
Cualesquiera que fuera la causa, el caso es que el cese de Manzano y la contratación de Simeone, llegado con la aureola de jugador del mítico doblete del 96 pero con escaso bagaje como entrenador, lo ha revolucionado todo. Ahora, de repente, Falcao y Adrián se hinchan a meter goles, que es para lo que llegaron. Juanfran emula a Cafú por el lateral. La defensa, hasta hace poco un coladera, se muestra sólida cual muro, al igual que Courtois (que desde el principio ha respondido bien en la portería). El centro del campo maneja con calidad el balón, con Arda Turan, Diego, Gabi y Koke en plenitud de facultades... Hay toque y hay garra y hay lucha y hay ganas. Todo lo que se había ido perdiendo desde hace tantos años que uno ya no recordaba su propia identidad. Pero hete aquí que ya volvemos a reconocernos los atléticos en este equipo de Simeone.
Queda aún mucho por delante, aunque la remontada en la Liga se antoja francamente asequible dado el nivel regulero de los equipos (salvo los inalcanzables Barça y Madrid), pero la meta de los puestos Champions se ve algo más clara y el camino por la Europa League se afronta con optimismo. Y qué bonita sería una victoria en el próximo derbi, en el Calderón, ante toda la afición...