miércoles, 26 de septiembre de 2018

CINE / 66º Festival de San Sebastián (2)

"Tiempo después[****], de José Luis Cuerda (Sección Oficial Proyección Especial)
Como el propio título sugiere, nos encontramos ante una secuela, en este caso, una especie de continuación de la mítica película "Amanece que no es poco" (1989), obra cumbre del humor surrealista español. Ahora, su director, José Luis Cuerda, retoma ese mismo espíritu y lo traslada al año 9177 (mil años arriba o abajo), logrando nuevas cimas de lo descacharrante, a ratos hilarante y siempre muy inteligente y con mala baba. Todo su peculiar universo vuelve a encajar y, además, esta vez lo baña con un claro barniz político-social que viene que ni al pelo. Todo funciona perfectamente, diálogos, situaciones, personajes... incluida esa guerra de lucha de clases que sirve para lo de siempre. La eterna insatisfacción de justicia humana, que al menos es más llevadera si nos echamos unas buenas risas.

"Beautiful Boy" [***½], de Felix Van Groeningen (Sección Oficial)
Basado en hechos reales, el filme retrata de forma cruda y honesta la deriva a la adicción de las drogas de un chaval desde la perspectiva de la relación padre-hijo. No se trata tanto de indagar en las causas (cuando lo intenta hacer -poco-, la película pierde fuelle), sino básicamente en el deterioro del autocontrol por parte del chico y en la creciente desesperación paterna ante un problema complejo y de resolución ciertamente muy difícil. El director no escatima en algunas escenas duras, casi siempre sin remarcar en exceso la emotividad fácil y sí poniendo sobre la mesa un planteamiento moral terrible: ¿hasta dónde puede llegar la ayuda a un drogadicto, siendo mayor de edad y por mucho que sea tu propio hijo?

"First Man" [***½], de Damien Chazelle (Perlas)
Lejos del cine de ritmo trepidante de "Whiplash" (2014) y de la historia romántico-musical de "La La Land" (2016), Damien Chazelle opta por por el drama sobrio pero, a su manera, también vibrante que sigue los pasos del astronauta Neil Armnstrong (el primer hombre que puso los pies en la Luna) en su carrera espacial por conquistar el satélite terráqueo. El filme conjuga con acierto un poco de todo: la personalidad tranquila y fría del protagonista (la cara de palo de Ryan Gosling ayuda), el drama de su hija, el contexto político de rivalidad con la Unión Soviética, las dificultades técnicas del proyecto y el entorno familiar (más metido con calzador), para hacer una obra sólida y que no se hace larga a pesar de su metraje. 

"Summer" [***], de Kirill Serebrennikov (Perlas)
El mayor mérito de este filme ruso es dar a conocer la "movida" musical que vivió la Unión Soviética en los años 80 de la mano de bandas de rock equiparables a las occidentales (de hecho, servían de inspiración o directamente se calcaban), siempre con las enormes dificultades que ponía el sistema político ante esa juventud tan "exaltada". La banda sonora es de primera e interesa conocer más de esos protagonistas. Porque, eso sí, la película se queda en la superficie al centrarse en el triángulo amoroso que une a dos de los mayores artistas de aquel momento.


"Red Joan" [***], de Trevor Nunn (Proyección Especial Premio Donostia)
Interesante historia de la secretaria inglesa que, durante los años 50, filtró a la Unión Soviética documentación clave para el desarrollo del arma nuclear, hasta entonces en manos únicamente del Bloque Occidental. Su decisión a la larga, como hoy bien sabemos, fue acertada: la bomba atómica en manos de ambas partes, básicamente Estados Unidos y la Unión Soviética, llevó a que ningún bando atacara al otro por miedo al fin de la vida en la Tierra.


"Le cahier noir" [*], de Valeria Sarmiento (Sección Oficial)
Utilizando el formato de folletín, la película narra las desventuras de una joven de cuna incierta a finales del siglo XVIII, en pleno albor revolucionario. Lo esperado de este género: vidas melodramáticas, giros bastante increíbles, actuaciones excesivas... Cinematográficamente deja que desear, pero si no se le da mucha importancia hasta puede entretener un poco.


"Angelo" [0], de Markus Schleinzer (Sección Oficial)
Infumable bodrio pretencioso que sigue las andanzas de un negrito esclavo llevado a la corte (supuestamente) ilustrada europea del siglo XVIII. Quizá el director quiera hablar de las raíces de la discriminación. No lo sé. Está tan mal contada que no hay por dónde cogerla.

lunes, 24 de septiembre de 2018

CINE / 66º Festival de San Sebastián (1)

"El reino[****], de Rodrigo Sorogoyen (Sección Oficial)
Rodrigo Sorogoyen se doctora definitivamente con este thriller potente, indignado y audaz, que se sumerge en las entrañas mismas de la corrupción que corroe a los partidos políticos en España, con un planteamiento que apela, no a complejas teorías conspiratorias e insuficiencias sistémicas, sino a la sencillez y naturalidad con las que algunos se dejan llevar por la rueda de los dedazos y el despilfarro de dinero público. La película asume la realidad que vemos todos los días en los telediarios y la lleva al altar de las salas de cine, dándole forma artística, para potenciar así el mensaje de denuncia de una podredumbre intolerable. Ya desde el principio, el relato nos zambulle en las reuniones de amigotes de partido que se lo reparten todo, hasta que las primeras acusaciones empiezan a desencadenar las luchas intestinas en un sálvese quien pueda propio de las ratas cuando se hunde el barco. Pero el barco (el partido político) parece continuar con grumetes y capitanes distintos. Antonio de la Torre borda su papel de corrupto que lucha por no ser el único en pagar el pato, que alcanza su cénit con una escena tensísima en la que hará todo lo posible por recuperar la información necesaria para acusar a sus compañeros de partido. Quizá la conclusión del filme sea más reprochable, o al menos más gruesa, con una improbable entrevista en directo por televisión que desentona con el realismo hasta entonces presente, aunque sirve más bien como mensaje moral.

"Cold War" [****], de Pawel Pawlikowski (Perlas)
Mostrando una vez más la elegancia de su clasicismo formal, pero también la tendencia extremadamente trágica de sus personajes, Pawel Pawlikowski dibuja en "Cold War" una historia de amor pasional dificultada no solo por los complicados caracteres de sus protagonistas (ella impetuosa, él flemático), sino también por la asfixiante vida en el Bloque del Este de Europa durante los años 50 y 60. La música popular polaca es el hilo (interesante enfoque costumbrista) desde el que se teje una relación marcada por lo temperamental, primero, y por la separación física entre ambos, después, con la intervención de las autoridades de por medio, claro. Elementos que van acumulándose en una vida crecientemente infeliz y miserable que conducirá a la pareja a un callejón sin salida, incluso cuando tengan una oportunidad de vivir libres. Conmovedora historia y, sobre todo, gran pulso narrativo para una película que realmente cala hondo.

"Yuli" [***½], de Icíar Bollaín (Sección Oficial)
Aunque el planteamiento inicial de biopic de un bailarín de ballet cubano no me atraía especialmente, Icíar Bollaín se las arregla muy bien para armar un filme combinando no solo la faceta personal del protagonista, sino también la historia de Cuba en los años 80 y 90, e integrando puntualmente la danza para darle un sentido más artístico y significativo de cada etapa de Carlos Acosta (Yuli), que se interpreta a sí mismo de mayor. El resultado realmente es muy atractivo y busca resaltar la valoración del propio esfuerzo para desarrollar las potencialidades por encima de todas las dificultades de la vida, incluso a pesar del desarraigo familiar y de país.

"Un asunto de familia" [***½], de Hirokazu Koreeda (Proyección Especial Premio Donostia)
Aunque el cine de Koreeda siempre versa en torno a lo familiar como protagonista de sus filmes, se las apaña para dar un toque diferente a cada trabajo. En "Un asunto de familia" se centra en una extraña "familia" de clase baja, gente que trabaja (si puede) en infracurros y luego complementa los ingresos con pequeños hurtos. Todos se quieren mucho, incluso cuando se encuentran con una niña pequeña procedente de un hogar desestructurado y se la llevan a vivir a su choza. Poco a poco vamos descubriendo las verdaderas relaciones de los miembros, que esconden secretos más turbios, aunque en el fondo prevalece la cuestión de si el amor está por encima del tipo de relación que une a las personas.

"El amor menos pensado" [***], de Juan Vera (Sección Oficial)
Un matrimonio de mediana edad afronta la crisis del nido vacío cuando el hijo se marcha lejos y quedan uno ante otro después de tanto tiempo. Lógicamente, se separan. El filme afronta inicialmente la trama con cierto brío y sentido del humor, sobre todo en las escenas donde cada uno conoce a sus nuevos amantes, cada cual más estrambótico. Sin embargo, la película se va apagando poco a poco y acaba cayendo más en la verborrea fácil que en algo que dé consistencia a la historia, aunque siempre mantiene el interés.

"Asako I & II" [***], de Ryusuke Hamaguchi (Perlas)
¿Puede un primer amor fallido dejar huella hasta el punto de imposibilitar el rehacer tu vida? Eso parece en la propuesta de Ryusuke Hamaguchi, donde una chica queda prendada de un tipo que repentinamente la deja. Un par de años después, ella conoce a un chico físicamente parecido, aunque de personalidad diferente: este es bueno y honesto. Pero la chica no acaba de superar el trauma. Todo ello es ciertamente interesante y está bien contado. Otra cosa es la deriva posterior, con una improbable reaparición del chico inicial y una sobrerreacción de ella realmente alarmante.

"Rojo" [**½], de Benjamín Aishtat (Sección Oficial)
Película descolocante durante un buen rato que pretende (luego se va aclarando) diseccionar la sociedad rural argentina de mediados de los 70, justo antes del golpe militar. La idea de fondo es destacar la violencia e impunidad crecientes de esa sociedad como caldo de cultivo de la inminente dictadura. Un tanto cogido por los pelos. En este sentido, se inspira claramente en "La cinta blanca" (Michael Haneke, 2009). Sus resultados son igual de crípticos e irregulares.

"The Innocent" [0], deSimon Jaquemet (Sección Oficial)
Una locura. Pero la que tiene el director, que se lo tiene que hacer mirar. Menudo batiburrillo de ideas enfermizas sin hilazón ni sentido. Fanatismo religioso y monos sin cabeza. ¡Y vale!

viernes, 21 de septiembre de 2018

MÚSICA / U2 apabullan y mandan en la capital

Los irlandeses U2 están viviendo una segunda juventud, ahora que echan un vistazo al pasado desde su sólida posición de la experiencia. Anoche en el WiZink Center de Madrid demostraron que son los líderes del rock mundial, pues no sólo cuentan con un cancionero mítico, que siguen alimentando en (algunas de) sus estupendas nuevas entregas discográficas, sino que realizan una puesta en escena al mismo tiempo apabullante y cercana. Siempre ha sido esa su esencia, la capacidad de ser héroes sin dejar de ser chicos de barrio. En esta gira Experience + Innocence Tour llevan a cabo un despliegue técnico impactante, con esa especie de gigante plataforma-jaula-pantalla con la que juegan entre ellos y con la gente, buscando continuamente distintas posiciones por todo el recinto para acercarse al público, dejando momentos ciertamente inolvidables.

Pero no nos olvidemos de la música. La banda está en un momento dulce, técnico y compositivo, y eso se nota en la actuación: energética y vibrante (y también sentida y concienciada, como siempre), con un sonido muy guitarrero donde manda claramente The Edge, mientras que en lo vocal y en la relación con el público el puto amo es Bono. Es capaz de soltarte un discurso entre canción y canción y que forme parte todo del espectáculo, al tiempo que te llega muy dentro porque te habla con la sinceridad de un amigo: "desde mi experiencia os puedo decir que lo peor de todo es el nacionalismo: el catalán, el vasco, el español, el irlandés...". El concierto había comenzado con el monólogo de Chaplin en "El gran dictador", mientras las pantallas mostraban la Europa destruida de finales de los años 30 y principios de los 40 (sí, también España), y cada cierto tiempo lanzaban mensajes de amor y de hermandad, y también críticas contra la nueva oleada de fascismos: Orban, Le Pen...

El setlist (dos horas y cuarto de disfrute) les mostró defendiendo con valentía su reciente obra, con momentos muy notables y protagonismo especial para su último álbum, "Songs Of Experience" (2017), con siete temas, seguido de "Achtung Baby" (1991), con cuatro, y "How To Dismantle An Atomic Bomb" (2005), con tres. Y, desde luego, no faltaron los clásicos: "I Will Follow", "New Year's Day", "Sunday Bloody Sunday", "Pride (In The Name Of Love)"... Eso sí, se saltaron "The Joshua Tree" (2017), del que celebraron por todo lo alto el 30 aniversario el año pasado. Mi momento: cuando toda la banda se acercó justo al lado de donde yo estaba a tocar "Elevation", "Vertigo", "Even Better Than The Real Thing"... Un sueño hecho realidad.

"The Blackout" "Sunday Bloody Sunday" "New Year's Day" "Even Better Than The Real Thing" "Pride (In The Name Of Love)" "Love Is Bigger Than Anything In Its Way"

sábado, 15 de septiembre de 2018

MÚSICA / Rosendo NO está para jubilarse

Rosendo Mercado, el poeta del rock urbano español, demostró anoche en Fuensalida (Toledo) que está en plena forma. Un sonido impecable vistió una colección de canciones en las que dio un repaso global a su carrera, desde los inicios de Leño a sus últimos discos en solitario, sin caer nunca en la nostalgia pero, al mismo tiempo, defendiendo su cancionero clásico, lo mismo que el actual, pues todo él tiene sus carácterísticas: sonido de rock duro y letras de doble intención. No está para jubilarse. Pero ha dicho que es su última gira. Seguirá componiendo y grabando pero cree que ha llegado el momento de dejar las actuaciones. Sus razones tendrá, pero sigue dando la talla. Claro que la gente siempre le pedirá "Maneras de vivir" y "Agradecido" (las dos canciones del bis), como también "Aguanta el tipo" (con la que abrió el concierto), "...Y dale!", "Flojos del pantalón", "Pan de higo", "Cosita", "Navegando", "El tren"... Y, sin embargo, en temas nuevos como "Cúrame de espantos", "El botillo y la pringá", "Vergüenza torera", "Muela la muela", "Cada día" o "Masculino singular" encontramos al Rosendo de siempre. Coherencia pura.

"Agradecido"


"Pan de higo"


"Masculino singular"


"Vergüenza torera"


"Maneras de vivir"

domingo, 2 de septiembre de 2018

VIAJES / Alsacia (Francia) y Selva Negra (Alemania) (y 2)

Entramos a la Selva Negra, un macizo montañoso con una altura máxima de 1.493 metros (monte Feldberg) y densísimos bosques de abetos (de ahí lo de "negra"), por Baden-Baden. Esta ciudad es principalmente conocida por sus aguas termales, de las que ya disfrutaban los romanos (como el emperador Caracalla, que da nombre a uno de los más famosos y múltiples balnearios de la localidad), así como por sus casinos (hasta el propio Dostoyevski se dejó las perras aquí). Por lo demás, la localidad está muy bien cuidada, limpísima y tranquila. Para mi gusto le falta alma y le sobran carísimas tiendas de alta gama. Pero tiene un parque muy chulo a lo largo del río Oos. El recorrido en coche por la Selva Negra básicamente consiste en recorrer de norte a sur (o viceversa) la carretera 500, desviándose de vez en cuando por otrass carreteras para visitar pueblecitos o miradores para extasiarse de los paisajes de ensueño.

Paradas obligadas también son los lagos repartidos por toda la zona. El que más me gustó fue Mummelsee, que, aunque recibe la abundante visita de turistas, no es para nada agobiante. Hay el esperado hotel, restaurante, tiendas de gastronomía-souvenirs y alquiler de barcas, pero todo está bastante controlado. Además, hay una senda que da la vuelta al lago y es ideal para un paseo entre árboles disfrutando aún más del entorno. Un lago mucho menos visitado, y donde os podreís sentir a solas con la naturaleza es el Wildsee, al que se accede por una pequeña ruta senderista. Más al sur se sitúan, en cabio, los lagos más visitados, sobre todo Titisee, que está a los pies de una localidad plenamente volcada con el turismo, repleta de tiendas, a su vez abarrotadas de gente haciendo múltiples activdades. En cualquier caso, la zona es realmente muy disfrutable. Pero si queréis algo menos de ajetreo, a pocos kilómetros está el mucho mayor lago Schluchsee.

Sobre otros pueblos y ciudades interesantes podemos mencionar Gengenbach, cuyo centro nada tiene que envidiar a esos de cuento vistos en Alsacia. Nos alojamos en Triberg, cuyo mayor atractivo (aparte de tener dos de los mayores relojes de cuco del mundo) son las cascadas del río Gutach (en la imagen). Estas cascadas se descuelgan en varios tramos desde 163 metros de altura y pueden recorrerse a través de una senda bien habilitada que cruza varias veces por encima mediante puentes. Una gozada de paseo. Finalmente llegamos a Friburgo, una ciudad muy animada y de gran vida cultural al tratarse de sede universitaria, considerándose además la capital de la ecología. Nos encontramos con un centro muy bonito, con la catedral gótica, calles comerciales y buena red de tranvías. Ciertamente, fue el único sitio de la Selva Negra donde pudimos quedarnos hasta tarde tomando cervezas en un pub y viviendo las calles animadas hasta altas horas, lo cual también está bien.

viernes, 31 de agosto de 2018

VIAJES: Alsacia (Francia) y Selva Negra (Alemania) (1)

Situadas en pleno corazón de Europa, la región francesa de Alsacia y la alemana de la Selva Negra tan solo están separadas por el río Rin. De hecho, durante siglos, Alsacia ha sido objeto de disputa entre ambas naciones, quedando hasta ahora bajo dominio galo desde el término de la Segunda Guerra Mundial, aunque llama enseguida la atención de la enorme cantidad de topónimos y nombres en egenral de origen germano. Comenzamos el viaje volando al Aeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo, aeródromo multinacional (aunque en suelo francés), pues dispone de espacios para los pasajeros que llegan a (o salen de) Suiza, Francia y Alemania. Como estos dos últimos países pertenecen a la Unión Europea, no hay problema, pero como Suiza no, puede surgir el siguiente problema o malentendido que nos sucedió. Alquilamos el coche (a través de Rentalcars.com, web muy aconsejable, por cierto) en la agencia Thrifty del lado suizo. Lo pensamos así porque también íbamos a circular por Suiza, país que requiere la llamada viñeta, un impuesto de unos 40 euros por circular por autopista (no por carretera convencional, ojo). No queríamos complicarnos mucho y decidimos tener un coche suizo (ya con la viñeta incluida). El caso es que, al final del viaje, al ir a devolverlo al aeropuerto, no reparamos en que nos metimos en el lado franco-alemán, donde hay también un mostrador de Thrifty y el resto de compañías de alquiler. Allí nos dijeron que teníamos que ir a devolverlo al lado suizo (bajo multa de 40 francos suizos), que estaba como unos 20 metros detrás. Pero... teníamos que ir primero a la frontera suiza (que queda a 4 kilómetros), pasar por la aduana, volver al aeropuerto recorriendo otra vez los 4 kilómetros y entrar por el lado suizo. Que lo sepáis...

El viaje en cuestión lo empezamos precisamente en Suiza, visitando la bonita ciudad de Basilea. Agradable, moderna y con una oferta imbatible para el turista: si estás alojado en un hotel tienes derecho a usar el transporte público ilimitada y gratuitamente durante toda tu estancia. Se trata de una medida que se aplica en todo Suiza, así que... ¡Fenomenal! Y más teniendo en cuenta que todo el centro de Basilea está prácticamente cerrado al vehículo privado y hay una estupenda red de tranvías para moverse. La llegada a la ciudad también supuso nuestro primer encuentro (de muchos más) con el Rin, donde, dado el buen tiempo, la gente se lanza no solo a tomar el sol en sus orillas, sino también al agua con flotadores aprovechando su anchura y buen caudal, y dejándose arrastrar durante buenos tramos. Muy divertido. Basilea contiene gran cantidad de museos (con descuento del 50% para el visitante asimismo), así como algunos edificios destacables, como la puerta medieval, el ayuntamiento y la catedral gótica (donde está enterrado Erasmo de Rotterdam). A lo spies de esta iglesia se proyecta cine de verano en agosto, por cierto. Gratis, claro. Un alivio, porque todo es carísimo en Suiza.

Subimos al norte y entramos en Francia para comenzar el recorrido por Alsacia, repleto de preciosos pueblos, casi todos situados a lo largo de la llamada Ruta de los Vinos de Alsacia, a lo largo de un valle a los pies de la cordillera de Los Vosgos. En Mulhouse encontramos un centro bonito, con su plaza, su ayuntamiento y su iglesia, algo que se repetirá a lo largo del recorrido, aunque en mayor grado de belleza. Después nos desviamos a Thann, que también tiene un pequeño casco interesante, y nos adentramos en Los Vosgos, una maravilla natural donde abundan sobre todo pinos y abetos. Nos encontramos con algunos miradores impactantes y subimos (por carretera) al Gran Ballon (1.424 metros), donde hay pistas de esquí habilitadas para el invierno. Regresamos al valle y nos acercamos a Colmar. Pero antes pasamos por Eguisheim (ver foto), uno de los pueblos sin duda más bonitos, pues conserva su estructura medieval con calles en círculos concéntricos dentro de la muralla. Una pasada. Colmar, a pesar de ser una ciudad grande (70.000 habitantes) tiene un centro muy atractivo y paseable, con calles empedradas, los edificios típicos de la zona con vigas de madera vista y culminando en la llamada "pequeña Venecia", un barrio que combina lo anterior con unos canales de agua. Aquí es donde nos decidimos a probar la gastronomía alsaciana, con desiguales resultados. Por un lado, me gustaron la tarte flambée -llamada flammkuchen en la vecina Alemania- (básicamente, una pizza de masa fina), el choucroute -también compartido con Alemania- (que ya conocía, salchichas y carnes con repollo) y el vino (un blanco fresco muy rico). Pero, definitivamente, no me entraron bien los fleischschnecke (rollos de pasta y carne), que se me hicieron muy pastosos.

Siguiendo nuestra ruta, luego fue el turno de Riqewihr (también de inconfundible nombre germánico), uno de los pueblos también que más me gustaron, con un centro cerrado al tráfico y unas calles chulas con edificios típicos. También es destacable Ribeauvillé. La verdad es que todo es un conjunto de belleza suma, dentro de viñedos que, en algunos casos, se descuelgan por las laderas alrededor de algunos pueblos. Y uno de lo spuntos fuertes del día es la visita al castillo de Haut-Koenigsbourg, situado en la cumbre del monte Stophanberch desde el año 1192. Impone su enormidad y su magnífico estado de conservación. Y las vistas son espléndidas, pues se otea toda la zona del valle que hemos visitado y se alcanza a divisar hasta el Rin y el lado de Alemania. Pero antes de entrar en terreno germano, nos queda culminar la ruta alsaciana. Primero Obernai, un pueblo que merece una parada. Y luego Estrasburgo, que, desde luego, no es la ciudad gris y burócrata que algunos pueden tener en la cabeza (por albergar el Parlamento Europeo). Se trata de una ciudad grande pero con un centro espléndido, muy agradable de visitar. No solo a lo largo de sus calles comerciales, sino también a la orilla del río Ill, que es dividido en canales en una zona de esparcimiento espléndida. Y qué sorpresa al desembocar ante la impresionante catedral gótica. Una de las mejores que he visto, sin duda. Construida entre 1015 y 1439, es Patrimonio de la Humanidad desde 1988. Normal. Por último, la obligada visita a la sede del Parlamento Europeo (a las afueras, hay que ir en tranvía), que es gratuita pero está dividida en tres turnos guiados: uno en inglés, otro en francés y otro en alemán. Sí, ninguno en español. Como tampoco sabíamos previamente los horarios llegamos fatalmente a la visita... en alemán. Muy interesante pero nos enteramos poco. menos mal que al final pudimos coger un libro informativo en nuestro idioma...

sábado, 18 de agosto de 2018

VIAJES / Norte de Soria y Pirineo de Lleida

Soria es una provincia injustamente olvidada. Y es una pena, porque el norte de la provincia es un auténtico paraíso, pues contiene la masa de pinares más grande toda Europa, amén de albergar sierras espléndidas (los Picos de Urbión es el mejor ejemplo), circos glaciares con lagos impactantes como la Laguna Negra o el embalse de La Cuerda del Pozo, que no solo está rodeado de espesa vegetación (pinos, robles, etc.), sino que cuenta con dos zonas perfectamente habilitadas para el baño: Playa Pita y Playa Gamella. Establecidos en Vinuesa, un pueblo encantador de apenas 1.000 habitantes a medio camino entre el embalse de La Cuerda del Pozo, la Laguna Negra y las sierras de Urbión y de Cebollera, es un magnífico punto de partida para visitar la zona. Primero nos decidimos por el playeo, así que fuimos, primero, a Playa Pita, situada entre Abejar y Molinos de Duero. Siguiendo el camino señalizado no hay pérdida. Se aparca (gratuitamente) y a disfrutar de un día entre pinares y una serie de pequeñas playas con arena muy fina y espacio para adentrarse en el agua (hasta cierto punto) sin peligro. Agua fresquita, muy agradable para estos días de agosto, donde aquí rondamos los 30 grados. La otra playa del embalse es Playa Gamella, ubicada cerca del pueblo de Herreros. En este caso son los robles los que nos protegen del sol y la zona de baño cuenta igualmente con estupenda arena fina.

De vuelta a Vinuesa parte la ruta para el norte, hacia la Laguna Negra (1.753 metros de altitud). Al llegar hay que pagar 4 euros por el parking y, para recorrer el último tramo hacia la laguna, se puede bien subir andando un empinado camino (o por la carretera) bien tomar un autobús por 1,20 euros la ida y vuelta. A los pies de la Laguna Negra, una pasarela nos permite recorrer una parte, pero luego podemos tomar caminos por los alrededores. Incluso se podría subir y acceder a la Laguna Helada y, con dos horas más de camino, alcanzar el Urbión.(2.228 metros). Pero, ya si eso, otro día... Hay que recordar que el precio del parking incluye una visita a la Casa del Parque, centro de intrepretación de la zona, bastante interesante.

Valle de Arán

El Valle de Arán es una comarca situada en los Pririneos del noroeste de Lleida, tradicionalmente mejor comunicada con el departamento francés del Alto Garona que con el resto de Cataluña y España. Por ello, conserva una lengua propia (el aranés), unas costumbres específicas y una especial relación con los vecinos franceses. La llegada al valle ya impresiona cuando, tras atravesar el túnel de Viella, llegamos a la capital de la zona con un descenso que nos permite contemplar la majestuosidad del valle. Desde Viella partimos hacia una de las rutas emblemáticas: Uelhs deth Joèu. Para ello seguimos rumbo noroeste la carretera del valle, hasta Las Bordas y de ahí seguimos el camino señalizado como Uelhs deth Joèu y Artigas de Lin. Tras unos kilómetros de camino forestal asfaltado se accede al aparcamiento (gratuito) y se puede empezar ya a caminar o bien tomar un trenecito que tiene dos paradas. Lo más sencillo es bajarse en la segunda, en el refugio de Artiga de Lin, y así todo es llano o cuesta abajo. El camino es impresionante, a los pies mismos de altas montañas por un valle todo verde. Empezamos estando a los pies del Coll de Toro, detrás del cual está el Pico Aneto (3.404 m.), pero no se ve. Seguimos una ruta sencilla de menos de 3 kilómetros bajando junto al río Joèu, que es un rebrote 4 kilómetros después del Aigualluts (en el Valle de Benasque, en Huesca), originado en el propio Aneto. Al final del circuito, el Joèu forma unas bonitas cascadas y ya se da por concluida está espléndida experiencia. Como nos hemos quedado con ganas de ver el Aneto, vamos a Vilamós, la población conocida por ser el mirador oficial de la montaña más alta de los Pirineos y la segunda de la Península Ibérica.

Precisamente, es un disfrute visitar los pequeños pueblos del Valle de Arán, como el citado de Vilamòs (1.255 m.) o Bossòst (712 m.), ya en el valle. Este último recuerda mucho a otros vistos en los Alpes suizos, con sus casas de vigas de madera vista y tejados negros picudos para evitar que se pose la nieve en invierno; en este caso, con su puente sobre el río Garona, que baja con fuerza y donde se practica rafting. Encantador. Un poco más al norte llegamos a Bausen (931 m.), desde donde se hace la ruta del Bosque de Carlac, un hayedo precioso. Antes, a la salida del pueblo, nos encontramos con la tumba de Teresa, que protagonizó una historia de amor con final trágico a principios del siglo XX. Cerca hay un banco al borde del precipicio para contemplar una de las más impactantes vistas del Valle de Arán. De vuelta a Viella, y continuando hacia el este, merece la pena visitar la iglesia románica más antigua del valle (siglo XII), en Escunhau. Y llegando a Baqueira, la carretera sube hacia Montgarri (1.655 m.), un pueblo hoy prácticamente abandonado y desde el que se accede a una altiplanicie y a un recorrido muy interesante por la zona.

Dejamos el Valle de Arán con una mezcla de pena y alegría por lo que hemos visto. Pero queremos poner un gran punto y final con la visita al Congost de Mont-rebei, un desfiladero formado por el río Noguera Ribazorçana, en el límite de las provincias de Lleida y Huesca. Para ello salimos desde Viella y viajamos hacia el sur por la N-230, hasta Puente de Montañana. De ahí tomamos un camino asfaltado de varios kilómetros, hasta llegar a una zona de parking, que cuesta 5 euros. Pero nosotros optamos por dejar el coche a un lado del camino. Luego la ruta consiste básicamente en caminar por el desfiladero. La opción más corta son 3 kilómetros de ida (y los mismos de vuelta) por un camino que atraviesa un puente colgante y una parte excavada en la roca auténticamente impresionante. Las vistas son de vértigo y la experiencia, inolvidable. Se podría seguir más adelante, hasta los 10 kilómetros, por unas escaleras situadas en la parte aragonesa del desfiladero y con unas pendientes importantes, pero eso ya lo dejamos a los más valientes.

sábado, 4 de agosto de 2018

LIBROS / "Fuego y furia: en las entrañas de la Casa Blanca" (2018)

Puede resultar evidente lo inepto y patético que resulta Donald Trump como presidente de los Estados Unidos pero el periodista Michael Wolff, gracias a haber estado infiltrado (con permiso) en la Casa Blanca durante los primeros ocho meses del mandato del multimillonario, ofrece detalles concretos en su libro "Fuego y furia" (2018) que no solo apuntalan esa idea, sino que la refuerzan hasta límites difícilmente imaginables. No es solo el caos de una administración incompetente, sin experiencia de gobierno y plagada de rivalidades internas, sino que describe a Trump como alguien directamente deficiente mental, incapaz de comprender lo que lee o se le dice (no pasó de la Cuarta Enmienda de la Constitución -y son 27- por aburrimiento), y que divaga y se repite en sus charlas. También queda claro que no solo no se esperaba ganar las elecciones, sino que no quería, pues solo pretendía presumir ante los suyos, los super-ricos. De hecho, estuvo un buen tiempo deprimido porque la élite económica no pasó fielmente a besarle el anillo tras su victoria. Todo lo contrario, buena parte de su plantilla en la Casa Blanca le llama a sus espaldas directamente "tonto", "idiota" y "gilipollas".

Su propio presidente de campaña (primero) y jefe de estrategia de la Casa Blanca (después), Stephen K. Bannon, fue uno de los mayores filtradores para el periodista y quien se mostró más duro con la incompetencia del presidente (por eso acabó siendo despedido, tras aparecer sus revelaciones en el libro). También hay amplio espacio dedicado a su yerno (y asesor) Jared Kushner, dibujado como quien realmente mueve los hilos, así como a la mujer de este (e hija de Trump), Ivanka, cuya ambición llega a querer convertirse en la futura primera presidenta del país. Y, en fin, toda una serie de anécdotas que ejemplifican el desastre que significa tener a Donald Trump al mando del país más poderoso (y con bomba atómica) del mundo, en un libro no especialmente muy bien escrito y que da por sentados acontecimientos y personas que son de mayor conocimiento local que internacional, pero que, por encima de todo, es valioso por la prueba incontestable que supone.

viernes, 13 de julio de 2018

MÚSICA / Mad Cool 2018: Pearl Jam, Tame Impala, Eels, The Last Internationale...

Reconozcámoslo: esta tercera edición del Mad Cool tenía a Pearl Jam, uno de los referentes del grunge de los 90, como plato fuerte claro y evidente. Y aprovechando la legión de fans que iba a acudir al evento, la organización ha optado para aumentar las magnitudes del festival (algunos dirán que en exceso): un recinto enorme para 80.000 personas por día, mayor y más alejado de la ciudad que el anterior, la Caja Mágica. Nada que objetar a tal pretensión pero, claro, esta debe ir acompañada de las previsiones logísticas más elementales. Y esto es lo que ha fallado en el primer día del macrofestival: colas enormes para entrar por el ÚNICO acceso y cacao para acceder al entorno, tanto en coche como en transporte público. Porque, claro, si pretendes que 80.000 personas pasen por una misma entrada sin formarse un tremendo caos es como aquello del ojo de la aguja... Nada importaba que tuvieras previamente la pulsera o que, en cambio, necesitaras hacer el cambio in situ; todos íbamos por el mismo sitio. Normal que hubiera tiempos de espera (bajo el implacable sol de julio) de un par de horas solo para entrar. Y sobre la llegada al lugar no es de recibo que la medio solución se alcanzara solo unos pocos días antes del inicio del evento, y de aquella manera... Porque, claro, si no te avisan de que cierran al tráfico privado el área residencial cercana, pues te quedas con cara de a ver dónde aparco yo ahora. Y si eliges el transporte público y ves que se forma un tremendo atasco de taxis, cabifys y autobuses... Y si calculas que por la madrugada, a la vuelta, la apertura de la línea 8 es insuficiente (¿de Feria de Madrid a Nuevos Ministerios? ¿Y luego qué?)... En fin, para hacérselo mirar muy, muy atentamente...

Afortunadamente fui previsor, ya que me olía la tostada e iba en coche, y llegué sobre las 18 horas (momento a partir del cual empezaban los primeros conciertos). Entonces vi cómo la policía me cerraba el paso a donde pensaba aparcar, así que, improvisando, y con el consejo de amigos, di con el parking del Parque Valdebebas como lugar estratégico ideal, dadas las circunstancias. Luego tocaba caminar dos kilómetros hasta el recinto, pero visto lo visto fue la mejor opción posible. Después nos tocó hacer la infausta cola, aunque a esa hora tempranera apenas tuvimos que esperar poco más de media hora. En fin, ya dentro todo apuntaba bien, espacios anchos, abundante y muy accesible zona de restauración (fallo garrafal de pasadas ediciones), pero cuando todo se llenó de gente ya vimos que era misión imposible pillar bebida en las horas punta: insuficiencia de barras (aunque se agradecieron los grifos de agua gratuita). Por no hablar de que se les cayó el sistema de pago con tarjeta. Chapuzas varias... Y luego, claro, lo lógico de un macrofestival: que puedes acabar viendo al grupo desde 100 metros. Es lo que pasó con el cabeza de cartel, Pearl Jam. Pero hay que decir que el resto de bandas se pudieron ver (y oir) bastante bien. La técnica funcionó estupendamente. ¡Por lo menos! Eso sí, hay algún caso de escenarios que están más o menos cerca y, con conciertos simultáneos, pueden llegar a solaparse los sonidos: por ejemplo, entre el Koko Stage y el Radio Station Stage.

Entrando en lo meramente musical, el día comenzó con los estadounidenses Eels, encabezados con ese personaje en sí mismo que es Mark Oliver Everett. El caso es que fue una actuación bastante brillante, en la que la banda dio buena cuenta de su variado estilo de rock alternativo, que abarcó desde una versión de Prince a momentos más oscuros y otros más íntimos. Siempre originales y muy efectivos en directo. Luego turno del gallego Iván Ferreiro (una de las pocas actuaciones españolas importantes), que se mostró solvente con su rock emotivo y de letras sentidas. Después dio tiempo de escuchar algo de los sets de los angelinos Fidlar, con su excitante descarga punk, y del texano Leon Bridges, con su animosa receta soul. Tiempo para cenar un poco y preparados para lo fuerte. Primero, los australianos Tame Impala, que ofrecían su primer concierto en lo que va de año. ¡Y qué concierto! Una puesta en escena impactante, en la línea con su estilo musical de rock psicodélico, de ese con el que levitas. y eso más o menos es lo que experimentamos. Un cancionero estupendo, en solo dos discos (preparan el tercero), que alcanzó grandes alturas por momentos.

Y llegaron Pearl Jam. La banda de Seattle, encabezada por el carismático Eddie Vedder, vino dispuesta a darlo todo, a demostrar que siguen mandando en el panorama mundial del rock. Y a fe que lo consiguieron. Con una entrega digna de los grandes, desde el minuto uno hasta las más de dos horas y cuerto que duró la actuación, hicieron vibrar a todos los presentes con un repertorio magníficanete elegido. Hubo momentos para todo: canciones sentidas, temas energéticos, actitud rockera, momento de concienciación (Luis Tosar y Javier Bardem en vídeo contra los abusos a mujeres) y un Vedder que se marcó algo más que unas cuantas palabras en español para agradecerlo todo. Chapó. El equilibrio en el setlist también se expresó en las canciones, tanto antiguas como nuevas, tanto delicadas como exultantes, aunque, lógicamente, su primer álbum, el glorioso "Ten" (1991), acaparó siete temas, por tres del siguiente, "Vs." (1993) y dos del posterior, "Vitalogy" (1994). Pero también hubo tres del muy interesante "Lightning Bolt" (2013), su último trabajo hasta la fecha, así como de otros discos y un par de versiones: "Eruption", de Van Halen, y "Rockin' In the Free World", del venerado Neil Young. Muy buen sonido, mucha, mucha actitud y un repertorio perfecto. ¿Qué más se puede pedir?

Setlist de Pearl Jam en el Mad Cool 2018.

¿Y qué quedaba tras esto? Bueno, pues algunas propuestas interesantes. El rock divertido de los ingleses Kasabian, el contundente garage punk de los canadienses Japandroids, el magnetismo del pop psicodélico de los estadounidenses MGMT y, sobre todo, la garra rockera de los neoyorquinos The Last Internationale, una pequeña-gran sorpresa. Supieron conectar con el público, la cantante tiene una voz prodigiosa y realizaron un set intenso y muy efectivo.









miércoles, 11 de julio de 2018

MÚSICA / David Byrne, disfrute y concienciación

Estupendo el rato que nos hizo pasar anoche el gran David Byrne, mítico fundador de los Talking Heads, la banda de new wave, pop-rock y art-punk que brilló a finales de los 70 y principios de los 80. Con una adictiva mezcla de sonidos del mundo y una puesta en escena apabullante y divertida (él, junto con 11 miembros de su banda, siempre de pie, en movimiento, bailando y realizando coreografías), el artista escocés repasó su extensa carrera, desde la etapa de los Talking Heads a su más étnica propuesta en solitario. Todo ello fue un disfrute. Y siempre manteniendo su peculiar tono irónico y crítico, que culminó en el cierre con una versión de la canción protesta contra la violencia racial "Hell You Talmbout", de Janelle Monáe. Por el camino, grandes joyas clásicas como "I Zimbra", "Slippery People", "This Must Be The Place (Naive Melody)", "Once In A Lifetime" o "Burning Down The House" (sólo faltaron "Psycho Killer" y "Road To Nowhere").

Setlist de David Byrne en Noches del Botánico, Madrid, 2018.