"Veneciafrenia" [***½], de Álex de la Iglesia (Sección Oficial - Sessions Especials)
"Belle" [***½], de Mamoru Hosoda (Sección Oficial)
"Veneciafrenia" [***½], de Álex de la Iglesia (Sección Oficial - Sessions Especials)
"El buen patrón" [****½], de Fernando León de Aranoa (Sección Oficial)
Magistral se muestra León de Aranoa en esta historia a medio camino entre el cine social, el costrumbrista y la sátira, en la que seguimos los pasos de un empresario autocalificado como "bueno", de actitud paternalista con sus empleados y del que enseguida comenzamos a ver los descosidos de su supuestamente intachable comportamiento. Cabe decir, desde luego, que la película alcanza mayores vuelos todavía gracias a un Javier Bardem absolutamente brillante, que compone uno de esos personajes que pasan inmediatamente a la historia. Pero, aún por encima de todo, destaca de "El buen patrón" un guión inteligentísimo que sabe ponderar muy bien los distintos tonos de la trama para abarcar desde la comedia hasta el drama sin apenas despeinarse y dejando al espectador maravillado por la obra que se despliega ante sí, tan compleja y tan creíble, desgraciadamente tan conocida y tan sufrida por muchos.
"Fire On The Plain" [***½], de Zhang Ji (Sección Oficial)
Bajo la aperiencia de una investigación criminal (la búsqueda de un asesino en serie de taxistas), de lo que realmente habla la película es de una China profunda en crisis económica y social a finales de los 90, con un panorama desolador remarcado por una fotografía lúgubre y el dibujo de unos personajes abatidos. Y, en última instancia, retrata a una joven pareja que vive un amor imposible, ella pensando en salir de allí y él acomodado al fracaso. El futuro solo deparará más problemas para todos, en una visión tan triste y pesimista como, de alguna forma, romántica.
"As In Heaven" [***½], de Tea Lindeburg (Sección Oficial)
La Dinamarca rural del siglo XIX sirve para hacer una obra acerca de cómo la superstición, la religión y las tradiciones de la época llevan a aplastar todas las ilusiones de futuro (educación, vida fuera de ese opresivo lugar) de la hija mayor cuando la madre muere en un parto. También vale como reflexión de lo que todavía nos queda por superar en la sociedad actual. El drama es planteado de una manera sobria pero elegante y con una dosificación progresiva que supone un acierto. Una directora que, con su primer filme, ya se convierte en un valor a seguir en el futuro.
Pero en sus memorias tenemos una visión mucho más amplia, más allá de su obra, de toda su vida. Desde sus vivencias infantiles y juveniles dentro de una familia acomodada al encuentro en la Residencia de Estudiantes con Buñuel, Dalí y, sobre todo, Federico García Lorca, de quien tenía la mejor de las opiniones como genio total. También habla sobre su concepto del arte y del escándalo, sus gustos y sus fobias personales sobre otros artistas, su valoración sobre la Guerra Civil y su ateísmo militante: incluso hasta sus últimos momentos deseaba enfrentarse con la muerte cara a cara, sin el filtro de la religión.
Desde luego, el siglo XIX es uno de los periodos más apasionantes de nuestra historia y para el fundador del marxismo es evidente que fue ilusionante estudiar momentos esperanzadores (pero también frustrantes) como la Guerra de la Independencia, la Constitución de 1812, el Trienio Liberal, el absolutismo de Fernando VII o la corrupción de María Cristina, con intervenciones constantes del golpismo militar de signo tanto progresista como retrógrado. Y es que la España decimonónica fue un constante quiero y no puedo a la hora de conseguir el progreso político y social. Aun con todo, Marx valoró mucho la herencia democrática de La Pepa, así como los avances de los periodos liberales o los conatos revolucionarios que llegó a haber, siempre con muchas contradicciones internas. El ejemplo sumo de la contradicción era Espartero, el líder progresista que acabó defendiendo a María Cristina y a su hija, Isabel II. Especial atención dedicó el autor, en su calidad de corresponsal para el New York Daily Tribune, a la Vicalvarada de O'Donnell, militar moderado que inició la revuelta con motivaciones progresistas y a la que él mismo puso fin dos años después con un golpe para dar paso a los conservadores. Lo dicho, un quiero y no puedo.
Es tiempo de celebrar esta Liga, la undécima del club, conseguida siete años después de la anterior en 2013/14.Y también momento de reconocer los méritos. En primer lugar, del 'Cholo' Simeone que, habiendo sido criticado en los últimos años por su carácter poco ofensivo, volvió a dar alegría al juego del equipo esta temporada. Su sólida estrategia reforzó el balance defensivo, el perfil atacante y, en definitiva, la solidez e incluso brillantez del juego, de modo que ya desde la jornada 9 nos pusimos a liderar la tabla. Cierto que no estamos ante el mejor Madrid ni ante el mejor Barça, pero estos son los equipos que se han repartido (más que nunca) las ligas en las últimas décadas. Por ello, nuestro mérito debe triplicarse.
Pero también hay que ensalzar a esos jugadores que han ayudado a convertir al Atleti en un gran campeón. Empezando por la portería, no es nada nuevo reconocer que Oblak es uno de los mejores guardametas del mundo (si no el mejor), ni nadie se sorprende de que, una vez más, logre el trofeo Zamora al haber encajado menos tantos, con 18 partidos a cero, después de haber realizado paradas claves que han valido puntos. Pero la defensa también ha mejorado considerablemente, sobre todo con las aportaciones de Savic y Felipe, que han consolidado el cerrojo atrás. En el centro del campo, afortunadamente, Koke ha recuperado las mejores sensaciones y ha vuelto a ser el director de orquesta que tanto hacía falta. Por su carácter ofensivo, cabe destacar sobremanera a Marcos Llorente, que ha sido un puñal por la banda derecha, con sus 12 goles y 11 asistencias. Y también arriba han sido fundamentales Carrasco y su renacer con una crucial aportación en las últimas nueve jornadas en las que hizo 4 goles y 6 asistencias; y Correa, que ha destapado por fin el tarro de las esencias no solo con 5 goles y 2 asistencias, sino con una calidad de juego que apabulla. Y, por supuesto, Luis Suárez, nuestro pichichi particular, con 21 goles, que ha tenido una segunda juventud en el conjunto rojiblanco y ha correspondido nuestra confianza en él con una presencia vital y unos goles que bien valen un campeonato. Nunca agradeceremos lo suficiente al Madrid y al Barça que nos hayan "regalado" a Llorente y Suárez, dos de los principales protagonistas de este gran éxito colchonero.
¡Aúpa Atleti!
Antes abrieron la jornada los madrileños The Parrots, que practican una especie de indie-surf-rock la verdad es que enganchable y divertido. Su constante conexión con el público levantó los ánimos en más de un momento. Y eso que las nuevas circunstancias de asistir a un concierto constriñen mucho la experiencia del directo... Sobre todo eso de permanecer en la mesa y sillas asignadas en grupos cerrados y reducidos, con apenas posibilidad de moverse salvo para ir al servicio... No es lo mejor para disfrutar plenamente de un directo. En cambio, algo realmente interesante (y eficaz) es eso de pedir las consumiciones (bebidas o comidas) por el móvil para que te las lleve el camarero. En fin, hay que adaptarse a la situación... Y esperemos que en breve podamos recuperar unos conciertos más "normales"...
Sin embargo, esta situación desesperada consiguió sacar lo mejor de Mandela como persona y como político. Empatizó con los blancos que regían el país, descendientes de neerlandeses, empezando por sus propios carceleros. Hasta aprendió su idioma para ganarse su atención y respeto. Es decir, aprovechó el tiempo en la cárcel para conocer mejor al "enemigo" y derrotarlo por la persuasión.Y, efectivamente, cuando llegó la oportunidad en los años 80, tras décadas de protestas mundiales, presiones de la ONU y de muchos países, quien salió de la cárcel el 11 de febrero de 1990, tras más de 27 años encarcelado y con 71 años de edad fue un inmenso líder que supo unificar su país por encima de razas y credos. No fue tarea fácil, por supuesto. Hubo de convencer al régimen del apartheid de que se autodisolviera cediendo a unas elecciones libres en las que cada persona (blanca o negra) fuera un voto. Y la mayoría negra era aplastante, claro. Al tiempo, tranquilizó al poder blanco de que no habría represalias, en tanto luchaba por atraerse al que resultó ser el bando más difícil: los terroristas zulúes de Buthelezi, tan anticomunista como el propio apartheid. Por otro lado, Mandela tuvo también que moderar a sus propios seguidores, muchos partidarios de la venganza frente a los racistas, sobre todo tras el asesinato de Chris Hani. Un equilibrio, en fin, dificilísimo, del que salió afortunadamente claro triunfador cuando arrasó con un 64% en las elecciones democráticas de 1994. Desmontó el apartheid y reconcilió a todo su pueblo. Nunca un Premio Nobel de la Paz, que había recibido en 1993, fue tan merecido. Sin embargo, desgraciadamente, nunca pudo rehacer del todo su vida personal ni, evidentemente, recuperar sus años de vida perdidos.