viernes, 5 de agosto de 2011

VIAJES / Medio Oeste de Estados Unidos: Chicago (y III)

Y llegamos al fin de esta primera etapa de nuestro viaje por el Medio Oeste estadounidense con la despedida de Chicago. El alternativo barrio de Wrigleyville, el animado centro turístico y comercial del Navy Pier y la exclusiva zona de ocio de Golden Coast han sido nuestras últimas visitas en la Ciudad del Viento, que nos ha dado un respiro con una temperatura más suave con respecto a los asfixiantes primeros días. Del norteño barrio de Wrigleyfield se puede decir que vive en la contradicción de acoger tanto a los modernillos de la ciudad, que tienen a su disposición multitud de tiendas de discos, comics, camisetas, ropa de su estilo, etc., como a los aficionados de los Cubs, el equipo de béisbol de Chicago (ahora, por cierto, en plena temporada, retransmiten a todas horas esos partidos largos, tediosos y de inextricables reglas), dado que aquí se sitúa el enorme estadio, denominado Wrigley Field e inaugurado en 1916, por lo que existe una gran variedad de pubs deportivos donde echarse unas buenas cervezotas y comer buenos steaks. Leo, por cierto, en una guía, que muchas de las azoteas de edificios cercanos al campo se alquilan para ver las competiciones y conciertos que se celebran en el recinto, por precios que pueden llegar a superar los de las entradas oficiales, ya que te ofrecen comida y bebida. Los americanos están siempre con el negocio en la cabeza...

El Navy Pier, a los pies del lago Michigan, es una enorme zona de ocio, tanto cubierta como al aire libre, llena de atracciones de feria, restaurantes, tiendas y paseos en barcos de todo tipo. Así que la disfrutamos tomando unas cervezas en el pub de Harry Caray (1914-1998), un supuestamente conocido locutor de béisbol, repleto de famosos que se han pasado a hacerse una foto junto a su busto, incluido el presidente Obama. Y, después, nos decidimos a hacer un recorrido en barco por el río Chicago que pasa entre los rascacielos de la ciudad, para tener una perspectiva diferente. Hay varias opciones de tickets, hasta los más de 50 $ que se pueden pagar por una embarcación enorme con cena y baile incluido, pero nosotros optamos por los 7 $ del water-taxi, que acoge una treintena de pasajeros y te lleva por el río desde el propio Navy Pier (zona oeste) hasta la torre Sears (este del Loop), un viaje de 30 minutos, sólo de ida, con una parada, y que da la sensación de que es utilizado por algún que otro chicagüense para desplazarse sin atascos por el centro de la ciudad. No es nada mala opción, la verdad.

Y nuestra despedida por todo lo alto fue en Golden Coast, la zona del norte entre Near North y Wrigleyville, cercana a la exclusiva Magnificent Mile, que acoge restaurantes y bares de alto nivel, aunque de esa manera informal y poco ostentosa que tienen los estadounidense de mostrar su (alto) poder adquisitivos. Cenamos en Carmine's, un italiano excelente, con una pasta deliciosa y unos mejillones al vapor con salsa de ajo absolutamente exquisitos. ¿El precio? Con entrantes compartidos, dos botellas de vino (el más barato, un Chianti de 30 $) y plato principal la cosa se puso en 55 $ por cabeza. Propina del 15% aparte, claro. La cuestión de las propinas daría en sí misma para toda una diserción. Baste decir que, como decía el señor Rosa en "Reservoir Dogs", no creo en las propinas, si tienen que ganarse un sueldo digno que se lo pague su jefe y, si acaso el servicio es excepcional, que haya libertad para dejarle lo que cada uno estime oportuno, pero eso de obligar a pagar entre el 15% y el 20% parece más un atraco a mano armada. Pero, por otro lado, al depender de las propinas, hay que reconocer que la atención de los camareros (en todos los sitios donde hemos estado) es excelente, siempre solícitos por si necesitas algo más, por si todo está bien, etc. Bueno, el caso es que estamos pagando religiosamente. Aunque, ¿por qué a unos se les deja propina y a otros no, los burguer, por ejemplo? En fin, daría para un debate largo. La zona de Golden Coast se completa, lógicamente, con una serie de pubs y clubs donde los ejecutivos de pasta la siguen gastando en sitios con copas a 10-12 $ (unos 6 $ es la media de la ciudad). En fin, adiós, Chicago, recogemos los bártulos, despedimos al amigo Jesus, que vuelve a la España de la (surrealista y artificial) crisis del diferencial con el bono alemán y de las (comprensibles y necesarias) protestas de los indignados del 15-M, y ponemos rumbo hacia el oeste... Go west!

2 comentarios:

JJ dijo...

Vaya viajecito te estas pegando. Y veo que sigues con tu cruzada anti propinas. Saludos desde Alemania.

Pacman dijo...

Ya ves, je,je A ver si te haces un blog con tus viajes por centroeuropa, que ya eres todo un experto. ¡A disfrutar!

Saludos!!