Pocas novelas me han estremecido como "Los santos inocentes" (1982), de Miguel Delibes, que falleció ayer en su Valladolid natal. Inicialmente periodista y después escritor, Delibes renovó desde mi punto de vista las letras españolas con su escritura directa, ajena a los formalismos, volcada en reflejar el lenguaje del pueblo. Algo que consiguió sin duda en "Los santos inocentes", que narra la vida cotidiana de humillaciones continuas de los sirvientes de un cortijo por parte de los señoritos en la Extremadura rural de los años 60, y que me causó una conmoción acaso similar a la que en su momento me provocó "Las uvas de la ira", de John Steinbeck. Su narrativa tan directa facilitó que Mario Camus la trasladara a la pantalla grande rápidamente (en 1984) y con gran éxito (Alfredo Landa y Paco Rabal se llevaron ex aequo los premios de mejor actor en el festival de Cannes).Os dejo con el estilísticamente sorprendente inicio de la novela y con algunas de las inolvidables escenas del filme como homenaje al gran Miguel Delibes.
"Los santos inocentes" (1982), de Miguel Delibes
Azarías (Libro primero)
A su hermana, la Régula, le contrariaba la actitud del Azarías, y le regañaba y él, entonces, regresaba a la Jara, donde el señorito, que a su hermana, la Régula, le contrariaba la actitud del Azarías porque ella aspiraba a que los muchachos se ilustrasen, cosa que a su hermano, se le antojaba un error, que,
luego no te sirven ni para finos ni para bastos,
pontificaba con su tono de voz brumoso, levemente nasal,
y, por contra, en la Jara, donde el señorito, nadie se preocupaba de si éste o el otro sabían leer o escribir, de si eran letrados o iletrados, o de si el Azarías vagaba de un lado a otro, los remendados pantalones de pana por las corvas, la bragueta sin botones, rutando y con los pies descalzos e, incluso, si, repentinamente, marchaba donde su hermana y el señorito preguntaba por él (...)
"Los santos inocentes" (1984), de Mario Camus