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jueves, 25 de marzo de 2010

POLÍTICA / Sanidad para todos en Estados Unidos

Parece mentira que se pueda calificar de hito el hacer llegar a toda la población estadounidense la asistencia sanitaria, algo considerado habitual en Europa. Pero lo es. Así de trascendental es la reforma sanitaria aprobada por la Cámara de Representantes (219 a favor y 212 en contra) y promulgada por el presidente Barack H. Obama. Cuatro lo intentaron en vano previamente: los demócratas Harry S. Truman (1945-1953), Lyndon B. Johnson (1963-1969) -que al menos logró el Medicare para jubilados y el Madicaid para pobres- y Bill Clinton (1993-2001), además del (aunque parezca increíble) republicano Richard Nixon (1968-1974). Pero ahora, por fin, Estados Unidos universaliza la cobertura médica, acabando así con décadas de férreo control por parte de las aseguradoras privadas sobre quién merece y quién no la asistencia y según qué tipo de dolencia, así como con el absurdo temor cultural de buena parte de la población de que socializar la sanidad es poco menos que aplicar el comunismo. De hecho, hay que tener en cuenta que todos los representantes republicanos y 34 demócratas votaron en contra de la ley.

Y eso que ni mucho menos se establece un sistema de seguridad social gratuita como el que tenemos en España. ¡Qué va! Seguirá rigiendo la cobertura a través de seguros privados. Sólo que a partir de ahora, el Estado obligará a las aseguradoras a cubrir a todo el mundo, independientemente de su nivel económico, lo cual supondrá generar subvenciones públicas para hacerlo posible (con un coste estimado de 900.000 millones de dólares, cuando sólo la guerra de Irak podría superar el billón). El resultado deberá ser similar: que cualquiera (nacionalizado, ojo) pueda ser atendido por un médico sin tener que pensar en pagar. No es el ideal, pero para ser Estados Unidos es un avance de dimensiones épicas. Obama, yes, he can.

Os dejo con el inicio del documental "Sicko", de Michael Moore, donde queda claro cuánto vale un dedo si no tienes seguro.

"Sicko", de Michael Moore

domingo, 13 de septiembre de 2009

POLÍTICA / La reforma sanitaria de Obama

Muy inteligente este Obama. El presidente norteamericano ha logrado convencer a sus compatriotas de la necesidad de la cobertura sanitaria universal utilizando dos ideas muy claras, que han dado la vuelta al tradicional temor de un pueblo que siempre ha considerado la seguridad social como un ataque directo a su libertad (de elegir su propio médico privado). Sí, bueno, es una actitud difícil de asumir que en una sociedad avanzada se permita abandonar a su suerte a 50 millones de no asegurados, pero de alguna forma estaba tan enraizada como ese nefasto derecho a portar armas. Así de irracionales e implantadas están las tradiciones... Pero, con argumentos, coyuntura favorable y medidas adecuadas, ahora se han vuelto las tornas: dos terceras partes de los norteamericanos aprueban esa nueva cobertura sanitaria (aún sin definir, por cierto). Eso sí, ahí siguen los lobbys de presión y los reductos de neoliberales de la salud, pero ahora son minoría y van a la defesiva.

Y esas dos ideas básicas del planteamiento de Obama que han logrado convencer al personal son bien inapelables. La primera, que la protección sanitaria es, sobre todo, un problema de las clases medias. No sólo de un puñado de supuestos marginados que se han buscado su aislamiento y no merecen que el Estado derroche en ellos. Este planteamiento ha sido el dominante durante mucho tiempo, pero la realidad lo ha roto: la codicia de los seguros médicos privados al negar cobertura, no a pobres sino a trabajadores y profesionales (algo muy bien denunciado por el cineasta Michael Moore en "Sicko"), mientras que desde 2002 sus beneficios han crecido un 428% (según la revista Harper's), se lo ha puesto en bandeja de plata al presidente. Y el segundo gran argumento es aún más sólido, porque apela al bolsillo: Estados Unidos gasta "una vez y media más por persona en sanidad que cualquier otro país, pero no por eso tenemos mejor salud" (Obama dixit). Además, el plan costará 900.000 millones de dólares en 10 años, procedentes del ahorro del despilfarro económico actual, una cifra muy inferior al tinglado militar que Estados Unidos tiene montado en Oriente Medio. Y al estadounidense le hablas de corregir el gasto ineficaz y ya te los has ganado. Jugada maestra, jaque y mate en dos movimientos. Ahora, queda por delante algo no menos complicado: materializar el plan y aunar los apoyos suficientes en el congreso. Pero la luz verde ya está dada. Muy inteligente este Obama.