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martes, 1 de julio de 2025

MÚSICA / Texas, el corazón indeleble

Treinta y seis años después de su primer disco de 1989, la banda escocesa Texas, liderada por la carismática Sharleen Spiteri, volvía a España el 30 de junio en el ciclo de las Noches del Botánico. Y, como todos los espectáculos en este recinto, tuvo un sonido estupendo. Y, como siempre que Texas se ha dejado caer por nuestras tierras, fueron arropados por toda una audiencia entregada. Solo se mantienen dos miembros originales, la parlanchina Spiteri y el callado Johnny McElhone (además del teclista Eddie Campbell, presente desde 1991), pero el grupo sigue muy vivo en los corazones de mucha gente. Y ellos estaban muy a gusto en el escenario. Por eso quizá el concierto se prolongó por intensas dos horas y 19 temas que hicieron especial hincapié en su época intermedia, con el protagonismo para los álbumes "White On Blonde" (1997) y "The Hush" (1999), con cuatro y tres canciones, respectivamente. De hecho, en general, el repertorio marcó un sentido más upbeat y soulero que propio del recogimiento bluesy de los primeros discos, aunque también estuvo presente, claro, su mítico "Southside" (1989), con el exitoso "I Don't Want A Lover" para empezar, acompañado posteriormente de los temazos "Everyday Now" y "Thrill Has Gone". Un disfrute en lo musical y una conexión total en lo emocional con la cantante más deslenguada y divertida.


Setlist de Texas en las Noches del Botánico (30-6-2025).


domingo, 11 de septiembre de 2022

MÚSICA / Texas, la intemporalidad

Tras el obligado retraso de la pandemia por fin llegó a La Riviera de Madrid la esperada celebración del 30º aniversario de "Southside" (1989), el primer y emblemático álbum de Texas, donde la banda escocesa realizaba un excelente ejercicio de atmósferas de rock fronterizo con influencia de slide guitar. Y, efectivamente, ahí sonaron "I Don't Want A Lover" (en doble versión acústica acelerada y eléctrica al tempo), "Tell Me Why", "Everyday Now", "Prayer For You", "Thrill Has Gone" o "Fight The Feeling", todas míticas y reconocibles canciones.

Pero no solo de "Southside" vive Texas, que hace tiempo decidió diversificar su cancionero con músicas más bailables, aunque siempre con un importante poso de soul y donde la voz de Sharleen Spiteri se mantiene (más o menos) tan poderosa como siempre. Así, la segunda parte del concierto giró en torno a los últimos discos, obviando tanto el habitual e injustamente ninguneado "Mothers Heaven" (1991) como el sorprendentemente ausente y magnífico "Ricks Road" (1993). ¿Quizá ya estén preparando su 30 aniversario?


Setlist de Texas en La Riviera (9-9-2022).



domingo, 26 de noviembre de 2017

MÚSICA / Texas, la poderosa voz de Sharleen Spiteri

Los escoceses Texas han recalado esta noche en el Palacio de Vistalegre, de Madrid, en un concierto totalmente guiado por la poderosa voz de su líder, Sharleen Spiteri. Y es que, a sus 50 años recién cumplidos, mantiene intacto ese tesoro que sale de su boca y que parece un regalo del soul, aunque con su banda combina el rock de tonos blues de su primera etapa con el más bailable de años posteriores. Texas desplegaron un setlist que recorrió prácticamente toda su historia discográfica desde 1989 (aunque siguen ignorando el álbum "Mothers Heaven", 1991), en una noche en la que también salió a relucir la capacidad comunicativa de Spiteri, todo el rato charlando e interactuando con el público (subió a una fan a acompañarla a cantar "So Called Friend"), y mostrando también en algún momento lo malhablada que es ("cosa de ser escocesa", justificó entre risas). La gira correspondía a la presentación de su nuevo disco, "Jump On Board", del que interpretaron tres temas, incluyendo el single "Let's Work It Out". Y es que, a diferencia de otras bandas de los 80, Texas siguen totalmente en activo, lanzando nuevos trabajos de tanto en tanto, aunque se echó en falta al guitarrista original Ally McErlaine, que en 2009 sufrió serios problemas de salud. En cualquier caso, sonaron los esperados himnos de todas las etapas del grupo ("I Don't Want A Lover", "Everyday Now", "Thrill Has Gone", "Say What You Want", "Halo", "Black Eyed Boy", "Summer Son", etc.). Y, como suele ser habitual, hubo hueco para dos versiones que muestran sus influencias: "Tired Of Being Alone", de Al Green, y, como cierre de concierto, "Suspicious Minds", popularizada por Elvis Presley.

martes, 24 de marzo de 2015

VIAJES / Texas (y 2): Dallas, ciudad de contrastes

La antaño conocida en España por la serie televisiva y tradicional hogar de los ricachones del petróleo texano, es hoy en día una ciudad que mantiene un frágil equilibrio entre pasado y futuro, entre ser una urbe inhóspita típicamente estadounidense y convertirse en un lugar más habitable y disfrutable. En el primer capítulo nos encontramos con lo de siempre: amplias calles (prácticamente autopistas) que atravisesan el centro, dedicadas claramente al automóvil y que dejan poco espacio para la vida del peatón. Un downtown mínimamente activo durante el día, apenas en las jornadas laborables, y que por las tardes-noches queda abandonado al puñado de homeless y desheredados de un sistema que ignora totalmente a una buena parte de la población. Pasear por las calles, incluso a cualquier hora del día, no deja de causar la sensación de que uno está infringiendo alguna ley, por la soledad que se experimenta y por lo poco preparadas que están las aceras para realizar un acto tan común en Europa como es caminar por la ciudad. Curioso e impactante no encontrar plazas o parques en los que socializar, y tener que coger el coche para desplazarse a cualquier destino (siempre a cubierto, claro) por muy relativamente cercano que se encuentre. Pero, por otro lado, parece que Dallas quiere evolucionar poco a poco hacia una urbe más acogedora y estructurada. Por ejemplo, el transporte público que ofrece el tren DART permite recorrer buena parte de la ciudad, incluido el aeropuerto, por precios asequibles para el turista (5 dólares el pase ilimitado de 24 horas). Es puntual y está bien cuidado. Claro que no se ven muchos blancos. Y el uptown es una zona con mucha animación, por el día con los comercios y por la noche con los bares y restaurantes (excelente hamburguesa del 'Fat Rabbit', por cierto). Y aquí no hay nada arquetípico: no se ven a los texanos con sombrero, sino gente joven con ganas de divertirse.

Por otra parte, el centro de atracción turística de Dallas sigue siendo todo lo relativo al asesinato de John Fitzgerald Kennedy. Y, en este sentido, uno se adentra totalmente en la historia reciente del país con la visita (por 16 dólares) al Sixth Floor Museum. Se trata de la recuperación del edificio, y concretamente la sexta planta, desde donde Lee Harvey Oswald (supuestamente) mató al presidente más famoso de los Estados Unidos un 22 de noviembre de 1963. Aquí se puede conocer todo lo concerniente al político, su visita, los odios que generaba en esta ciudad tradicionalmente conservadora, su asesinato (teorías conspiratorias incluidas) y su legado. Una extensa muestra que cobra mayor relevancia por cuanto se conserva igual la zona desde la que se pudo producir el magnicidio, con las cajas colocadas, el rifle de muestra, la visión desde la ventana... Luego, abajo, en el medio de la tristemente conocida Elm Street, nos encontramos con una cruz pintada sobre el asfalto que marca el sitio exacto donde impactaron las balas. Y uno puede arriesgarse a ponerse en la marca aprovechando alguna parada del tráfico o, simplemente, recorrer la mítica zona de los alrededores de la plaza Dealey, con los setos al fondo, la posición de Zapruder y su cámara, las placas de homenaje, etc. La verdad es que, realmente, te vas con la sensación de haber experimentado muy intensamente una escena mil veces vista en cine y televisión.

Y, bueno, ¿qué sería de una visita a Estados Unidos sin ver un partido de la NBA? Hubo suerte, ya que pudimos pillar un a priori interesante partido entre los Dallas Mavericks (todavía con Nowitzki en activo) y los Memphis Grizzlies (con Marc Gasol en sus filas), el 19 de marzo a las 19:30 horas. El enorme estadio American Airlines Center (con capacidad para 19.200 personas, frente a las 12.500 que caben en el Palacio de los Deportes de Madrid) está justo al lado de la estación de DART de Victory Park, muy cerca del downtown. La entrada, comprada con tiempo por internet desde España, nos salió relativamente barata: 47,5 euros. Eso sí, hay que prepararse para todo un show que se alarga por casi tres horas. Que si los chavales del colegio cantan el himno, que si es el día del militar y homenajes por aquí, homenajes por allá, que si las cheerleaders, la banda local, el baile de los Mavs ManiAACs (unos frikis de cuidado), que si la gente levantándose todo el rato para pillar comida y bebida, que si mil interrupciones del juego... Hay que armarse de paciencia, pero moló ver el espectáculo en directo. Luego el partido fue, primero, muy fallón, y, luego, de un dominio por ratos apabullante de los Memphis. Los Dallas, ganadores de la NBA en 2011, están en clara decadencia, Nowitzki incluido, y sin nadie más. En cambio, Marc Gasol se marcó un doble doble (15 puntos y 10 rebotes) y demostró que ha crecido mucho deportivamente. Claro que, en este caso, está muy bien arropado por un sólido equipo que también incluye a Randolph, Allen, Lee, Carter, Green, Udrih, incluso Koufos. No hubo nada que hacer, al final Dallas 101, Memphis 112. Y la sensación de haber asistido a un gran show como sólo los americanos saben hacer.

lunes, 16 de marzo de 2015

VIAJES / Texas (1): Austin, la capital mundial de la música en directo

Dentro del carácter decididamente abierto, orgulloso y extremadamente amable de las gentes de Texas, aunque con su conocido lado oscuro en cuanto al perfil político conservador y la querencia por las armas, la ciudad de Austin (capital del Estado) destaca como un oasis cultural y de actitud progresista. Su amplia red de transporte público de autobuses (inusual en estos lares donde el coche privado domina los usos y costumbres), su centro urbano lleno de vida (cuando en la mayor parte de las ciudades estadounidenses los downtown suelen ser abandonados por la clase media para irse a vivir a las áreas residenciales de los suburbios) y, especialmente, su festival de música, cine y medios interactivos South by Southwest, que se celebra todos los años desde 1987 en estas fechas, le convierten en la vanguardia absoluta de Texas y de más allá del país. No en vano es conocida como la capital mundial de la música en directo, apelativo que se ha ganado a pulso con justicia.

El festival se vuelca totalmente con sus abonados, que tienen preferencia de pase para los numerosísimos eventos que en 2015 se desarrollan entre el 13 y el 22 de marzo. Aunque los precios no son precisamente baratos. Según el tipo de abono (badge) y la antelación con la que se adquiera, las tarifas van de 525 a 1.745 dólares. Claro que puedes comprar también una muñequera por 90 dólares. La cuestión es que el acceso a los recintos se hace por riguroso orden de preferencia: primero los Platinum Badges (acceso completo a todo), luego los de cada uno de los tres tipos de eventos (cine, música e interactivos), luego otras categorías inferiores, luego las pulseras y, finalmente, si aún queda espacio, se pueden comprar tickets individuales. En el caso de las películas, los precios individuales oscilan entre 10 y 14 dólares. En nuestro caso, tuvimos suerte. Asistimos a la proyección del documental "Bounce: How The Ball Taught The World To Play", del director Jerome Thelia, en el Marquesa Theater, justo enfrente de nuestro hotel Travelodge Austin, completamente gratis, dado que la organizaba la asociación de amigos del cine de la ciudad. Bastante interesante la peli, por cierto, una reflexión antropológica y social sobre la necesidad del ser humano de jugar y, concretamente, del uso que para ello se hace de ese objeto esférico omnipresente que es la pelota, ya sea para el fútbol europeo (soccer), americano, etc.

Por lo demás, el ambientazo en las calles estos días es total. La gente pasea y se divierte sin límites. Acuden masivamente a los bares, restaurantes y salas, pero hay tantos que no hay sensación de masificación. Aunque los espectáculos se reparten por todo el centro, la 6th Street es el meollo del festival. Aquí se puede comer en el "Bikinis", restaurante sports-bar donde las camareras van precisamente en bikini, y luego tomar copas hasta reventar en el "Coyote", donde las chicas acaban bailando provocativamente en la barra. Hay una actitud bastante desinhibida por parte de muchas chicas texanas que convierten las pelis americanas de juergas en puro neorrealismo.

Otra principal atracción de Austin es su Capitolio, el más alto de Estados Unidos (por encima del de Washington). Su visita es gratuita y permite contemplar el orgullo con el que los texanos miman sus instituciones y le dan pleno acceso a la gente. El edificio es bello, majestuoso y enorme. Dentro, los retratos de todos los gobernadores del estado (y de los presidentes en la época en que Texas fue independiente), así como las salas del Congreso y del Senado, ambas en la segunda planta. Desde fuera se puede divisar en la fachada los escudos que han ejercido soberanía histórica sobre estas tierras: España, los Borbones franceses, México, periodo independiente, la Confederación y la Unión. En este sentido, llama la atención el monumento a los muertos en la Guerra de Secesión por parte de los estados sureños, entre ellos Texas, que propugnaban mantener la esclavitud. Enfrente, un homenaje a los caídos en El Álamo, en su lucha por independizarse de México. Ya digo, orgullo de su historia y sus tradiciones, aunque algunas sean más que cuestionables.

Por lo demás, la ciudad no tiene mayores lugares de interés histórico (es un estado muy nuevo, claro), pero su vitalidad cultural y su urbanismo amigable hacen de Austin un sitio absolutamente visitable y muy recomendable. Ahora tenemos que dejar la ciudad para poner rumbo a Nueva Orleans...