
Una zona ideal para desconectar es la que ofrece la bella y monumental ciudad de
Trujillo y el precioso y tranquilo
Parque Nacional de Monfragüe, en el norte de la provincia de Cáceres.
Trujillo es cuna de conquistadores, ya te das cuenta nada más llegar a la
impresionante plaza mayor, donde te recibe una colosal estatua ecuestre de Francisco Pizarro (un poco más allá tenemos el busto de
Francisco de Orellana). Y, de repente, te encuentras rodedado de una colección de casas históricas que te traslada a otra época (básicamente al siglo XVI, momento de mayor esplendor de la villa, ya que supuso la vuelta de los que hicieron fortuna en las Américas). Así, tenemos
los palacios de los Marqueses de la Conquista, de los Orellana-Pizarro, de los Duques de San Carlos, del Marquesado de Piedras Albas, de Luis Chaves El Viejo o la casa fuerte de los Altamirano. De entre las iglesias, sobrias todas ellas, destacan la de San Martín -junto a la estatua de Pizarro-, por su imponente exterior, y la de Santa María la Mayor (visitable por 1,40 euros), que contiene un estupendo retablo -patrimonio nacional- con 25 pinturas del artista Fernando Gallego, del siglo XV. Pero lo mejor es callejear por detrás de la plaza, bordeando la antigua muralla y subiendo hacia el castillo (antigua alcazaba árabe), desde donde la vista de la ciudad y de toda la comarca es impresionante. Y, luego, claro está, degustar las delicias de la zona:
migas, prueba, moraga y, en fin, todo lo que se derive de la matanza.

Y para disfrutar de la naturaleza, a menos de 40 kilómetros al norte de Trujillo nos topamos con
Monfragüe, un maravilloso entorno de casi 18.000 hectáreas de bosque y matorral mediterráneo, dehesas, roquedos y abundamente agua gracias al cruce de los ríos Tajo y su afluente, el Tiétar. Fue declarado Parque Nacional (el último en España, hasta la fecha) en 2007 y es ideal para contemplar el majestuoso vuelo de los buitres:
cerca de 600 parejas de buitre leonado y casi 300 del menos común buitre negro. Sentarse en la zona conocida como
El Salto del Gitano a contemplar estas aves entre roques y el ancho cauce del Tajo es una verdadera delicia. Os lo aseguro.