martes, 24 de septiembre de 2024

CINE / 72º Festival de San Sebastián (2)

"La virgen roja" [****], de Paula Ortiz (Sección Oficial Proyección Especial)

Con una dirección firme y una trama realmente atractiva, la película camina con habilidad desde el claro posicionamiento feminista en cuanto a contenido hasta el terror más oscuro en términos de género, pues así navega la historia real de la mujer que concibió a una hija para criarla con un fin noble (la liberación social de la mujer) pero a la que, en su fanatismo, negó la libertad de sus propias pasiones y decisiones. En todo caso, supera en riqueza narrativa al acercamiento original "Mi hija Hildegart" (Fernando Fernán Gómez, 1977) sobre un hecho tristemente real.

"La semilla de la higuera sagrada" [***½], de Mohammad Rasoulof (Perlak)
Hay una excelente primera parte del filme, la de denuncia social y política de la actual situación de Irán, que es digna del mejor Costa-Gavras. Sin embargo, el final se dispersa en una trama particular de la familia protagonista más irregular y alargada. En cualquier caso, una obra de denuncia muy necesaria y contundente.
 
"Los últimos románticos[***½], de David Pérez Sañudo (New Directors)
Un pequeño e imperfecto, aunque muy atractivo, acercamiento al trauma familiar de una chica de vida solitaria que se conjuga con la problemática socioeconómica del País Vasco y que da como resultado un más que brillante relato humano y emotivo. Pérez Sañudo empieza a jugar en otra liga...

"Cuando cae el otoño" [***], de François Ozon (Sección Oficial)
El siempre inteligente François Ozon enhebra una historia, a raíz de la tensa relación entre madre (ya abuela) e hija, inicialmente inocente pero progresivamente enrevesada y más oscura. Aunque no tiene la fuerza ni genera el entusiasmo de otras de sus obras, se disfruta en sus diversos giros de guión a medida que la historia avanza con ciertas sorpresas.

"El hombre que amaba los platos voladores" [***], de Diego Lerman (Sección Oficial)
Comedia burlesca que se ríe de aquellos que buscan lo "desconocido" y "misterioso" para encandilar y engañar a la gente, y de paso vivir del cuento. Un buen retrato del populismo de andar por casa, si bien hay un tratamiento demasiado respetuoso y se echa en falta algo más de acidez y crítica en el relato.

"El llanto[**], de Pedro Martín-Calero (Sección Oficial)
Un terror de autor que juega con no darlo todo mascado, sino dejar caer ideas y escenas de miedo y dejar a la imaginación del espectador la reconstrucción y significado de los hechos. Pero entonces queda todo desdibujado y poco trabajado por su parte.

"The End[*], de Joshua Oppenheimer (Sección Oficial)
Fallida por donde se coja, tanto por su planteamiento absurdo de musical del fin del mundo como por su inane crítica social y familiar. Y, además, es muy larga.

domingo, 22 de septiembre de 2024

CINE / 72º Festival de San Sebastián (1)

"Bird" [****], de Andrea Arnold (Perlak)

El típico realismo social duro de Andrea Arnold es enriquecido esta vez por el componente fantástico, cierto humor y un enfoque optimista que elevan el filme a altas cotas cinematográficas. El retrato de los excluidos de la sociedad filtra mucha humanidad y compasión y, protagonizado por una adolescente de fuerte personalidad, se hace cercano, empático y emotivo, además de ser redondeado por una estupenda banda sonora.

"Los destellos" [***½], de Pilar Palomero (Sección Oficial)
El cine sencillo, natural y pausado de Palomero destila mucha humanidad con esta historia de la mujer arisca que no acaba de encauzar su relación con su hija ni con su novio y a la que la enfermedad terminal de su exmarido (cuya separación no parece haber superado) le hará replantearse su conducta y modo de vida. Excelente la breve pero intensa presencia de Antonio de la Torre que, con sobriedad, pone sobre el tapete a través de su personaje todo lo que importa de la vida cuando, paradójicamente, llega la muerte.
 
"Soy Nevenka[***½], de Icíar Bollaín (Sección Oficial)
Una historia que había que contar, la del primer político condenado en España por acoso sexual, pero que había que enfocar desde la piel de la víctima, claro, reivindicando su doble sufrimiento: como mujer acosada y también como socialmente marginada. Mucho que aprender de aquello. Brillantes actuaciones de Mireia Oriol y Urko Olazabal. Eficaz en su narrativa, aunque no tan emotiva como "Maixabel" (2021).

"Nacido en el odio" [***½], de Fernando Cerchio (Retrospectiva)
Una rareza del cine clásico italiano, en su vertiente de thriller policíaco: un delincuente trata aparentemente de reinsertarse como policía pero seguirá ayudando a sus compinches... hasta que se cruza por medio el amor. Directa y realista, no totalmente redonda pero muy intensa en su disfrute de cine negro.

"Serpent's Path" [**], de Kiyoshi Kurosawa (Sección Oficial)
Una laberíntica trama de odio y venganza tan violenta como retorcida que va ganando algo de sentido con el metraje pero que queda demasiado intrincada y excesiva en su resolución, aunque funciona mejor en sus pequeños momentos de humor negro. En todo caso, no muy lograda, y eso que es una versión de la película de 1998 del mismo director.
 
"Emmanuelle[*], de Audrey Diwan (Sección Oficial)
Vacuo ejercicio estilístico, donde las formas atractivas pero frías no elevan un planteamiento feminista inicialmente plausible pero mal desarrollado. Oportunidad desperdiciada de darle una vuelta de tuerca a la referencial "Emmanuelle" (Just Jaeckin, 1974).

domingo, 1 de septiembre de 2024

MÚSICA / Travis, la melodía eterna del pop

Travis, la banda de Glasgow liderada por Fran Healy, recuperó en su actuación en La Riviera las sempiternas melodías pop que le caracterizan, mostrando al tiempo una estupenda conexión con el público, tanto en formato semiacústico como eléctrico (e incluso unplugged, como en el bis con "Flowers In The Window"). Además, apostaron por bastante más que la añoranza con la presentación de su nuevo disco, "L.A. Times" (2024), que contiene muy buena música, la verdad, y del que tocaron nada menos que siete temas, que no desencajaron con su repertorio. Aunque, claro, recuperaron obras de sus dos joyas: "The Man Who" (1999), con cuatro canciones, y "The Invisible Band" (2001), con tres. Una estupenda noche de placer puramente de pop de guitarras, como los escoceses saber hacer.

sábado, 31 de agosto de 2024

VIAJES / Nápoles, tierra de vida, cultura y contrastes

Podía imaginar al llegar a Nápoles que me encontraría una ciudad de gente muy vitalista (con la que histórica, cultural y socialmente tenemos tantas cosas en común...) o cuyo bullicio urbano tiende al caos (la suciedad de las calles, los edificios poco arreglados, las discusiones en la calle, el tráfico poco domesticado...) o cuya comida es gloria bendita (esas pizzas y esas pastas son parte del Cielo en la Tierra). Pero lo que no me podía esperar es que también alberga una cantidad increíble de arte: iglesias, palacios, edificios, esculturas, pinturas... además, en buena medida herencia española (desde 1442 integrada en el Reino de Aragón) y borbónica (su Carlos VII fue luego nuestro Carlos III).

Es impresionante hacer el ejercicio (y fue lo primero que hicimos) de pasear por su casco histórico y contemplar el contraste entre esos edificios residenciales avejentados, la rebosante vida de sus habitantes en las calles y la multitud, y digo claramente multitud, de iglesias (sobre todo herencia del exquisito barroco) que pueblan el centro, entre el decumano inferior (Spaccanapoli), el decumano mayor (via dei Tribunali) y el decumano superior (¡¡¡tres vías que datan del siglo VI antes de Cristo!!!). Se suele hablar de que Nápoles es el lugar que concentra más templos por habitante con sus casi 500 iglesias y 1 millón de población, frente a la mismísima Roma que, con 900 iglesias, tiene casi tres veces más habitantes: 2,9 millones. Y es tal su número y belleza (esa perfección máxima del barroco) que uno no deja de emocionarse a cada paso: hay tanto que mencionar, pero destaquemos tan solo el Duomo, la Basílica de San Domenico Maggiore, la Basílica de Santa Chiara, la Iglesia del Gesù Nuovo, entre tantas y tantas joyas. Y pongamos por encima de todas ellas a la Capilla Sansevero, que aúna una pequeña "Capilla Sixtina" con esculturas sublimes como el Cristo Velado, de Giuseppe Sanmartino (desgraciadamente están prohibidas las fotos). ¡Realmente espectacular! En este caso merece mucho la pena pagar la entrada. El resto son de acceso libre en su mayoría.

Cuando estéis henchidos de tanta belleza podéis tomar el metro (apenas hay un par de líneas pero os llevan a las partes principales de la ciudad) y llegar a la vía Toledo, la calle más comercial (y en buena parte peatonal), e ir bajando hasta acceder a la derecha al Quartieri Spagnoli, un barrio del Nápoles más tradicional y humilde (con los cubos izados con cuerdas para subir las cosas a los pisos superiores) y donde la adoración a Maradona, que ya percibe en general por todas partes, aquí se se hace plena en la plazoleta donde está su mural y múltiples grafitis, además de tiendas de recuerdos. Si retomáis vía Toledo y seguís descendiendo hacia el puerto dais con la enorme Plaza del Plebiscito y el complejo comercial acristalado Galería Umberto I, que nada tiene que envidiar a la famosa Galería Vittorio Emanuele II de Milán. También cerca se encuentra el Teatro di San Carlo (mandado construir por nuestro Carlos III), que merece una vista guiada (en español). Asimismo, podéís entrar al Palacio Reral, al Castelo Nuovo y el Castel dell'Ovo. Aquí ya podéis recorrer tranquilamente la zona del puerto y la comercial de Chiaia. Para contemplar el atardecer es muy recomendable subir al Castel Sant Elmo, a cuya colina se puede acceder cómodamente en el Funicolare Centrale (uno de los cuatro funiculares que funcionan en Nápoles). Este se puede coger de vuelta en la vía Toledo, en la parada Augusteo, hasta el final. Para culminar la subida hay que pasear un poco, pero valen la pena las vistas, desde luego. Allí arriba os encontraréis una ciudad totalmente distinta: limpia, ordenada y tranquila (pero también con mucha menos vida, ja,ja), con edificios muy burgueses.

Sobre la comida, qué decir, es el paraíso de la pasta de productos de la tierra y el mar, con esa variedad de especias que te vuelven loco, así como de la pizza de masa fina (e incluso frita) deliciosa en todas sus variedades. Los sitios pueden ser mil. Los de calidad y renombre asegurados son Diego Vitagliano y La Notizia. Los que nos sorprendieron positivamente Attanasio, Trattoria da Carmela o Errico Porzio. Los famosos que siempre están petados de gente son Da Michele y Sorbillo. A elegir...

Si levantas la vista en Nápoles veréis omnipresente a lo lejos el mítico volcán Vesubio (tiene dos conos, el pequeño, que es el que explotó cuando Pompeya, y el grande que es el que se formó nuevo y sigue activo). Por tanto, es obligada la visita a los parques arqueológicos de Pompeya y Herculano. Ambos son de fácil acceso por tren a través de la llamada Línea Circumvesuviana a un precio muy económico. Lo ideal sería visitar primero Pompeya (aunque está más lejos) a una hora temprana, dado que es mucho más grande y lleva más tiempo de ver (y con los calores de verano es mejor ir pronto). También es altamente recomendable contratar un guía especialista en español que explique y contextualice mejor todo lo que allí ocurrió en el año 79 de nuestra era. Es muy impactante. Y eso que aún queda un tercio de los restos por excavar. Pero es una visita totalmente necesaria si te interesa mínimamente la historia: las casas, comercios, templos y moldes de yeso de las personas (quedaron enterrados en ceniza ardiente), su forma de vida, costumbre y, finalmente, la tragedia... A la vuelta podéis hacer parada en Herculano que, siendo mucho más pequeña, está bastante mejor conservada, por lo que en muchos edificios te puedes hacer una idea más exacta de cómo eran en la época. En este caso, de los fallecidos al menos han quedado los huesos al no caerles ceniza y el flujo piroclástico solamente consumió la carne...

Y, para volver al disfrute, qué mejor manera que terminar con una visita a la maravillosa Costa Amalfitana. Se trata de un tramo de costa de orografía montañosa lleno de pueblitos preciosos que se descuelgan al mar por las laderas. Se extiende entre Salerno y Sorrento, enfrente de la cual está la isla de Capri. Nosotros decidimos recorrerla en un solo día, madrugando mucho, eso sí, pero lo ideal es decirle dos o incluso tres días, tranquilamente. Apostamos por ir en tren a Salerno, vimos su casco histórico, que es pequeño y se ve fácil, y tomamos un ferry a Amalfi. Así, se puede disfrutar de la vista de la costa desde el mar, que merece la pena. Amalfi (como muchos pueblos de la zona) es precioso, no debe dejar de visitarse la Catedral de San Andrés ni tampoco dejar de bañarse en sus playitas. En la estación de autobuses (si se puede llamar así, porque son unos buses aparcados cerca del puerto) sacamos un billete por un día que nos permitía circular por la carretera de la costa de un pueblo a otro, parando todas las veces que quisiéramos. Sin embargo, esta logística que parecía bien planificada, no lo es tanto si tenemos en cuenta que en agosto hay mucho tráfico y los buses vienen unas veces cada media hora y otras cada hora. En cualquier caso, nos sirvió para llegar a la muy recomendable cala del Fiordo de Furore, a la que se desciende por un caminito bajando por el acantilado. Una maravilla. Después continuamos hasta Positano, otra preciosidad de pueblo que desciende hasta el mar. Y, de ahí, a Sorrento, donde no hubo mucho tiempo para más que pasear un poco y cenar. Luego, a las 22:02 salía el último tren de vuelta para Nápoles. Y aquí concluyó un gran viaje.

jueves, 29 de agosto de 2024

VIAJES / Portugal: tan cerca, tan lejos

Son nuestros vecinos y a veces parece que no les hacemos aprecio, pero Portugal es un precioso país lleno de una gran riqueza de paisajes, gentes, ciudades y pueblos. Entramos por Extremadura (no sin antes visitar las maravillosas ciudades de Trujillo, Mérida y Badajoz) y enseguida nuestro primer alto en el camino es Elvas, preciosa ciudad amurallada Patrimonio de la Humanidad, en la que es un placer pasear por sus callejuelas hasta el castillo. En los alrededores hay varios fuertes muy bien conservados, como el Fuerte de Santa Luzía y el Fuerte de Nuestra Señora de Gracia. Unos kilómetros más adelante nos encontramos con Évora, otra ciudad Patrimonio de la Humanidad de mayor tamaño y no menor belleza, donde destacan la catedral románico-gótica, la Capilla de los Huesos (que te hace pensar en la fugacidad de la vida), el Palacio de Don Manuel (y su amplio y frondoso jardín), la Plaza del Giraldo y sus calles adyacentes llenas de tiendas y restaurantes donde degustar, cómo, el bacalao en sus variadas modalidades, los caracoles, así como otros manjares.

A solo 130 kilómetros queda Lisboa, donde llegamos y enseguida sentimos el olor a mar y la brisa fresca atlántica que es un alivio en el verano. Se acabó el calor fuerte. Dado que vamos en coche decidimos dejarlo en un parking a razón de 15 euros al día. Barato, teniendo en cuenta que era relativamente céntrico, próximo al metro São Sebastião, que usamos para movernos por la ciudad. Y de Lisboa, qué decir, está lleva de atractivos y es pequeña como para recorrerla fácil, a pie por la parte baja y en tranvía o bus por las altas, claro. Para abajo, la Plaza Rossio, la Plaza del Comercio, las calles que las conectan y alrededores y la ribera del Tajo son los puntos más destacados. Subir al barrio de Alfama hacia el Castillo de San Jorge también es obligado. Lo habitual es tomar el tranvía 28 desde la Plaza Martim Moniz, por lo que se forman tremendas colas. Aviso: desde la misma plaza, y justo al lado, también se puede tomar el tranvía 12, que hace un recorrido similar. Además, ya hay suficientes escaleras mecánicas para poder ir subiendo sin demasiada fatiga. En el otro lado de la parte baja está el típico barrio de Chiado, de carácter bohemio, con comercios tradicionales por el día y buen ambiente por la noche. En las afueras está el majestuoso Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belén, citas ineludibles a las que se accede con bus o tranvía.

Salimos hacia Sintra y su espectacular Palacio da Pena. Ojo, a pesar de los atascos que se forman, en el pueblo se puede aparcar gratis en parkings así establecidos. Es algo que veremos en muchas partes en nuestro viaje por Portugal y que es de agradecer. Desde la Oficina de Turismo sale el bus que te lleva al palacio, donde existen dos tipos de entrada, que incluye los jardines exteriores y el interior, y solo el exterior. Nosotros cogimos esta última para disfrutar del espléndido entorno natural (con muchas cuestas) y de las vistas por fuera del monumental edificio exponente del romanticismo con estilos como el neogótico, neomanuelino, neoislámico o neorrenacentista. Al sur alcanzamos Cascais, bonita y turística ciudad en la desembocadura del Tajo. Sus playitas estaban bien abarrotadas. Pero poco nos duró el buen tiempo porque fue dirigirnos un poco hacia el norte y ya entraron las nubes e incluso el frío del Atlántico. El destino inicial era el encantador pueblo marítimo de Azenhas do Mar pero, ya digo, ya no hubo manera de disfrutar de la playa, aunque las vistas del pueblo, sobre un acantilado bien merecieron la pena. Más hacia arriba, está Peniche, que se adentra en el Atlántico con sus posiciones amuralladas. A la entrada están las playas de arena, aunque más llenas de surfistas (todo este litoral es su paraíso) que de bañistas, mientras que al final del pueblo están los fantásticos acantilados que rodean la pequeña península. Un poco hacia el interior se encuentra Óbidos, encantadora villa medieval gracias a la perfecta conservación de su muralla, sus calles empedradas y sus casas de color blanco, azul y amarillo. Retomando la costa llegamos a Aveiro, exageradamente llamada la Venecia de Portugal pero, sí, tiene unos cuantos canales. Y su pequeño centro histórico es precioso. Pero teníamos ganas de playa y nos fuimos a la Playa da Barra, de arena finísima y enorme, aunque aun así con mucha afluencia de gente. El agua estaba fría, ya sabéis, el Atlántico, pero te acabas acostumbrando y acabamos pasando una tarde estupenda.

En Oporto tomamos la decisión de alojarnos a las afueras, en el centro comercial Centro Shopping, para aparcar el coche gratis, pero situados junto al metro Sete Bicas, que te deja en el centro de la ciudad en apenas siete paradas. La ciudad tiene su corazón en la plaza que forma la avenida de los Aliados a la altura del majestuoso Ayuntamiento. Bajando podemos contemplar también el Palacio de la Bolsa, la Catedral, la Iglesia y Torre de los Clérigos o el Palacio Episcopal, todos en el centro histórico que es Patrimonio de la Humanidad. Pero antes admiramos la Capilla de las Almas, cuya fachada es toda ella de preciosos azulejos pintados, y nos tomamos unos sabrosos higos regados con excelente vino de Oporto en el Mercado de Bolhão. Después descendemos por el barrio de Ribeira hasta las mismas orillas del Duero, animadas con muchas terrazas y restaurantes, y a los pies del impresionante Puente Luis I, que se puede atravesar por abajo y también por arriba (junto al metro que pasa por superficie), adonde subimos mediante el Funicular dos Guindais. En la orilla de enfrente, que ya es el municipio de Vila Nova de Gaia, opera un teleférico sobre el río. Una ciudad preciosa, la verdad.

Ya de vuelta, decidimos realizar un trecho por la Ruta de los Vinos del Duero. A todo esto, decir que en Portugal hay bastantes autovías de pago, que hemos utilizado puntualmente cuando, por razones de tiempo, hemos necesitado avanzar, pero en general hemos circulado por las carreteras secundarias gratuitas para disfrutar mejor de pueblos y paisajes. Pues bien, la citada ruta atraviesa las tierras vinícolas, de hermosos valles y empinadas laderas de viñedos que caen hacia el Duero, circulando sobre todo por la N-222, desde Peso da Régua hasta Pinhão, y luego hasta Tua. Disfrutamos aquí de los paisajes y (moderadamente) del vino. Después nos dirigimos a Miranda do Douro, en la frontera ya con España a la altura de la provincia de Zamora, para hacer la ruta de los miradores del Duero en el Parque Natural de los Arribes del Duero. En la parte portuguesa destacan los miradores de la propia Miranda do Douro, de Picote y de Cruzinha. Mientras, en el lado español sobresalen los de Saucelle (Salamanca), el Mirador del Colagón del Tío Paco / de La Code y el Mirador del Fraile, con su impresionante plataforma sobre el río. Y ya con esto, de nuevo en España, decimos adiós a la bella Portugal.

lunes, 29 de julio de 2024

MÚSICA / Pixies, los inmortales

El que dieron ayer en las Noches del Botánico, de Madrid, posiblemente es el concierto más intenso y potente que les he visto a los Pixies jamás, y ya acumulo unos cuantos... Una actuación en la que se les escuchó perfectamente (gran trabajo de sonido) y se les notó muy entregados, aunque nunca se les pedirá entusiasmo externo, eso no, pero quién lo quiere si te entregan un repertorio de 33 temas de acerado indie-rock e inagotable calidad durante casi dos horas y que entusiasma al público...

Tocaron todos los palos de su carrera, haciendo un exhaustivo recorrido por lo mejor de su discografía, incluyendo algunas canciones que no suelen tocar en directo (lo cual se agradece) y algún tema nuevo, como dos de adelanto de su próximo nuevo disco. Mi satisfacción personal fue que decidieron dar algo más de peso a sus discos "Bossanova" (1990) y "Trompe Le Monde" (1992), a los que tengo un especial cariño, y que dedicaron nada menos que un tercio del setlist al glorioso "Doolittle" (1989).

Puede parecer extraño pero, a pesar de ser música creada hace más de 30 años, se mantiene muy vigente. Solo hay que fijarse en la cantidad de bandas en las que ha influido... Incluido el grupo que abrió para los bostonianos, en este caso, los ingleses The Pale White, que mostraron dominar algunas de las claves heredadas de los Pixies, mezcladas con cosas de Muse, Queens Of The Stone Age, The Black Keys o Arctic Monkeys.


Setlist de Pixies en las Noches del Botánico (28-7-2024).


sábado, 27 de julio de 2024

MÚSICA / Suzanne Vega, mucho más que "Luka"

La cantautora estadounidense de folk-rock Suzanne Vega nos visitaba en el Teatro Lara de Madrid y no había que perderse esa oportunidad. Aunque es bien conocida por su hit "Luka" (canción de 1987 melódicamente dulce pero de letra terrible: habla sobre malos tratos infantiles y, posteriormente, supimos que se refería a ella misma), su cancionero va mucho más allá y está repleto de lirismo, sentimientos... y también un lado oscuro de sufrimiento, rabia y dolor que no tiene reparo en mostrar en directo.

Una actuación en la que se muestra pletórica, autoconsciente y en plenas facultades: mantiene como siempre su voz preciosa y pura, y también sus ganas de continuar con su carrera. En este sentido, presentó dos canciones nuevas, "Speaker's Corner", en la que reivindica la libertad de expresión en tiempos de populistas como Trump, y "Rats", sobre la plaga neoyorquina de roedores y con un enfoque de punk-rock. Su nuevo álbum estará disponible el próximo mes de abril, anuncia, así que habrá que estar atentos.

Además de combinar en su setlist canciones clásicas o más antiguas con otras más actuales, Suzanne Vega también conectó muy bien con el público contando interioridades de algunas de sus letras (como ese amor no muy correspondido del que habló en "Gypsy" -con 18 años- y en "In Liverpool" -con 33 años-). En el escenario, se hacía acompañar únicamente por el guitarrista Gerry Leonard (que estuvo con David Bowie en su última etapa), pero es tal la habilidad del instrumentista para crear pasajes sonoros que parecía una banda completa. Juntos nos proporcionaron una hora y media de gloria.


Setlist de Suzanne Vega en el Teatro Lara, de Madrid (25-7-2024).


lunes, 15 de julio de 2024

MÚSICA / Mad Cool 2024 (y 4): The Killers, Avril Lavigne, The Gaslight Anthem, Bring Me The Horizon

Último día del Mad Cool, festival que este año ha tenido un balance muy positivo en cuanto a organización (buenos accesos, aforo adecuado, servicios de calidad...). Musicalmente notable, aunque la jornada final fue algo irregular. Destacaron los estadounidenses The Killers y su indie-rock-new wave, con un setlist plagado de éxitos, una banda que prolonga su buen momento y con un público totalmente entregado. Sonaron muy bien y Brandon Flowers estuvo realmente cómodo y entusiasta en todo momento. Un grupo que siempre ha dado muy buenos resultados.

Por su parte, Avril Lavigne venía a reverdecer los laureles de reina del punk-pop de principios de los 2000. Y vaya si lo consiguió, sacando a relucir su mejor actitud de rebeldía comercialmente dosificada y sus canciones resultonas y saltarinas. Sorprendentemente, por el tiempo pasado, su música sigue teniendo bastantes fans. Un agradable descubrimiento fue The Gaslight Anthem, el grupo de Nueva Jersey que muestra en directo una curiosa combinación entre el tono (y la voz) de Bruce Springsteen con una actitud y cierto sonido punk-rock. Realmente brillantes. En cambio, el metal-hardcore ramplón de los británicos Bring Me The Horizon acabó aburriéndome.


domingo, 14 de julio de 2024

MÚSICA / Mad Cool 2024 (3): The Breeders, Alvvays, Black Pumas, Tom Morello, Sleaford Mods

La tercera jornada del Mad Cool nos seguía deparando buena y variada música. El punto álgido fueron (con permiso de Måneskin, su concierto era simultáneo, lo siento) los bostonianos The Breeders, la banda de indie-rock de Kim Deal (exbajista de los Pixies). Y demostraron sus tablas a pesar de una carrera un tanto a trompicones, con un estupendo sonido y una excelente conexión con el público (Kim, su sempiterna sonrisa, y su hermana gemela Kelley ejercen de muy cordiales relaciones públicas). Centraron su repertorio en "Last Splash" (1993), su genial álbum que cumplió el 30 aniversario el año pasado y del que tocaron nueve temas. Aunque, por supuesto, también sonó "Pod" (1990), su primera y magnética obra, así como otros temas dispersos de su discografía, incluyendo también una canción nueva e inédita ("Disobedience"), lo que da esperanzas de que continúen activos.

Por su parte, los canadienses Alvvays, comandados por Molly Rankin, dieron una magistral lección de indie/dream-pop/shoegaze, esos sonidos que entroncan bandas señeras como The Smiths o Cocteau Twins. Los evocadores rasgueos de guitarra Alec O'Hanley, la voz ensoñadora de Rankin y las canciones en busca de la belleza permanente son sus características principales. Desde otro enfoque, los texanos Black Pumas practican un motivamente soul psicodélico muy basado en la maravillosa voz de Eric Burton, cual si fuera un nuevo Marvin Gaye. Su voz y una sólida banda con coros efervescentes. En cambio, Tom Morello, el guitarrista de Rage Against The Machine, apuesta por el hardcore melódico y, sobre todo, por la concienciación política en un repertorio trufado de temas propios en solitario, con otros de sus bandas Rage Against The Machine y Audioslave, así como versiones de MC5 (acompañado por Thomas Raggi, guitarrista de Måneskin), Bruce Springsteen y John Lennon, del que escogió el significativo "Power To The People" para despedirse. Asimismo, los británicos Sleaford Mods practicaron su post-punk rapeado con acentazo de las East Midlands. Bueno, para un rato.


sábado, 13 de julio de 2024

MÚSICA / Mad Cool 2024 (2): Pearl Jam, Larkin Poe, Keane, The Heavy, Michael Kiwanuka

Sin duda, el plato fuerte de esta edición de Mad Cool eran los estadounidenses Pearl Jam que venían, no solo como una de las bandas más potentes y famosas del rock mundial que son por méritos propios e historia, sino por su especial estado actual de gracia a raíz de su último y glorioso disco, "Dark Matter" (2024). De hecho, dedicaron a este último nada menos que seis temas (y varios de ellos apuntan a ser fijos en su cancionero futuro), aunque, lógicamente, el grupo hizo un intenso recorrido por su afortunado setlist. Tremendo comprobar cómo los miembros siguen en plena forma en directo: Eddie Vedder con su vozarrón, Mike McCready con su virtuosismo a la guitarra... Y unos temazos que forman parte de lo mejor del rock. Fueron poco más de dos horas muy placenteras y en las que el propio Vedder (que chapurreó español repetidas veces, incluso para dedicar una canción a ¡Miguel Ríos!) parecía no querer que acabara...

Con el hándicap de tener que abrir el escenario principal a las 17:50 con un sol de justicia, Larkin Poe, la banda de blues-rock de las hermanas Rebecca y Megan Lovell, cautivó a la audiencia que no las conocía, lo cual no nos sorprende en absoluto a quienes ya las conocemos. Y es que ese contagioso sonido sureño se te queda pegado en el cuerpo y en el alma. Además, tienen la cualidad de combinar certeramente las raíces clásicas con sonidos más modernos en una discografía que alcanza ya los siete discos, entre ellos, el último "Blood Harmony" (2022). Por su parte, los británicos Keane demostraron que sigue funcionando muy bien su pop-rock melódico. El cantante Tom Chaplin estuvo realmente contento y motivado en una actuación que dio un buen repaso por su historial, desde 2004 hasta su último larga duración de 2021. Y también fueron destacables dos actuaciones británicas que ponen el acento en el soul: The Heavy, con la poderosa voz de Kelvin Swaby, y Michael Kiwanuka y su especial sensibilidad compositiva.