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viernes, 22 de julio de 2011

POLÍTICA / La dimisión de Camps o por qué a los políticos les gusta el poder

Con la dimisión de Francisco Camps (ver foto) como presidente de la Generalitat Valenciana concluye una etapa de bochorno y vergüenza desde que se destapó el asunto de los trajes, hace poco más de dos años. Ningún imputado (como él lo está) debería presentarse a las listas electorales. Ejercer un cargo público con nuestro dinero debe conllevar un currículum judicial intacto. No hay más remedio si queremos conservar la limpieza y transparencia del sistema y evitar que la clase política sea vista como uno de los principales problemas de España, como piensa la gente. Y agarrarse al cargo por todos los medios, rebajando las consecuencias e implicaciones, repartiendo culpas a los demás, etc., como ha hecho Camps desde el principio, es absolutamente reprobable, repugnante, miserable e inmoral.

"¿Cómo alguien se va a corromper por unos trajes?", se ha alegado por parte de Mariano Rajoy. Y no olvidemos que, lo que empezó como una trama de aceptación de regalos por parte de Camps y otros, lo cual ya es claramente sospechoso, ha ampliado su magnitud conforme avanzaba la investigación judicial. Esos regalos eran ofrecidos por Francisco Correa y Álvaro Pérez Alonso "El Bigotes" como agradecimiento por el beneficio empresarial que obtenían a raíz de adjudicaciones de negocios por parte de los políticos (trama "Gürtel" de corrupción). A su vez, estos obtenían dinero conseguido por dichos "empresarios" para financiar el PP (financiación ilegal). Estas son las fundadas acusaciones y, de ahí, la imputación de Camps en un juicio que comenzará en breve. Ahí habrá de dirimirse su culpabilidad o inocencia (responsabilidad penal), pero su carrera pública ya hace tiempo que está muerta (responsabilidad política). Por eso, escuchar que dimite como un sacrificio por su partido suena a chiste malo, con ninguna gracia.

jueves, 8 de octubre de 2009

POLÍTICA / Acabar con la corrupción

Desde los últimos momentos del Gobierno del PSOE de Felipe González, en los que los casos de corrupción no paraban de salir a la luz, empecé a escuchar en gente cercana al PP aquello de que (en paráfrasis) "es normal que los que no están acostumbrados a la riqueza y el poder se dejen comprar fácilmente, por eso entre la gente acomodada es improbable que haya casos de corrupción". Luego llegaron los dos mandatos de José María Aznar y parecía que "España iba bien". Ahora estamos empezando a saber que durante estos gobiernos se generaron importantes redes de compra-venta de parcelas de poder y negocio, que se obtenían, precisamente, "agasajando" a políticos del PP de supuesta situación económica holgada. Los regalos al secretario general del PP en Valencia Ricardo Costa (reloj y cochazo de lujo incluidos) son sencillamente sonrojantes y qué decir de los saraos con prostitutas que organizaba el cerebro de la red, Francisco Correa (autodenominado "Don Vito", más claro agua), para gente como los ex concejales del PP de Majadahonda José Luis Peñas y Juan José Moreno... Y, sin embargo, aún hoy mismo se insiste en que (de nuevo, en paráfrasis) "los votantes del PP son gente de orden y nunca caerían en tramas de corrupción" (Pilar Cernuda, en Onda Cero). Pues no es así. Ser del PP no te inmuniza contra la corrupción. Se tienen al menos las mismas posibilidades de ceder ante el poder y el dinero, si no más, si se considera que ambos les pertenece por derecho.

Pero más allá de que ahora le toque al PP tener que limpiar su casa, lo preocupante es que en este país se siga sin poner control a nuestros políticos, que ya cobran de nuestro dinero, para evitar que sean comprados, que se enriquezcan a costa de un cargo de servicio público y que su gobierno esté regido por intereses espurios. Esta es la gran tarea de nuestra democracia: conseguir que todos nuestros regidores, desde el Ayuntamiento al Gobierno central, pasando por el autonómico, estén lo suficientemente controlados y vigilados para que no hagan otra cosa que servirnos, que es para lo que supuestamente se presentaron y para lo cual fueron elegidos.

Foto: Álvaro Pérez "El Bigotes" y Francisco Correa "Don Vito", invitados a la boda de la hija de Aznar en 2002