El que dieron ayer en las Noches del Botánico, de Madrid, posiblemente es el concierto más intenso y potente que les he visto a los Pixies jamás, y ya acumulo unos cuantos... Una actuación en la que se les escuchó perfectamente (gran trabajo de sonido) y se les notó muy entregados, aunque nunca se les pedirá entusiasmo externo, eso no, pero quién lo quiere si te entregan un repertorio de 33 temas de acerado indie-rock e inagotable calidad durante casi dos horas y que entusiasma al público...
Tocaron todos los palos de su carrera, haciendo un exhaustivo recorrido por lo mejor de su discografía, incluyendo algunas canciones que no suelen tocar en directo (lo cual se agradece) y algún tema nuevo, como dos de adelanto de su próximo nuevo disco. Mi satisfacción personal fue que decidieron dar algo más de peso a sus discos "Bossanova" (1990) y "Trompe Le Monde" (1992), a los que tengo un especial cariño, y que dedicaron nada menos que un tercio del setlist al glorioso "Doolittle" (1989).
Puede parecer extraño pero, a pesar de ser música creada hace más de 30 años, se mantiene muy vigente. Solo hay que fijarse en la cantidad de bandas en las que ha influido... Incluido el grupo que abrió para los bostonianos, en este caso, los ingleses The Pale White, que mostraron dominar algunas de las claves heredadas de los Pixies, mezcladas con cosas de Muse, Queens Of The Stone Age, The Black Keys o Arctic Monkeys.
La cantautora estadounidense de folk-rock Suzanne Vega nos visitaba en el Teatro Lara de Madrid y no había que perderse esa oportunidad. Aunque es bien conocida por su hit "Luka" (canción de 1987 melódicamente dulce pero de letra terrible: habla sobre malos tratos infantiles y, posteriormente, supimos que se refería a ella misma), su cancionero va mucho más allá y está repleto de lirismo, sentimientos... y también un lado oscuro de sufrimiento, rabia y dolor que no tiene reparo en mostrar en directo.
Una actuación en la que se muestra pletórica, autoconsciente y en plenas facultades: mantiene como siempre su voz preciosa y pura, y también sus ganas de continuar con su carrera. En este sentido, presentó dos canciones nuevas, "Speaker's Corner", en la que reivindica la libertad de expresión en tiempos de populistas como Trump, y "Rats", sobre la plaga neoyorquina de roedores y con un enfoque de punk-rock. Su nuevo álbum estará disponible el próximo mes de abril, anuncia, así que habrá que estar atentos.
Además de combinar en su setlist canciones clásicas o más antiguas con otras más actuales, Suzanne Vega también conectó muy bien con el público contando interioridades de algunas de sus letras (como ese amor no muy correspondido del que habló en "Gypsy" -con 18 años- y en "In Liverpool" -con 33 años-). En el escenario, se hacía acompañar únicamente por el guitarrista Gerry Leonard (que estuvo con David Bowie en su última etapa), pero es tal la habilidad del instrumentista para crear pasajes sonoros que parecía una banda completa. Juntos nos proporcionaron una hora y media de gloria.
Último día del Mad Cool, festival que este año ha tenido un balance muy positivo en cuanto a organización (buenos accesos, aforo adecuado, servicios de calidad...). Musicalmente notable, aunque la jornada final fue algo irregular. Destacaron los estadounidenses The Killers y su indie-rock-new wave, con un setlist plagado de éxitos, una banda que prolonga su buen momento y con un público totalmente entregado. Sonaron muy bien y Brandon Flowers estuvo realmente cómodo y entusiasta en todo momento. Un grupo que siempre ha dado muy buenos resultados.
Por su parte, Avril Lavigne venía a reverdecer los laureles de reina del punk-pop de principios de los 2000. Y vaya si lo consiguió, sacando a relucir su mejor actitud de rebeldía comercialmente dosificada y sus canciones resultonas y saltarinas. Sorprendentemente, por el tiempo pasado, su música sigue teniendo bastantes fans. Un agradable descubrimiento fue The Gaslight Anthem, el grupo de Nueva Jersey que muestra en directo una curiosa combinación entre el tono (y la voz) de Bruce Springsteen con una actitud y cierto sonido punk-rock. Realmente brillantes. En cambio, el metal-hardcore ramplón de los británicos Bring Me The Horizon acabó aburriéndome.
La tercera jornada del Mad Cool nos seguía deparando buena y variada música. El punto álgido fueron (con permiso de Måneskin, su concierto era simultáneo, lo siento) los bostonianos The Breeders, la banda de indie-rock de Kim Deal (exbajista de los Pixies). Y demostraron sus tablas a pesar de una carrera un tanto a trompicones, con un estupendo sonido y una excelente conexión con el público (Kim, su sempiterna sonrisa, y su hermana gemela Kelley ejercen de muy cordiales relaciones públicas). Centraron su repertorio en "Last Splash" (1993), su genial álbum que cumplió el 30 aniversario el año pasado y del que tocaron nueve temas. Aunque, por supuesto, también sonó "Pod" (1990), su primera y magnética obra, así como otros temas dispersos de su discografía, incluyendo también una canción nueva e inédita ("Disobedience"), lo que da esperanzas de que continúen activos.
Por su parte, los canadienses Alvvays, comandados por Molly Rankin, dieron una magistral lección de indie/dream-pop/shoegaze, esos sonidos que entroncan bandas señeras como The Smiths o Cocteau Twins. Los evocadores rasgueos de guitarra Alec O'Hanley, la voz ensoñadora de Rankin y las canciones en busca de la belleza permanente son sus características principales. Desde otro enfoque, los texanos Black Pumas practican un motivamente soul psicodélico muy basado en la maravillosa voz de Eric Burton, cual si fuera un nuevo Marvin Gaye. Su voz y una sólida banda con coros efervescentes. En cambio, Tom Morello, el guitarrista de Rage Against The Machine, apuesta por el hardcore melódico y, sobre todo, por la concienciación política en un repertorio trufado de temas propios en solitario, con otros de sus bandas Rage Against The Machine y Audioslave, así como versiones de MC5 (acompañado por Thomas Raggi, guitarrista de Måneskin), Bruce Springsteen y John Lennon, del que escogió el significativo "Power To The People" para despedirse. Asimismo, los británicos Sleaford Mods practicaron su post-punk rapeado con acentazo de las East Midlands. Bueno, para un rato.
Sin duda, el plato fuerte de esta edición de Mad Cool eran los estadounidenses Pearl Jam que venían, no solo como una de las bandas más potentes y famosas del rock mundial que son por méritos propios e historia, sino por su especial estado actual de gracia a raíz de su último y glorioso disco, "Dark Matter" (2024). De hecho, dedicaron a este último nada menos que seis temas (y varios de ellos apuntan a ser fijos en su cancionero futuro), aunque, lógicamente, el grupo hizo un intenso recorrido por su afortunado setlist. Tremendo comprobar cómo los miembros siguen en plena forma en directo: Eddie Vedder con su vozarrón, Mike McCready con su virtuosismo a la guitarra... Y unos temazos que forman parte de lo mejor del rock. Fueron poco más de dos horas muy placenteras y en las que el propio Vedder (que chapurreó español repetidas veces, incluso para dedicar una canción a ¡Miguel Ríos!) parecía no querer que acabara...
Con el hándicap de tener que abrir el escenario principal a las 17:50 con un sol de justicia, Larkin Poe, la banda de blues-rock de las hermanas Rebecca y Megan Lovell, cautivó a la audiencia que no las conocía, lo cual no nos sorprende en absoluto a quienes ya las conocemos. Y es que ese contagioso sonido sureño se te queda pegado en el cuerpo y en el alma. Además, tienen la cualidad de combinar certeramente las raíces clásicas con sonidos más modernos en una discografía que alcanza ya los siete discos, entre ellos, el último "Blood Harmony" (2022). Por su parte, los británicos Keane demostraron que sigue funcionando muy bien su pop-rock melódico. El cantante Tom Chaplin estuvo realmente contento y motivado en una actuación que dio un buen repaso por su historial, desde 2004 hasta su último larga duración de 2021. Y también fueron destacables dos actuaciones británicas que ponen el acento en el soul: The Heavy, con la poderosa voz de Kelvin Swaby, y Michael Kiwanuka y su especial sensibilidad compositiva.
Vuelve Mad Cool a su espacio de Villaverde, bien acondicionado (su césped sintético, sus variadas dotaciones, la mejora de la ubicación repartida de los servicios, múltiples fuentes de agua gratuita...) y mejor comunicado (por metro, cercanías, bus...). Este año su cartel, aunque no aparentemente potente, sí tiene muy repartidos unos cuantos grandes artistas a lo largo de los cuatro días de duración. En la primera jornada, del 10 de julio, destacó el regreso de The Smashing Pumpkins. Los de Chicago retomaban su cancionero rockero y grunge con un directo contundente y muy guitarrero (¡con tres guitarristas!) que sonó como un tsunami musical, con el vozarrón y la personalidad intactos de Billy Corgan. Lógicamente, se centraron en buena medida en su repertorio clásico de los 90, pero también apostaron por sus nuevas canciones del siglo XXI, todo lo cual les sigue manteniendo como un referente de la escena rock actual.
De modo similar, Garbage se ha mantenido con su indie rock a caballo entre los 90 y el nuevo milenio, conservando su calidad y la fuerte personalidad de su cantante, la escocesa Shirley Manson. Sin embargo, ayer casi pudo con ella el contundente calor que hacía sobre su piel albina propia de una eterna gótica, como ella misma reconoció. Los pañuelos con hielos apenas le sirvieron de alivio... Pero sobrevivió y, junto con sus compañeros, facturó un concierto notable. En un terreno bien distinto del rythm & blues y funk, la actuación de la estadounidense Janelle Monáe fue muy contundente, cautivadora y llena de mensajes sociales y de libertad personal. No la conocía y fue una muy agradable sorpresa que también vivió Will Smith desde la zona Vip. Por su parte, Dua Lipa, confirmó su trono de nueva reina del disco-pop. Aunque la británica tira mucho de samplers, versiones y sonidos pregrabados, también cantó sus temas propios que nos hicieron bailar a tope.
Estaba emocionado porque no había visto a Sheryl Crow en directo... hasta ahora. Y qué mejor marco que las Noches del Botánico, donde todo se ve y se escucha a la perfección. Y allí pudimos asistir a una magistral lección de gran rock americano a cargo de una multinstrumentista y, sobre todo, excelente cantante (fue corista de Michael Jackson) como es Sheryl Crow. Acompañada, desde luego, por una estupenda banda que siempre aportaba las notas y tonos más gloriosos y coloridos a unas canciones que son parte de nuestra vida: de "All I Wanna Do" a "Soak Up The Sun", de "My Favourite Mistake" a "Run Baby Run", de "If It Makes You Happy" a "Steve McQueen", con la que cerró un extraordinario recital en el que la Crow estuvo tan cercana como profesional, llevando la batuta en todo momento y cruzando palabras y reflexiones con un público entregado.
Tenía ganas de volver a ver los Judas Priest, uno de los referentes mundiales del heavy metal y una de las mejores bandas de la historia del género. Y tenía miedo también por ver cómo ha sobrevivido la banda británica a la marcha (por diferentes motivos) de los adorados guitarristas Glen Tipton y K.K. Downing. Claro que mientras siga al frente Rob Halford y su imponente voz (e Ian Hill al bajo implacable) todo irá bien... Pero, efectivamente, Andy Sneap y Richie Faulkner suplen brillantemente la parte guitarrística, esos duelos contundentes de las cuerdas, esos solos orgásmicos... Pero, por encima de todo, Judas Priest es una banda de heavy metal de gran calidad, de variedad estilística (según la etapa que contemplemos de su larga historia, 50 años ya) y de un cancionero mítico. Y no se conforman con vivir de las rentas, sino que siguen lanzando nuevos discos estimulantes. Y, aunque, lógicamente, tiren de clásicos, saben recuperar también algunas canciones no tan trilladas.
Todo ello presentaron el pasado lunes en un Palacio de Vistalegre abarrotado hasta la bandera. Y Rob Halford demostró que a sus 72 años sabe sacar partido a sus potentes gritos agudos, de tanta influencia en el género y que ahora dosifica con criterio. Toda la banda sonó muy compacta y dejó una sensación de que todavía hay Judas para (un cierto) rato... Lástima que el sonido no acompañara en la misma medida, porque, aunque la voz de Halford siempre estuvo bien por encima, la batería retumbaba en exceso y las guitarras a veces se difuminaban. No era el mejor sonido técnico pero sí el suficiente para disfrutar de un show tremendo, espectacular y único.
Un placer siempre escuchar a The Jaykawks. Los estadounidenses entregan en sus canciones el corazón de América, rockero, melodioso y cargado de raíces y armonías brillantes. Su carrera se extiende ya casi 40 años y, por tanto, abordan en su setlist diferentes épocas. si bien hay que reconocer que su explosión la marcó el mítico álbum "Hollywood Town Hall" (1992), aunque esta vez decidieron dar más peso a "Rainy Day Music" (2003). En cualquier caso, un repertorio fantástico, en un entorno inmejorable como son las Noches del Botánico, a pesar de que sonaron un poco comedidos técnicamente hablando, no sé si porque les pusieron de "teloneros" de Los Zigarros y les caparon el volumen. Una injusticia tremenda si fue por eso. En cualquier caso, una nueva lección de lo mejor del alt country y country rock.
Llegaba la banda británica Status Quo a las Noches del Botánico de Madrid con su impresionante trayectoria de 62 años desde que sus fundadores (de los cuales solo queda el cantante, guitarrista y principal compositor Francis Rossi, porque el bajista Alan Lancaster falleció en 2021 y John Coghlan permanece fuera desde 1981) crearon en 1962 el germen de la banda, que no se estrenaría discográficamente y con el nombre definitivo hasta 1968, ya con la presencia del también fundamental guitarrista rítmico Rick Parfitt, que nos dejó en 2016. Historia pura del rock. Desde entonces, los Status Quo se han convertido en la referencia musical del rock and roll boogie-boogie incansable, inagotable, rítmico y catártico. Cierto que los 75 años de Francis Rossi ya le pasan factura a la voz (además, ayer se sumaba una molesta alergia) pero no así a las ganas y su virtuosismo a la guitarra (reconozcamos de una vez su valía como tañedor de la Fender, principalmente como solista, pero también como rítmico). Se rodea de sus hombres de confianza: Andy Bown (teclista y guitarra de apoyo), en la banda desde 1976, y John 'Rhino' Edwards (bajista), desde 1985, así como de los "nuevos" que dan renovadas fuerzas al grupo: Leon Cave (batería) desde 2014 y Richie Malone (notable emulador de la rítmica de Parfitt y potente segunda voz) desde 2017.
Así las cosas, Status Quo dieron un concierto potente, dinámico y divertido, tal como siempre se espera. Potente, por la alta calidad del sonido y la compenetración total de la banda. Dinámico, por los nuevos arreglos, detalles y recreaciones que genera Francis Rossi a los temas conocidos pero renovados. Y divertido porque el líder del grupo también sabe mantener una gran relación con su público, sus fieles seguidores que agotaron las entradas, dispuestos a dejarse la piel a pesar de que muchos sobrepasaban los 50 años, e incluso los 60... Y, desde luego, no faltaron los temazos clásicos de los Status Quo: "Caroline", "Rain", "Little Lady", "Hold You Back", "What You're Proposing", "Something 'Bout You Baby I Like", "Again And Again", "Mystery Song", "In The Army Now", "Roll Over Lay Down", "Down Down", "Whatever You Want", "Rockin' All Over The World", "Don't Waste My Time". Junto a ellos, otros relativamente menos conocidos pero muy bien acogidos por los fan, como "Softer Ride", "Down The Dustpipe", "Wild Side Of Life", "Rollin' Home", "Railroad" o "In My Chair". Y, rematando, algunas canciones de su última etapa que cuadran muy bien en el setlist, como "Beginning Of The End" y "The Oriental". Total, un gustazo de rock and roll.