domingo, 23 de junio de 2013

LIBROS / Los mejores comienzos de la historia de la literatura

Siempre ha sido un debate fascinante el de decidir qué novela contiene el inicio perfecto, el mejor para lograr enganchar al lector y dejarle noqueado desde el principio. La forma de empezar una historia es vital, tiene algo de mágico y electrizante el sumergirte en el universo que propone el escritor desde el comienzo, lo cual no quita el mérito de mantener el interés durante el resto de la obra, incluido un final digno del arranque. En el caso del cine, el gran Cecil B. DeMille dijo que "las peliculas deben comenzar con un terremoto e ir creciendo en acción". Sin embargo, la literatura es un medio distinto y más basado en el trabajo del artista a lo largo de toda la novela. No obstante, el impacto emocional de las primeras líneas es evidente. He aquí, sin intención de ser prolijo, algunas de las que más me han marcado:

1. "Don Quijote de La Mancha" (1605-1615), de Miguel de Cervantes Saavedra.
"En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor".


2. "Cien años de soledad" (1967), de Gabriel García Márquez.
"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".


3. "La metamorfosis" (1915), de Franz Kafka.
"Una mañana, al despertar de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se encontró en la cama transformado en insecto monstruoso. Estaba acostado sobre la espalda, que era dura, dura, como acorazada y levantando un poco la cabeza pudo ver su vientre convexo, color pardo, dividido por unos arcos rigidos; la manta había resbalado sobre esa superficioe y sólo una punta lo cubría todavía. Sus patas numerosas, de una delgadez lamentable en relación con el volumen del cuerpo, se agitaban frente a sus ojos".


4. "Historia de dos ciudades" (1859), de Ckarles Dickens.
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo".


5. "Lolita" (1955), de Vladimir Nabokov.
"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta".


6. "La Regenta" (1884-1885), de Leopoldo Alas "Clarín".
"La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el norte. En las calles no había más ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles, que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina, revolando y persiguiéndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles".


7. "Crónica de una muerte anunciada" (1981), de Gabriel García Márquez.
"El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo".


8. "Moby Dick" (1851), de Herman Melville.
"Llamadme Ismael".


9. "La caída de la casa Usher" (1839), Edgar Allan Poe.
"Durante un día entero de otoño, oscuro, sombrío y silencioso, en que las nubes pesaban opresoras y bajas en los cielos, había atravesado solo y a caballo una extensión particularmente lúgubre del país, y finalmente, cuando las sombras de la noche se acercaban, me encontré a la vista de la melancólica Casa de Usher".


10. "Ulises" (1922), de James Joyce.
"La mañana del 16 de junio de 1904, salía de su refugio en Dublín Leopold Bloom, quien más tarde se encontraría en la calle con Stephen Dedalus".

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