domingo, 24 de marzo de 2013

ECONOMÍA / Crisis económica: análisis y solución



¿Qué ha pasado?

A estas alturas de la crisis económica (2008-?) parece claro que la culpa no fue de Zapatero. Pocas personas pueden vanagloriarse de haber predicho con suficiente antelación la enorme catástrofe que se avecinaba en los países de economía capitalista desarrollada. Menos aún los políticos, en su mayor parte meros gestores aficionados a estadistas (en algunos casos, aceleradores del proceso; en otros, directamente aprovechados). La crisis actual es de una complejidad enorme y atañe, por un lado, a la desregulación del sistema económico, que permitió el auge de productos derivados y otros productos tóxicos que embaucaron a mucha gente y a su dinero (fue causa de la primera parte de la crisis en Estados Unidos y en España se está viviendo con las preferentes, por ejemplo). Por otro lado, la burbuja inmobiliaria (existente tanto en Estados Unidos como en muchos países europeos, como -por este orden- Irlanda, Países Bajos, Reino Unido, Francia y España) ha dejado atrapada a mucha gente con créditos imprudentes sobre precios irrealmente elevadísimos, al tiempo que ha lastrado a muchas entidades financieras con relativamente altas tasas de morosidad. A su vez, una de las principales causas de la burbuja (y del recalentamiento de la economía) fueron los tipos de interés bajos fomentados por el Banco Central Europeo (y sobre los que, recordémoslo, los países de la Unión Europea no tienen control), principalmente por conveniencia de una Alemania que necesitaba dinero barato para su reunificación. Pero vino bien a todos: a las personas para comprar viviendas (esa tradicional costumbre española) y a las empresas para generar operaciones apalancadas.Y a los Gobiernos (central, autonómico y municipal) para recaudar a espuertas con tanto movimiento económico. Pero nos pasamos de frenada, la gente (la clase alta y no tan alta) pasó de comprar viviendas para uso habitual a especular con ellas a corto plazo, las compañías empezaron a sobreendeudarse y las Administraciones miraron para otro lado. Todos (los listillos) sacaron tajada. Así, cuando todo colapsó nos encontramos con la desaparición del sector inmobiliario (sólo la inversión residencial llegó a suponer el 9,2% del PIB en 2007), con lo que supuso de paralización de la actividad económica, desempleo masivo y cese de pagos a las Administraciones (ni por actividad, ni por licencias, ni por impuestos de sociedades ni por IRPF), disparando al tiempo los gastos sociales por todo el paro que empezaba a crecer. Por tanto, la caída de la construcción provocó un efecto de arrastre en la producción nacional, en las cuentas del Estado y en el tejido social del país. Desde ese momento, se empezó a desbocar la deuda pública. Lo que faltaba, porque la deuda pricada ya se había puesto por las nubes de tantas empresas que se habían apalancado y de tantas personas que se habían hipotecado. La deuda pública en España siempre fue moderada, pero ciertamente en los años de bonanza fue baja, muy baja en comparación con nuestro entorno. Digamos que lo contrario de Alemania, que incumplió 14 veces los criterios de Maastricht (claro que a ellos nunca se les penalizó por aquello ni fueron públicamente humillados). En concreto, la deuda pública española era del 36,2% en 2007 y se empezó a disparar sencillamente porque cayeron los ingresos y aumentaron los gastos de forma drástica y rápida.

A ello se sumó pronto la crisis financiera, cuando se desveló la infame gestión de cajas y bancos, que concedieron un exceso de créditos de difícil cobro (o a instancias de presiones políticas, en el caso de muchas cajas), incumpliendo cualquier principio racional de prudencia. Varias entidades se nacionalizaron (con el consiguiente sobrecoste de dinero público), algunas simplemente colapsaron (y fueron regaladas tras ser "salvadas"), pero la mayor parte inició una equivocada senda de concentraciones que no hizo sino extender la toxicidad por todo el sistema. Total, el entramado financiero quedó embotado, sin posibilidad de seguir ofreciendo siquiera los necesarios créditos para la marcha de las empresas generadores de actividad de este país. Por ello, a las muchas compañías que ya estaban cayendo por su pertenencia o relación el sector inmobiliario, ahora se unían todas las demás que no podían obtener financiación para su mantenimiento. Resultado: más batacazo del PIB, más desempleo y más descuadre de las cuentas públicas (del superávit del 2,4% en 2006 y del 1,9% en 2007 a los déficits del 4,5% en 2008, 11,2% en 2009, 9,7% en 2010, 9,4% en 2011 y 10,6% en 2012; y la deuda pasa del citado 36,2% de 2007 al 69,3% de 2011, al 88,4% de 2012 y al 90,5% previsto para 2013). El desfase se acrecentó porque se tomó la decisión (tanto por parte de PSOE como de PP) de utilizar dinero público para restacar al sistema bancario, incluyendo aquellos de nefasta gestión: más de 60.000 M€ entre 2010 y 2012 para todo el sistema financiero, a los que hay que sumar los 40.000 M€ pedidos prestados a Europa (a cambio de recortes generales del gasto, es decir, la austeridad, que es la -errónea- política que tomado la Unión Europea para afrontar esta crisis).

Ante el desbarajuste de las cuentas, con déficit y deuda crecientes, deuda privada por las nubes y nulas perspectivas de crecimiento, se originó la siguiente fase: la crisis de la deuda soberana. Es decir, los prestamistas internacionales nos empezaron a considerar un país de riesgo y exigieron mayores tipos de interés para seguir dejándonos dinero. Y la Unión Europea, en un nuevo alarde hacer bien las cosas, nos dejó solos ante la prima de riesgo (comparación con el -bajo- riesgo de Alemania) en lugar de asumir la deuda como el conjunto de países con moneda única que somos. Por tanto, durante los últimos años, España se ha estado financiando con tasas sobreelevadas con respecto al riesgo real que indicaban sus (todavía salvables) cuentas, de modo que ya en los Presupuestos de 2013 se contempla el pago de 38.589,55 M€ en intereses (frente a los 28.841 M€ de 2012) y subiendo... A este panorama desolador se ha sumado un nuevo error: la austeridad como forma de atacar la situación de crisis. Y es que si no se comprenden el origen y las causas de nuestra situación, y no se aprende de las lecciones de historia económica, las cosas van a ir a peor. Eso es lo que ha estado ocurriendo en nuestro país en los últimos tiempos, a raíz de las decisiones del último periodo del Gobierno de Zapatero y del actual Gobierno de Mariano Rajoy. Los recortes de gasto lo único que han provocado ha sido un mayor hundimiento de nuestra economía, abocada a prolongar la recesión y a padecer cifras astronómicas de paro durante demasiado tiempo. Si a un sector privado maniatado (sin créditos para crecer y sin demanda que consuma) se le suma un sector público que no gasta, ¿quién tirará del carro? Y eso nos lleva a la cuestión de qué hacer. Pero antes...

¿Qué se debería haber hecho?

A toro pasado, hay una serie de medidas que habrían causado menor sufrimiento al conjunto de la población y que hubieran proporcionado las condiciones para una recuperación más rápida. Frente a los productos tóxicos y, en general, la mala gestión de las entidades financieras, se debería haber dejado caer a los peores cajas y bancos, asumiendo el Estado únicamente la devolución de los ahorros por debajo de 100.000 €, así como poniendo mucho antes en los balances los precios reales de los devaluados inmuebles. El coste de esta decisión hubiera sido monetariamente inferior al "rescate" bancario (no hubiera ni requerido de préstamos a la Unión Europea), por no hablar de que moralmente habría sido una solución más justa para el conjunto de la población (incluyendo castigos ejemplares para los malos gestores), y se habrían puesto más rápidamente las bases para que la banca siguiera inyectando dinero al mercado. ¿Los contras? Básicamente, hubiera creado desconfianza en los prestamistas internacionales. Justamente lo que pasó de todas formas con el camino más doloroso que se tomó. Y posiblemente hubiera fluido antes el crédito mundial y con menores tipos de interés. Asimismo, si el mercado inmobiliario hubiera asumido antes el recorte de su valor, el parque de viviendas vacías podría estar ahora mismo ocupado, a precios justos y apropiados, pero por lo menos ocupado y pagando sus impuestos. Y si en vez de pura y dura austeridad se hubieran desarrollado medidas incentivadoras del crecimiento económico (al tiempo que se racionalizaban los gastos, lógicamente) y si se hubiera puesto el acento en la persecución del fraude fiscal y de las cargas impositivas más proporcionales... Todo ello, en fin, forma parte del "¿qué hacer?", porque aún estamos a tiempo...

¿Qué hacer ahora?

Conocido es que los jerifaltes europeos denostan las políticas de crecimiento porque suponen más déficit y endeudamiento. Cierto, pero la economía necesita inyección inversora y alguien tiene que hacerlo, ya que no bancos, ni empresas, ni particulares. Y sería un endeudamiento temporal, dado que la adecuada motivación de la economía lograría retomar el crecimiento de empresas, la generación de empleo y el consumo de particulares, que volverían a pagar impuestos, lo que acabaría reduciendo las tasas de déficit y deuda a medio plazo. Es el camino que ha tomado Estados Unidos con resultados satisfactorios, por mucho que el Partido Republicano trate de instaurar la polítca de austeridad europea. Desde luego, la solución no son los recortes, que nos alejan de toda posibilidad de crecimiento y, como se ve, acaba elevando tanto déficit como deuda debido a que la economía no funciona y va hacia el colapso. La prueba la tenemos delante de nuestras narices: las autonomías que más han recortado son las que menos están creciendo: véase Castilla-La Mancha, auténtico laboratorio de pruebas de la teoría de la austeridad, que redujo su déficit del 7,9% en 2011 al 1,5% en 2012 a costa de desplomar su PIB un 3% el pasado año (frente a la media nacional del -1,4%) y sobrepasar la indignante barrera del 30% de paro. Un ejemplo más de los efectos de la austeridad. Pero no el único caso, desde luego. A nivel europeo se puede observar una clara relación directa entre esfuerzo presupuestario (reducción del déficit) y aumento de la tasa de paro: con Grecia, España, Portugal e Irlanda como principales damnificadas. Los países intervenidos son los que no se están recuperando.

Porque, vamos a ver, la economía, ¿para qué sirve? ¿Para cuadrar unos imputs y outputs sobre el papel o para intentar proporcionar bienestar a la ciudadanía? Si la respuesta es lo segundo, queda claro entonces lo que no hay que hacer. Y lo que se deben poner en marcha son ya medidas de estímulo del crecimiento (planes públicos de actividad económica y creación de empleo en conjunción con las empresas privadas de los principales sectores y de esos otros que deben ser estratégicos en el futuro), incluyendo la recuperación de la capacidad industrial que se ha ido perdiendo estos últimos años con las deslocalizaciones (apostando por mano de obra cualificada), fomento de la inyección crediticia a las empresas y emprendedores, persecución implacable del fraude fiscal para conformar un esquema económico más justo, recuperación y creación de impuestos para clases altas, fortunas patrimoniales, transacciones financieras de alto nivel, etc. que detraigan del exceso de capital lo que la clase media dinamizadora requiere para volver a crear tejido empresarial sano y lo que la sociedad entera necesita para volver a fomentar la educación pública (pilar fundamenteal de cara al futuro) y la sanidad pública (básica para el Estado del Bienestar). Ah, y de paso cargarse la reforma laboral que, como se ha visto, no sólo no crea empleo sino que precariza aún más la situación de los más débiles. Pero hay un gran impedimento para llevar a cabo esta política que, insisto, es una alternativa viable... Y ese impedimento se llama Unión Europea. Esto lo veremos en un próximo capítulo...

Galería de cifras (Fuentes: Le Monde Diplomatique y El País):















miércoles, 6 de marzo de 2013

OCIO / V Concurso de Tapas de Quintanar de la Orden

Una nueva edición, la quinta ya, del Concurso de Tapas de Quintanar de la Orden (Toledo), que va cogiendo su fama... En esta ocasión congrega a 22 restaurantes y bares de la localidad, que presentan sus aperitivos (a 1,50 euros la unidad) durante los tres primeros fines de semana de marzo, es decir, del viernes día 1 al domingo 17. Hasta entonces tenéis la oportunidad de probar los platos que han preparado y, si tomáis al menos 15, lograréis el derecho a poder votar y entrar en el sorteo de lotes y vales de consumo. En el primer fin de semana he probado nada menos que nueve tapas y, de momento, éste es el balance que puedo hacer.

El Granero vuelve a sorprender con su "Prado de calabaza y tubérculo de vieira". La apariencia es que se trata de un plato demasiado pequeño, casi minimalista, pero al empezar a probarlo uno va descubriendo todos los ricos sabores y detalles que ofrece. Para mí está claramente por delante. Luego se pueden mencionar la "Papada de ibérico crujiente con muselina de patata y aceite de vainilla", de El Almirez, con una carne exquisita y unas salsas realmente buenas; los "Placeres del Rincón", de El Rincón de La Mancha, que apuesta por productos sencillos pero bien presentados; o la "Crep La Sal", de La Sal, que también opta por la sencillez, que a veces es un buen y seguro camino.

El caso es que estáis todavía a tiempo de participar. ¡Os invito a venir a Quintanar de la Orden!

viernes, 1 de marzo de 2013

MÚSICA / Mucho muestran sus grandes cualidades en El Sol

Los toledano-catalanes Mucho (toledanos porque la banda procede de The Sunday Drivers y catalanes porque su líder es Martí Perarnau, de Underwater Tea Party) defendieron por todo lo alto anoche en la sala El Sol, de Madrid, su nuevo disco: "El apocalipsis según Mucho" (2013), una interesante evolución de su música hacia nuevos pasajes sonoros sin renunciar a la intensidad, la base rockera y esas letras surrealistas que enganchan. Y eso es lo que disfrutamos en directo: pura adrenalina, gran destreza técnica y canciones estupendamente desarrolladas y vibrantemente llevadas al directo. Aunque acumula dos discos, la banda centró sus esfuerzos en mostrar las bondades (que las tiene) del segundo, por lo que protagonizó la mayor parte de su repertorio. Desde luego, temas como "Más feliz sin televisión" (¡dedicada al sobrecogedor Bárcenas!), "El sitio incorrecto", "En la base de la montaña", "Las plantas", "El lustroso alarido", "Como si no hubiera mañana", "Sal de la tierra" o "Motores" son una garantía tanto en disco como en vivo, donde el grupo conserva buena parte de los detalles de grabación y añade mayores dosis de energía, a lo que se suma el espléndido momento de baile con sonidos pregrabados de "La larga risa del emperador". ¿Y del primer álbum? (Para mi gusto ligeramente mejor y más directo) Pues nos reservaron un puñado de grandes composiciones, algunas de ellas curiosamente ralentizadas en tiempo, como "Si quieres, no" o "¡Qué viva su ley!".

domingo, 24 de febrero de 2013

LIBROS / "El cine según Hitchcock" (1966), de François Truffaut

Aprovechando la reciente llegada a las pantallas de la película "Hitchcock" (2012), de Sacha Gervasi, que narra con soltura los entresijos del rodaje de una de las obras maestras del genio británico, "Psicosis" (1960), no sólo he vuelto a revisar el clásico del cine sino que me he lanzado a releer un libro que debería ser de consulta obligada para los cinéfilos: "El cine según Hitchcock", una entrevista profunda y detallada entre dos estupendos directores, el francés François Truffaut (que no esconde su admiración por el entrevistado) y el inglés Alfred Hitchcock, que va explicando las circunstancias y anécdotas que rodearon cada una de sus películas. De tal forma que, al concluir el libro, uno tiene la sensación de haber asistido a una clase magistral de cine a cargo del maestro del suspense, porque Hitchcock revela su forma de trabajar, de acometer sus filmes, de entender el séptimo arte, al fin y al cabo.

Es una delicia conocer los entresijos de la creación de ese género que inventó el británico, el denominado suspense, su manera de rodar de la forma más efectiva, de tratar los encuadres, de manejar a los actores, de interpretar los guiones... Todo con el fin de lograr extraer de la realidad el cine como forma artística. Siempre se ha dicho que, si Billy Wilder ha sido el mejor guionista de la historia, Hitchcock ha sido el mejor director, el que logró perfeccionar las técnicas y crear algunas nuevas (los story-board, por ejemplo) con el objeto de conferir valor al hecho de hacer películas y poner en un lugar preeminente al director como responsable último de la obra. Por eso llamó la atención de la nouvelle vague, que se caracterízó por otorgar un significado artístico a las películas, significado que era conscientemente moldeado por el director. Por eso Truffaut admiraba a Hitchcock y por eso le entrevistó en un libro que pasó a la historia y que aportaba el aliciente de que se trataba de un diálogo con un director que se encontraba todavía en su estado más dulce, es decir, era un mito viviente y en activo, que no hacía mucho acababa de enlazar "Vértigo" (1958), "Con la muerte en los talones" (1959), "Psicosis" (1960) y "Los pájaros" (1963). Nada menos.

miércoles, 13 de febrero de 2013

ECONOMÍA / Nick Hanauer: "los ricos no crean empleo"

Aquí tenéis un documento histórico: el discurso censurado en el que Nick Hanauer, emprendedor en el campo de las compañías tecnológicas y uno de los primeros inversores de Amazon, echa por tierra el mito de que los ricos crean empleo y por eso merecen menos impuestos. Nada más lejos de la realidad. Nos lo explica así:

domingo, 10 de febrero de 2013

POLÍTICA / Crisis política en España: análisis y solución

La gota que ha colmado el vaso ha sido el caso de Luis Bárcenas, extesorero del Partido Popular que amasó una fortuna de 22 millones de euros en su cargo (llevándola a Suiza, fuera del control de la Hacienda española, y utilizando además la amnistía fiscal aprobada por su propio partido en el Gobierno para blanquear buena parte), al tiempo que, según apuntan las evidencias hasta ahora publicadas (en un ejercicio periodístico de servicio a la sociedad enorme, principalmente a cargo de El País, aunque también de El Mundo), ayudaba a financiar ilegalmente al PP, un partido con sus cuentas en entredicho al menos entre los años 1990 y 2008. Nada menos. Y es la última gota porque es la culminación de tantos y tantos casos de corrupción que relacionan política y enriquecimiento privado a costa del dinero público, el de todos, y que señalan principalmente al PP, pero también al PSOE y a CiU, es decir, usualmente a los partidos con acceso a los resortes de poder, donde la tentación es grande y el control, al parecer, mínimo. Por lo tanto, aunque parece que hay una tendencia ideológica clara en la corrupción (los políticos afines al liberalismo y la privatización generan contactos más cercanos a las tramas empresariales y se ven en mayor medida envueltos en el desvío de dinero público o de corporaciones a sus bolsillos a cambio de favores), cuando se gobierna con mayoría absoluta o suficiente durante largos periodos de tiempo, el caldo de cultivo para la corrupción afecta a cualquier partido, está demostrado: sea el PSOE de Felipe González o de Andalucía, o la CiU de Cataluña.

Por tanto, nos encontramos con un problema sistémico que hay que arreglar. Un problema al que, cuando éramos una supuesta potencia económica mundial y todos (nos decían) éramos ricos, no muchos daban la importancia requerida. Total, unas mordidas a cambio del "España va bien" era un precio mínimo. Pero cuando caemos de lleno en la crisis, en una crisis (recordemos) provocada por el sistema imperfecto, atrofiado y corrupto (tanto en lo económico como en lo político) que tenemos, entonces nada ya se puede permitir y, o una solución drástica llega pronto o no sé qué puede ocurrir en este país. Que la desafección por los políticos, nuestros representantes, esté por los suelos lleva a una clara deslegitimación del sistema que requiere de un cambio de modelo importante, no de unos parches aquí y allá. Ya pasó ese tiempo. Ahora llega el momento de reinventar nuestra democracia, antes de que alguien llegue con otras ideas más terribles (los momentos de crisis llevaron el fascismo al poder, tengámoslo presente, en la última gran crisis mundial, la de 1929).

¿Las soluciones? No serán fáciles de aplicar porque, ante todo, requieren de una voluntad política que no parecen tener los actuales dirigentes de los (todavía) dos principales partidos políticos del país: Rajoy (envuelto él mismo en acusaciones de corrupción y derroche de dinero público) y Rubalcaba (arrastrado por la pésima imagen del último mandato de Zapatero, que ni vio ni supo atajar la enorme crisis económico-político-social que se cernía). Pero ahí van unas cuantas ideas:

- Una nueva ley electoral proporcional que dé la sensación al ciudadano de que lo que elige es lo que le representa. Ello podría llevar actualmente, y según recientes estimaciones, a que hubiese en el Parlamento cuatro fuerzas políticas nacionales más o menos parejas y con la oportunidad de consensuar un nuevo marco político: PP y PSOE, con alrededor del 23% cada uno (si no menos, a medida que pase el tiempo), Izquierda Unida, con en torno al 15-16% y UPyD, con el 13-14%, dando cabida así a todas las principales tendencias ideológicas de la ciudadanía, incluso añadiendo a esto los nuevos movimientos sociales (15-M, Stop Desahucios, etc.) o medioambientales (verdes y ecologistas en general). Capítulo aparte merecerán los partidos autonómicos y la vertebración de España.
- Unido a la nueva legislación para las votaciones, será importante abrir las listas y aumentar la democracia interna de los partidos. Conocer mejor a nuestros políticos, hacer un seguimiento cercano y escrupuloso a través de los medios de comunicación y otros que se deban articular, será imprescindible para que no sean las maquinarias de los partidos las que impongan las listas, sino nosotros con suestra selección en el voto. Así, la democracia se hace más directa y, lo que es aún más importante, los ciudadanos asumimos mayores responsabilidades. Por su parte, los partidos deberán funcionar de tal manera que los cambios de sus propios dirigentes sean más fáciles (incluso, obligados)  y las renovaciones menos aparentes y más de fondo, al mismo tiempo que sus propios sistemas de control (junto con otros externos, pendientes de mejorar/crear) eviten corruptelas internas.
- Sistemas de control externo. Es evidente que los tesoreros de los partidos no pueden hacer y deshacer a su antojo con el dinero público. Es obvio que un concejal de urbanismo de un pueblo no puede recalificar sin criterio público y enriquecerse en su cargo. Es claro que los presidentes de comunidades autónomas no pueden entrar en una carrera populista del "yo te doy más", endeudándose sin control para luego arruinar a su región, llevándose por delante el sistema de cajas de ahorro y luego poniendo la privatización como solución a sus errores. O aciertos, porque si sirvió para enriquecerse... Pues bien, estudiemos sistemas de control realmente válidos y a todos los niveles. Ello requerirá de normas de transparencia y de una reforma a fondo de nuestras administraciones.
- Esto nos lleva al estado autonómico. Se hace más necesario que nunca un marco claro y definido de competencias, evitando las duplicidades, de las actuales comunidades autónomas. Se llamen como se llamen. Y preservando, lógicamente, la solidaridad interterritorial. Que el Senado sea la cámara para estas cuestiones, mientras que el Congreso queda como representante proporcional del conjunto de la ciudadanía. Por otro lado, un sistema político más directo y transparente lleva a la república como forma de gobierno. Es inevitable. Quizá sería deseable un modelo como el alemán o el italiano, donde el presidente es más una figura moderadora a nivel interno y con funciones de representación de cara al exterior. Pero elegido democráticamente. Con mandatos algo más largos, posiblemente, para resaltar su carácter integrador, por encima de los cambios de gobierno e, incluso, distanciado de los partidos políticos.
- El poder judicial, ninguneado siempre en cuanto a recursos económicos, requiere de estos para cumplir bien su fundamental papel en una mejor democracia. Rápido, eficaz y gratuito. Del mismo modo, el nuevo sistema velará por que la educación y la sanidad sean sus ejes fundamentales y permanezcan dentro del control público, con las pertinentes garantías de calidad y acceso para todos. Pero, por encima de todo, ahora mismo el problema más urgente es el del paro. Y ésta deberá ser la máxima prioridad. Aunque se trata de una cuestión económica, requiere de una indudable voluntad política: que la generación de empleo y no la mera austeridad sea el referente de nuestros políticos.

Éstas y algunas cuestiones más deberán afrontarse ya, antes mejor que después, para asegurar en este país la continuidad de la democracia, un bien tan valioso y que hemos tenido la oportunidad de disfrutar bien poco a lo largo de nuestra historia. Tomemos las lecciones y lo que de bueno hay en otros sitios con experiencia: Estados Unidos, Reino Unido, Francia... Y afrontémoslo sin miedo y con miras más altas que las partidistas o ideológicas de cada cual. Una Nueva Transición es vital. Pero una verdadera Nueva Transición y no el lampedusiano lema de "si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie". Esta vez los ciudadanos están más que hartos.

Pero el cambio del sistema no deberá afectar sólo a lo político, sino también a lo económico. Esto lo comentaremos en una próxima entrega...

miércoles, 23 de enero de 2013

TELEVISIÓN / El final de "Fringe"

Tras cinco temporadas acaba de concluir "Fringe" (2008-13), la serie de J.J. Abrams sobre sucesos paranormales, realidades paralelas y demás, vamos, una actualización de la clásica serie "Expediente X". Es hora de hacer balance. Las tres primeras temporadas pueden considerarse, sin lugar a dudas, como uno los mejores momentos de la ciencia ficción en la televisión de toda la historia, a la altura precisamente de "Expediente X", por ejemplo. En esos primeros años, la combinación de casos extraños (fringe) con una trama subyacente cada vez más sorprendente e interesante era de lo más logrado a nivel argumental, lo que, junto con el tremendo gancho de casi todos los personajes principales (especialmente Walter Bishop, como científico indescriptible de oscuro pasado, y Olivia Dunham, como agente fría y vulnerable al mismo tiempo; bueno, a ratos, Peter Bishop, vale), consolidaron una obra sólida, referencial y, desde luego, imprescindible para los amantes del género. Inolvidables muchos de sus capítulos y, cómo no, los giros de guión con que siempre nos dejaban atónitos cada fin de temporada.

Sin embargo, la cuarta sesión ya delató síntomas de dispersión y agotamiento, probablemente a causa de los problemas de audiencia que se cernían sobre la serie. Imposiciones externas, cambio de día de emisión y amenazas de cancelación creo yo que fueron la causa de que los guiones no fueran ya tan finos y se notaran preocupantes bandazos argumentales. Una vez asegurada la quinta y última entrega que pondría fin a la saga, las cosas se estabilizaron y los guionistas optaron por centrarse definitivamente en la trama de los observadores (de las muchas posibles). Así las cosas, la temporada de cierre ha sido medianamente coherente y ha logrado algunos momentos brillantes. Y el doble capítulo final ha sido una auténtica despedida-homenaje a los fans de la serie: se han recuperado algunos casos fringe de las primeras temporadas, se ha rescatado la vitalidad del personaje de Olivia y su relación con el cortexiphan, se ha mostrado por activa y por pasiva lo mucho que se quieren Walter y Peter (como padre e hijo, ojo) y todo ha concluido digamos que bien (sacrificios de por medio).

sábado, 19 de enero de 2013

DEPORTES / El mejor Atlético de Madrid de la historia

Concluida la primera vuelta de la Liga 2012/13 queda claro que estamos ante el mejor Atlético de Madrid de la historia. Los números son evidentes: segundo con 44 puntos de 57 posibles (la máxima puntuación conseguida jamás por el club), segundo con menos goles encajados de la actual competición (18, sólo por detrás del Málaga, con 17) y tercero con mayor número de goles metidos (40, por detrás del Barcelona, con 66, y del Real Madrid, con 45). Si no fuera por que sufrimos (o disfrutamos, depende del punto de vista) en nuestra liga del que probablemente es el mejor equipo de la historia del fútbol, el Barcelona de Messi, iniesta, Xavi y demás, este Atlético de Madrid debería ser líder sin duda. Y la mayor parte del mérito de estar ahí arriba es del entrenador, de un "Cholo" Simeone que cogió un equipo desmoralizado y lo ha elevado a niveles de cabeza, de donde nunca debió salir. Con un plantel de apenas una única estrella clara, como es el goleador Falcao, Simeone apuesta por exprimir al máximo las posibilidades de sus jugadores, que, si individualmente no son cracks, vertebrados han consolidado un bloque con todas las posibilidades del mundo. Desde la seguridad en la portería de Courtois, a la suficientemente confiable zaga de Miranda-Godín, la velocidad de Filipe Luis y Juanfran, la elección de buenos pivotes entre Tiago-Koke y Mario Suárez-Raúl García, y las peligrosas llegadas de Arda Turan, Gabi, "Cebolla" Rodríguez, Diego Costa, Adrián y, cómo no, Falcao. Con este equipo cualquier cosa es posible...

sábado, 12 de enero de 2013

TELEVISIÓN / "Homeland", los entresijos de la CIA

La nueva reina de las series de televisión en Estados Unidos (véase la última edición de los premios Emmy) es "Homeland", desarrollada por Howard Gordon y Alex Gansa, basándose a su vez en la serie israelí "Hatufim" ("Secuestrado"), de Gideon Raff. Y se trata de una muy interesante historia acerca de la posibilidad de que Nicholas Brody, un marine liberado en Irak (contenido y ambiguo Damian Lewis), tras ocho años de secuestro, se haya convertido y trabaje para Al-Qaeda. Ésta es la sospecha de Carrie Mathison, una agente de la CIA (excelente y multiexpresiva Claire Danes), que a su vez sufre un transtorno mental, por lo que la serie juega muy bien con las sospechas crecientes, la falta de pruebas y la enfermedad bipolar de la protagonista, en una especie de metáfora de la paranoia antiterrorista y la crueldad real terrorista que se ha dado en los últimos once años en Estados Unidos (y en parte del mundo), con un cuidado equilibrio que evita (en buena medida) el patrioterismo y los lugares comunes.

La trama de la primera temporada (emitida entre octubre y diciembre de 2011) es, hasta ahora, la más directa, pues se basa en la estupendamente dosificada tensión del planteamiento inicial de la serie, incluyendo un final realmente espectacular. Por su parte, la segunda temporada (septiembre a diciembre de 2012) diversifica la historia y contiene algún que otro giro importante, profundizando más en aspectos de relaciones personales que, aunque interesantes, diluyen algo la tensión dramática central. Eso sí, se consolida la figura de Saul Berenson, el jefe de la división de Oriente Medio de la CIA y mentor de la protagonista (soberbio Mandy Patinkin, el Íñigo Montoya de "La princesa prometida"), un personaje que a buen seguro será cada vez más importante. Por su parte, el final de esta segunda entrega contiene evidentes paralelismos con el de la primera y concluye nuevamente de forma intrigante. Así que habrá que seguirla...