancharon al personal fueron los londinenses Bombay Bicycle Club, con su indie-pop-rock-folk, su buena actitud en el escenario y su especial conexión con la audiencia.

Impresionados quedamos con los islandeses Kaleo y su blues rock que parecía recién extraído del Sur de los Estados Unidos. Tremenda dosis bluesera de guitarras y voz profunda y rasgada. Realmente sorprendente cómo ciertos sonidos se han convertido en universales. Por su parte, Queens Of Stone Age descargaron con destreza y un brillante sonido su rock duro americano que tiene sus momentos. Finalmente, cabe destacar a la también estadounidense Angel Olsen que, aunque mostró una actitud de cierta desgana, ofrece un digno muestrario de indie-country-rock con algunos temas adictivos.

domingo, 25 de junio de 2023

MÚSICA / Tomavistas 2023: La Paloma, Los Punsetes, Sidonie, Ladytron...

Nueva edición del Tomavistas, ya de regreso a su lugar de origen, el Parque Tierno Galván, un lugar ideal para un festival. Es un espacio bonito, arbolado y con césped, con un auditorio donde desde cualquier lado se ve todo perfecto, con solo dos escenarios principales donde los conciertos son consecutivos (y no simultáneos), además de un tercero de rollo más relajado, con aforo limitado que permite estar muy a gusto, lleno de una buena oferta de bares y comida, con accesos claros y bien habilitados... En fin, el paraíso del melómano. Y si además hay buen gusto musical, pues ya perfecto.

Solo estuve el sábado 24, día en el que mi prioridad absoluta era ver a La Paloma, la nueva banda madrileña que se ha estrenado con un auténtico discazo de indie-rock de influencia muy noventera, "Todavía no" (2023). ¡Como para perdérselos! Estuvieron impecables, directos y guitarreros, dando muestras de lo sólidos que son ya como banda, con los dos líderes turnándose a las voces y con un catálogo ya de canciones magníficas realmente imbatible: empezaron con "Sigo aquí" pero de este disco también cayeron "Algo ha cambiado", "Caracola pálida", "El adversario" o "No es una broma", entre otras del álbum, así como gloriosos temas previos como "Bravo Murillo", caldeando aún más el ambiente ya de por sí caluroso de las 16:20, hora a la que empezaron (aunque ya merecerían salir más tarde).

El otro plato fuerte para mí eran Los Punsetes, que venían presentando el estupendo "AFDTRQHOT" (2022), aunque su repertorio supuso un buen recorrido por su carrera. El indie-pop-rock que practican es muy particular, sobre todo por sus letras ácidas y una Ariadna estática (y con vestimentas imposibles) que es un verdadero emblema. Tenéis que escucharlos si no los conocéis. También merecieron la pena los barceloneses Sidonie con su pop y su empatía, los gerundenses Cala Vento y su powerpop enérgico, los angelinos Allah-las y su rock psicodélico (aunque un poco lánguido), y el electro-pop de Ladytron y de Metronomy.

domingo, 11 de junio de 2023

MÚSICA / Primavera Sound Madrid: Depeche Mode, más allá del tiempo

El plato fuerte del viernes 9 de junio en la primera edición madrileña del Primavera Sound fueron sin duda Depeche Mode. Los británicos vienen con uno de sus mejores discos en años bajo el brazo, "Memento Mori" (2023), que supone una despedida y recuerdo al fallecido Andy Fletcher, hablando del paso del tiempo, de los efectos de este y de la necesidad de aprovecharlo que nos queda. Así que, además de sus himnos clásicos, también sonaron nuevos temas (3), que dan buena idea de la atmósfera que generan y que encajan perfectamente con su repertorio, especialmente la gloriosa "Ghosts Again". Todo sonó a la perfección, con unas imágenes de fondo muy sugestivas, y tanto Dave Gahan como Martin Gore ejercieron de colíderes con disciplina e intensidad, arrastrando a un público ya entregado en los momentos álgidos, que fueron casi todos. Por supuesto, no faltó la interacción con el público en canciones como "Never Let Me Down Again" (esos brazos al viento) o "World In My Eyes" (sentido homenaje a Fletcher). Y, por supuesto, también cayeron "Walking In My Shoes", "It's No Good", "Everything Counts", "Precious", "Home", "I Feel You", "Stripped", "Enjoy The Silence", "Just Can't Get Enough" y "Personal Jesus". Dos horas de concierto que depararon una noche memorable.

Lo bueno de los macrofestivales es que tienes la oportunidad de ver s bandas no tan masificadas (pero igualmente buenas) e incluso conocer otras. Así, ese mismo día pudimos disfrutar del indie rock de los escoceses The Delgados, del techno pop de los neoyorquinos Nation Of Language, de la intensidad rock de los texanos The Mars Volta, del hardcore de los angelinos Bad Religion, del pop de la francesa Christine And The Queens y del electropop dela británica Georgia. Pero lo malo de los macrofestivales también afloró: dentro, por la imposibilidad de ver todo lo que interesa al haber 12 escenarios distintos en los que coinciden muchas bandas simultáneamente. Y fuera, por celebrarse lejos, en Arganda del Rey, en un lugar sin apenas acceso en transporte público, muy dependiente de los coches (que rápidamente atascaron las dos entradas y a los que veníamos en los buses lanzadera). Ello llevó a que mucha gente llegara tarde, muy tarde. Algo grave a corregir para próximas ediciones.


Setlist de Depeche Mode en el Primavera Sound Madrid (9-6-2023).


jueves, 1 de junio de 2023

HUMOR / Les Luthiers se despiden con "Más tropiezos de Mastropiero"

El más grande grupo humorístico-musical de la historia, Les Luthiers, se despide para siempre de los escenarios con un show absolutamente nuevo (el primero original desde hace 15 años), "Más tropiezos de Mastropiero", pero que se basa en su personaje más clásico, el ficticio compositor Johann Sebastian Mastropiero. Las risas están servidas. Su humor es el de siempre y, aunque faltan míticos componentes ya fallecidos (Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock), todo funciona a las mil maravillas: los juegos de palabras, malentendidos y diálogos chispeantes se suceden, junto con números musicales tan virtuosos como tronchantes, realizados con instrumentos musicales de fabricación propia.

El espectáculo gira en torno a una supuesta entrevista (culta, aguda, documentada y ejemplificada) al tan referencial como catastrófico creador Mastropiero. En el transcurso de esa charla se rememora, con oportunos ejemplos musicales y escénicos, buena parte de la vida del compositor, desde sus primeros hasta sus más recientes... fracasos. Los autores de esta última actuación son dos de los integrantes históricos del grupo, Carlos López Puccio y Jorge Maronna. Además de ellos, el elenco de Les Luthiers completa con Roberto Antier, Tomás Mayer-Wolf, Martín O’Connor y Horacio Tato Turano, y actúan como alternantes Santiago Otero Ramos y Pablo Rabinovich (sin relación con Daniel). Un glorioso punto y final a su carrera. ¡No se lo pierdan! Del 31 de mayo al 25 de junio de 2023 en el Gran Teatro CaixaBank Príncipe Pío, de Madrid.

sábado, 20 de mayo de 2023

MÚSICA / El regreso de Surfin' Bichos

Con disco nuevo bajo el brazo después de ¡30 años! ("Más allá", 2023) regresan los albaceteños Surfin' Bichos también al directo con su concierto el jueves pasado en La Paqui, de Madrid. Allí recuperamos las viejas sensaciones casi como si el tiempo no hubiera pasado. Buen sonido y actuación compacta que denota el feeling y la compenetración entre los integrantes, los mismos cuatro de (casi) siempre: Fernando Alfaro y su voz susurrante y feroz, Joaquín Pascual y sus guitarras distorsionadas y melódicas, así como Carlos Cuevas a la batería y José Manuel Mora al bajo. Todo sonó brillante y actual, e incluso muchos de los temas del disco nuevo parecieron complementar de forma lógica el cancionero clásico. Recalando, precisamente, de forma especial en el nuevo trabajo, la banda tocó nueve de sus canciones, por delante del álbum "Hermanos carnales" (1992), del que eligieron siete, sin olvidar tres de "Fotógrafo del cielo" (1991), tres del inicial "La luz en tus entrañas" (1989) y dos de "El amigo de las tormentas" (1993). Un doble bis culminó una actuación sublime, arropada por fieles seguidores y con la sensación de que hay Surfin' Bichos para rato.

viernes, 5 de mayo de 2023

MÚSICA / El viaje sonoro de Yo La Tengo

El concierto de Yo La Tengo en el Warner The Music Station fue todo un viaje sonoro, tanto en cuanto a repaso de su carrera como a variedad de texturas y sonidos. Dividido en dos sets, el primero tuvo un tono general más tranquilo, navegando sobre todo por su último y estupendo disco, "This Stupid World" (2023), con temas notables como "Sinatra Drive Breakdown", "Tonight's Episode" o "Aselestine". Pero en la segunda parte llegó la descarga sónica con un Ira Kaplan desatado a la guitarra, siempre con una Georgia Hubley remarcando con su dulce voz y un James McNew preciso al bajo y teclados. Aquí llegaron los tour de force de "Cherry Chapstick", "Fallout" y "Brain Capers" (dignos "clásicos" de su último álbum), "Big Day Coming", "Autumn Sweater" y cerrando con una "Blue Line Swinger" que es en sí misma un paradigma de gloriosa progresión. En todo momento, al grupo se le vio compenetrado, cambiando posiciones instrumentales, y con buena conexión con el público, sobre todo con Ira Kaplan hablando con los fans de las primeras filas sobre camisetas vintage... Por eso abrieron los bises con "Decora", de su referencial disco "Electr-O-Pura" (1995). Y concluyeron el concierto con sendas versiones de The Kinks ("This Is Where I Belong") y de The Velvet Underground ("I Found A Reason").


Setlist de Yo La Tengo en Warner The Music Station Madrid (2-5-2023).