Lejos quedan ya aquellos gloriosos años del Primavera Sound en el Pueblo Español de Montjuïc, un espacio visualmente precioso pero decididamente pequeño para contener la afluencia que su calidad merece. Ahora, coincidiendo con su quince aniversario, este festival se ha convertido en el referente de la música pop, rock y electrónica en directo, y hace tiempo que sobrepasó al (en su momento) imbatible FIB de Benicàssim. Acostumbrado a su alto nivel y a las grandes sorpresas que depara, quizá esperaba más de esta celebración tan redonda, pero, no obstante, la edición de este año ha sido francamente buena, pues ha logrado aunar, una vez más, artistas clásicos (Patti Smith, Thurston Moore -Sonic Youth-, The Pastels, The Vaselines, The Replacements, The Church, Tori Amos), potentes bazas de la escena actual (The Black Keys, The Strokes, Belle & Sebastian), selectos representantes patrios (Mercromina, Los Punsetes, Perro), regresos importantes (Ride, Sleater-Kinney) y excelentes descubrimientos (Ex Hex, Mikal Cronin, Younghusband, Twerps).
Jueves 28 de mayo
Inicio brutal con los murcianos Perro y su noise-punk nuevaolero que nos hizo olvidar su horario intempestivo (por tempanero, las 5 de la tarde). En directo se desenvuelven con soltura y convencen tanto como en su primer disco grabado ("Tiene bacalao, tiene melodía" -2013-), una pequeña joya y un grupo claramente a seguir. Sobre los australianos Twerps decir que siguen la escuela de ese pop sencillo cuya máxima aspiración es resultar bonito. Y a fe que lo consiguen. Más revelador fue asistir al concierto de los canadienses Cheatahs, que recuperan con muy buena mano lo mejor del estilo shoegazing de finales de los 80. Pero para grandes recuperaciones, la presencia de Thurston Moore, co-fundador de los míticos Sonic Youth, ahora con su propia banda para seguir impartiendo clases de domesticación de ruido. Su proyección está por ver, pero verle actuar es una experiencia fantástica. Una sorpresa aún mayor fue la de conocer al estadounidense Mikal Cronin (ver imagen), el muy activo creador de sonidos pop guitarreros e intensos, abarcando power-pop, garage e indie-rock. Su juventud no le impide actualizar con sabiduria la historia de la música moderna con referentes realmente exquisitos. Un conciertazo, realmente. El turno de los cabeza de cartel, The Black Keys, la banda que ha entregado uno de los mejores álbumes del siglo XXI ("El camino" -2011-), en su primer concierto desde la lesión de su batería a principios de año, evidenció tanto lo sólido de su propuesta como algo de feeling perdido en algún momento. Quizá falta recuperar la magia de los bolos. Pero los temazos son los que son y esos siguen funcionando. El primer día se cierra con Los Punsetes, banda inclasificable donde la haya, y, al mismo tiempo, una de las mejores que ofrece el panorama musical español en la actualidad. Su punk-pop ha construido ya un repertorio espectacular pleno de letras irónicas, cachondas y con mala baba. Una delicia.
Viernes 29 de mayo
Empezamos bien el día, con los míticos The Pastels, uno de los grupos clave de la sobresaliente escuela escocesa de pop. Ahí siguen, apostando por las bellas melodías, tras su regreso con "Slow Summits" (2013), aunque a su cantante le siguen faltando algunas clases de entonación. Y de Estados Unidos llegan Ex Hex, la banda de la ya veterana Mary Timony, que, con su nueva formación ("Rips" -2014-), está poniendo bien alto el listón de sonidos que mezclan rock and roll, pop y punk en su justa medida. Una buena dosis. Y momento para unos clásicos de la escena alternativa española: Mercromina (ver imagen). Los albaceteños demuestran una vez tras otra que son una de las bandas más grandes de noise e indie-rock. Su concierto fue apabullante, sublime, mágico. Otros escoceses, Belle & Sebastian, han enriquecido su receta de pop bello con ritmos bailables en su último disco ("Girls In Peacetime Want To Dance" -2015-). Ahora, sus directos no solo se pueden tararear, sino también bailar. ¡Doble disfrute! Y llega la noche con dos retornos de peso. Por un lado, las estadounidenses Sleater-Kinney mostraron la fuerza intacta de su energético rock alternativo de los 90. Parece como si no hubiese pasado el tiempo por ellas. Pero, además, vuelven presentando un disco notable, "No Cities To Love" (2015). En cambio, Ride viven de las rentas. Su concierto fue una estupenda muestra del sonido shoegazing noventero, con unos cuantos grandes himnos. Pero es solo un retorno nostálgico al pasado.
Sábado 30 de mayo
La última jornada comenzó interesante, con los londinenses Younghusband ofreciendo atmósferas de dream-pop y psicodelia. Siguió el indie-rock un tanto etéreo de los neoyorquinos DIIV, también bastante correcto. Pero el momento cumbre llegó pronto: The Vaselines -ver imagen- (más escoceses) estaban en la ciudad. El grupo que era referencia de Kurt Cobain (nada menos) no solo han recuperado su clásico repertorio de pop-rock alternativo, sino que traen bajo el brazo un nuevo disco francamente bueno, "V For Vaselines" (2014). Una gozada. En cambio, la culminación del día, protagonizada por dos bandas de Nueva York, fue algo más floja de los esperado. Interpol tienen sus momentos, no lo niego, pero, en términos generales, no me dicen gran cosa. Es más, me aburren a ratos. Sobre The Strokes, bueno, la historia no es la misma. Son los hacedores del mejor disco de la primera década del siglo XXI ("Is This It" -2001-) y su setlist es la envidia del 80% de las bandas que hay sobre la Tierra. Pero también es cierto que nunca se han vuelto a acercar a la calidad de aquella primera entrega. Por tanto, con poco más de una década en activo, ya viven del pasado. Y eso se nota en el directo, que también da muestras de cierta indolencia.
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domingo, 31 de mayo de 2015
martes, 28 de mayo de 2013
MÚSICA / Un Primavera Sound 2013 de perfil noventero
La edición 2013 del festival barcelonés de música Primavera Sound tuvo un marcado carácter noventero gracias a la profusión de bandas de aquella época (¿la última década gloriosa del rock?), bien porque aún se mantienen en activo (Los Planetas, The Breeders, Dinosaur Jr) bien porque -sobre todo- regresan por causas más o menos justificadas en lo musical (Blur, My Bloody Valentine*, The Jesus And Mary Chain, El Inquilino Comunista, Chucho). Bueno, el caso es que el balance fue bastante notable, tanto porque la mayor parte de esos grupos demostraron estar en forma como porque les acompañaba una buena hornada de figuras ya consagradas del indie (Meat Puppets, Nick Cave, Phoenix, Camera Obscura) y otras emergentes muy interesantes (Tame Impala, Django Django, Crystal Castles), además de los descubrimientos de pequeñas bandas que siempre sorprenden (Telebit, The Ringo Jets). Ni que decir tiene que es imposible ver a los cerca de 200 artistas que, entre el miércoles 22 y el sábado 25 de mayo, se pasaron por los 10 escenarios del macrofestival. Mención aparte merecen las dos significativas bajas, más o menos a última hora, de Rodríguez (al que le tenía muchas ganas después de admirar el documental sobre su vida "Searching For Sugar Man", que ganó el Oscar) y de Band Of Horses, una destacable banda del sonido americana.
Jueves 23 de mayo
Empezamos muy bien con El Inquilino Comunista, que hizo un repaso por sus temas más notables. Los chicos de Getxo siempre fueron muy buenos, dignos de la escena musical estadounidense del noise, quizá les faltaron un par de hits para triunfar, pero el que tuvo retuvo... Y pronto llega el que, desde mi punto de vista, fue el mejor de los conciertos de todo el festival, el que ofrecieron los australianos Tame Impala, que defendieron de forma sobresaliente sobre las tablas su excelente disco "Lonerism". Canciones redondas, nacidas de la psicodelia y el rock setentero, con mucha fuerza, gran sonido y brillante ejecución. Dinosaur Jr estuvo en su línea, correcto, pero es cierto que su sonido cansa un poco y se ha quedado un tanto anquilosado. Luego llegó el primer tándem de grupos que tocaban a la misma hora en escenarios distintos y hubo que repartir tiempo para ambos: The Postal Service estuvieron agradables con su pop con electrónica, mientras que Bob Mould, por su parte, estuvo realmente contundente con su fórmula de hardcore melódico (más lo segundo que lo primero), más en línea con Sugar que con Hüsker Dü (por hablar de sus antiguas bandas). Los franceses Phoenix ejercieron de cabezas de cartel con un gran despliegue de medios, mucha luminotecnia y sonido recargado, pero me gusta su pop elaborado y ya reúnen una interesante colección de buenos temas. Hubo hueco también para un descubrimiento en el escenario Adidas (muy orientado a ello), concretamente de los colombianos Telebit y su electro-rock molón.
Viernes 24 de mayo
Es divertido ver a Tokyo Sex Destruction en directo: su fórmula de rock y soul engancha y el cantante es un showman evidente. De los británicos Django Django esperaba grandes cosas porque su primer disco es una gozada. Pero en directo no saben aún reflejar su amplia gama de detalles musicales y no acabaron de engancharme tanto como pensaba, pero estuvieron bien. Otro de los grandes momentos del festival fue la reunión de The Breeders para interpretar su obra maestra, "Last Splash" (1993), a la que luego añadieron cuatro temas más para completar un concierto magnífico, con mucho feeling. Aunque tiene tantos kilos de más que parece la madre de su hermana gemela, Kim Deal mantiene su sempiterna sonrisa y la conexión especial con el público. Los escoceses The Jesus & Mary Chain eran uno de los más esperados retornos y su actuación fue bastante buena, aunque en exceso contenido. Eché en falta más tormenta eléctrica pero, por otro lado, agradecí que salieran a tocar (aparentemente) serenos y (casi) sin discusiones entre los hermanos Reid. En el escenario Adidas, los turcos The Ringo Jets fueron otra agradable sorpresa con su inspiración entre Jon Spencer Blues Explosion y The White Stripes. Concluyeron la jornada Blur, el mayor de los regresos -en términos comerciales- y su pop desenfadado. Siempre me gustaron y conservan un cancionero que forma parte de la vida de muchas personas, entre las que me incluyo. Aunque el concierto tuvo ciertos momentos de bajón, el balance fue notable porque su repertorio es infalible.
Sábado 25 de mayo
El día se quedó algo cojo debido a las caídas del cartel de Rodríguez y Band Of Horses. Pero, bueno, el primero fue muy bien sustituido (en un registro musical completamente diferente, claro) por Chucho. Los albaceteños se marcaron un conciertazo a cuenta de su glorioso repertorio. Y llegó la hora de nuevos conciertos simultáneos, tres en concreto: el australiano Nick Cave And The Bad Seeds, que tendrá su mérito pero a mí no me llega; los estadounidenses Meat Pupppets, banda ochentera referencial para grupos como Nirvana, que convenció con su mezcla de hardcore, punk y folk; y los escoceses Camera Obscura, que brillaron con su pop bonito. Otra lectura nostálgica la dieron Los Planetas. Los granadinos interpretaron de cabo a rabo (sin más) uno de sus grandes discos, "Una semana en el motor de un autobús" (1998). Excelentes atmósferas y ejecuciones instrumentales. No así la voz de J, que si nunca fue buena, con el tiempo ha empeorado. Y ya entrada la madrugada subieron a escena My Bloody Valentine. Los irlandeses han vuelto al panorama musical con el lanzamiento de su (estupendo) tercer disco (de larga duración) el pasado mes de febrero ("m b v"), tras más de 22 años de silencio discográfico. Estuvieron en su línea, creando lo que nunca otros han podido hacer: belleza (e incluso baile) de la distorsión y el ruido. Cierto que las voces apenas se intuían, pero se disfrutó igual. Cerraron la noche (y el festival) Hot Chip y su receta de electropop e indietrónica, ideal para mover el esqueleto brindando por una gran edición del Primavera Sound.
* Cierto, My Bloody Valentine desarrolló la mayor parte de su (exigua) discografía a finales de los 80, pero su disco clave fue de 1991, "Loveless".
Jueves 23 de mayo
Empezamos muy bien con El Inquilino Comunista, que hizo un repaso por sus temas más notables. Los chicos de Getxo siempre fueron muy buenos, dignos de la escena musical estadounidense del noise, quizá les faltaron un par de hits para triunfar, pero el que tuvo retuvo... Y pronto llega el que, desde mi punto de vista, fue el mejor de los conciertos de todo el festival, el que ofrecieron los australianos Tame Impala, que defendieron de forma sobresaliente sobre las tablas su excelente disco "Lonerism". Canciones redondas, nacidas de la psicodelia y el rock setentero, con mucha fuerza, gran sonido y brillante ejecución. Dinosaur Jr estuvo en su línea, correcto, pero es cierto que su sonido cansa un poco y se ha quedado un tanto anquilosado. Luego llegó el primer tándem de grupos que tocaban a la misma hora en escenarios distintos y hubo que repartir tiempo para ambos: The Postal Service estuvieron agradables con su pop con electrónica, mientras que Bob Mould, por su parte, estuvo realmente contundente con su fórmula de hardcore melódico (más lo segundo que lo primero), más en línea con Sugar que con Hüsker Dü (por hablar de sus antiguas bandas). Los franceses Phoenix ejercieron de cabezas de cartel con un gran despliegue de medios, mucha luminotecnia y sonido recargado, pero me gusta su pop elaborado y ya reúnen una interesante colección de buenos temas. Hubo hueco también para un descubrimiento en el escenario Adidas (muy orientado a ello), concretamente de los colombianos Telebit y su electro-rock molón.
Viernes 24 de mayo
Es divertido ver a Tokyo Sex Destruction en directo: su fórmula de rock y soul engancha y el cantante es un showman evidente. De los británicos Django Django esperaba grandes cosas porque su primer disco es una gozada. Pero en directo no saben aún reflejar su amplia gama de detalles musicales y no acabaron de engancharme tanto como pensaba, pero estuvieron bien. Otro de los grandes momentos del festival fue la reunión de The Breeders para interpretar su obra maestra, "Last Splash" (1993), a la que luego añadieron cuatro temas más para completar un concierto magnífico, con mucho feeling. Aunque tiene tantos kilos de más que parece la madre de su hermana gemela, Kim Deal mantiene su sempiterna sonrisa y la conexión especial con el público. Los escoceses The Jesus & Mary Chain eran uno de los más esperados retornos y su actuación fue bastante buena, aunque en exceso contenido. Eché en falta más tormenta eléctrica pero, por otro lado, agradecí que salieran a tocar (aparentemente) serenos y (casi) sin discusiones entre los hermanos Reid. En el escenario Adidas, los turcos The Ringo Jets fueron otra agradable sorpresa con su inspiración entre Jon Spencer Blues Explosion y The White Stripes. Concluyeron la jornada Blur, el mayor de los regresos -en términos comerciales- y su pop desenfadado. Siempre me gustaron y conservan un cancionero que forma parte de la vida de muchas personas, entre las que me incluyo. Aunque el concierto tuvo ciertos momentos de bajón, el balance fue notable porque su repertorio es infalible.
Sábado 25 de mayo
El día se quedó algo cojo debido a las caídas del cartel de Rodríguez y Band Of Horses. Pero, bueno, el primero fue muy bien sustituido (en un registro musical completamente diferente, claro) por Chucho. Los albaceteños se marcaron un conciertazo a cuenta de su glorioso repertorio. Y llegó la hora de nuevos conciertos simultáneos, tres en concreto: el australiano Nick Cave And The Bad Seeds, que tendrá su mérito pero a mí no me llega; los estadounidenses Meat Pupppets, banda ochentera referencial para grupos como Nirvana, que convenció con su mezcla de hardcore, punk y folk; y los escoceses Camera Obscura, que brillaron con su pop bonito. Otra lectura nostálgica la dieron Los Planetas. Los granadinos interpretaron de cabo a rabo (sin más) uno de sus grandes discos, "Una semana en el motor de un autobús" (1998). Excelentes atmósferas y ejecuciones instrumentales. No así la voz de J, que si nunca fue buena, con el tiempo ha empeorado. Y ya entrada la madrugada subieron a escena My Bloody Valentine. Los irlandeses han vuelto al panorama musical con el lanzamiento de su (estupendo) tercer disco (de larga duración) el pasado mes de febrero ("m b v"), tras más de 22 años de silencio discográfico. Estuvieron en su línea, creando lo que nunca otros han podido hacer: belleza (e incluso baile) de la distorsión y el ruido. Cierto que las voces apenas se intuían, pero se disfrutó igual. Cerraron la noche (y el festival) Hot Chip y su receta de electropop e indietrónica, ideal para mover el esqueleto brindando por una gran edición del Primavera Sound.
* Cierto, My Bloody Valentine desarrolló la mayor parte de su (exigua) discografía a finales de los 80, pero su disco clave fue de 1991, "Loveless".
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