
Mientras tanto, desde que se puso en circulación el euro, el coste de la vida se ha disparado un 48%, mientras que los salarios apenas han avanzado un 14%. Y ahora, Rajoy propone como una de sus primeras medidas congelar el salario mínimo (ése que desde su creación en 1980 no había dejado de crecer, sobre todo en los primeros años y entre 2004 y 2009), pero, eso sí, las pensiones que reciban unas migajas (suben un 1% en 2012) sin distinguir entre las jubilaciones mínimas (600 euros/mes) o máximas (2.500 euros/mes). Y ya se está pergeñando entre el Gobierno del PP y la patronal CEOE una reforma laboral que va a lo de siempre: a rebajar las indemnizaciones por despido. Como si este coste hubiera sido un impedimento para que los empresarios hayan despedido a más de tres millones de personas en los últimos cuatro años... Y llega el deterioro de los servicios públicos, como la sanidad en Cataluña, donde se pagará por cada receta lo mismo si eres pobre o rico, enfermo crónico o sano, y en Baleares, con la tasa por tarjeta sanitaria, también la misma independientemente de la situación socioeconómica de cada cual... Repago injusto, que no copago, porque la Sanidad ya se paga de nuestros impuestos.
Visto el panorama de deterioro económico y de injusticia social, es normal que cada vez más gente trate de buscarse las habichuelas en otros países donde se pueda prosperar. No será fácil. Ya hemos conocido lo mal que lo han pasado los inmigrantes en nuestro país y lo mal que nos hemos portado con ellos muchas veces. Ahora, como en los años sesenta, volvemos a hacer las maletas. Porque nuestro propio país nos echa.